RSE - Desarrollo Sustentable - R Específicas - Emprendedores - Gestión del Conocimiento -  Recursos - Mapa - Iniciativas ROADs

 6ª actividad del VEs Corporativo - 9ª Semana del Programa - 23 / 10 / 2008

Este apartado contiene el Capítulo 4 extraído del libro "La Pelota Cuadrada: cómo se juega a la Solidaridad en la Argentina Posmoderna" de Oscar García, invitado al Programa VEs en su condición de experto en el tema.

volver al resumen de la 6ª actividad

Capítulo 4

ACCIONES BÁSICAS DE SOLIDARIDAD VERSUS FORMAS LÍQUIDAS DE PSEUDOSOLIDARIDAD

 

Lo que se recoge en este Capítulo son dos construcciones conceptuales que a primera vista podrían aparecer como antagónicas, pero que al analizarlas con detenimiento se muestran como un sistema que podríamos llamar gramatical. El antagonismo no viene dado por la oposición literal de una contra otra, sino por la tensión que se va generando al ser, precisamente, un concepto el que le da carga valorativa – positiva o negativa – al otro al “adjetivarlo” de una u otra forma. Por un lado expondremos las Acciones Básicas de Solidaridad como aquellas formas que las personas eligen para concretar en hechos sus actitudes e ideales solidarios, formas que en sí mismas son en general sustantivas, es decir, ligadas al qué hacer. Todas revisten, a priori, una morfología proto - solidaria: donar, prestar, compartir, participar, acompañar. Por otro lado se encuentran las que hemos denominado Formas Líquidas de Pseudosolidaridad y que conforman una serie de maneras indeseables de practicar la Solidaridad que si bien están muy extendidas creemos necesario (justamente por eso) criticar porque no respetan la esencia de la Solidaridad, ya sea por despreciar su sentido más profundo - la liquidez más grave – o bien por menospreciarlo y dejarlo postergado tras una pátina de superficialidad – la liquidez más extendida -. Estas pseudo - formas (la denominación es incómoda, pero necesaria) funcionan como adjetivadoras y se refieren al cómo hacer, de tal modo que una cualquiera de las Acciones Básicas cambia -negativamente - su valor si se hace de manera líquida.

 

12 Acciones Básicas de la Solidaridad

1.- El Trato Fraternal
2.- Donar Objetos
3.- Donar Dinero
4.- Donar Vida
5.- Donar
Tiempo, Habiidad y Ganas = Voluntariado
6.- Compartir lo que se tiene
7.- La Solidaridad de Celebración
8.- El No Solidario
9.- Participar en la Comunidad
10.- Unir Solidaridad y Justicia
11.- Criterio Solidario en la Economía
12.-
Enseñar, Concientizar, Comunicar la Cultura Solidaria

*   *   *

10 Formas Líquidas o Pseudosolidaridad

 1.- Pseudosolidaridad de Beneficencia
 
2.- Pseudosolidaridad de Cofradía
 
3.- Pseudosolidaridad de Control
 
4.- Pseudosolidaridad Cosmética
 
5.- Pseudosolidaridad de Culpa
 
6.- Pseudosolidaridad de Eslogan
 
7.- Pseudosolidaridad Espectáculo
 
8.- Pseudosolidaridad Hedonista
 
9.- Pseudosolidaridad Heroica
10- Pseudosolidaridad de Lástima

Veamos entonces cada una de las construcciones conceptuales mencionadas.


4.1. - Las 12 Acciones Básicas de la Solidaridad

Decir que la Solidaridad puede expresarse de infinitas maneras es un lugar común pero que refleja la realidad. Las personas, los grupos, los pueblos, han ido encontrando a lo largo de sus días las fórmulas más variadas para transformar en acciones sus anhelos solidarios de unión, de asistencia, de cuidado, de acompañamiento, de resistencia o de lucha. Sería imposible – por interminable – pretender listar los hechos solidarios diferentes y novedosos que la sociedad va produciendo día a día.

Pero más allá de tal improcedente inventario, sí nos ha parecido de utilidad clasificar algunas acciones que en la base de diversos hechos solidarios se repiten una y otra vez, conformando una matriz de acciones – que justamente hemos denominado básicas –sobre la cual se asientan la enorme mayoría de los actos de Solidaridad de estos tiempos. Desde la Cátedra Abierta de Solidaridad hemos investigado esas formas como 12 Acciones Básicas de ejercer la Solidaridad que, ya sea en su forma pura o como combinación de dos o varias, conforman los contornos del mapa solidario del hacer. Esta matriz de 12 por 12, que por finita puede parecer insuficiente para listar el impresionante arco iris de hechos solidarios que florecen por todo el país, alcanza sin embargo a explicarlos en sus componentes básicos, más aún cuando se la dota de sus componentes complementarios: una intensidad diferente en cada caso, una pléyade de instituciones, grupos y personas con sus marcas de identidad, una dinámica interna siempre singular, una creatividad inacabable y , en definitiva, un contexto social, político y cultural que por un motivo u otro termina siendo siempre cambiante. Veamos a continuación el listado de dichas acciones, para proceder luego a formular algunas precisiones generales sobre las mismas y pasar, finalmente, a desarrollar cada una en profundidad.

1.- El Trato Fraternal - 2.- Donar Objetos - 3.- Donar Dinero - 4.- Donar Vida - 5.- Donar Tiempo, Habilidad y Ganas: El Voluntariado - 6.- Compartir lo que se Tiene - 7.- La Solidaridad de Celebración - 8.- El No Solidario - 9.- Participar en la Comunidad - 10.- Unir Solidaridad y Justicia - 11.- Criterio Solidario en la Economía - 12.- Enseñar, Concientizar, Comunicar la Cultura Solidaria

Para comprender el sentido y la utilidad de estas formas es necesario comenzar con algunas precisiones:

a.-El listado muestra formas propositivas de la Solidaridad, y no de “dejar de hacer”. Alguien podría pensar, por ejemplo que “dejar de” hacer ruidos molestos podría ser visto como un acto solidario, al igual que “dejar de” robar, “dejar de” discriminar, etcétera. Sin embargo, creemos que lo importante para construir una Cultura de la Solidaridad es no sólo evitar las acciones negativas sino realizar su efectiva sustitución por las deseables; por lo que la matriz remite a acciones positivamente solidarias.

b.- Recoge acciones que cotidianamente se presentan en estado puro pero también decididamente mezcladas, superpuestas, combinadas o difundidas unas dentro de otras; sin la intención de inventar o proponer acciones que no tengan sustento y práctica en la realidad popular.

c.-Las acciones están descriptas en su sustantividad, sin hacer referencia extensa a su marco valorativo. De hecho, el valor de las acciones es muy variable, desde aquellas decididamente positivas y con alta significación ética intrínseca – como donar órganos- hasta aquellas acciones que – como por ejemplo donar dinero – pueden responder ya a las intenciones más altruistas, ya a los intereses más paternalistas o asistencialistas. De allí que el contraste con las Formas Líquidas sea, tal como se dijo, el ingrediente necesario para justipreciar el valor de casi todas estas acciones. d.- Finalmente, digamos también que no se han listado las acciones de manera jerárquica ni con ningún otro orden y que para cada una de ellas se explica desde un básico “abc” de sus dimensiones principales, así como un punto “d” , consistente en un comentario sobre la situación actual (real y/o potencial) de esas Acciones en la Argentina así como el marco legal
– si corresponde – que avala dicha práctica y le da proyección a otra escala.

Explicación de cada una de las 12 Acciones Básicas de la Solidaridad

1.- El Trato Fraternal. (Art. 1 de la DUDH)
a) UN DEBER HUMANO. Desde su Artículo 1° -cuyo texto vale la pena transcribir - la Declaración Universal de Derechos Humanos aborda el tema del trato entre las personas, no de manera tibia y ni siquiera como sugerencia, sino como deber: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.” Nótese que la Declaración no dice “pueden comportarse” o “estaría bueno que se comportaran” fraternalmente... La Declaración manifiesta un deber, que en un contexto de derechos, aparece como la primera obligación: tratarnos fraternalmente, es decir como hermanos.
b) GESTOS SIMPLES, ACTOS SENCILLOS. Sobre la base de esta obligatoriedad, es posible ir más allá y adoptar el trato fraternal como elección cotidiana de contacto con el otro. El trato amable, el gesto sencillo, la consideración, el “buenos días–gracias-mucho gusto-por favor-de nada” de todos los días es una excelente materialización de esta Forma de Solidaridad; evidentemente al alcance de cualquiera.
c) SOPORTAR O DISFRUTAR. Es mentira que la vida urbana proponga el aislamiento; nadie está aislado en las grandes ciudades, sino en un permanente contacto fugaz con desconocidos. Soportar esa dinámica como un territorio del contacto inerte o transformarla en una opción de aprendizaje y práctica del trato amable, es una elección personal pero con incidencia comunitaria que, sin necesidad de exageraciones, puede ser el rostro cotidiano de una Cultura Solidaria.

EN LA ARGENTINA... esta Acción Básica de Solidaridad está popularmente muy arraigada en la gente que aún conserva, practica y difunde pequeños grandes gestos de convivencia cotidiana. Es el territorio de la gauchada esa denominación que se da en el Río de la Plata al gesto solidario que alguien tiene para con el desconocido momentáneamente necesitado. Sería cuanto menos irónico – por no decir triste – que falsos valores como el apuro, la desconfianza, el “no te metas”, la indiferencia o el miedo nos quiten esta práctica cultural de gauchos: ayudar espontáneamente al otro.

2.- Donar Objetos.
a) SUPERAR LO VIEJO, LO ROTO, LO FEO. Muchísimas veces, otro necesitado requiere de un objeto preciso, concreto, particular: responder a ese pedido donándolo es una de las Acciones más comunes de Solidaridad. Sin embargo, muchas veces se malentiende donar con deshacernos de lo viejo, feo, roto o gastado, que nos sobra o nos molesta. Es posible dejar atrás esa práctica ya superada y sumarse a esta forma donativa desde una mirada moderna: prestar atención a los objetos pedidos en las campañas y tratar de conseguirlos en buen estado, identificar certeramente objetos que ya no usemos y ponderar realmente si alguien más querrá y podrá usarlos, compartir con amigos y allegados estas búsquedas y multiplicar así posibilidades. b) COMPRAR Y DAR. En la medida de la posibilidad de cada uno – y en sintonía con lo que las organizaciones o campañas piden o necesitan-sumar a la compra periódica de productos algunos más para donar: alimentos, útiles escolares, productos de limpieza, etc., son elementos que se pueden incorporar en la compra personal o familiar y son generalmente altamente requeridos.
c) HACER UNO DE MÁS. No pocas veces uno o bien produce artesanalmente algo que consume: un dulce de frutas, una conserva, un tejido; o bien fabrica lo que vende: un mueble o útil de madera; un kilo de pan, un cuaderno... Es siempre posible hacer “uno de más” y donarlo regular o esporádicamente a quien lo necesite, sin poner por ello “en peligro” la producción....

EN LA ARGENTINA... “dar cosas” sigue siendo la Acción Solidaria donativa más extendida y común, a pesar de una larga y triste historia de estafas a la buena fe que se acumula en la memoria colectiva. Sin embargo, a cada campaña que sigue a cualquier catástrofe, la gente responde puntual pero masivamente. Sostener lo masivo y trasformar lo puntual en permanente es el gran desafío para esta Acción; así como también profundizar los requisitos de transparencia en su implementación.
EL MARCO LEGAL DICE QUE... en el país es posible donar y legar una gran serie de objetos a través de los procedimientos jurídicos correspondientes. Recientemente, la aprobación de la Ley 25.989 de Donación de Alimentos y la creación del Régimen especial para la Donación de Alimentos – DONAL – han fortalecido y enmarcado esta habitual práctica popular e institucional y que, según la ley, tendrá por objeto contribuir a satisfacer las necesidades alimentarias de la población económicamente más vulnerable. La ley es importante porque establece las condiciones en las cuales las empresas pueden donar alimentos, crea un Registro de Donantes y establece las sanciones por donar alimentos en mal estado. Este régimen de alimentos no establece un incentivo fiscal, pero como donación en especie los donantes pueden deducir el valor de lo donado hasta un 5% del Impuesto a las Ganancias ya que funciona en los mismos términos de las deducciones que dispone, como régimen general, la Ley del Impuesto a las Ganancias.

3.- Donar Dinero.
a) UN TIPO ESPECIAL DE DONACIÓN. De todas las Acciones donativas, la donación de dinero es especial, pues el dinero no es un objeto sino un medio de cambio que puede transformarse – eventualmente – en cualquier objeto. Esta particularidad obvia y conocida, habilita y da lugar a la libertad del que recibe, para utilizarlo en lo que considere necesario y conveniente. Aceptar esa utilización de la libertad supone una alta dosis de confianza y asumir que la autonomía es parte importante en la construcción de una sociedad de iguales, sin tutelas compulsivas.
b) NI MUCHO NI POCO. La donación de dinero no se valida en el monto sino en la intención. Al icono altruista de un benefactor que dona toda su fortuna, se le opone popularmente la donación pequeña de muchos que suman su esfuerzo para una causa dando lo que pueden. Y más allá del monto que fuere, existe una práctica que en algunos casos es posible: al hacer los cálculos económicos del año por venir, evaluar un porcentaje realista de las utilidades proyectadas para ser destinado a la donación.
c) CON CONFIANZA Y CAUTELA. Sumarse a las campañas que solicitan donaciones de dinero es algo que debe realizarse con confianza y cautela, informándonos con detalle de quién, cómo, por qué y para qué se junta; y exigiendo mecanismos de control y transparencia. Las colectas son una buena ocasión para materializar esta donación tan especial.

EN LA ARGENTINA... donar dinero es una Acción que aún jaqueada por las interminables crisis económicas sigue subsistiendo, aunque siempre bajo el paraguas de la insuficiencia. Históricamente vale la pena rescatar que la “suscripción popular” fue un mecanismo culturalmente valorado y operativamente eficaz para la materialización tanto de monumentos públicos, como de reconocimiento a ídolos populares. Recrear estas formas aggiornandolas a los tiempos, es una posibilidad con perspectivas.
EL MARCO LEGAL DICE QUE... a partir de la sanción de la Ley de Mecenazgo, las empresas y particulares podrán hacer donaciones a instituciones sociales y culturales de la sociedad civil y entes autárquicos. Los patrocinantes de proyectos podrán imputar al pago del impuesto a las ganancias del ejercicio que corresponda, las sumas aportadas y/o el valor de los bienes y servicios provistos. Esos importes, de acuerdo con la iniciativa legislativa, podrán alcanzar el 80% (ochenta por ciento) para las personas físicas y el 60% (sesenta por ciento) para las personas jurídicas, hasta el 3% de la ganancia neta del ejercicio sujeta a impuesto. Asimismo, el proyecto en cuestión crea el Consejo Mixto de Incentivos para el Arte y la Cultura cuya finalidad es evaluar los proyectos presentados y declararlos de interés cultural para su calificación a los efectos del régimen de incentivos.

4.- Donar Vida. (Sangre, médula, tejidos, órganos, leche materna)
a) DONAR EN VIDA, CONTÍNUAMENTE. Junto con la donación de órganos – ocasión única y dramática de poder expresar una Solidaridad que transforma dolor presente en esperanza futura- las posibilidades de Donar Vida se extienden hacia otros campos donativos que pueden realizarse en vida, una o varias veces. Ser donante de vida es actualmente una actividad que cualquiera puede ejercer, promover o facilitar; sea ya como donante, educador o familiar.
b) UNA DECISIÓN DIFÍCIL PERO TRASCENDENTE. Sin embargo, en la mayoría de los casos, la adopción de acciones solidarias de Donar Vida son reacciones espontáneas a pedidos dramáticos. Pero es totalmente posible – y necesario- transformar la respuesta reactiva en iniciativa propositiva y pensar en donar sangre o tejidos sin esperar el pedido: de esa manera, la tan esperada prevención se verá fortalecida por un componente solidario asegurado.
c) DISOLVER MITOS, SUPERAR LOS PREJUICIOS. Entre los factores que dificultan o inhiben el desarrollo masivo de la donación de vida, juegan un papel preponderante las construcciones de legitimidad y confianza respecto de las prácticas médicas, las representaciones simbólicas del cuerpo y las definiciones culturales del buen morir, los miedos en torno a la actividad de transplantes, las motivaciones para donar, el carácter sagrado de los hijos como donantes y la difícil decisión de los familiares, entre otros151. Cómo se ve, una trama compleja y multiarticulada, que de todos modos debería discutirse en profundidad, a niveles de teorización, polémica y especialmente a niveles de divulgación popular.

EN LA ARGENTINA... las donaciones que pueden realizarse comprenden: sangre, tejidos, médula ósea, células madre o leche materna, acciones a las que los enormes avances médicos las han convertido de sueños científicos en posibilidad de Solidaridad cotidiana. “Si bien las estadísticas nacionales indican un progresivo aumento de la actividad de procuración en los últimos años, el defasaje entre pacientes en lista de espera (5696 en 1998) y la cantidad de órganos que se procuran persiste. La tasa nacional de donantes cadavéricos efectivos de órganos sólidos por millón de habitantes en 1998 fue de 6,26 (226 donantes); si se considera también la donación de tejidos, ascendió a 14,15 (511 donantes)”152
El 30 de mayo se celebra en Argentina como Día Nacional de la Donación de Órganos. Respecto de la donación de sangre, “las autoridades sanitarias de todo el país crearon el comité de trabajo en Sangre Segura para hacer frente a un grave problema: los bancos de sangre no están bien provistos porque hay muy pocas donaciones. Se calcula que en el país hay casi 700 bancos de sangre, entre oficiales y privados, que cuentan con 1.200.000 donantes. Sin embargo, menos del 10 por ciento dona sangre en forma voluntaria sin saber a quién va destinada, lo que se conoce como donante altruista. Así, la gran mayoría son condicionados, porque sólo lo hacen cuando un familiar o amigo está en riesgo. Los expertos aseguran que medio litro de sangre menos en el cuerpo de una persona sana (un adulto medio tiene cerca de 5 litros) no implica ningún riesgo, y puede salvar una vida.”153 El 14 de junio se celebra el Día Mundial del Donante de Sangre, fecha propuesta por la Organización Mundial de la Salud; y en el país su difusión es importante porque “las enfermedades del sistema circulatorio constituyen la causa principal de mortalidad de la población. En este contexto, un grave problema es el no contar con un stock suficiente y permanente de sangre segura ya que en Argentina los servicios de hemoterapia apenas logran autoabastecerse y funcionan con donantes de reposición. Por este motivo es necesario instaurar una cultura de la donación voluntaria y solidaria, ya que de esto depende la posibilidad de contar con un suministro de sangre segura.”154
EL MARCO LEGAL DICE QUE... El 9 de noviembre fue declarado Día Nacional del Donante Voluntario de Sangre, a través de la Ley 25.936, que apoya la importancia de poder promover un cambio cultural y concientizar a la población, incorporando esta práctica como habitual, voluntaria, solidaria y anónima.

5.- Donar Tiempo, Habilidad y Ganas (el Voluntariado).
a) UNA PRÁCTICA SOLIDARIA SENCILLA Y PODEROSA. Tal vez la forma más intensa, difundida e impactante de ejercer la Solidaridad es lo que se conoce como Voluntariado. Su idea base es tan sencilla como efectiva: personas que deciden ofrecerse para realizar las más diversas tareas para ayudar y construir junto a otros, de manera reiterada y comprometida, y sin esperar recibir remuneración económica a cambio. El Voluntariado es una manifestación solidaria pendular que va desde acciones sencillas realizadas individualmente hasta completos programas insertados en instituciones de bien público: ambas modalidades son válidas pero a la hora de impacto y trascendencia, las acciones grupales son preferibles a las individuales o aisladas.
b) TAREAS PARA TODOS, UN LUGAR PARA CADA UNO. Lo interesante del Voluntariado es que para comenzar a ser voluntario sólo son necesarias dos cosas: tener tiempo y ganas. Tiempo, porque es con continuidad cómo el Voluntariado rinde más frutos, se vuelve previsible y planificable, se viste con formato de proceso y adquiere proyección; ganas porque ser voluntario es un acto del libre albedrío, es – como su nombre lo resalta – un acto de la voluntad conciente, esa que a la vez que nos imprime pasión por lo que hacemos, nos permite también darle continuidad más allá de los sinsabores o contratiempos eventuales. Tiempo y ganas son los factores unificadores de esta práctica y nos dicen que el voluntariado es para todos, sin limitantes ni exclusiones.
c) INFRAESTRUCTURA, CAPACITACIÓN, OPORTUNIDADES. Para que la práctica del Voluntariado fructifique y se expanda a nuevos lugares, temáticas y relaciones, es necesaria la confluencia sinérgica de tres elementos. Así como para que se expanda la actividad deportiva es necesario que existan juegos atractivos y accesibles, con sus reglas y reglamentos (deportes), gente que desee practicarlos (deportistas) y espacios y facilidades para realizarlos (canchas, gimnasios, vestuarios, indumentaria, etc.); para que la actividad voluntaria se expanda deben conjugarse también tres dimensiones: algo que hacer (tarea voluntaria), personas que quieran hacerlo (voluntarios) e infraestructura para facilitar la combinación de las dos primeras dimensiones. En Voluntariado infraestructura significa: información, difusión, capacitación, sistemas de acercamiento entre búsquedas y ofrecimientos, proyectos que lo incluyan y promuevan, organizaciones que lo incorporen como parte importante de su funcionamiento, y personas ( ¡y voluntarios!) que lo teoricen y sistematicen.

EN LA ARGENTINA... el crecimiento del Voluntariado en los últimos años ha seguido los que protagoniza este fenómeno a nivel mundial. Como es de imaginarse, de los tres elementos mencionados el que más fortalecimiento necesita es la infraestructura, pues en nuestro país cosas para hacer sobran y la gente regularmente voluntaria suma por lo menos dos millones. Se debe trabajar todavía mucho en capacitación, reconocimiento público, sistematización y debate ideológico. Aquí la promoción y el fortalecimiento desde el Estado se hace fundamental, pues el Voluntariado debe ser visto como una política pública a apoyar, como la cultura, el deporte, etcétera; y por ello son muy importantes los avances que al respecto se han hecho en la Ciudad de Buenos Aires, a través de los programas y direcciones de Voluntariado. Las OSC, las empresas pequeñas, medianas y grandes, las universidades, las escuelas, las comunas, los municipios... son los otros espacios donde esta actividad puede también florecer. ¿Quién se anima a decir que en materia de Voluntariado ya está todo hecho?
EL MARCO LEGAL DICE QUE... en nuestro país, el Voluntariado se ha desarrollado durante muchas décadas sin necesidad de contar con un marco legal, pues éste en todo caso es accesorio y no vital, como sí puede serlo para otras actividades. No obstante, la existencia de una legislación sensata y práctica, que no sólo regule sino también promueva el voluntariado actúa como factor facilitador. En este sentido, la Ley 25.855 de Voluntariado Social de 2004 se aplica a nivel nacional, existiendo también a la fecha la Ley 13447 de 2005 para la Provincia de Buenos Aires, así como dos proyectos de ley en la Ciudad de Buenos Aires: la Ley de Voluntariado y la Ley de “Voluntariado Juvenil”, talleres de Solidaridad en las Escuelas.

6.- Compartir lo que se tiene.
a) NO TODO ES DESPRENDIMIENTO. Sin necesidad de desprendernos definitivamente de algo es posible ser solidario compartiendo – aunque sea momentáneamente – lo que uno tiene.
El modelo de vida de acumulación y reemplazo hace que muchas personas posean elementos, muebles, objetos o herramientas “por duplicado”: el viejo y el nuevo televisor, la vieja radio, la bicicleta de la infancia o ese grupo de herramientas que se usan menos de una vez al año...
Si otros motivos – afectivos o de uso esporádico – no habilitan a su donación, es posible prestarlos para que otros que no pueden acceder a ellos puedan utilizarlos.
b) OBJETOS, PERO SOBRE TODO ESPACIOS. Pero también se pueden compartir el espacio - alojando en la propia casa un pariente, un amigo o un voluntario que estén de viaje - o el vehículo propio – compartiendo el recorrido con un vecino o poniéndolo a disposición para
alguna tarea o trabajo. El hecho solidario de prestar un espacio físico está amparado legalmente en la Argentina bajo la figura de Comodato, lo que permite que – sin desprendimiento definitivo
– alguien pueda disponer de una vivienda, un taller o un campo para realizar allí sus actividades.
c) INSTITUCIONES PARA PRESTAR MÁS Y MEJOR. Estas prácticas de préstamo son expresiones solidarias que se encuentran largamente difundidas de manera informal en los sectores populares; poder darles continuidad, proyección y sobre todo institucionalidad es el desafío a futuro.
La creación de “Bancos” que reúnen objetos que luego son prestados es una figura habitual en muchos países y que en la Argentina está creciendo.
Fomentar espacios en los que se pueda compartir lo que se tiene no sólo con nuestro círculo de amigos sino con el necesitado, aunque éste sea desconocido, es proyectar la Solidaridad en la dirección de una nueva confianza comunitaria.
EN LA ARGENTINA... El Banco de Elementos Ortopédicos es un servicio básico de comodato o donación de elementos de rehabilitación y de diversas ayudas técnicas para personas con necesidades especiales. Esta iniciativa está dirigida a personas con discapacidad residentes en el ámbito de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires que no cuentan con cobertura asistencial y se encuentren atravesando una situación de emergencia social. Ayuda además a mejorar la calidad de vida optimizando los aspectos del bienestar físico y emocional, e iniciar un proceso de plena inclusión social.
EL MARCO LEGAL DICE QUE... Se denomina Comodato al contrato por el cual se da o recibe prestada una cosa de las que pueden usarse sin destruirse, para servirse de ella, con la obligación de devolverla; está incluido como contrato típico y real en el Código Civil. El comodato además de ser un contrato real y unilateral, por consistir en una especie de préstamo, puede ser gratuito. No se transmite con él la propiedad sino el uso de la cosa. Las cosas consumibles pueden ser también objeto de comodato. El comodatario tiene la obligación de conservar responsablemente la cosa, satisfaciendo los gastos que sean precisos para su preservación y la de devolverla cuando termine el plazo del préstamo, sin poderla retener bajo ningún concepto. El comandante, que es quien presta la cosa, conserva su propiedad, teniendo la acción reivindicativa para reclamarla cuando lo considere.

7.- La Solidaridad de Celebración.
a) DE LA NECESIDAD AL FESTEJO. La Solidaridad se asocia generalmente a situaciones donde
alguien que está necesitado procura o es objeto de la ayuda de otros, en condición de dar.
Pero existe otra dimensión de la Solidaridad, que corre paralela a este esquema habitual:
acercarse a quien celebra y festejar con él.
Compartir espacios de celebración, momentos de alegría por los logros obtenidos, por los años trabajando en algo, por la decisión de recordar una fecha, es también una forma de Solidaridad.
Porque la presencia convalida; y acompañar a alguien que celebra algo genuino es darle aire y espacio a la unión entre las personas, base de la Solidaridad.
b) ME SOLIDARIZO CON VOS. Estar junto al otro que celebra es una forma de manifestarla
porque no es lo mismo celebrar en comunidad que hacerlo solo. De esta manera, se amplía el
mundo de la Solidaridad más allá de las fronteras de la necesidad, hacia el territorio de la alegría.
En el lento recorrido de cambio semántico hacia nuevos significados – capaces de armar nuevos discursos - la palabra Solidaridad se puede enriquecer mucho si se la asocia con fiesta, alegría, celebración, aniversario, recordatorio o festejo. “Llamado a la Solidaridad: se invita a gente de cualquier edad y procedencia que desee sumarse al festejo por los diez años de la Escuela del Barrio”; o bien “Me solidarizo con Juan: mañana voy a su cumpleaños”, podrían ser frases que en un futuro no muy lejano, hablen de otra Solidaridad, no sólo de ayuda sino de presencia y alegría.
c) LA FUERZA DE LO POPULAR. Cada vez más, el calendario habitual de celebraciones -
descontadas las fechas patrias y las religiosas- está fuertemente condicionado por el mercado quien ha venido incrementando el establecimiento de “días de...” con un puro afán comercial y lucrativo, alejándolo de lo local con la introducción de celebraciones foráneas que tienen tanto de extrañas como de gran negocio.
A esto queda oponer la confección de una agenda que rescate celebraciones populares,
conquistas sociales, identidades locales y regionales, y solidarizarse con ellas en el objetivo - posible, fecundo, creativo – de unir fiesta y memoria.

EN LA ARGENTINA... no es habitual ligar la Solidaridad a las celebraciones sino únicamente a las necesidades o los casos de apoyo o ayuda. Sin embargo, existe una modalidad cada vez más extendida que consiste en enviar adhesiones solidarias a través de los distintos medios de comunicación, hacia actos o celebraciones que se realizan en lugares distantes. Celebrar
recibiendo el acompañamiento – virtual o real de mucha gente – no es lo mismo, como decíamos, que hacerlo en soledad.

8.- El No Solidario
a) TERRITORIO DEL NO. Mientras existe el “sí”, la Solidaridad se manifiesta sin problemas. Es la opción obvia: si hay alguien que tiene y quiere dar y otro que quiere recibir, no hace falta más. En el territorio del sí, la Solidaridad florece sin problemas: no hay allí conflicto social ni académico, y todos quedamos contentos. La pregunta que corresponde hacer es entonces: ¿qué sucede con la Solidaridad cuando hay un “no”? o bien: ¿es posible la solidaridad en el territorio del no? Lo que planteamos es que cuando de todos modos se va a decir que no a algo o a alguien- ese no tenga una característica más solidaria.
b) REGISTRO DEL OTRO. Pero cuidado; no debemos confundirnos: esto no significa que “para ser solidarios hay que decir no”. Lo que significa es que frente a una respuesta negativa ya decidida, es posible manifestarla con Solidaridad. En estos casos, la corporización de la Solidaridad pasa fundamentalmente por el registro del otro. Registrarlo, verlo, mirarlo, oírlo. Conversar con él (respetando obviamente sus ámbitos íntimos), mirarlo a los ojos, preguntarle cómo está y qué necesita, pero fundamentalmente argumentándole los motivos del no. Motivos que remiten a una elaboración previa que sea veraz y responsable.
c) UN NO QUE CONSTRUYA A FUTURO. Lo anterior se da tanto para los casos del que nos pide una moneda en la calle, como para el no corporativo que da una empresa frente al pedido de una donación o la presentación de un proyecto. El no orientador, ni frío ni cínico, que diga más que lo que dice, que explique, que genere esperanzas, que sugiera alternativas futuras y dé explicaciones presentes, ese es un no más solidario. Ese posible “no solidario” es una alternativa que – frente al no ya decidido- permite seguir aportando a construir lo más valioso que toda sociedad tiene: las relaciones entre las personas.
EN LA ARGENTINA... lamentablemente, la Solidaridad sigue tranquila en la siempre agradable comarca del sí; sin animarse a salir al fértil – aunque ventoso – territorio del no. Hay aún más indiferencia que registro, más vuelta de cara que mirada a los ojos, más negación apurada y superficial que explicación constructiva y fundante de un potencial y futuro sí.
Y lo anterior vale tanto para relaciones personales como para las corporativas e institucionales: un no fundamentado a un proyecto que se rechaza es evidentemente más Solidario que un no burocrático, frío o impersonal; en cualquier orden.

9.-Participar en la Comunidad. (Art. 29 de la DUDH)
a) EL OTRO DEBER HUMANO DE LA DECLARACIÓN. Resulta notable comprobar que la Declaración Universal de Derechos Humanos sea en verdad una Declaración de Derechos y Deberes Humanos, ya que en los 30 artículos que posee, donde uno es de forma, 27 hablan de Derechos y 2 hablan explícitamente de deberes; éste es el segundo de ellos. Su texto declara: “Toda persona tiene deberes respecto a la comunidad puesto que sólo en ella puede desarrollar libre y plenamente su personalidad.” Como se ve, la justificación es tanto más importante que el deber mismo: sólo en comunidad es como el ser humano puede adquirir personalidad plena, y no es en soledad, sino en el seno de una comunidad de “otros” dónde esto se puede hacer en libertad.
b) EN DÓNDE SE VIVA, CÓMO SE PUEDA. La invitación hecha por la Declaración a participar en la comunidad debe entenderse en el sentido más amplio posible. Comunidad es la especie humana sobre la tierra – variedad de culturas, diferenciación de identidades, destino común - ; son las naciones, son los Estados, son los pueblos, las pequeñas comarcas, el grupo vecino, la etnia y la religión; y viceversa. Es necesario adaptar una definición de comunidad a los tiempos de la globalización y las migraciones para ampliarla desde la comunidad de nacimiento o pertenencia a la comunidad de adopción o permanencia: en todas hay seguramente algo para hacer y alguien con quien compartir solidariamente y en todas, también, es exigible el derecho de poder participar y ser reconocido como actor digno y relevante.
c) CAUSA Y EFECTO DE LA DEMOCRACIA. La Declaración no fue escrita para ser interpretada atemporalmente ni en abstracto y cuando dice comunidad no se refiere a una entidad teórica ni utópica sino a espacios complejos en los cuales las dimensiones políticas, sociales, económicas y culturales son de las más determinantes; poder participar solidariamente en una comunidad debería significar poder hacerlo dentro de muchas dimensiones, pero especialmente éstas. La participación es causa y efecto de la democracia; la participación solidaria es el camino para el afianzamiento de una Cultura de la Solidaridad en democracia.

EN LA ARGENTINA... la participación de los habitantes y ciudadanos en los asuntos de la comunidad - la res – publica que nos hace República – es un vector que crece con un gradiente que, a 25 años de recuperada la democracia, podría ser mucho mayor. Sin embargo, el crecimiento de la participación comunitaria no es sólo una cuestión cuantitativa, sino especialmente cualitativa: ¿en qué puede hoy la ciudadanía participar activamente? ¿Cuánto – al decir de Sirvent – de participación real y cuánto de participación simbólica tienen las apelaciones, incluso solidarias, que se hacen para que la población se involucre? Más allá de cualquier apelación, la participación popular en Argentina debería considerarse un activo del país, un activo cultural que no puede soslayarse a la hora de planificar las estrategias hacia una Cultura de la Solidaridad.
EL MARCO LEGAL DICE QUE... Existen canales legales que intentan conducir y (en teoría) favorecer la participación popular, como la Ley 24.747 de Iniciativa Legislativa Popular, que es la Reglamentación del artículo 39 de la Constitución Nacional que establece los Requisitos para la presentación de proyectos de ley ante la Honorable Cámara de Diputados de la Nación. Sin embargo, las complicaciones burocráticas respecto de su implementación práctica, la hace lejana y distante a los mecanismos populares, que toman otros carriles para hacer oír sus propuestas de cambios. La hipercrisis del 2001 debería funcionar como un elemento disparador de adaptaciones del marco legal a las aspiraciones participativas de la población.

10.- Unir Solidaridad y Justicia.
a) EN JUSTICIA, NADA ES AJENO. Unir Solidaridad y Justicia es tal vez el nivel más alto en la práctica de la Solidaridad; es el necesario eslabón en la cadena hacia la ampliación de los derechos. Quien no haya sufrido todavía una injusticia es quien no ha mirado al prójimo. Desde una mirada humana integral lo ajeno en justicia social es sólo aquello extra terrenal, extraterrestre. Y puesto que toda la humanidad cabe en un hombre, practicar la Solidaridad con uno supone pretender justicia para todos; quien limita su acción solidaria arguyendo que la justicia social pertenece a otro plano ideológico de abordaje, desoye la integridad de destino que se nos plantea como especie. b) EL CAMINO EN ESPIRAL. La conmoción – en este caso frente a las injusticias – es como siempre el primer paso para recorrer el camino que desemboque en la unión. Conmoverse, interesarse por los problemas que a otros aquejan, conocer sus pormenores, solidarizarse desde el discurso y la expresión son también pasos preliminares y no menos importantes. Hoy los medios tecnológicos permiten las adhesiones, las manifestaciones de apoyo y las argumentaciones aun estando a la distancia. Pero el espiral puede completarse en su nivel máximo: con la presencia física en actos, manifestaciones, proyectos, acciones y convocatorias que los propios afectados organicen. Estando, marchando, - “en la calle, codo a codo”, como dice la canción – apoyando, concientizando... la espiral tomará vuelo insospechado.
c) LA SOLIDARIDAD COMO CULTURA, LA JUSTICIA COMO CONDICIÓN. Para construir la Cultura de la Solidaridad en la Argentina es necesario que lo hagamos con la conciencia de sus posibilidades, pero sobre todo de sus límites en relación con la resolución de los problemas sociales, para no construir un espejismo donde creamos que es posible trocar Solidaridad por justicia. Porque la Solidaridad es punto de llegada, pero la justicia es punto de partida, y aún asumiendo la crisis del Estado de Bienestar como herramienta de justicia social, esto no debería entenderse ni extenderse como la eliminación del Estado Social de Derecho. En la unión de ambas cada una conserva su lugar preciso: la Solidaridad como cultura, la justicia como condición.
Con un punto de concurrencia maravilloso: solidarizarnos con quienes piden justicia; aunque la causa no sea “la nuestra”, aunque el reclamo sea “de otros”, porque es en un único nosotros donde reside la esencia de la comunidad. Las acciones que hoy son “de Solidaridad”, mañana serán “por justicia”; he allí la evolución hacia la Solidaridad Transformadora que habíamos antes mencionado.
EN LA ARGENTINA... la relación de pasaje de Solidaridad a justicia es aún muy baja. En el macrocontexto, el país ha tocado niveles tan profundos de crisis e hipercrisis que los reclamos se han vuelto tan variados y diversos como creciente la impotencia de ponerlos a todos en agenda con la prioridad y relevancia que cada uno merece. En el microcontexto, ya sean las respuestas solidarias hacia reclamos de justicia como las propuestas hacia nuevas formas de justicia social alimentan la esperanza de un lento nacer (o renacer) desde formas elementales y alternativas a otras más sofisticadas, profesional y tecnológicamante más avanzadas y con rango mayor de difusión. Por citar dos ejemplos, en el sitio web de la Red Solidaria aparecen las referencias a otros sitios que expresan reclamos de justicia como www.padresenlaruta.org.ar, www.tragediadesantafe.com.ar,www.madresdeldolor.org.ar, mientras que la Asociación Civil Padres Víctimas de Kheyvis tienen su propio programa de radio llamado “Sólo se trata de vivir” en el que tratan sobre todo temas referidos a la juventud: educación vial, obesidad, bulimia y anorexia, violencia familiar y patovicas en las discos.
Ambos ejemplos indican claramente una vocación por pensar transversalmente y unir Solidaridad con Justicia.

11.- Criterio Solidario en la Economía.
a) SOLIDARIDAD Y MERCADO. Buena parte de nuestra vida cotidiana la pasamos comprando y vendiendo; comprar y vender son actos de mercado que en sí mismos no pueden tildarse de solidarios o insolidarios. Desde el punto de vista tradicional, realizar actos de mercado es una tarea indiferente frente a la cultura solidaria. Sin embargo, es posible recrear esta acción cotidiana como una de las acciones básicas de la Solidaridad si aplicamos un criterio solidario en los actos de mercado que realizamos. Ya sea de manera conciente o inconsciente, cada vez que realizamos una compra de un producto aplicamos algún criterio: criterio de economía, criterio de calidad, criterio de cercanía, criterio de oportunidad (ofertas). Pues bien; existe un criterio solidario que consiste en preferir aquellos productos en cuya fabricación o desde cuya empresa proveedora se hayan manifestado concretas acciones de Solidaridad: comprar a cooperativas o fábricas recuperadas, promover y defender lo que se conoce como comercio justo, preferir los productos locales a los foráneos, vigilar y controlar el cumplimiento de normas sociales y ambientales de las fábricas, reconocer a las empresas que tienen programas de Responsabilidad Social; etc.; son algunas de las maneras de corporizar este criterio solidario y hacer que un acto aparentemente indiferente – como comprar o vender – se transforme en una acción solidaria.
b) CONSUMIDOR SOLIDARIO. El verdadero objetivo de toda acción de comercio ética debe ser, en definitiva, el crecimiento de la calidad de vida de las personas y de la comunidad en general; y el rol del consumidor debe recuperarse como protagonista central de tal operación. Ser un consumidor responsable y solidario significa no aceptar participar en tratos que aparentemente convengan leoninamente a las partes, pero dejen en franca evidencia el deterioro hacia sistemas mayores, como la propia comunidad. Similarmente, el consumidor solidario defiende los derechos propios y de los consumidores en general, informándose de ellos, denunciando las acciones de deslealtad comercial, reclamando por causas basadas en derechos vigentes. Existe una herramienta que el consumidor puede utilizar que posee una fuerza inusitada si se multiplica hacia la masividad: el poder de no compra es también una manera de expresarse y protegerse de situaciones injustas o abusivas.
c) OTRO INTERCAMBIO ES POSIBLE. Pero desde una concepción solidaria se puede ir todavía más allá de las dos recomendaciones anteriores, que se aplican para el mercado capitalista tradicional: participar, promover y generar formas de intercambio alternativo al capitalista; formas de economía solidaria que no son mera utopía o idealismo, sino que ya funcionan a pequeña escala y para casos puntuales. El capitalismo tradicional también pasó por estas etapas de crecimiento, consolidación y crisis de escalas de aplicación. Lo que hoy vemos como experiencias puntuales de microemprendimientos, comunidades de trueque multirecíproco, cooperativas, fábricas recuperadas y emprendimientos colectivos de producción e intercambio solidario puede tomar vuelo y convertirse en un sistema alternativo al vigente, y sin sus exigencias ruines e insolidarias.

EN LA ARGENTINA... La traumática relación de la sociedad con la economía de las últimas décadas ha sensibilizado demasiado los comportamientos como para avanzar masivamente a formas más solidarias de intercambio regulado. Igualmente – y sobre todo a raíz de la hipercrisis del 2001 – existe en la memoria colectiva de la gente el registro de que hay formas solidarias de autosubsistencia y posible crecimiento a las que en definitiva puede apelarse cuando todo lo demás se difumina: en el fondo, el ciudadano recuerda que mientras en plena crisis los caudales del capitalismo neoliberal oportunista tomaban la ruta a Ezeiza, el trueque ninguneado se quedaba rondando las calles de Bernal, para que nadie se quedara sin comida. Recrear ese caudal transformador de la economía popular en formas de alcance más amplio y estructural es el gran desafío que todavía no se ha concretado, pero que no significa que no se pueda concretar. La diferencia es mucha.
EL MARCO LEGAL DICE QUE... la Ley de Cooperativas, 20337 y la reforma del artículo 190 de la Ley de Quiebra, permitieron, respectivamente, promover y enmarcar la enorme tarea que realizan desde hace muchos años atrás miles de cooperativistas a lo largo y ancho del país y hacer que muchas de las empresas que habían cerrado sus puertas en el medio de la crisis y eran recuperadas por sus trabajadores, tuvieran la posibilidad de tener reconocimiento por parte de los jueces. Sin embargo, es mucho todavía lo que falta en materia de adecuación de normativas para fomentar y amparar el mejor desarrollo de formas solidarias de economía que – sin mediar esa intervención inicial que las proteja y promueva – son rápidamente fagocitadas si se las libra al descarnado mercado del capitalismo neoliberal competitivo.

12.- Enseñar, Concientizar, Comunicar la Cultura Solidaria.
a) ENSEÑAR. La educación es uno de los carriles por los cuales puede avanzarse en la resolución del problema de la reproducción de la Cultura de la Solidaridad. Pero el sistema formal no es lo único en lo que debe pensarse cuando se habla de enseñar: la educación en la familia, la sociabilización que hoy niños y adolescentes tienen a través de instituciones, grupos y tecnología; los circuitos culturales y de espectáculos, los planes de educación no formal... todas son posibilidades para educar en Solidaridad.
b) CONCIENTIZAR. El poder de la familia, escuela y pares en la educación de los niños es indiscutible; poder pensar esos espacios para concientizar acerca de la Solidaridad es un desafío no muy complejo. Pero tomar conciencia es también tarea para adultos: que la Solidaridad sea un contenido explícito de aprendizaje y comunicación en el mundo laboral, profesional y de relaciones adultas lo es un poco más, mas igualmente debe intentarse. El desafío es concientizar siempre para actuar antes; antes - como se verá al final del Capítulo 5 - significa antes de las tragedias.
c) COMUNICAR. Hablar de Solidaridad públicamente, en el trabajo y en la casa; comunicarla a los medios – masivos o comunitarios – ; difundirla entre amigos y desconocidos es también una forma de ser solidario, pues al promoverla - la Solidaridad crece y se afianza como valor social compartido. Llamar a los medios no sólo para pedir ayuda solidaria (donación de algo, etc.) sino para contar las acciones solidarias que se hayan desarrollado exitosamente, es también un modo de hacer crecer la Solidaridad. Y creemos más: cuando se habla de la importancia de medios y periodismo independientes debería pensarse en que ello significa – además – animarse a promover la Solidaridad en medio de un contexto que presiona hacia la indiferencia individualista.
EN LA ARGENTINA... las iniciativas que tratan temas solidarios desde la Concientización, la Educación y la Difusión son cada vez más. Programas de radio comunitarios; una FM dedicada integralmente a la Solidaridad como “FM Apuntes”, sitios web solidarios y propuestas educativas de aprendizaje - servicio solidario forman parte de un amplio abanico que va a seguir creciendo.
EL MARCO LEGAL DICE QUE... En la Argentina, la Ley Federal de Educación prevé la incorporación de “Contenidos Transversales”, entre los cuales se podría desarrollar un abordaje pedagógico educación solidaria y acerca de la Solidaridad.

¿Cual es la utilidad de este conocimiento?
Conocer la matriz de 12 Acciones Básicas de Solidaridad permite trabajar en distintas líneas:

1.-Listar las formas que adquiere la Solidaridad, sirve para rescatar las tradicionales, recrear las cotidianas, reconocer las novedosas y visibilizar las menos conocidas; para promover así su adopción, investigación y desarrollo.
2.-Reforzar las Acciones históricamente más requeridas o culturalmente más postergadas, identificando los elementos claves desde los cuales operar sobre éstas.
3.-Establecer relaciones entre ellas que permitan encontrar y visualizar correspondencias conceptuales, que pueden servir para fortalecer las argumentaciones acerca de los valores que sostienen cada forma.
4.- Las Acciones Básicas – al presentar organizadamente el sustrato de muchas acciones Solidarias- permiten plantear el problema de la intermediación en términos populares de divulgación, brindando una imagen de unidad conceptual sin entrar en cuestiones engorrosamente teóricas.
5.-Favorecer tanto la discusión popular de su formato, vigencia y viabilidad; como la recreación comunitaria de cada una de las Acciones; dimensiones clave de un proceso de apropiación democrática de las mismas.
6.-Y finalmente, la línea más importante: proponer a la vez una simultaneidad y una completud de la Solidaridad. Simultaneidad mostrando por un lado, que es teóricamente posible la simultaneidad de practicar todas las Acciones a la vez y por lo tanto ampliar el horizonte funcional de la Solidaridad, dándole volumen. Completud en el sentido de que en la reiteración de una sola de las Acciones ya se hace presente por completo el valor de la Solidaridad toda y de esta manera ampliar el horizonte axiológico de la Solidaridad, dándole universalidad.
 

 

  4.1.- Las 10 Formas Líquidas de Pseudosolidaridad

La liquidez de la Solidaridad es una metáfora que se nos ha ocurrido para calificar por el absurdo a aquello que la física no toleraría: definir un estado de la materia por las características de su estado contrario. La Solidaridad, tal como hemos visto, es sólida. La Solidaridad se conforma de solidez no sólo porque lo sea sino porque ella misma la provoca: la Solidaridad solidifica lazos inestables y distantes, asienta proyectos en el suelo de la realidad posible, suelda desconocidos aprojimándolos y para sostener la esperanza se muestra solícita, desde la cuna de su disponibilidad. Suelo, soldar, solidificar, solicitar... la Solidaridad deja bien en claro a que estado pertenece, actuando desde la firmeza, sin adaptarse a la forma del envase que la contiene. La liquidez es su recíproca, su caricatura, su espejo de feria, que no niega la imagen pero altera las proporciones, para provocarnos asombro o risa. El calificativo de liquidez lo hemos tomado obviamente de la genial metáfora con la que Zygmunt Bauman ha calificado la época en que vivimos – la Modernidad Líquida – y cómo en ella nos manifestamos – el Amor Líquido – libros ambos inspiradores y de cabecera.155 Nuestra intención al hablar de Solidaridad líquida no ha sido solamente crear el casi oxímoron, sino a través de él, atraer la mirada hacia algunas prácticas muy comunes en nuestra sociedad, que pasan por solidarias y que en realidad están del otro lado de la línea, en el cuadrante de la pseudo- solidaridad: aquello que parece solidario en superficie, pero no lo es en profundidad. Dichas prácticas, como podía esperarse, licuan los efectos de la Solidaridad en el solvente del inmediatismo, la banalidad, el espectáculo, la irreflexión y el emotivismo, alejándola de sus efectos más transformadores; es decir, dejando a la Solidaridad Transformadora detrás del telón, sin salir a escena. Conceptualizar , conocer, describir, criticar – en definitiva - las formas que adopta la pseudo – solidaridad no lo hacemos ni para proponer que se eliminen los actos solidarios masivos y espontáneos, ni mucho menos para salir a identificar quiénes practican estas liquideces. Lo primero porque la gente hace Solidaridad como puede, o por mejor decir, como va pudiendo y en todo caso, ningún acto solidario puntual es en sí mismo patógeno. La Solidaridad por sí misma nunca resta, lo que resta son las actuaciones reiteradas y organizadas de vectores ideológicos que, entre otras dimensiones, eligen la Solidaridad como vehículo de reproducción de sus intenciones de contraesperanza, dominación o control. Dichos vectores son los que cuentan y los que se deben identificar y descabezar, si pretendemos aspirar a una Cultura de Solidaridad pensada y pensante. Por lo mismo, la segunda advertencia: no se trata de acusar o cargar las tintas contra quienes ejercitan alguna de estas formas, como si –por un lado – tuvieran presente la permanente conceptualización y reflexión de lo que están haciendo y - por otro - no pudieran hacer oír su voz, debatir, confrontar y eventualmente cambiar o hacernos cambiar de opinión. Cada vez que en alguna de las formas que vamos a postular y describir muy críticamente, mencionemos personas, empresas o instituciones es porque hemos verificado la fuente que las vincula y lo haremos a título ilustrativo para reafirmar al discurso teórico con un anclaje a tierra, en la sociedad argentina, sin que eso signifique que hayamos discutido acerca del tema con tales actores o que su proceder sea irremediable. Finalmente, trataremos de responder - o al menos aproximar - la pregunta que oportunamente formulamos en el Capítulo anterior, referida a si existirá una forma de Pseudosolidaridad asignada preferiblemente para cada segmento que el mercado ha identificado para los ciclos de la vida. La respuesta (o el nuevo interrogante) intentará servir para situar cuáles son los focos de acción y reproducción de cada Forma Líquida.

Veamos entonces, planteadas por orden alfabético, las que hemos denominado,
10 Formas Líquidas de Pseudosolidaridad: 1.- Pseudosolidaridad de Beneficencia - de Cofradía - 3.- de Control - 4.- Cosmética - 5.- de Culpa - 6.- de Eslogan - 7.- Espectáculo - 8.- Hedonista - 9.- Heroica - 10.- de Lástima

1.- Pseudosolidaridad de Beneficencia: “Haz el bien sin mirar a quien.” El concepto de beneficencia es tal vez uno de los más antiguos situados al costado de la Solidaridad ya que desde el segundo cuarto del siglo XV hace su ingreso al idioma desde el latín beneficentia , de bene, bien y facere, hacer. Hacer el bien fue una preocupación de muchos hombres y una acción que desde la Edad Media en adelante fue tornándose decisiva para atender a las personas que no podían sostenerse por sí mismas y carecían de familia que las sostuviera. Según Antonio Madrid, “Como relación de ayuda social, la beneficencia ha sido expresión histórica de desigualdades sociales. El desarrollo de actividades benéficas quedó confiado a la libre iniciativa de individuos o instituciones. En la mayoría de los casos, el desarrollo de la beneficencia tenía como única carga obligacional la que pudiese derivar de las normas morales y, en su caso, sociales existentes. El receptor de la beneficencia no podía exigir nada ya que partía de una situación de desigualdad. La reciprocidad, la coordinación entre los sujetos activos y los sujetos receptores no tenía cabida práctica en las relaciones de beneficencia.”156
En nuestro país, la figuración nominal del término es altamente recordada pues el 2 de enero de 1823 se crea en Buenos Aires la Sociedad de Beneficencia, que marcó a fuego una época y una manera de hacer “Solidaridad” en la Argentina, ligada a la feminización de la ayuda social y a la participación institucional como patrimonio de las familias patricias y terratenientes del país, al tiempo que también fuente de legitimación y símbolo de prestigio social para todo el que llegase a ingresar como miembro de la misma.157 Hoy en día, la beneficencia como acción solidaria ha quedado ampliamente fuera de época pues la realidad que le daba sustento y legitimidad ha cambiado radicalmente desde la aparición del Estado, los derechos sociales y la aspiración a una Solidaridad como Cultura. Tal como lo expresa Heloísa Primavera: “Es necesario tener en cuenta que distintas formas de intervención social aparecen en diferentes momentos de la Historia como producto del desarrollo desigual y combinado de las anteriores, aunque esto no quiere decir que desaparezcan totalmente. En un mismo espacio pueden convivir diferentes expresiones de solidaridad con mayor o menor arraigo. Por ello, en la actualidad, frente a intervenciones innovadoras, conviven organizaciones que desarrollan acciones en el más puro estilo caritativo o benéfico, como si el tiempo no hubiera pasado por ellas, perpetuando, de esta manera, acciones de otras épocas.”158

La beneficencia, que se sigue practicando como forma pseudosolidaria por muchísimas personas e instituciones, tiene que ver con paliar efectos pero no indagar en las cusas; es la moneda en la lata del mendigo en la puerta de la Iglesia; es la caridad mal entendida. Conforma con la Pseudosolidaridad de Lástima y de Culpa una tríada que combina masividad, tranquilidad y desprecio. Se concreta en una rutina de la limosna, una automatización de lo solidario hacia los más oscuros arrabales de la dádiva.
En este punto es importante separar conceptualmente dos términos muchas veces mal asimilados como sinónimos: beneficencia y caridad.
La caridad es la virtud teologal por la cual los cristianos aman a Dios sobre todas las cosas por él mismo (resumen de los tres primeros mandamientos del Antiguo Testamento) y a su prójimo como a ellos mismos por amor de Dios (resumen de los otros siete).159 Es famosa la descripción del apóstol S. Pablo de la caridad: "La caridad es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa. no es jactanciosa, no se engríe; es decorosa; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta.”
En este sentido, la caridad es un mandato de cómo los católicos deben relacionarse con su Dios y con sus semejantes; amándolos; similarmente a lo que plantean otras religiones, como el judaísmo con la Tzedaka; concepto que explica Adrián Herbst en la nota que sigue, publicada en Pensar, hacer y ser solidario (2005), op. cit., Pág. 55

Más allá de la expresión de San Pablo y de una forma de practicarla tradicionalmente extendida, la caridad no necesariamente se valida en beneficencia (en el sentido negativo en que estamos considerando a esta última) sino que justamente el deber moral de caridad puede ser, para los católicos practicantes, el que impulse a abrir la puerta hacia formas de Solidaridad liberadoras y transformadoras. Quien entiende y practica la caridad como parte de los mandatos que la religión adoptada le inspira y propone, no está haciendo más que ser coherente consigo mismo y sus creencias; lo cual no significa no tener conciencia social o política acerca de cuáles acciones aportan a la construcción de una Cultura de la Solidaridad y cuáles la relegan al museo de las buenas intenciones.

En definitiva, la pregunta que define la separación conceptual es: ¿se puede hacer caridad sin hacer beneficencia?
Creemos que sí; creemos que el gesto caritativo puede ser también transformador, pues lo caritativo lo da su procedencia, su origen, no su formato.
Del mismo modo que puede un creyente orar a Dios para pedir por la paz sobre la tierra y al mismo tiempo trabajar concretamente en proyectos para que eso suceda – sin que ambas dimensiones se contradigan y tampoco se excluyan - puede también actuar solidariamente movido por caridad, sin que esto devenga, a priori, en una acción de beneficencia.
Cierto es que la propia palabra caridad ha sufrido lo que Vilches Acuña llama un cambio peyorativo de significación a lo largo del tiempo (algo que también ha sucedido con otros términos religiosos, como compasión), ya que hoy en día es muy común que se pronuncie caridad y se entienda beneficencia.
La polémica entre las dos connotaciones permanece vigente: no pocos consideran que la caridad se sigue distinguiendo como una virtud peculiar, separada de la beneficencia e incluso de la Solidaridad, a la que consideran menor por carecer de arraigo religioso; tal como lo manifiesta el escritor español Juan Manuel de Prada: “Aunque yo distribuyese todos mis bienes para sustento de los pobres, si no tengo caridad de nada me sirve.” Esta cita, a simple vista paradójica, pertenece a la primera epístola de San Pablo a la comunidad cristiana de Corinto, donde se describe, con palabras más inmortales que el bronce, la esencia de la caridad. No se trata tan sólo de un pasaje para consumo interno de creyentes, sino de la piedra angular sobre la que debería asentarse cualquier conducta humana. Allí aprendemos que la caridad es sufrida y paciente; allí leemos que la caridad no se pavonea ni ensoberbece; allí descubrimos que, si la caridad no nos asiste, somos como metal que suena o campana que retiñe, o sea, pura fanfarria y estrépito hueco. El desprestigio actual de la caridad, su degradación paulatina y su sustitución por simulacros campanudos se ha convertido en uno de los signos distintivos de nuestra época. El desprestigio de la caridad ha contaminado también el idioma. Hoy ya casi nadie emplea la palabra ‘caridad’ (que viene de carus, dilecto, amado), por temor a que se le acuse de adhesión vaticanista. Hemos suplantado esta bella y valerosa palabra por un eufemismo más llevadero, ‘solidaridad’, que nadie sabe exactamente lo que designa, pero que, a la vista de los acontecimientos, se reduce a un mero exhibicionismo de caridad, o a una serie de actitudes ostentosas, puro fuego de artificio, que antes quedaban comprendidas bajo la designación menos hipocritona de ‘beneficencia’. Pero la beneficencia es justamente lo contrario de la caridad; la beneficencia es el impuesto que pagamos para mantener nuestra conciencia tranquila y poder espantar el fantasma de la caridad, ese engorroso escollo. Antes, la beneficencia se cumplimentaba organizando tómbolas a favor de los pobres, o aportando una limosna, siempre en presencia de un fedatario público. Esta forma clásica de beneficencia todavía mantiene su vigencia y predicamento, sobre todo entre esos midas del dinero rápido con mala conciencia y hambre de notoriedad que se hacen perdonar el pastón que ganan donando una calderilla a los huerfanitos, a los niños oligofrénicos o a los ancianos con alzheimer. Se trata de una forma devaluada de caridad que contradice su misma esencia, pues ya se sabe que la verdadera se debe ejercer en secreto, sin que nuestra mano izquierda tenga noticia de lo que hace nuestra mano derecha. Pero a los famosetes que reparten migajas no les basta con ser ambidiestros; también necesitan luz y taquígrafos y, sobre todo, fotógrafos que pregonen su gesto.”160
Otros, como Tzvetan Todorov, han criticado en la caridad sus componentes de beneficencia, especialmente en lo que se refiere al trato hacia el otro: “Ciertas actitudes de caridad están cercanas al orgullo (entendido en el sentido de autosanación). La persona caritativa, ya sea que practique la caridad cristiana o la ayuda humanitaria, se presenta a ella misma como alguien que no pide nada, que es perfectamente desinteresada y que, por el contrario, se propone dar sin contrapartida: su dinero, su tiempo, sus fuerzas; los beneficiarios serán los seres necesitados, los pobres, los enfermos, los que están en peligro. Por supuesto, en realidad no es así: ella realiza un acto aprobado por la moral pública y se queda con los beneficios del reconocimiento indirecto, que son los mejores. El ser caritativo practica, más o menos conscientemente, una psicología simplista (lo que sin duda no es una razón para pedirle que renuncie a sus actividades); hace como si el otro sólo tuviera necesidad de vivir y no de existir; o de recibir pero no de dar. Así, le impide a ese otro sentirse necesario a su vez, cosa que podría suceder, si el ser caritarivo le revelara su propia incomplétude, si dejara ver las necesidades de ese generoso donador que es.”161
Nótese cómo esta cita de Todorov hace referencia a lo que ya hemos planteado en el Capítulo 2, al referirnos al Sistema Dinámico de la Solidaridad y la necesidad de resaltar la participación del que recibe, como solidario que recibe.
La siempre inspiradora palabra de García Roca no zanja las diferencias, pero viste a la polémica con el ropaje que da la lucidez: “Una inspiración (caridad) sin corporalidad social (solidaridad) pierde su relevancia histórica; y una expresión concreta que no sea capaz de autotrascender se pierde su propia sustancia. Tan necesario es que la caridad evangélica se sustancie en la actual cultura de la Solidaridad, como que se dote de elementos que la excedan.”162
La Pseudosolidaridad de Beneficencia muestra una notable maleabilidad: es para todas las edades y resulta asombroso ver cómo, desde temprano, los niños, tweens y preadolescentes son enseñados hacia su práctica y cumplimiento.
La beneficencia, en definitiva, es una forma líquida de pseudosolidaridad peligrosa por lo extendida, porque invita a la irreflexión acerca de causas, efectos y responsabilidades y porque su reiteración institucionalizada deriva – casi inevitablemente – en anomalías de relación como el asistencialismo, el paternalismo o la dependencia.

2.- Pseudosolidaridad de Cofradía: “Para los amigos todo, para los enemigos la Ley.”
Hemos apelado a esta denominación para caracterizar un tipo de pseudosolidaridad que ha “reaparecido” con la posmodernidad luego de haber tenido su momento de auge en la era premoderna: una Solidaridad ejercida solamente entre los miembros de un grupo, entre los conocidos, entre los que habitan – y por eso conforman - la cercana comunidad.
Esta “reaparición” no significa que entre medio no haya existido esta particular manifestación de ayuda, pero es con la llegada de la posmodernidad y sus dinámicas que vuelve a escena, claro que en contextos y con alcances muy diferentes. El hecho de llamarla “de Cofradía” exige una explicación: nos ha parecido el más ilustrativo de los apelativos para enfatizar la idea de una hermandad cerrada y a ello lo hemos restringido, sin aludir a la connotación de hermandad religiosa o gremial que semánticamente el término también
expresa.
La Pseudosolidaridad de Cofradía es la que se restringe a un “nosotros, los iguales”:
pertenecer tiene sus privilegios y la Solidaridad es uno de ellos.
Para que se dé esta configuración es necesaria una tajante división entre el afuera y el adentro, vital para saber “quién es quién” y “entre quiénes” debemos ayudarnos. Esta forma líquida reaparece porque reaparece, precisamente, la liquidez de la sociedad. Según lo manifiesta Bauman, ella es uno varios procesos convergentes hacia una mayor privatización de la vida privada, con su consecuente abandono de lo público y reconformación de la idea de comunidad hacia formas claramente premodernas o feudales. En este punto, Solidaridad Light (que hemos planteado en el Capítulo 3), Pseudosolidaridad de Cofradía (que aquí presentamos) y privatización de la vida privada ( que presentaremos en el Capítulo siguiente, como uno de los factores inhibidores de la Cultura de la Solidaridad) conforman una trilogía que actúa alternativa pero continuamente erosionando los reclamos de universalidad que plantea la Solidaridad Transformadora. En este punto, vale la pena recordar que entendemos por Solidaridad Transformadora aquella que no sólo cumple las cinco estaciones propuestas en el Capítulo anterior, sino que además se caracteriza por su transversalidad, universalidad y vínculo transformador con la realidad (vínculo de praxis).
Así definida, la relación de esta Solidaridad Transformadora con la de Cofradía es la de la luz con el medio líquido: difracta la imagen. Comparativamente son incomparables, si se permite el casi absurdo; bien lo sabe Xavier Etxeberría cuando lo hace (él llama Solidaridad abierta a la que nosotros asimilamos con Transformadora): “(Esto debe hacerse, de todos modos)... evitando las solidaridades cerradas. Paso con ello a comentar la segunda exigencia que antes he señalado – la solidaridad abierta – que debe expresarse en solidaridad hacia quienes no forman parte de nuestros grupos de pertenencia. Se define por los tres rasgos siguientes:
-Es una solidaridad dirigida a todo el hombre (totalidad en profundidad) y a todos los hombres (totalidad en amplitud), es decir, el “grupo de pertenencia” es aquí la humanidad: nada humano, ningún ser humano me es ajeno; ninguna de mis otras pertenencias particulares puedo vivirlas en contradicción con ésta, más aún, debo vivirlas potenciando ésta.
-Es una solidaridad que se expresa en el marco de la igualdad, es decir, una solidaridad que asume la justicia, con todo lo que ella implica: obligatoriedad, horizonte de igualdad, perspectiva estructural.
-Es una solidaridad que se abre a todos desde la perspectiva de los menos favorecidos, para afirmar el ideal de igualdad “de todos los sujetos teniendo en cuenta la condición de asimetría en que se encuentran los individuos y los grupos menos favorecidos”. Esta es, en realidad, la característica que más especifica a la solidaridad como tal. La solidaridad no se define tanto por su relación universal, cuanto por el compromiso respecto al amenazado. No se define por su imparcialidad sino por su “parcialidad” por el débil y oprimido, o, si se quiere, persigue la imparcialidad (igualdad) a través de esa parcialidad” 163
En el origen de la dinámica de cofradía subyace una idea errónea de comunidad, que Bauman nos explica de esta manera: “... la visión de comunidad es como una isla de cálida y doméstica tranquilidad en medio de un mar inhóspito y turbulento. Tienta y seduce, impidiendo que sus admiradores miren en profundidad, ya que la posibilidad de domeñar las olas y cruzar el mar ha sido descartada de su agenda, por considerarla sospechosa y poco realista. El hecho de ser el único refugio confiere a esa visión un valor agregado, y ese valor sigue creciendo a medida que la bolsa donde se negocian otros valores de vida se torna más caprichosa e impredecible.”164
Idea de comunidad que la posmodernidad ha deformado limitándola a porciones cada vez más pequeñas y tribalizadas del espacio socio- urbano, generando el fenómeno de los barrios privados, las comunidades cerradas, los countries y los guetos... todos exponentes de una tensión dentro – fuera en un punto no diferente a la mencionada en el Capítulo 3 para con los muros que dividen países y ciudades. Si vivimos en un mundo de incertidumbres y peligros, y si el otro es muy distinto de mi, que mejor resultado para la ecuación que descargar responsabilidades propias en la construcción y sostenimiento de un sistema injusto que echar la culpa de todos los males a esos otros, de los que debemos mantenernos separados por altos muros, reales y simbólicos. Así, abandonado el espacio público como terreno baldío de relaciones y seguridades, “el mundo comunitario está completo porque todos los demás son irrelevantes o, más exactamente, hostiles –una jungla llena de emboscadas y conspiraciones, colmada de enemigos que siembran el caos-.
La armonía interna del mundo comunitario reluce y centellea contra el fondo de la oscura y enmarañada jungla que empieza del otro lado del portal. La gente que se apiña en torno al calor de la identidad compartida arroja (o espera desterrar) a esa jungla todos los miedos que la hicieron buscar el refugio comunitario. Según Jock Young, “el deseo de demonizar a los otros está basado en incertidumbres ontológicas” de los que están adentro. Una comunidad inclusiva sería una contradicción en los términos. La fraternidad comunitaria sería incompleta, impensable y seguramente inviable si careciera de esa congénita tendencia fraticida.”165
La Pseudosolidaridad de Cofradía se da en todos los estratos sociales porque la sensación de comunidad, su necesidad, es humana y por tanto transversal a cualquier segmentación económica o social. Sin embargo, su práctica deviene en morfologías diferentes según el polo social en el cual se dé: en los sectores ricos y de clase media alta, esta forma líquida se manifiesta, por un lado, como una celosa y efectiva trama de relaciones, contactos, ayudas, recomendaciones y mecanismos de presencia, secreto y resguardo; sobre todo en lo referido a cuestiones de seguridad. Y por otro, acompañada por su complemento necesario e ideal; la Pseudosolidaridad de Control, que explicaremos en el siguiente punto. En los sectores de clase media baja, pobres y /o marginales, la cofradía da a luz el concepto de aguante – al que nos referiremos más extensamente en el próximo Capítulo – pero del que podemos sintetizar que se trata de una presencia o acompañamiento incondicional, que se valida en la fuerza o la persistencia, pudiendo llegar a la violencia. Control y aguante, cada uno por su lado, cada uno con sus particularidades pero ambos litigantes de la universalidad y ambos de consecuencias menguantes, son hijos de la sectarización y de la –mala – idea de ver en el otro desconocido no un semejante sino un peligro.
Finalmente, la Pseudosolidaridad de Cofradía es preferentemente una actitud del segmento adulto y resulta peligrosa pues pone frenos a la institucionalización de la Solidaridad y a la unión de Solidaridad y Justicia (estación clave la primera, práctica fundamental la segunda, tal como hemos visto) al desconocer como propia - de todos- la necesidad que afecta a los otros “diferentes”.

3.- Pseudosolidaridad de Control: “Dar para que no nos roben.”
Esta forma líquida es la acción perfectamente complementaria de la anterior y ejercida por adultos pero bien reproducida hacia los jóvenes: ayudar a los pobres, a los diferentes y marginados que nos rodean no para construir junto a ellos una sociedad más inclusiva desde una Solidaridad dialogante, sino para mantenerlos tranquilos, controlados, para que “no nos roben o molesten y así poder convivir”. Enunciada de esta manera, la Pseudosolidaridad de Control puede parecer un exabrupto conceptual de quiénes así la caracterizamos, pero se asombraría el lector de todas las veces que su caracterización se cuela en los discursos de las élites, cada vez menos cuidadosas en aludirla por elipsis y nombrándola directamente en la desfachatez de su formulación explícita. La preocupación por mantener niveles máximos de desigualdad, injusticia social y disciplinamiento compatibles con el orden social, la gobernabilidad, la continuidad y viabilidad del sistema que las genera, no es nueva para las élites dirigentes conservadoras, y la utilización de mecanismos compensatorios del ajuste social, de “muelles” que suavicen la marcha, de acciones de dádiva y manipulación, tampoco: “Como ocurrió desde hace más de un siglo dentro de las naciones, las políticas económicas, legales, institucionales de bien común, no sólo nacen de sentimientos de solidaridad, sino también de un “egoísmo ilustrado" o bien informado que llega a comprender que si las mayorías no pueden vivir dignamente, tampoco habrá paz, convivencia y seguridad para las minorías privilegiadas.”166
Cuando desde la Pseudosolidaridad de Control, se le ayuda a un otro manifestando “hacerle un bien”, en realidad se hace para que ese otro no le “haga un mal” (por ejemplo: no lo robe) a quien lo está “ayudando”. De esta manera se invierte el principio de reciprocidad de la Solidaridad: el aparente bien para el otro es sólo un mecanismo que oculta intencionalidades egoístas; una intervención éticamente falsa, necesaria para lograr el verdadero objetivo: el bien propio.
O lo que es lo mismo: que ese otro nos deje tranquilos para seguir viviendo nuestra vida. En este caso, el bien al solidario que da, no le llega por añadidura de completar el círculo virtuoso de la reciprocidad sino que es objetivo antecedente, buscado previamente para satisfacer una necesidad o deseo propio (vivir tranquilo, que no lo molesten) y no por genuina identificación con las necesidades del otro. Más que un acto solidario, se parece a un pacto de no agresión entre dos partes en conflicto.
Si observamos detenidamente los mecanismos de “ayuda solidaria” de la mayoría de los barrios cerrados o countries de los alrededores de la Ciudad de Buenos Aires, en ellos se manifiesta o infiere la ejecución de este tipo de pseudosolidaridad. Como resultado de una dinámica vertiginosa y no planificada -excepto en las utilidades que generaría el impresionante negocio inmobiliario- los barrios privados y urbanizaciones cerradas de fines de los ´80 y de la década del ´90 (a diferencia de los primeros clubes de campo y countries de los ´60 y ´70) brotaron desordenadamente en una geografía conurbana ya duramente castigada y pauperizada por el Rodrigazo, la ortodoxia neoliberal de Martínez de Hoz y la hiperinflación alfonsinista tras el derrumbe del Plan Austral, sin contar lo que se vendría por delante en los ´90. Todo ello terminó por dibujar un paisaje suburbano donde la díada “country - barrio humilde / asentamiento / villa” terminó siendo la nueva expresión de la polarización “ricos
– pobres” o , para decirlo en términos económicos de la época: “ganadores - perdedores”. De tal modo que la tensión entre el adentro y el afuera ya planteada por definición, tomó cuerpo y rostros, y debió pensarse en el control. Ingenuo sería creer que la Solidaridad es centro de gravedad de este dispositivo; que como ya veremos en el Capítulo siguiente al referirnos a dos factores inhibidores de la Solidaridad como la inseguridad y la privatización de la vida privada, tiene otras variables: la seguridad armada, los muros perimetrales, los protocolos de ingreso –egreso, las relaciones de dependencia laboral y otros tantos procedimientos explícitos conforman dicho centro. Pero la Solidaridad siempre ayuda, pues aporta ese poder de abuenamiento que ya hemos explicado al referirnos a ésta como concepto comodín. Así, la mayoría de estos enclaves de riqueza y bienestar se relacionan con su entorno pauperizado a través de las propias Fundaciones que dichos barrios crean especialmente a tal efecto; a través de colectas para las cuatro fechas cardinales del calendario benéfico tradicional: Navidad, Año Nuevo, Reyes y Día del Niño; a través de las campañas de colegios e iglesias; a través de las donaciones y de cualquier otro mecanismo que siempre deje en claro quién es quién en el rol de asistente / asistido y que si bien casi siempre implica que “los de adentro” realicen estas actividades en los barrios periféricos, nunca permite que “los de afuera” ingresen masivamente para compartir actividades en el terreno de “los de adentro”. Ejemplos concretos de Pseudosolidaridad de Control institucionalizada hay muchos, más o menos sistemáticos, más o menos criticables, de los que tomaremos sólo dos a título ilustrativo, con esta advertencia previa: como se podrá el lector imaginar, los discursos oficiales de estas prácticas (páginas web de las Fundaciones, notas de prensa en los medios gráficos, folletería o declaraciones de dirigentes) no cometen la torpeza de manifestar abiertamente el sentido de control sobre el habitante pobre del amenazante entorno que tienen sus acciones (algo que los propios vecinos, individualmente y en presencia de un interlocutor de confianza no tienen vergüenza en admitir) y se cuidan utilizando un idioma neutro, técnico y políticamente correcto cuando mencionan sus valores, visión, misión y programas institucionales; lo que exige el ejercicio de inferir y leer entre líneas (acciones siempre subjetivas) la intencionalidad subyacente a los dichos. El primer ejemplo lo analizaremos en tres paradas y es el del Haras Santa María, “Family-Golf-Escobar” que en una publicidad del Suplemento Countries del Diario Clarín167 manifiesta: “Con la convicción de desarrollar un barrio que se integre a la sociedad en que habita, y que no permanezca aislado (Primera parada: Al mismo tiempo que ésto, en el sitio web del barrio, en la solapa de “Servicios / Seguridad”, dice, textualmente: “Estamos tranquilos. El edificio de acceso ha sido diseñado para permitir un alto nivel de control en la entrada al barrio. La seguridad interior está a cargo de una empresa privada confiable y experimentada.)168 una de las prioridades de Haras Santa María (HSM) es la responsabilidad social. Por eso, el emprendimiento firmó un acuerdo con la Fundación Progresar para implementar en forma conjunta un programa que contribuya a mejorar la calidad de vida de los barrios vecinos más carenciados. El foco está en brindar una ayuda sustentable a la comunidad que le brinde las herramientas necesarias para que ésta pueda crecer y desarrollarse, de manera que luego pueda continuar autogestionándose.” Segunda parada: parece algo ambicioso (por no decir desproporcionado) que la ayuda brindada por un programa de una fundación alcance para que la comunidad pueda crecer y desarrollarse, pues si esto bastare, sería muy sencillo acabar con la pobreza , tan compleja y difícil de tratar; al tiempo que la expresión “para que luego pueda continuar autogestionándose” da la idea de lapso, de finitud de la relación, de etapa luego de la cual el “barrio vecino carenciado” sólo dependerá de sus propias fuerzas.
Pero aún hay una parada más, que invita a realizar dos inferencias muy interesantes: “El mes pasado se puso en marcha el programa (...) que tiene como foco brindar herramientas que ayuden a los niños (de los barrios pobres) a confiar en sus propias habilidades y capacidades, y a generar el deseo de auto – superación, para que en el futuro puedan desarrollarse personal y laboralmente. (...) Todo vecino del HSM que esté interesado podrá involucrarse con las actividades de la Fundación. Esta tarea solidaria es importante para que también los chicos (del Haras...) puedan conocer otras realidades y tener la oportunidad de ejercer la ayuda al prójimo y, así, contribuir a su formación de valores.”
Como se ve, la tercera parada no tiene desperdicio: por un lado, se atribuye a priori a los niños pobres que no confían en sus capacidades y que no tienen deseos de auto –superación, dos componentes de manual de toda visión meritocrática de la pobreza y que requiere las acciones moralizadoras consecuentes; por otro, se confiesa – ahora sí – que las actividades solidarias también son importantes porque pueden hacer que los chicos “de adentro” conozcan otras realidades diferentes a la de “la burbuja” y tengan reforzada así su formación en valores con experiencias reales, lo que (en forma un tanto brutal) podría traducirse así: “Estamos tranquilos: para cada niño del country le tenemos garantizado su pobre correspondiente, para que pueda experimentar lo que es ayudar al prójimo.”
El segundo ejemplo nos lo proporcionan el hasta hoy mayor emprendimiento inmobiliario en barrios cerrados, la ciudad - pueblo (así se autodenomina) Nordelta (situada en el Partido de Tigre, en la zona norte del Gran Buenos Aires, a 30 kilómetros de la Capital Federal ) y su Fundación correspondiente; la que actúa – previsiblemente – sobre el asentamiento más pobre lindero a la ciudad – feudal: el paupérrimo Barrio Las Tunas. En Nordelta todo está exacerbado: el tamaño, la exclusividad y obviamente el control. No sólo todo el emprendimiento está rodeado por un cerco perimetral que lo aísla geográfica y socialmente, sino que dentro del mismo están zonificados otros nueve barrios privados, propios del emprendimiento, que en este caso están divididos entre sí por... más cercos perimetrales que prolijamente los separan. Analizaremos brevemente la Pseudosolidaridad de Control que ejerce la Fundación Nordelta deteniéndonos sólo en dos paradas: la primera es muy clara respecto del posicionamiento de quién es quién entre Nordelta – Las Tunas: para que no queden dudas de quien controla, el sitio web169 aclara en “Nuestra Misión”: “La Fundación Nordelta... nace con el objetivo de fortalecer a Nordelta como comunidad Solidaria, posibilitando ser un vínculo entre los que más tienen y los que más necesitan. Hoy estamos presentes en La Tunas como una verdadera comunidad que se compromete y participa activamente, invirtiendo su tiempo y sumándose al proyecto de Fundación Nordelta” (la negrita es nuestra, y nótese también el error conceptual en la confusa redacción de una Misión institucional, al incluirse a sí mismos como parte de su tarea: “invirtiendo su tiempo y sumándose al proyecto de Fundación Nordelta”). La segunda parada es de un control más sutil y pudiera significar un homenaje a la capacidad de lectura social del genial humorista Quino, si no fuera porque la transposición entre historieta e historia real genera tristeza en vez de la risa que un humorista merece como tributo: mientras que en el aludido sitio web dice textualmente, en la solapa de Campañas: “Del 1 al 10 de cada mes, los barrios de Nordelta participan de la Campaña de Alimentos a través de la cual realizan donaciones de aceite, arroz, fideos, polenta, salsa de tomate y leche. Todo lo recaudado se destina a las personas que integran el programa por bajo peso en el Cepan, del barrio Las Tunas.” (las negritas son nuestras); en el Diario La Nación, Suplemento Countries 170 una prolija nota de prensa manifiesta: “Solidaridad. Fue una noche especial que convocó a vecinos y amigos de Nordelta, de la que también participó Ricardo Ubieto, Intendente de Tigre 171. Y una vez más quedó demostrado que una comida de gala puede convertirse en instrumento de la solidaridad. La organización estuvo a cargo de la Fundación Nordelta... luego de la comida hubo espectáculo; la fiesta, con más de 700 personas, fue muy entretenida, incluyó rifas, malabarismos, acrobacias y hasta un remate de vinos de primeras marcas, además de sortearse estadas en importantes hoteles de la Argentina y Brasil.”

Las negritas siguen siendo nuestras y nuestra es también la necesidad de sintetizar ambos relatos en las cuatro premonitorias viñetas en las que Susanita monologa frente a una enmudecida Mafalda172 :
- A mi también, me lastima el alma ver gente pobre, ¡creeme!. Por eso cuando seamos señoras, nos asociaremos a una fundación de ayuda al desvalido y organizaremos banquetes en los que habrá pollo y pavo y lechón y todo eso ... así recaudaremos fondos ... para poder comprar a los pobres harina y sémola y fideos y esas porquerías que comen ellos -


4.- Pseudosolidaridad Cosmética: “Hay que posicionarse; y cualquier moda es bienvenida.”
“Maquillarse – dice José María Castillo – es aplicarse cosméticos en el rostro mediante pastas o pinturas. Esto se suele hacer, como es sabido, para embellecerse. Pero también hay personas o situaciones en las que se utilizan los maquillajes para aparentar o aparecer como uno realmente no es. Esto es lo que hacen los actores de teatro y de cine En los escenarios, por ejemplo, un individuo tiene que representar el papel de buena persona, pongamos por caso. Y si está bien maquillado, todos los espectadores tienen la impresión de que, efectivamente, están viendo a una persona excelente, por más que quien representa ese papel sea un perfecto canalla. Con los maquillajes, la gente se quita o se pone años, más lo primero que lo segundo. Y con buenos maquillajes, uno resulta más interesante, más atractivo o atractiva, con más “gancho” para conquistar, etc, etc. Si nadie sintiera la necesidad de maquillarse, no existiría la fabulosa industria de la cosmética, en la que cada año se gastan miles de millones los hombres y mujeres de medio mundo.”173
Como se ha dicho, el maquillaje es superficial, se pone a la noche y se quita a la mañana. Sirve para embellecer momentáneamente, tapa imperfecciones o resalta atributos y por estas razones hemos denominado Pseudosolidaridad Cosmética a aquel conjunto de prácticas que acompañan y maquillan una tarea estructuralmente no solidaria.
En general, tiene como temáticas depositarias y grupos destinatarios aquellos que remarquen de manera evidente una acción compensatoria.
Es el ejemplo paradigmático de las compañías petroleras que – como en su despliegue operativo maltratan al medio ambiente – focalizan sus acciones de Solidaridad en el campo de la ecología.
Esta forma líquida se convierte en el agregado ideal para no quedar afuera de la “ola” bienhechora que genera la Solidaridad: “Una alfombra llena de hojas secas y pétalos de rosas se fundía ayer con el perfume francés de los 250 invitados. Podría ser una pasarela de otoño, pero no, era un cóctel para apoyar al Hospital Vélez Sarsfield”, dice la crónica periodística, y prosigue con el comentario cosmético que aclara definitivamente las intenciones: “Lo que pretendemos es que la solidaridad se ponga de moda, dice Gabriel Oliveri, vocero del Four Seasons. Este hotel y COAS (Cooperadora de Acción Social), encabezaron ayer el evento en el que esperaban recaudar 25 mil pesos...” 174
Solapa obligada en todas las páginas web de cualquier emprendimiento, proyecto, negocio, industria, empresa u organización que se precie de sensible, esta pseudosolidaridad es la menos densa de las fluidas, la menos duradera, la más ortodoxamente posmoderna de todas. Se da preferiblemente entre adolescentes, jóvenes y adultos; los niños (por ahora) se van salvando del maquillaje solidario.

5.- Pseudosolidaridad de Culpa: “Ojos que no ven, corazón que no siente”
El sentimiento de culpa es uno de los que más acciones humanas moviliza, en todos los órdenes de la vida. Actuar por sentirse culpable de lo que le sucede a otros puede ser un acto que honre a la justicia; pero hacerlo sólo para aliviar la propia sensación molesta de no tolerar lo que los ojos ven - angustia generada en saberse responsable de una situación inhumana y no tener el valor de remediarlo de raíz – es deshonrar la Solidaridad. La culpa es un sentimiento molesto que mientras dura enturbia la visión y mueve a condescendencia, pero que como un alfiler superficialmente clavado, apenas se saca ya no duele y por eso se olvida, porque ni cicatriz deja. En muchos casos la Pseudosolidaridad de Culpa – y sus primas hermanas, las de Beneficencia y Lástima – se combinan para salir a escena, incitadas por los discursos mediáticos que apelan a una matemática inversión de la temporalidad: “sea solidario un minuto y olvídese por una año: llame ya y done todo lo que tenga...”
Desde una concepción culpógena, “El sufrimiento del otro -cuando es puesto en escena por los medios de comunicación, ya que en la vida real está bien escondido- nos resulta insoportable; pero porque, en el fondo, es una agresión a nuestra propia calidad de vida.”175
La culpa con que la sociedad carga (de saberse inmersa en pero también cómplice de un sistema estructuralmente injusto) genera algunos mecanismos de descompresión, como por ejemplo el de restitución; que mucho se aplica a las acciones pseudosolidarias. Veamos el mecanismo con un ejemplo conocido: cada año, cuando llega agosto, se inicia en toda la sociedad una interminable carrera de campañas de recolección de juguetes y golosinas. Los diversos “Días del Niño” (porque se suelen celebrar en diferentes fechas cercanas a la “oficial”, según cada grupo pueda) se llenan de festejos, juegos, premios y apelaciones a la importancia de una infancia feliz. Desde todos los sectores se apela a la Solidaridad y todos asisten contentos a las celebraciones, porque se trata de una restitución que reduce la culpa de algo que se ha destituido anteriormente. El síntoma funciona de la siguiente manera: intentando borrar un sufrimiento, se lo sustituye por otro que señala inequívocamente que allí hay algo que se quiere tapar, borrar; lo cual indica que el mismo síntoma como intento de curación, es la marca segura de la enfermedad. Al festejarse el Día del Niño de esa manera – como restitución excepcional - (de la infancia negada a miles de niños pobres y marginados) se descubre la inequívoca destitución permanente. Destitución en la que la ya vista Pseudosolidaridad de Beneficencia juega un rol fundamental; tal como claramente lo explica Todorov: “La beneficencia sistemática es una actitud con un sentido único, que no autoriza la reciprocidad: los indios leprosos, los sudaneses hambrientos jamás podrán ayudarme, ignoran la mayor parte del tiempo hasta mi nombre y mi rostro. Sabemos por los relatos de los beneficiarios de la beneficencia que se los pone en una situación muy difícil; son felices por el refuerzo de vida que reciben, pero desdichados por el debilitamiento de su existencia, puesto que están condenados a recibir sin poder dar.”176
En un paisaje más cercano al que plantea Todorov, la Pseudosolidaridad de Culpa funciona como el peaje obligatorio que muchos sienten que deben pagar al llegar a cada esquina que enarbola a su mendicante correspondientemente asignado.
Una “Solidaridad de semáforo” que tan bien retrató Rubén Blades en el tema homónimo y que también funciona en Buenos Aires.
Es que si es cierto que la culpa abona la mendicidad, cierto es asimismo que la mendicidad atrae a la culpa como la miel a la abeja, que a su vez la produce. En una de las películas fundamentales de la historia del cine argentino – últimamente más citada o recordada que vista – llamada Dios se lo pague 177, un oscuro millonario actuaba falsamente de mendigo en la puerta de una iglesia y argumentaba sobre la funcionalidad de pedir limosna cuando se sabe que quien se tiene delante actuará por culpa: “Exigir es una impertinencia, pedir es un derecho... mendigar, en cambio, es signo de que ya no se lucha. Es una garantía.”
Despejar la culpa a través de la limosna, descansa el alma, elimina angustias, calma conciencias, anestesia ansiedades, lava las manos, lava la cara, lava la plata.... pero nada más allá. No es la Solidaridad deseable; la que queremos“... no se sintetiza o acaba en la colaboración con una colecta o una campaña solidaria, la compra de una rifa de las tantas instituciones que intentan proveer lo que falta a determinados sectores marginados. Al igual que la democracia no se defiende solamente votando, sino ejerciendo los derechos y cumpliendo con las obligaciones del ser ciudadano. La solidaridad social, aquella que trabaja por un sistema social justo, comienza a gestarse cuando nos involucra. Cuando tejemos redes, cuando estamos dispuestos a articular acciones, cuando nos "ponemos las pilas". Actitud que tiene doble mérito. Porque estas decisiones, la de ser solidarios, no surgen "por miedo a males mayores" sino por la conciencia del ser social y por alcanzar la capacidad de evitar el prejuicio, por estar decididos a no generalizar, a no simplificar esta realidad que nos ha tocado protagonizar y aprender del
otro.”178
La Pseudosolidaridad de Culpa se ejerce desde la adultez y desde allí se irradia en todas direcciones, especialmente a través de los medios masivos de comunicación.

6.- Pseudosolidaridad de Eslogan: “Haz lo que yo digo más no lo que yo hago.”
Es la Pseudosolidaridad del discurso vacío, de la palabra acomodada al oído, de las frases hechas, pegadizas, que dicen ocultando y son la cáscara lustrosa de una fruta sin pulpa ni simiente; es decir, sin acción ni reflexión. El eslogan tiene dos potenciales cultores: por un lado, el individuo que busca solamente quedar bien y que para no desentonar recurre siempre al discurso políticamente correcto y, por el otro, al que se vale del eslogan para vender, para llevarnos en su dirección, para demostrarnos que debemos unirnos a su causa. Ambos son en realidad variaciones de un mismo vacío: el de la recursividad que por definición debe tener el eslogan, donde siempre la magnificencia e impacto de lo dicho supera la inconsistencia de lo hecho o por hacer. La Pseudosolidaridad de Eslogan forma, junto con la Hedonista y la Cosmética un tridente puntiagudo y oxidado: poderoso para el que lo blande, peligroso para el que lo toca; especialmente difundido entre adultos, jóvenes y adolescentes posmodernos.

7.- Pseudosolidaridad de Espectáculo: “Show must go on.”
Se gasta más de lo que se junta, se privilegia el espectáculo y el show por sobre el análisis, la reflexión y el trabajo sobre las causas. Exalta egos, genera ilusión de glamour, es el fuego artificial que ilumina mucho pero dura poco. Todo lo que la Pseudosolidaridad de Espectáculo actúa en exceso para aumentar la conmoción, requiere del defecto en la racionalización, pues como la matemática nos ha enseñado desde pequeños, en una operación de proporcionalidad directa, para que el resultado se mantenga constante, si una variable crece la otra debe disminuir. Como en los medios de comunicación el tiempo y el espacio (en los audiovisuales y gráficos, respectivamente) son tiranos y constantemente escasos, la mayor exhibición de la Solidaridad espectacularizada se logra a expensas de negarle protagonismo a la reflexión sobre las causas y tramas de responsabilidades sobre lo visto, leído o escuchado.
“Así, Marx decía que el objeto de arte – como cualquier otro – crea un público sensible al arte, o que sabe disfrutar de esa belleza, de manera que la producción no sólo crea un objeto para un sujeto sino también, aunque lo olvide, un sujeto para un objeto. Produce, pues, el consumo. Lo mismo podría decirse hoy de los medios de comunicación masiva: ellos producen imágenes pero también los espectadores capaces de consumirlas. Producen imágenes, digamos, y su respectivo imaginario. Nuestra sociedad, en este aspecto, no está sólo en lo que vemos por televisión o en lo que muestra el noticiero, está además, y por sobre todo, en nuestra propia mirada, en la manera que tenemos de percibir las cosas, distinta sin duda a la manera en que puede percibirla un miembro de otra sociedad.” 179 Esta observación de Scavino nos parece fundamental para entender que no solamente se debe atender a si los medios dan un tratamiento solidario a los temas (y, aunque suene redundante, a la propia Solidaridad) sino a la conformación de un espectador solidario; es decir, una persona formada para mirar la realidad de manera solidaria de modo que como tal “expecta” un formato solidario que luego será el que privilegie al elegir que mirar. La situación planteada como ejemplo en la pseudosolidaridad de culpa recién vista – el Día del Niño -sirve también como analizador en el caso de la de espectáculo: los medios masivos de comunicación han captado extraordinariamente bien cómo funciona el mecanismo de destitución – restitución y lo han cooptado, aplicándole su inconfundible pátina de espectacularidad y encanto, generando así un tándem difícil de superar: “lave sus culpas con glamour”, es decir, “si va a restituir, no importa tanto el efecto concreto; sí que lo haga frente a las cámaras y en vivo, para que todos lo vean.”
Un caso sirve cómo paradigma: el sábado 20 de agosto de 2005, los dos principales diarios de circulación nacional muestran en sendos Suplementos de Espectáculos las dos caras que toda moneda debe tener. El diario Clarín publicita a toda página que “Gracias a todos los que pusieron el corazón...” la recaudación de la jornada “solidaria” llamada comercialmente Un sol para los chicos, logró alcanzar la cifra récord de $2.612.657 180 Recordemos al lector – “recordemos”, porque al tratarse de algo tan extremadamente difundido seguramente alguna vez lo habrá visto o escuchado– que Un sol para los chicos consiste en la celebración del Día del Niño promovida por el Grupo Clarín, cuya dinámica consiste en la realización de un programa ómnibus de televisión, al cual las personas se pueden acercar a dejar su donación en dinero, que va destinada a UNICEF. Al hacerlo tienen la posibilidad de ingresar al estudio, donde pueden hablar, ver, tocar y olfatear a los famosos, que, convenientemente invitados, son los que conducen y animan el programa. Éste tiene el formato tan habitual de “cruzada solidaria”: como la consigna es recaudar lo que más se pueda a lo largo de ese día (y al mismo tiempo superar el récord de ediciones anteriores), su dinámica es de tono alegre y plagada de consignas motivantes, convites morales y apelaciones permanentes a que “juntos lo podremos lograr”, en una carrera contra el tiempo. Todo inmerso en un explícito despliegue de invitados, juegos, visitas ilustres, cámaras, técnicos, móviles, etcétera; que conforman una verdadera dinámica de espectáculo televisivo que, como todos, tiene su costo y que – como es de esperarse – tiene también su rédito para los organizadores, medido en toneladas de imagen positiva . La ceca de la moneda es la nota de tapa del Suplemento Espectáculos del diario La Nación de ese mismo día, que publica:“La reactivación económica hizo que la TV volviera a ofrecer más de un millón de pesos por día en premios...” (a los participantes de sus programas de entretenimientos). La nota señala, a su vez, un dato que no puede pasar desapercibido: “Una de las recompensas televisivas que se recuperaron con la reactivación y con el consiguiente crecimiento de la inversión publicitaria en la pantalla chica (que este año supera los 1300 millones de pesos) fue el viaje de egresados.”181
El lector atento habrá notado ya qué es lo que une a ambas notas en nuestro plano de análisis: una simple operación matemática de porcentaje.
En efecto, basta pulsar las teclas correctas de la calculadora para ver qué, de $1.300.000.000, $2.612.657 es el ... 0, 20 %; es decir, no llega ¡ni a un cuarto del 1 por ciento! O dicho de esta manera, con dos variantes posibles: a) si se pidiera a los que manejan el negocio publicitario en televisión que donen voluntariamente el 1% de la facturación de un ejercicio anual, tal vez cada año (dependiendo de su sensibilidad solidaria) se pudiera cuadruplicar la recaudación de Un sol para los chicos; o b) si se pusiera un impuesto equivalente al 0,5 % de dicha facturación publicitaria anual, se podría garantizar (sin “tal vez”, puesto que el tributo es obligatorio) que año tras año, UNICEF recaude el doble de lo que recibe por el programa televisivo. Llegados a este punto, la pregunta que nos interpela es: ¿por qué frente a la posibilidad solidaria – variante a): que los empresarios donen solidariamente una cifra verdaderamente significativa -
o ante la posibilidad desde la justicia social – variante b): que algo tan inicuo como la publicidad tribute por ley a algo tan inocuo como la niñez – elegimos la posibilidad de la pseudosolidaridad de espectáculo que le da réditos al mismísimo negocio de la televisión y es, además, menos eficiente? Pero eso no es todo. Para finalizar, veamos sucintamente una dimensión de esta pseudosolidaridad que resulta todavía más grave que la anterior: cuando la lógica solidaria (entre otras, cómo en este triste caso, también la lógica política) se subordina a los despóticos dictados de la lógica del show. Lógica que nunca sacia su voracidad de “originalidad”, espectacularidad o extravagancia y que usa a las personas o instituciones no como fines sino como medios – circenses - para animar obtusas ideas, de agudos negocios y , a veces, graves consecuencias. Lo sucedido en la hermana República del Uruguay demuestra el summun de la inconciencia a lo que la adrenalina televisiva puede llegar si se la insufla con el combustible de una declamada “solidaridad”. La crónica policial lo describe descarnadamente: “Montevideo, marzo 18 de 2006.- Los habitantes de la ciudad de Young enterraron el sábado a las siete víctimas de la inesperada e insólita tragedia ocurrida el viernes en los preparativos de un programa solidario de televisión. La ministra de Salud Pública, María J. Muñoz, se encuentra en Young, a unos 380 kilómetros al oeste de la capital uruguaya, para representar al gobierno en el acto de los sepelios en el cementerio local de las víctimas de "Desafío al corazón". El programa "Desafío al corazón", que se emite en canal 10 de Uruguay, consiste en cumplir un efectivo desafío y con el dinero que se recoge se hacen obras de beneficencia. Esta vez, el dinero era, justamente, para mejoras del hospital de Young, donde fueron atendidos de emergencia seis de los otros 16 lugareños que resultaron heridos. El sábado se cumple el primero de cuatro días de duelo departamental por una tragedia que Young, una típica ciudad del interior uruguayo, dedicada a la agricultura y ganadería, tardará en olvidar. El accidente se produjo cuando vecinos que participaban del desafío que era arrastrar con cuerdas una locomotora y dos vagones, aparentemente, se precipitaron y la mole de hierro de 56 toneladas comenzó su camino de destrucción arrastrando a quienes estaban a su paso hasta que pudo ser frenada. Una de las participantes Mónica Medina reflejó el escenario: "había cuerpos entre las ruedas y una mujer salió sin un brazo". Lo que iba a ser una fiesta y terminó en tragedia, estaba encabezada por el alcalde de Río Negro, Omar Lafluff quien tuvo que ser medicado por un ataque de nervios ante el episodio.” No sería incorrecto, pero sí miope, creer que esta tragedia sucedió solamente por una mueca del destino. A los componentes de fatalidad hay que sumarle necesariamente los de imprudencia, negligencia y, sobre todo, insaciabilidad de ansias de transformar las relaciones en espectáculo y la vida en un set de filmación. La gravedad de este caso está dada, entre otras muchísimas variables que se podrían analizar, en que la “inocente” consigna solidaria – convenientemente fogoneada por productores, empresarios y otros miembros del negocio televisivo – supero al sentido común de los propios “protagonistas / beneficiarios / víctimas / victimarios” que no pudieron sustraerse al encanto hipnotizador de superar una prueba y ser solidarios a una misma vez , sin notar ¡el absurdo que significaba tener que mover un tren a mano (y ante la vista del propio Alcalde) para que sólo así se pudiera reparar el hospital del pueblo!

Miope sería, también, ver el episodio como aislado y no como la lúgubre (pero lógica) coronación de un mecanismo tan seductor como delicado: la exhortación permanente y machacante a la Solidaridad; tal como lo refiere Eduardo Álvarez Pedrosain: “Evidencias sobran: programas de televisión donde semanalmente se reúne dinero para diferentes centros públicos y del llamado tercer sector, campañas específicas que año a año se reiteran por encima de los pedidos semanales: canciones, imágenes y palabras que nos muestran la cruda realidad que estamos padeciendo hace mucho tiempo, pero que ahora, ante a los cambios ocurridos, más que expuesta es espectacularizada por los medios. El espectáculo de la pobreza, más allá de toda moral, de buenos y malos, se da en la necesidad de los medios por encontrar un nuevo rol, posicionarse en la nueva situación instituida, establecer un vínculo propicio con el consumidor televidente de este nuevo Uruguay. Tanto en los casos de los pedidos constantes a través de los programas de televisión semanales (Desafío al corazón, el nombre del programa lo dice todo) y anuales ya instituidos (como la transnacional Teletom), como en los eventos donde presencialmente se realizan las colectas, con lo que nos encontramos es con una evidencia que salta a la vista: los más solidarios son los que menos tienen. Este enunciado viejo como los proverbios, típico del sentido común más antiguo, sigue siendo la expresión de los hechos, y más aún en la actualidad. Y allí radica la crítica a esta situación: frente a los problemas de supervivencia por los que atraviesa la sociedad uruguaya, se está dando un exceso, un abuso de la propia capacidad de aquellos que menos tienen, que más sufren, los destinatarios del propio proceso. Como en un círculo vicioso, en realidad lo que está sucediendo es que entre los sectores más carenciados, las familias de origen obrero, aquellas personas que se la rebuscan como pueden en changas transitorias, pequeños comerciantes e industriales de bajo capital, en fin, quienes más sufren son insistentemente convocados a dar para redistribuir entre sus pares.”
Y concluye con una apreciación tan lúcida que nos obliga a seguir pensando más allá de una pantalla: “Y no es sólo una cuestión de representaciones, porque con ellas se actúa en lo real para determinar (justificando, dando razones) la distribución desigual del capital, retroalimentando el proceso que mantiene las cosas como están, y además, cuando dicho proceso se nutre exprimiendo lo cada vez más frágil y valioso: lo que escapa al puro interés individual. En el fondo, aunque parezca terrible, pues lo es, se está explotando a la dinámica de reciprocidades más o menos generalizadas, de lo que comúnmente llamamos pueblo. Todas las semanas vemos colectas masivas por televisión, se difunden cuentas especiales de todo tipo, jornadas en clubes y gimnasios, en nombre de la solidaridad de los uruguayos se generan ganancias para los medios que producen las instancias mediáticas. Un pequeño colectivo carenciado logra acceder al objetivo puntual que se propone el programa (la construcción de un baño, la operación en el exterior de alguien en particular), gracias a la colaboración de los que también necesitan colaboración, pero ahí está el punto, no se trata de colaboración, sino de justicia, del cumplimiento de los legítimos derechos de todos. No debemos pedirle caridad a los que menos tienen, y menos hacer de ello un espectáculo mediático que, además, con su accionar va desgastando el valor social que usa -la solidaridad- por convertirla en mercancía.”182
La Pseudosolidaridad de Espectáculo no hace distingos de edad en cuanto a su público y sus cultores; es, una vez más, la que mejor ha leído los nuevos segmentos de comportamientos y ofrece – en un horario y formato para cada uno – propuestas para todos ellos.

8.- Pseudosolidaridad Hedonista: “Ayudar me divierte mucho.”
En la Pseudosolidaridad Hedonista el que importa es el solidario que da, no el que recibe. El hedonista es solidario mientras sienta placer, es él quien encarna lo que el filósofo francés Gilles Lipovetsky ha resumido como altruismo indoloro, sentenciando que "el hedonismo postmoderno ya no es transgresivo ni diletante, es controlado, funcionalizado, sabiamente ligth." 183
Para el hedonista, parecer solidario y disfrutar pareciéndolo es más importante que serlo; y si en el transcurso de este proceso, alguien sale indirectamente ayudado, pues mejor; pero sin desvelarse. La conducta de las personas que se divierten haciendo pseudosolidaridad es bien retratada en esta observación de Daniel Innerarity: “Habitualmente la buena voluntad y el comportamiento correcto compensan más que sus contrarios. Un cálculo de conveniencias suele señalar el camino de la virtud frente al del vicio. A fin de cuentas, es menos complicado hacer lo que se debe que aventurarse por el tortuoso sendero de la transgresión. ¿Cuáles son los nuevos imperativos de esta 'fun morality'?: juventud, salud, esbeltez, ligereza, forma, satisfacción, velocidad, inmediatez, amabilidad... Sería precipitado hablar de un craso egoísmo. Esta ocupación primordial con el yo no tiene por qué ser incompatible con la atención a las necesidades del prójimo, siempre y cuando no pretenda ir más allá de lo que bien puede denominarse un altruismo indoloro. Una moral del sentimiento es la única compatible con el nuevo individualismo. Desde luego, nunca ha habido tanto llamamiento a la solidaridad, tanta exhibición de realidades inadmisibles acompañada de un lenguaje de reprobación. Pero este éxtasis de la solidaridad es epidérmico, ligero y puntual. Es una identificación superficial con el otro, debido a la repugnancia del espectáculo del sufrimiento; es un compromiso nómada y parcial, moderado y distanciado. A menudo, basta un gesto de indignación para recuperar la buena conciencia.”184
Además de sostener egos inflamados, el hedonismo supone también la aspiración a la ecuación hedonista perfecta: alguna cuota de poder que acompañe al placer; y la práctica de la pseudosolidaridad es una posibilidad seria de lograrlo. Esto deriva muchas veces en lo que podríamos llamar confusión de posesión: esa tan habitual que hace que algunos confundan lo plebeyo con lo real, lo público con sus bienes privados: “La reina de la noche: la diva indiscutida de la fiesta fue, sin duda, Mirtha Legrand. Con un espectacular vestido de (...) Chiqui rememoró el momento en que un grupo de médicos del (Hospital) Fernández le fue a pedir que se convirtiera en presidenta de la Fundación (...) y contó, jocosa, que mucha gente piensa que ella es la dueña del hospital; “hasta me llaman a casa para pedirme que gestione operaciones. Y yo lo hago”, remató. Una grande.”185
La Pseudosolidaridad Hedonista es y será patrimonio de la preadolescencia, la adolescencia y la juventud que, si asume ser verdaderamente ligth, podrá practicarla sin cuestionamientos.

9.- Pseudosolidaridad Heroica: “Pregúnteme cómo lo hice.”
Soy modelo, soy ejemplo, no soy “común”, podría ser también el abecé de esta forma líquida. La Pseudosolidaridad Heroica descansa sobre un hecho constatable: el héroe siempre despierta atención e interés. Es una forma líquida que se alcanza en la adultez y la madurez, pues exige un camino recorrido para poder ser modelo.
La historia está llena de héroes y la historia de la Solidaridad también podría construirse en base a ellos; si no fuera porque se desplazaría así a su verdadero protagonista: la gente común, sencilla, sin atavíos ni máscaras ni premios ni honores.
Así como la Solidaridad es popular por origen, es grupal por esencia y su praxis – cotidiana, cansadora, zigzagueante – no sabe de recetas ni “buenas prácticas”.
Pero la Pseudosolidaridad Heroica ignora tales caminos dialécticos - siempre empinados - y
propone el atajo de la profecía autocumplidora: los ricos y famosos benefactores y altruistas, las individualidades descollantes, el solidario del mes o el benefactor del año, luego de haber sido así proclamados son tratados como héroes de vida ejemplar, lo que los confirma como tales. Así se involucra a la Solidaridad en una dinámica que le es doblemente ajena; primero porque lo solidario es ajeno los premios y castigos; y segundo porque en el fondo, se termina demostrando que también la Solidaridad es patrimonio de elegidos, sin que desde el esfuerzo llano, participativo y “común” sea posible cambiar las cosas.
Pero hablar de Pseudosolidaridad Heroica no significa confundir esta práctica líquida, planificada y recurrente con dos niveles que sí son legítimos y por eso le resultan superiores: el heroísmo trágico y el reconocimiento a la tarea persistente y constructora. En el primer grupo, nos encontramos con el héroe solidario que tiene justificado el título de tal cuando una excepcionalidad provoca una vuelta de campana en su vida y acontece el siempre fronterizo (entre la valentía y la desesperación) acto de heroísmo trágico. Allí surge entonces la memoria colectiva para recordarlo y si la Argentina tiene muchos ejemplos de servidores públicos o gente común que ha salvado vidas a costa de dejar la propia; Buenos Aires ofrenda un ejemplo que los sintetiza desde el bronce: el Monumento a Luis Viale. Emplazado en la Costanera Sur, se levanta en honor a el empresario de origen italiano, que el 24 de diciembre de 1871 en el naufragio del Vapor América se ahogó en las aguas del Río de la Plata, tras salvar a la señora de Marcó del Pont que se encontraba embarazada. Mientras la señora, ya en el agua y arrastrada por la corriente, se ahogaba por no saber nadar, Luis Viale la ve, toma su salvavidas y se entrega en manos del destino y del poeta: “saltando al río luego de saltar / por encima de su propio miedo. / Dar la vida por otro. / Ahogarse en nombre de una extraña. / Ser heroico no suele estar planeado...”186
La familia Marcó del Pont, en reconocimiento a este hecho hizo construir este monumento.
Y es justamente el reconocimiento la otra dimensión que no debe confundirse con la
Pseudosolidaridad Heroica.
Reconocer a quienes trabajaron y lucharon desde una perspectiva solidaria es un acto de justicia espiritual y ciudadana; en la Argentina hay también muchos ejemplos de ellos, y por qué no pensar que Floreal Gorini, el doctor Esteban Maradona, el doctor René Favaloro o el maestro Luis Iglesias - por nombrar apenas cuatro argentinos reconocidamente solidarios, a los que tampoco les hubiera gustado que los llamen héroes - podrían ser los nuevos nombres de cuatro calles de Buenos Aires, en vez de los lúgubres Tuyutí, Curupaytí, Boquerón o Estero Bellaco, que manchan de vergüenza a las calles que hoy nombran, al recordar batallas sangrientas e indignas de la guerra fraticida de la Triple Alianza contra el Paraguay.

10.- Pseudosolidaridad de Lástima: “Algo hay que hacer, no los puedo ver así.”
La lástima tal vez sea uno de los sentimientos más controvertidos que tenemos los seres humanos. Inspiradora de luminosa compasión – capaz de hacer vibrar los latidos del propio corazón en simpatía con los del otro – y a la vez generadora de los más oscuros sentimientos de pena o desprecio. La lástima es un sentimiento que se mantiene subcutáneo pero que cuando florece lo hace con la velocidad de una bala, que lastima – justamente -el equilibrio y exige una reparación homeostática que sea inmediata y efectista; sin importar lo que siga al dar vuelta la hoja. A diferencia de la culpa – meditada, racionalizada, recurrente aunque se le hagan convites de exilio permanente – la lástima es visceral, animal, no se puede aguantar, es in –tolerable porque no puede desprenderse de la atracción magnética que le genera la imagen que la dispara, volviendo sus ojos una y otra vez a ella. La pseudosolidaridad de lástima es el efímero antídoto (de acción corporal, pero de procedencia cultural) al que muchas veces recurrimos por no poder – o no querer - soportar el dolor que nos causa ver aquello que nos interpela como espejo y que, más veces que menos, hemos generado nosotros mismos como sociedad.
“Pobrecito, mirá como te mira, dale una moneda y que se vaya” “... A esta hora y con el bebé llorando en brazos...” son parlamentos habituales en el escenario de la cotidianeidad citadina, consolidando una cadena relacional donde el que ejerce la pseudosolidaridad de lástima es perfectamente funcional al lastimero, al lastimoso... triste condición que también se ha “profesionalizado” con escenas a veces cuidadosamente montadas para la ocasión; situaciones en las que la realidad copia a las peores de las distopías. La Pseudosolidaridad de Lástima se da en casi todos los segmentos etarios, especialmente de los adultos y seniors hacia las imágenes de niños (y no viceversa); algo “sabiamente” explotado ya por los lastimeros profesionalizados que saben cómo golpear bajo el cinturón, ya por los comunicadores profesionales que estudian como hacer una campaña “con gancho” entre la gente.
“Me parte el alma ver gente pobre; habría que dar techo, trabajo, protección y bienestar a los pobres”, dice Mafalda caminando por la calle en un mañana invernal. “¿Para qué tanto?
Bastaría con esconderlos.” 187 le contesta Susanita Y una vez más, la historieta da vida a la realidad.



Referencias
151 Esta enunciación de factores está tomada del excelente libro de Betina Freidin (2000) Los Límites de la Solidaridad. La donación de órganos, condiciones sociales y culturales, Lumiére, Buenos Aires. Los factores corresponden a los títulos de los puntos que la autora va tratando en los 6 capítulos del texto.
152 ibid., Pág. 17. Datos extraídos de las Memorias del INCUCAI
153 Anuncian una campaña para promover la donación de sangre, Diario Clarín, sección Sociedad, Buenos Aires, lunes 3 de abril de 2000, nota de Graciela Gioberchio
154 “La vida por unas gotas”, primer boletín informativo sobre la promoción de la donación voluntaria de sangre www.lavidaxunasgotas.4t.com, 14 de junio de 2007
155 Bauman, Zygmunt (2002) Modernidad Líquida, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires; y Amor Líquido, ibid., (2005)
156 Madrid, Antonio (1996) Teoría del Sector Voluntario. Un Discurso para el Voluntariado en España, Cuaderno 1, Pág. 23,
157 Passanante, María Inés, (1987), Pobreza y Acción Social en la Historia Argentina, Humanitas, Buenos Aires.
158 Primavera, Heloisa; Covas Horacio; De Sanzo, Carlos (1998) Reinventando el Mercado. La experiencia de la Red Global de Trueque en Argentina, trueque@clacso.edu.ar, Pág. 16
159 Jesús hace de la caridad un mandamiento nuevo (cf Jn 13,34); amando a los suyos "hasta el fin" (Jn 13,1), manifiesta el amor del Padre que ha recibido. Por otra parte, amándose unos a otros, los discípulos de Cristo imitan el amor de Jesús que reciben también en ellos. Por eso Jesús dice: "Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor" (Jn 15,9) y también: "Este es el mandamiento mío: que os améis unos a otros como yo os he amado" (Jn 15,12). La caridad guarda los mandamientos de Dios y de Cristo: "Permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor" (Jn 15,9-10; cf Mt 22,40; Rm 13,8-10). Cristo murió por amor a la humanidad cuando esta era todavía enemiga (cf Rm 5,10) y pide que todos se amen como él hizo incluso con los enemigos (cf Mt 5,44), que todos se hagan prójimos del más lejano (cf Lc 10,27-37), que se ame a los niños (cf Mc 9,37) y a los pobres como a él mismo (cf Mt 25,40.45).
160 de Prada, Juan Manuel, El desprestigio de la caridad, en Animales de Compañía; el Semanal, N° 889, Madrid, del 7 al 13 de noviembre de 2004, http://heraldo.xlsemanal.com/web
Todorov, Tzvetan (1995): La vida en común, Taurus, Madrid, Pág. 152.
162 Garcia Roca, Joaquín (1998) Exclusión social y contracultura de la solidaridad, HOAC, Madrid, Pág.54
163 Etxeberría, Xavier ; Hacia una ética de la solidaridad; en AA. VV. (1998) Hacia una sociedad más solidaria,
Ediciones Mensajero, Bilbao, Pág. 73. Etxeberría cita a Vidal, M.; Para comprender la solidaridad: virtud y
principio ético, Estella, Verbo Divino, 1996. Las negritas son nuestras.
164 Bauman, Zygmunt (2000) Modernidad Líquida, Op. Cit., Pág. 193
165 Íb., Pág. 183, donde cita: Young, Jock (1999) The Exclusive Society Sage, Londres, Pág. 165
166 Ugalde, Luis (2001), Fortaleciendo la cultura de la solidaridad, BID, Documento de Internet, http://www.iadb.org/etica
167 Diario Clarín, Suplemento Countries, Buenos Aires, sábado 9 de septiembre de 2006, Pág. 5 168 http://www.harassantamaria.com.ar
169 http://www.fundacionnordelta.org , visitado el 01 –05-07
170 Diario La Nación, Suplemento Countries, Pág. 12, Buenos Aires, miércoles 31 de agosto de 2005.
171 Aquí, las negritas también nuestras son para referir, por interesante, lo que piensa Norberto Alayón para estos casos:“Nos resistimos a aceptar acríticamente la bondadosa beneficencia que cae “magnánimamente” sobre las familias previamente empobrecidas, como consecuencia de decisiones políticas que contribuyen a modelar sociedades más desiguales. En este caso, la particular gravedad del episodio deviene de la presencia de los gobernantes que, simbólicamente, estatiza una práctica estructurante de la desigualdad social.” Alayón, Norberto, Las nuevas damas de beneficencia, diario Clarín, sección Cartas al País, Pág. 22, Buenos Aires, martes 19 de junio de 2001.
172 Quino (1986) Mafalda, Ediciones de la Flor, Buenos Aires, Vol.5
173 Castillo, José María, El maquillaje que se lleva ahora , http://www.atrio.org. 03-Agosto-2006
174 “Una noche a beneficio”, Diario Clarín, sección Sociedad, Pág. 31, Buenos Aires, miércoles 28 de marzo de 2007, las negritas son nuestras.
175 Innerarity, Daniel; La ética indolora: en busca de una moral sin inconvenientes ; Bioética en la Red http://www.bioeticaweb.com
176 Todorov, Tzvetan (1995): La vida en común, Taurus, Madrid Pág. 153.
177 Dios se lo pague, Dirección de Luis César Amadori, con Arturo de Cordova y Zully Moreno. Guión de Tulio Demicheli; estrenada en Buenos Aires el 11 de marzo de 1948
178 Comenzar a encontrarnos, Diario El Norte, editorial, San Nicolás de los Arroyos, miércoles 9 de mayo de 2007
179 Scavino, Dardo (1999) La Era de la Desolación, Manantial, Buenos Aires, Pág. 54 180 Diario Clarín, suplemento Espectáculos, Pág. 8, Buenos Aires, sábado 20 de agosto de 2005
181“Hagan juego, señores”, diario La Nación, suplemento Espectáculos, Pág. 1, Buenos Aires, sábado 20 de agosto de 2005, nota de Natalia Trzenko y Verónica Bonachi.
182 Álvarez Pedrosian, Eduardo; Los límites de la solidaridad; La Insignia, www.lainsignia.org, Uruguay, 30 de septiembre del 2005, http://www.rel-uita.org/
183 Lipovetsky, Gilles (1992) El crepúsculo del deber, Gallimard. París.
184 Innerarity, D.; La ética indolora: en busca de una moral sin inconvenientes, op. cit. 185 Una noche de Glamour y Solidaridad. La lujosa gala del Hospital Fernández, Revista Pronto N° 518, Buenos Aires, miércoles 5 de julio de 2006, nota de Nancy Duré. El Fernández es un hospital público dependiente del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires; la fundación que menciona es la Fundación Dr. Juan A. Fernández www.fundacionfernandez.org
186 Fabián Maison (1998) Luis Viale, en Ceros y Unos, libro virtual, fmaison@hotmail.com
187 Quino, Mafalda, N° 2, Ediciones de la Flor, Buenos Aires, 1986