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De qué
hablamos, cuando hablamos de Responsabilidad |
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"No somos responsables sólo cuando tomamos conciencia de ello ...
sólo cuando nos damos cuenta o cuando decidimos serlo.
Somos responsables siempre" Sergio Sinay.
Entremos al desafío que significa
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Qué es la responsabilidad.
Cómo la manifestamos en nuestra vida cotidiana.
Qué es ser responsable.
Podemos optar por serlo o no.
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Qué sucede cuando no nos pensamos
o no nos sentimos responsables.
Qué
ocurre cuando no actuamos responsablemente. |
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Como expresamos en la sección "abordaje de la RSE"
desde 2006 venimos encontrando muchas ideas, propuestas, inquietudes, dudas, entusiasmos, objeciones, etc. Además de compartirlos a lo largo de la web, hemos dispuesto este microespacio, como la puerta de entrada al gran desafío que significa ofrecer algo nuevo. Y sobre todo cuando "eso nuevo" conlleva grandes escepticismos, arraigados prejuicios y fuertes resistencias al cambio, que
se implican.
De qué hablamos cuando hablamos de responsabilidad es un plan de trabajo complejo y articulado.
Si bien ampliamos algunas consideraciones en otros apartados, aquí iremos
profundizando en todas las dimensiones de la R, en sus diversos ámbitos y
circunstancias, razón por la cual,
definimos a esta sección "el corazón del portal".
Anticipamos nuestras directrices
-
El punto 0 - la necesidad de
"acordar" cómo percibimos y
practicamos la responsabilidad, en nuestro hacer individual y en
nuestras conductas sociales, como disparadores del imperativo que se
está instalando en la producción responsable con los derechos
humanos (laborales), económicos y ambientales, en las organizaciones
privadas y públicas. Con qué valores y principios sustentamos o
naturalizamos las dualidades que la determinan algunas veces
ausente, otras omitidas por conveniencia, o justificadas para
exculparnos ante testigos eventuales.
-
El punto de partida -
la necesidad de consolidarla válida para todos por igual, porque
siendo un valor inherente a nuestra condición humana, cuando estamos hablando de responsabilidad,
surgen visiones, posiciones e intereses en los que no solemos reparar y
tal vez nos está haciendo falta, reflexionar, aclarar,
codificar ...
Es una hipótesis a trabajar, compartida, flexible, abierta ....
La hemos planificado en sus dimensiones urgente-importante, potencial-posible, utópica-real.
Ciertamente la decisión está a la vista. Estamos empezando con lo que tenemos y podemos, aquí y ahora.
Más el compromiso con su proyección en contextos de reflexión o debates.
Más la expectativa de lograr muestras representativas que nos aporten precisiones estadísticas.
Más ... lo que vayamos descubriendo o nos vayan acercando, quienes llegan a este espacio, como aspectos que no habíamos percibido o tratado, hasta el momento.
Es un trabajo complejo
Partimos de concebir a la RSE como una construcción, cuyo diseño implica dinámicas inéditas para quienes son sus actores protagonistas, con roles y funciones que exceden los hábitos culturales, hasta hoy.
Entendemos que la complejidad primaria está direccionada en dos sentidos:
- Foco en la gestación - la RSE produce su embrión en la empresa (puertas adentro) y la coparticipación de los Grupos de Interés (stakeholders) que completan "ese" proceso de gestación
- Foco en el desarrollo - se requiere una necesaria co-responsabilidad implícita en otras dimensiones-entornos con naturales incidencias que complementan cada proceso saludable y efectivo; personas e instituciones que, a la vez, están en otros (propios) procesos RS
Es un trabajo articulado
Interpretamos que requiere de articulaciones necesarias, abriendo un abanico de demandas que van más allá de los denominadores comunes que suelen motivar la búsqueda de información:
- las de quien quiere saber de qué se trata la RSE y procura conocerla en forma sencilla y lo más clara posible
- y las de quien ya está en alguna instancia del proceso (casos actuales) y siente que tiene dificultades o bien desea optimizar su performance.
Interdisciplinaria y Transpersonal
La amalgama de negocios y sensibilidad es una articulación todavía resistida.
Frecuente en la declamación, más latente y subalterna, que real en los hechos cotidianos.
Quienes trabajamos en y con la RSE, somos testigos de diferentes proporciones de entusiasmos y dudas, de sentimientos desencontrados por la convicción o la conveniencia, tras el desafío que consigna la producción responsable.
Tenemos claro que los focos de interés residen en qué es, cómo se hace, por dónde empezar, qué está haciendo la competencia, cuál es la estrategia más oportuna; qué riesgos al implementarla o no, al comunicarla o no ...
Y que el trasfondo de peso, está en los montos de inversión y rentabilidad, en comunión con valores intangibles, que modifican los paradigmas de los negocios tradicionales. Éstos fueron los emergentes que distribuimos en las secciones de RSE y Desarrollo Sustentable de la Empresa y del Medio Ambiente. Por esta razón conectamos fuentes idóneas, ocupadas y comprometidas en la producción responsable de información y propuestas.
Entendemos que está haciendo falta un fortalecimiento de la base fundante del proceso RSE.
Está lejos de nuestra intención, instalar una perspectiva "psi" de la responsabilidad. En todo caso, procuramos abrir una forma inclusiva, tanto para quien frecuenta percepciones espirituales, como para quien suele poner foco en los intereses materiales, por estilo, perfil u objetivo profesional. Entendemos que la RSE es un compendio natural y exponente de ambos. Se expresa y manifiesta en los hechos que trascienden a la empresa. Estimamos que en la gestión de una RSE
A modo de conclusión parcial
Creemos que la vida es un interjuego de co-responsabilidades.
La RSE es una alternativa de este tercer milenio, cuya dimensión involucra las responsabilidades individuales de todo su personal (su gente), más las particulares de sus Grupos de Interés, con propósitos explícitos: la contribución en el desarrollo sustentable de los recursos naturales con una producción responsable, respetuosa y solidaria en las desigualdades sociales e inequidades económicas, que están acuciando la calidad de vida en el planeta. Para descomprimir este cúmulo de responsabilidades, la empresa dispone de suficiente idoneidad para planificar estrategias de las co-responsabilidades que se le están encomendando.
La RS Responsabilidad Social es una práctica inminente, que comprende
actitudes civiles, propias de todo ciudadano. La gran cantidad de
desvirtuaciones son consecuencia de la desidia, negligencia o
conveniencias que dan como resultado una fragmentación del tejido social,
derivada de una mala praxis solidaria. Si es una situación crónica o
crítica no quita relevancia al imperativo de intervenir, sin más demoras,
en la corrección de las problemáticas globales, que configuran la
prioridad de alinearnos a una forma de vida responsable, como compromiso
inmediato. Es imposible relacionarnos sin capacidad de responder por lo
que manifestamos o hacernos cargo de lo que producimos. También por lo que
omitimos o callamos, porque el silencio o la ignorancia provocan asimismo
efectos, más allá de la gravedad o levedad de sus grados.
- Cómo propiciar las
soluciones necesarias.
Qué pasaría, qué nos sucedería, si activáramos nuestra autocrítica y
ajustáramos la autoestima, viendo a la R individual, como valor, como
actitud personal. Tal vez podríamos rescatarla como elemento vital en
nuestras relaciones privadas y sociales. Quizás dejaríamos de usarla como
un accesorio o un arma según la ocasión.
Tal vez preguntarnos, compartir, debatir, confrontar "de qué hablamos,
cuando hablamos de responsabilidad" nos facilitaría la comprensión de por
qué está siendo necesario acotar las conductas y la ética, en un formato
de código, como signo de identidad institucional, que van adoptando las
organizaciones en forma creciente.
- Cada uno de nosotros es parte de un todo.
Hagamos una prueba. Tomemos muchas hojas de un árbol, varias ramas de
otro, un tronco de un tercero y una raíz cualquiera. ¿Podemos decir que
tenemos un árbol? La respuesta es obvia.
Somos parte de un todo con nuestros pensamientos, sentimientos y acciones.
Y no perduramos sanos si nos aislamos, si estamos o resultamos
fragmentados. Por lo tanto somos sujetos sociales, "producidos por" y
"productores de" una forma de vida social con derechos y deberes que más
aquí o más allá siempre son tangentes de la responsabilidad.
- Por ello, emprendemos el camino de esta pregunta ... que advertimos, es
NO apto para prosaicos
Entendemos que es saludable compartir lo bueno y lo no tan grato que
encontramos en nuestro aprendizaje cotidiano, porque gran parte de las
dificultades tienen de origen, el común denominador que ilustra este
cuento de los cuatro personajes llamados TODO EL MUNDO, ALGUIEN,
CUALQUIERA y NADIE de Anthony de Mello.
Dicen que había un importante trabajo por hacer y TODO EL MUNDO, estaba
seguro de que lo haría ALGUIEN. CUALQUIERA podía hacerlo, pero no lo hizo
NADIE. Sin embargo ALGUIEN se enfadó porque era el trabajo de TODO EL
MUNDO. TODO EL MUNDO pensó que CUALQUIERA podía hacerlo, pero NADIE se dio
cuenta de que TODO EL MUNDO no lo haría. Al final TODO EL MUNDO culpó a
ALGUIEN cuando NADIE no hizo lo que CUALQUIERA podía haber hecho.

¿Tu opinión es diferente?

Los pilares de la RSE
Cuatro Perspectivas,
complementarias ... recíprocas |
La dimensión individual de la R |
Las Actitudes (roles y funciones) |
La R Social (Bienestar y Convivencia ByC) |
Ser sujetos plenos |
Acotamos "para qué cada una ..." en color diferenciado |
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Una propuesta que invita a detenernos un instante más profundo, aunque sea obvio, en la primera dimensión individual de la Responsabilidad ....
para fortalecer cada una de las demás Responsabilidades.
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Una pausa ante las Responsabilidades Sociales e Individuales que nos permitan ...
construir una ciudadanía activa y corregir los estados
de bienestar y convivencia de las relaciones privadas
y sociales, que nos involucran.
- - -
Un camino de reflexión crítica en los diferentes
roles y funciones,
para comprender el sentido de pertenencia a los Grupos de Interés que integramos ocasional y vocacionalmente.
- - -
Un tránsito desde la Responsabilidad Individual hacia la Ética de la Responsabilidad ...
para que dejemos de ser sujetos vulnerables y empecemos a pensarnos, sentirnos y hacernos
sujetos plenos. |
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La denominación Código de Responsabilidad,
es un postulado a elaborar junto a los código de conducta y de ética que están trabajándose en las entidades públicas, privadas e intermedias, como lógica necesaria en el contexto de participación de civiles, profesionales y dirigentes involucrados en los problemas locales y globales. Porque la conducta y la ética son expresiones recíprocas y estructurales de la responsabilidad. |
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Deseamos particularmente, compartir la construcción
de esta sección ...
haciendo un click podrás participar ya
Te esperamos!!! |
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En primer lugar nos planteamos qué entendemos por
Responsabilidad, en el concepto más elemental.
El diccionario dice que es hacerse cargo de lo que uno piensa, siente y
hace; también la refiere como la capacidad de responder por lo manifestado de
cualquier manera (verbal, escrita, hechos).
En este caso, estamos poniendo foco en el individuo y nos estamos refiriendo a la
responsabilidad en la dimensión individual;
que en nuestra vida de relación, como sujetos sociales, ponemos de
manifiesto en nuestras conductas o comportamientos.
La Responsabilidad implica una vinculación con "un
otro", por ello implícitamente se la considera en su dimensión social.
Si no hay otro/s, si vivo aislado, ante quién seré responsable. Esto
nos determina sujetos sociales.
Somos sujetos sociales con conciencia. Pero claro, que tengamos
conciencia no significa que la usemos, ni garantiza que la manifestemos,
en pautas de bien común, social. Nuestra vida en relación las exige
tácitamente. Las pautas de conciencia que expresamos nos determinan
sujetos responsables.
La Responsabilidad
no es una opción ... Es un valor. Es una actitud.
Es inevitable.
Siempre somos responsables. Es inherente a la condición humana.
Todo lo que hacemos, produce un efecto, tiene consecuencias. Nuestras
relaciones y el entorno sancionan, reclaman o condenan la falta de
responsabilidad, según el efecto producido.
Cómo respondemos/damos cuenta y de qué nos hacemos cargo, ante otros, revelan la
conciencia que instrumentamos, cuando nos expresamos: coherencia o armonía
que existe (o no) entre los aspectos íntimos (privados) y lo social.
Habitualmente la responsabilidad se omite por obvia, ante un buen
comportamiento.
En cambio ante una mala conducta, un perjuicio o una consecuencia nefasta,
emerge la situación de responder y hacernos cargo, en forma de reclamo,
exhorto y obligación, de parte de quien hemos dañado moral o
materialmente.
La responsabilidad se hace plenamente visible, cuando falta.
Esta falta ocasiona la no Responsabilidad ... la "irresponsabilidad"
con consecuencias específicas.
Inédita falta de responsabilidad, histórica abundancia de irresponsabilidad explícita
... dos focos de una realidad, agobiada de problemáticas globales, a merced de una
fuerza centrífuga plagada de paradojas y contrariedades.
La lógica elemental encuadra que lo natural es
evidente por sí mismo.
Y si la responsabilidad, es un tema que hoy está en
el centro del debate mundial
porque falta, es secundario, lo importante es que la reposicionemos, que
la rescatemos. Porque algo hay que hacer, algo debemos hacer ....
Claro, aquí hay dos caminos principales: la reacción y la proactividad.
Quienes trabajamos con la realidad cotidiana, como materia prima,
preferimos la segunda opción:
- desde lo individual, con optimismo, compartiendo las dificultades que
seguramente encontraremos,
- con "otros" celebrando los logros y esperanzando los errores
transformados en próximos desafíos.
Estamos en la segunda mitad de 2007 y damos la bienvenida a todo aporte
que procure contribuir a que seamos individuos, organizaciones y empresas
responsables y que podamos desarrollar las soluciones sociales,
económicas y ambientales, que estamos necesitando. No se trata de
inventar la rueda, sino de "impulsarla" para que marche, en el sentido que
visualizamos, hacia el bien común, integrador y sustentable, tan reiterado
últimamente.
Es importante tener presente que ya hay iniciativas alineadas al
fortalecimiento de la responsabilidad. Si bien están en distintas
instancias de desarrollo, también es cierto, que están interviniendo en
forma directa o implícita, en acciones complementarias de asistencia,
protección y prevención.
Así lo manifiestan los Códigos de Conducta, Ética y la RSE; las Políticas
Sociales del Estado; las reformulaciones de la Práctica Educativa y de la
Participación Civil; la enmienda global del Desarrollo Sustentable ...
De qué
hablamos, cuando hablamos de responsabilidad ... es nuestra próxima
estrategia para difundir dichas iniciativas, atravesando los cortes
parciales de sus consensos y cuestionamientos eventuales.
Confiamos en que trabajar, qué es la Responsabilidad ayudará a
tomar conciencia de cómo la estamos instrumentando.
"Toma de conciencia" que, en esta "era del conocimiento" aporta solidez a
la formación, gestión y transferencia del conocimiento.
Esperamos que ello nos permita la distancia óptima para apropiarnos de las
teorías y las prácticas que, al fin, configuren el modelo de
Responsabilidad Social posible y eficaz, que nos retorne el estado
bienvivir(*) degradado.
Modelo "de gestión de impactos" como considera Francois Vallaeys.
Rescate "como valor fundamental para nuestra vida" como amplía Sergio
Sinay.
Focalización del impacto en términos de contribución, como preferimos
facilitarlo.
Resumen de compromisos y criterios evaluativos que confluyan en un deseo:
que el
cuento de Anthony de Mello sea eso, un cuento, una referencia histórica
que halla perdido vigencia porque los hombres del Tercer Milenio, superado
la moraleja, hemos entendido de qué hay que hacerse cargo y dar cuenta, si
somos Alguien, Cualquiera, Nadie y Todo el Mundo.
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bienvivir(*) - Extraído de conceptos que reitera Bernardo Kliksberg, en
referencia a la cultura Aymará, que diferencia
el bienestar (bienes materiales, legítimos y correctos) del bienvivir
(conductas correctas, que significan bien para sí y para los demás,
procurar(se) una vida personal y colectiva, con calidad material y
espiritual)
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Modificar el foco que
acostumbramos
en la
relación sujeto-sujeto o sujeto-institución.
Las
jerarquías y poderes que fueron celebrados
privilegios, hasta poco tiempo atrás, hoy son la
punta del iceberg de las responsabilidades. La
motivación generalizada, ciertamente ha sido
encontrar una solución a los grandes vacíos de
compromisos y garantías ante las personas y los
contextos vulnerables. La disparidad de proporciones
entre los beneficiados y los perjudicados frecuenta
divergencias, en los fundamentos que las generan.
No obstante va haciéndose más visible, día a día,
una conducta generalizada de señalar a los
responsables.
Y señalar un responsable generalmente se tiñe con la
necesidad básica de cifrar un culpable.
A medida que ejercitamos la responsabilidad, bajan
las proporciones de culpabilidad.
Veamos un ejemplo sencillo, ante una situación de
conflicto primario, ubicándonos en el lugar del
"perjudicado" quien entabla la demanda. La propuesta
es pensar cuál es la lógica cotidiana, para
comprobar si éstas son o no, las reacciones
primitivas que frecuentamos. Te invitamos a recordar
un caso puntual, alguna de esas veces en que alguien
nos ha dañado con algún dicho, acto o sentimiento;
cuáles han sido nuestras primeras reacciones ante el
malestar, de una injusticia o equis causa que nos
está afectando ...
Instalados en una determinada confrontación entre
dos personas
- inmediatamente aparece la culpa hacia el "otro"
(el culpable es el otro, no yo)
- sigue una sobredimensión emocional que necesita
recuperar estabilidad y la lógica nos asiste con más
de un motivo por los cuales yo tengo la razón
- luego sobrevienen enredos, confusiones, que duran
(o durarán) mientras yo siga en "mi" postura o lugar
y el "otro" sostenga su posición inicial. Ya sea
porque no admito la validez de sus justificaciones,
porque se muestra indiferente, o porque no me da la
razón, etc. La situación de conflicto seguirá
latente y a expensas de un efecto mediador que
modifique la situación o discordia.
Cambiar de foco nos induce a percibir diferente:
desde otro lugar, otra interpretación, otra
posibilidad, otra oportunidad ...
En nuestra estrategia planificamos el cambio desde
TU foco ... porque el OTRO tiene también validez,
cierta o relativa, pero validez al fin, mal que te
pese.
Las distintas formas de descalificación, atentan
contra las relaciones mínimas de convivencia.
No poder o no saber resolver este obstáculo te deja
mal, a mitad de un camino sin concluir y las
situaciones inconclusas suelen reaparecer con otras
formas o proyectadas en otras personas.
Continuar o romper la relación es una opción de
segundo plano (en la que intervienen aspectos
internos).
El foco presente es TU aquí y ahora, en un callejón
sin salida (aparente)
Con la opción positiva, te proponemos el desafío de
revertir esta situación:
A ver si es lo mismo ...
- estar en conflicto (vos y yo), que estamos
atravesando una diferencia (entre nosotros)
O ... replantear la culpa (de la que te acuso), que
revisemos las responsabilidades de cada uno (mías y
tuyas)
- si vale más insistir en que tengo la razón, que
replantearnos tener resultados
- persistir en el problema, que crear y rediseñar un
proyecto (juntos)
La primera referencia, es lo frecuente, el paradigma
de la escasez ...
ver y estar en un solo foco (el mío, en el problema)
La segunda se corresponde con la amplitud, el
paradigma de la abundancia ...
lo nuevo a cambiar o modificar (lo nuestro, en la
situación)
Nuestra estrategia es transitar el par
contradictorio escasez-abundancia, como nuevo
paradigma de los vínculos humanos.
En
conclusión
Para dar estos cuatro funcionales, nos asistimos en
gran parte con herramientas psicosociales. Porque
son inicialmente las que más hemos estado
entrenando. Por supuesto que nos las únicas, ni las
mejores.
Tal como exponemos a lo largo del camino de este
portal, hay muchas otras válidas y operativas.
La claves están en el intercambio, la cooperación,
el debate, el compromiso responsable de la
interdisciplina, que califiquen en la capacidad de
compartir solidariamente. Creemos que es inminente
fortalecer los dones y habilidades que poseemos con
disparidades humanas, profesionales y académicas,
pero que ciertamente, deberemos seguir entrenando e
innovando en forma continua.
La síntesis superadora
Si te veo como "responsable" te asiste la
oportunidad de reparar el daño ocasionado ...
Ambos podremos compartir un proyecto de reparación y
elaborar una nueva forma de relacionarnos (vínculo
fortalecido).
Nos estamos dando la oportunidad de conocer el nuevo
paradigma ganar-ganar
Si te veo como "culpable" te sentencio y (valga la
metáfora) pido "tu cabeza a la justicia" ...
Rompemos la relación que hemos tenido hasta ahora,
interponiendo otra instancia que agrava el conflicto
inicial.
Seguimos instalados en el hábito ganar-perder y
seguramente privándonos de la flexibilidad y
comprensión que necesitamos para convivir en la
coexistencia cotidiana.
-
Ser
responsable o ser culpable, plantean instancias de
"poder"
con roles adjudicados y asumidos por
ambos sujetos del conflicto.
-
La funcionalidad de ser responsable o
ser culpable,
transita por el complejo sendero de
transformar
el poder en poder hacer, que nos
satisfaga a ambos.
-
El juego
del poder está siempre presente (explícito o latente) en
las relaciones cotidianas.
ser responsable no es una carga, es una actitud de
autoestima, autocrítica y solidaria ... un valor que
aprendemos cuando "validamos al otro"
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Día Nacional
del Vecino |
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Pero no
de cualquier vecino sino de quien hace de la
participación
su forma de vida.
Una Responsabilidad particular, de forma implícita,
pero de enorme valor social,
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Vecino es quien
vive cerca,
pero no sólo
física
sino también
afectivamente. |
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Más que residente
de una zona
es parte
del acontecer cotidiano de su barrio. |
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Es
quien pasa de la posición individual y particular
a los
intereses comunes. |
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Necesidades
y
Expectativas
culturales, sociales, deportivas, seguridad, salud,
etc. |
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Ser Vecino es
una condición básica en la generación de
capital social
primer tipo de capital que
da sustento a cualquier otro. |
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Breves de su Origen
Se
celebra desde hace 40 años, en el orden nacional, el Día
del Vecino, todos los 11 de junio.
Por ordenanza del gobierno porteño, del 24 de junio de 1959,
que instaló el precedente.
Evoca la Segunda
Fundación de Buenos Aires, en 1580.
La iniciativa partió de un grupo de residentes de Villa del
Parque, Ciudad de Buenos Aires.
En 1990 se instituyó por decreto del Gobierno de la
Ciudad de Buenos Aires, unificando el Día del Vecino
Participativo.
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Se
escucha ... |
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La naturaleza del vecino fue mutando "Antes los vecinos
éramos más unidos. Pero desde que se agudizó la crisis socio
económica y política del país la gente es más
individualista. Carece de tiempo para ellos y por ende para
los demás. Ahora en los barrios periféricos al centro se
vive como extraños. Nadie sabe nada de nadie y mas bien son
muy escasos quienes se frecuentan" |
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Para
abrir un debate -artículos conectados- |
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El difícil equilibrio de ejercer la vecindad
Los que emigran extrañan el barrio
En los pueblos chicos todo el mundo se saluda
A pesar de las cercanías, el vecino es un extraño en
las grandes urbes |
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La RSE:
Una mirada
crítica / ResponsHabilidad
Saturnino
Herrero Mitjans* |
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Nota
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El contenido de este apartado es el paper original, que
el autor había previsto exponer en la propuesta
"RSE ¿Marketing o
Compromiso?"
del Ciclo 2008 de Encuentros de Práctica y Desarrollo
Profesional realizado el 17 de julio ppdo. con auspicios
de El Ateneo, Temas Grupo Editorial, iEco y Fibertel.
Como orador de cierre, lo modificó para enriquecer las
perspectivas de sus antecesores Gavo Nazar y Gabriel
Berger, con quienes integró el panel.
Al final de la actividad lo invitamos a conocer nuestra
web y como resultado de su amplia generosidad, nos lo
envió para compartirlo con nuestro equipo de trabajo,
que extendemos ahora a nuestros usuarios más frecuentes.
Desde este espacio, hacemos público nuestro
agradecimiento, por esta gentileza.
Y como
siempre ... los invitamos a acercarnos sus comentarios
info@codigor.org |
|
*Licenciado en Relaciones Industriales de la UADE;
Diplomado de Studios de Perfeccio-namiento del ITP
(Internacional Teachers Program) en el CESA (Centre
d´Enseignement Superieur des Affaires) Francia. Autor de
"La Comunicación Incomunicada", "La comunicación cosificada"
y "ECO Estudios Críticos de las
Organizaciones" editados
por Editorial Temas. Actualmente es Director de Asuntos
Corporativos del Grupo Clarín. |
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La RSE : ¿Seducción, Ilusión o Acción?
Decía Lord Rothschild (1910-1990) que “Las promesas en las
proclamas partidarias brillan siempre como dientes falsos” ;
pues bien esta irónica mención a las promesas políticas puede
muy bien aplicarse también a las declamaciones y declaraciones
en torno al tema de la responsabilidad social empresaria (RSE),
en las cuales –por lo general- suele percibirse una cierta
sensación de falsedad; en primer lugar porque hay una suerte de
tautología en el enunciado, ya que uno podría preguntarse si el
resto de la actividad empresaria se conduce sin responsabilidad
social.
Podríamos decir entonces que Responsabilidad se escribe con “hache”: Respons –
Habilidad;
no se trata de un “horror” ortográfico, sino simplemente de
descomponer la palabra para introducir la idea de que la
Responsabilidad (con mayúscula) supone la capacidad de dar una
respuesta hábil o idónea, de ahí la grafía de ResponsHabilidad;
pero esa respuesta no puede ser sólo idónea desde la mera
perspectiva técnica o normativa, sino que para serlo plenamente
necesita incluir la dimensión moral, puesto que de modo
inescapable cada uno de nosotros es responsable de sus actos y
por ende de sus consecuencias.
Toda respuesta humana tiene siempre un vector moral, pero cuando
se trata de la respuesta de personas que ejerce autoridad y
control sobre estructuras conformadas por otras personas, esa
dimensión de lo moral es central. Sin embargo en la vida diaria
más de una vez quienes están en esa posiciones directivas
ensayan dejar de lado la dimensión moral de su responsabilidad
en aras de un seudo “principio de realidad” técnica, económica,
política o una combinación de ellas, con lo cual se pretende
construir una aparente justificación valedera para pasar por
alto la dimensión moral.
En cuanto a “Responsabilidad social”, reiteramos que la acción
empresaria en cualquier campo debiera ejercitarse (o al menos
ello se supone) con responsabilidad social, es decir mediante
una respuesta socialmente idónea, dado que la empresa es una
institución social, por lo tanto con fines sociales, cuales son
los de generar fuentes de trabajo, producir riqueza y servir a
la comunidad mediante productos o servicios de calidad; en
síntesis: una estructura social con propósitos económicos, como
postulaba Drucker.
Por último está el hecho que las acciones de RSE no suelen ser
demasiado claras ni definidas, por lo cual muchas de ellas
tienden a confundirse con acciones de tipo publicitario/
promocional/comercial, o enredarse con lo que son las
obligaciones fundamentales vinculadas al cumplimiento de las
normativas legales e impositivas ordinarias en cualquier
sociedad medianamente ordenada..
Así por ejemplo: no pagar sueldos en negro, no tener empleados
en situación de precariedad, pagar las cargas sociales, no
emplear menores, pagar impuestos, no defraudar al fisco, no
adulterar productos, no contaminar, etc. son obligaciones
básicas derivadas del carácter de persona jurídica que tiene una
empresa, organismo estatal, sindicato, ONG, etc. y por lo tanto
obligada al cumplimiento del orden legal vigente y en modo
alguno son acciones de RSE, por lo tanto su incumplimiento no es
ausencia de acciones de RSE, sino infracciones o hechos
delictivos de carácter punible.
Sin duda, como bien ha señalado de modo reciente Manuel Sbdar ,
la perspectiva acerca de la RSE suele oscilar entre el ser y el
parecer, planteándose una suerte de falso dilema entre ley y
moral, la respuesta inequívoca es que no se trata de dos
conceptos antagónicos, por lo tanto la RSE “supone un elevado
compromiso con la ley. Y eso es verdaderamente moral”. Hay que
aclarar en cuanto la ley sea “legítima”.
Aparece entonces la pregunta obvia: ¿qué es entonces la RSE?
Podemos intentar una suerte de definición provisoria, señalando
que la RSE es el conjunto de acciones de diálogo y respuesta que
una determinada organización (no sólo empresaria) mantiene con
sus “apostadores”, considerando que estos no son sólo sus
accionistas o referentes, sino que junto a éstos coexisten otros
“apostadores” con sus propias agendas que también reclaman su
relación, a veces excluyentes entre sí, con respecto a una
determinada organización.
Va la siguiente pregunta: ¿pero quienes son entonces los
“apostadores”? En la bibliografía de gestión se suele mencionar
el término stakeholder (apostador) para hacer una referencia
imprecisa a determinadas figuras o grupos de influencia que
actúan o presionan sobre la actividad de la organización; en un
enfoque amplio se trata de aquella persona o grupo de personas
tanto externas como internas que pueden afectar o ser afectadas
por el impacto de las acciones de una determinada organización.
Por eso, como hemos señalado en varias ocasiones, el primer
grupo de “apostadores” con los cuales toda organización tiene
relación directa es el que constituyen sus propios
colaboradores, a partir del hecho que la gente que trabaja en
ella, de modo conciente o no, ha “apostado” en ese espacio su
proyecto de vida personal que incluye también a su familia, y
que esta “apuesta” va más allá del límite del pago de una
remuneración por óptima que esta sea.
La premisa en que se apoya lo antedicho es que la relación
trabajador-organización no es una mera relación económica de
esfuerzo de trabajo a cambio de incentivos, como pretende la
vieja propuesta de Taylor y Ford, propuesta que hoy sigue en
boga de manos de lo que, de modo paradójico, pretende ser una
perspectiva post-moderna neoliberal, la cual no deja de ser un
antiguo enfoque mecanicista apoyado en la teoría del hombre
económico, el cual, sin embargo, sigue teniendo sus fervientes
epígonos actuales como sucede con el francés Guy Sorman .
Se trata sin duda de un enfoque ideológico muy arraigado en el
pensamiento contemporáneo, que anima a una gran mayoría de
directivos y líderes empresarios y políticos de nuestro medio,
lo cual hace que esto sea un hecho no menor, pues se trata de
personas que cuentan con verdadero poder de influencia no sólo
en sus empresas, sino también en la sociedad.
Esta es una perspectiva muy limitada desde la cual parece casi
imposible poder intentar construir una visión más amplia y
actual del papel del gobierno corporativo en la sociedad y de la
RSE como un factor importante en la gestión/relación de las
organizaciones con los diferentes grupos sociales donde
adscriben sus distintos “apostadores”. Por lo tanto, si nos
proponemos construir una mejor relación entre las organizaciones
que operan en la sociedad y los grupos o públicos que la
conforman, la revisión de este propósito plantea todo un
desafío.
Esta lógica neoliberal, haciendo un juego de palabras en inglés,
dice que el único stakeholder es el shareholder, esto es, que el
apostador reconocido y reconocible para la organización –en este
caso, con fines de lucro- es solamente quien apostó por ella
comprando sus acciones. La lógica de este enunciado es impecable
pero, ¿es suficiente? No lo parece, pese a que el reconocido
economista Milton Friedman, ya fallecido, la defendiera de modo
vehemente.
Podría decirse que, según esta perspectiva economicista, la
función directiva primordial es la de maximizar la ganancia del
accionista tanto a corto como a mediano plazo. Aunque parezca
árida y fuera de contexto, esta visión es la que prima en los
mercados financieros y es la mirada con que es evaluada la
dirección de las empresas a través del frío examen de los
informes bursátiles trimestrales. Se trata de una lógica
implacable e imparable, cuyas consecuencias se hacen sentir hoy
de manera harto dura; en consecuencia, preservar el valor del
accionista parece ser así la “última ratio” y la única medida
del éxito de la gestión.
Por el contrario, una visión amplia o pluralista, si bien no
deja de lado la importancia de satisfacer el interés del
accionista que “apostó” por la empresa, la integra con otras
demandas y exigencias sociales, que pugnan por hacerse oír y que
sin duda reclaman el pago de su “apuesta” o al menos pretenden
cobrarla, pues siguiendo su propia lógica, creen que eso es
justo para no sentirse estafados. Esta postura se inscribe
dentro de lo que hemos denominado como un enfoque
multidimensional del gobierno corporativo y dentro de éste la
RSE como una forma de contacto e interacción con los principales
grupos de “apostadores”.
Entonces, como primer paso en pos de la posibilidad de una RSE
eficaz –recordemos la idea de eficacia como la relación entre
los objetivos a alcanzar y el fin último de la organización- la
cual define una estrecha relación entre ambos, ello hace
necesario que el tema de la RSE junto con el de la cultura
corporativa forme parte de la agenda y los planes de trabajo
tanto del directorio como del CEO y de modo consiguiente debe
penetrar en el resto de la organización, transformándose de modo
paulatino en una característica cultural distintiva de la misma.
El funcionamiento activo y comprometido del directorio es la
base constitutiva de esa RSE, pues sin un directorio cuyas
preocupaciones vayan más allá de los controles financieros, no
es posible pensar en la vigencia de una RSE también activa y
comprometida. Por consiguiente es impensable contar con un
programa medianamente efectivo de RSE con un directorio laxo o
desertor de sus responsabilidades y que además no tenga clara la
visión multidimensional del gobierno corporativo.
Ahora bien, es imposible atender simultáneamente, con el mismo
grado de importancia, a todos los públicos posibles o pasibles
de atención por una determinada organización. Por eso una de las
tareas primeras es la determinación de los públicos de interés
para el desenvolvimiento de las actividades de la organización.
Esto significa identificar los “apostadores” y su grado de
“saliencia” o relevancia para determinar la importancia/gravedad
que su atención demanda.
Una vez identificados los “apostadores” que influyen o reciben
influencia o impacto como consecuencia de las actividades de la
propia organización, es oportuno asignar prioridades en función
de su impacto y “saliencia”. La construcción de este panorama es
esencial antes de considerar cualquier acción de RSE, ya que no
hay ninguna acción en este sentido que “tape” problemas críticos
emergentes no resueltos o no encauzados correctamente.
Para esto puede ser interesante construir un cuadro con dos
variables: poder e interés. La primera de ellas se refiere a la
influencia (positiva o negativa) que pueden ejercer sobre las
actividades mencionadas; mientras que la segunda se refiere al
grado de interés que esas actividades despiertan en determinado
grupo. Ambas variables determinan distintos comportamientos de
respuesta.
En ningún caso estas posiciones son estáticas, en todo caso
corresponden a una “fotografía” en un momento dado, pero las
circunstancias, la propia dinámica de los hechos y del
funcionamiento de los diferentes grupos de “apostadores”, hacen
de este un ejercicio en permanente proceso de revisión, el cual
forma parte del trabajo de actualización de las agendas de
trabajo corporativo y del CEO.
Pero el trabajo con los apostadores no concluye aquí, por el
contrario recién comienza. Sobreviene la tercera etapa que es la
del conocimiento de los apostadores clave, de modo tal de tener
un panorama claro de cuáles son sus reacciones posibles, frente
a emergentes críticos de las actividades presentes o futuras de
la organización, y cuál es o será su posible posicionamiento
frente a una determinada situación, para que las acciones de RSE,
no se den en el vacío y, por el contrario, sean compatibles con
sus necesidades o reclamos.
Pero ¿cómo reconocer a los apostadores y sus intereses
manifiestos y ocultos? Es necesario un esfuerzo integral de
relevamiento, dentro del cual pueden trazarse muchos
interrogantes en esta tarea para conocer mejor al o los
“apostadores” clave.
La mejor manera de poder contestar estos interrogantes, y otros
más que puedan surgir, es abrir un canal de contacto con esos
“apostadores” clave que permita dialogar de modo abierto y
directo, a la vez que evaluar la situación y sus proyecciones a
corto y mediano plazo que permitan construir un programa de RSE
con un horizonte temporal amplio y no pequeñas acciones aisladas
que parecen más bien respuestas compulsivo/reactivas que un plan
orientado a construir vínculos con los diferentes “apostadores”.
Un enfoque abarcador del tema es el que propone un modelo de
investigación realizada por el CICA (Canadian Institute for
Chartered Accountants) , entidad que nuclea a los contadores
públicos canadienses, la cual trabaja en cooperación con el
Centro para la Innovación en la Gestión (CIM) de la Universidad
Simon Fraser – (Vancouver-Canadá).
Este trabajo busca explorar tres cuestiones fundamentales: a)
bajo qué condiciones las relaciones con los “apostadores” crean
valor para la organización, b)cuales son las condiciones para
construir relaciones positivas con los “apostadores” y c)cuáles
son las medidas adecuadas para evaluar la calidad de esas
relaciones.
Un interesante aporte complementario para evaluar la relación
con los diferentes grupos de “apostadores” es la herramienta
–que con carácter experimental- ha desarrollado también el
citado Centro de la Universidad Simon Fraser en Canadá. Se trata
de “The Stakeholder 360” .
Con dicho instrumento se pretende medir los niveles de “capital
social” producido por una empresa en la relación con sus
diferentes “apostadores”. El “capital social” se define como la
suma de las evaluaciones de la relación entre ambas partes,
expresada en términos de a) cantidad de comunicación (lo
hablado), b) acuerdo mutuo sobre objetivos (lo pensado e
instrumentado) y c) la confianza generalizada (apertura y
transparencia).
El objetivo de utilizar esta herramienta es ayudar a las
organizaciones a comprender y satisfacer las expectativas de sus
múltiples “apostadores” que suelen tener intereses divergentes,
los cuales muchas veces son hasta antagónicos y conflictivos
entre sí.
Sin duda la evaluación de cuáles son los públicos clave para una
organización determinada y la consiguiente implementación de
acciones concretas, constituyen un ejercicio de importancia y
atención permanente, que tiene que ver con el posicionamiento y
la fuerza institucional que se quiera ocupar no sólo en materia
de RSE sino como organización al momento de considerar la
coherencia entre lo declamado y lo actuado.
Pero, como señalamos con anterioridad, existe –de modo más o
menos deliberado- un cierto grado de confusión en torno a los
objetivos, propuestas y acciones de RSE, desconociendo o
ignorando que como tal la RSE integra, de modo indisoluble, no
sólo la forma sino también el contenido con que se ejerce el
gobierno corporativo de una determinada organización.
De modo reiterado se la suele confundir con operaciones de mera
promoción comercial o con actividades aún más elaboradas, como
son las que se refieren al posicionamiento de imagen, razón por
la cual una de las formas habituales de “maquillaje” es la de
ejercer algún tipo de acción filantrópica que brinde o permita
ese posicionamiento.
Lo anterior supone el obviar se ejerza algún tipo de juicio
crítico valorativo, que obligue a tener que revisar o cambiar
algo acerca de las maneras de gestionar los negocios o las
prestaciones de una determinada organización, como también
evitar el examen de las posibles fallas o puntos débiles en
relación con las expectativas de sus respectivos “apostadores”.
Por lo tanto, se parte de la pretensión de suponer que la acción
filantrópica es la moneda de cambio que permite dejar fuera de
discusión esos temas emergentes que los directivos consideran
tabú. Es lo que en política se denomina como “clientelismo”
electoralista, actitud denostada por diferentes sectores de la
sociedad, pero que sin embargo se suele practicar en otros
ámbitos, bajo otros títulos, pero con el mismo fin.
En verdad es más que difícil hacer que la RSE no sólo sea
compatible con el gobierno corporativo, sino que también integre
la agenda de temas críticos del directorio como también del CEO.
Así por ejemplo las empresas de servicio masivos que por lo
general cuentan con un deficiente servicio de atención a sus
clientes (CRM), no hacen una revisión crítica de cómo gestionan
esta relación con sus apostadores.
Pese a no atender este punto esencial de su respectiva RSE, sin
embargo promueven a la vez la realización de actividades
benéficas, como también producen un excelente folleto, muy bien
impreso, donde reseñan sus actividades de RSE junto con un
balance social de la organización. El caso extremo es el de las
empresas tabacaleras que suelen participar como adherentes en
entidades voluntarias dedicadas al fomento de la RSE.
Sin duda estos casos paradigmáticos ilustran de modo más que
fehaciente el hecho incontrastable de que en la mayoría de las
situaciones la RSE es –reiteramos- una suerte de “maquillaje” o
peor aún de “camuflaje” para disimular acciones no claras. Esto
es lo que define una suerte de duda generalizada acerca de la
autenticidad de los esfuerzos de RSE
“El patriotismo es el último refugio de un miserable” decía Lord
Acton (1834-1902), para referirse a aquellos que se esconden
detrás de grandes principios para ocultar sus defectos o
incumplimientos. Este es el caso de ciertas acciones o
manifestaciones de malabarismo en materia de RSE, lo cual sin
duda motiva la reacción de diferentes públicos ante la
hipocresía.
Cuando la gente común, hombres y mujeres que viven lo cotidiano
y experimentan los sinsabores de la falta de respuesta en
tiempo, forma y modo a sus reclamos legítimos como usuarios o
clientes de distintos tipos de prestaciones, es muy difícil
hacerles creer que la RSE no es una respuesta oportunista de
cara a la sociedad.
Sin duda poder alcanzar estándares aceptables de cumplimiento en
cualquiera de estos tres niveles supone trabajar en pos de una
agenda multidimensional tanto del directorio como del CEO; al
respecto Donna Wood (profesora de Ética de los Negocios -
Universidad de Northern Iowa) realizó hace varios años atrás una
interesante propuesta de un modelo para la acción, en la cual
define tres posibles niveles:
1. Principios de responsabilidad social
2. Procesos de respuesta social
3. Resultados a lograr en la relación con los “apostadores”
• Principios de responsabilidad social. Se trata de
institucionalizar el compromiso y las obligaciones a las que la
organización resuelve adscribir y por consiguiente establecer
como prioritarios para orientar su gestión.
• Procesos de respuesta social. La respuesta de RSE de una
organización, se evidencia mediante la capacidad de los miembros
de la misma para responder a las presiones sociales emergentes.
A su vez es la resultante de la habilidad de la organización
para sobrevivir y adaptarse a su entorno
político-económico-social.
• Resultados a lograr en la relación con los “apostadores”. Es
lo que marca la diferencia entre un programa de RSE efectivo y
otro que no lo es; aquí nos encontramos con tres tipos de
posible agrupamiento de los resultados:
• Con los “apostadores” internos. Incluye tanto los aspectos
vinculados con la gestión humana de la organización para con sus
miembros, como también el accionar cotidiano de esos mismos
miembros en cuanto a hacer efectiva la RSE en las interacciones
con clientes, proveedores, accionistas, comunidad y demás
“apostadores” de la organización
• Con los “apostadores” externos. Se refiere al impacto de las
acciones de la organización sobre personas o grupos externos a
la misma. Esto involucra también posibles reclamos o solicitudes
en relación a: productos defectuosos, atención al cliente,
relación con proveedores, encuadre impositivo, impacto de
programas de bien público, control del medio ambiente y
procesamiento de residuos tóxicos, entre otros.
• Efectos institucionales externos. Entran aquí en consideración
aquellos aspectos que hacen en sentido amplio a la comunidad y/o
a la sociedad global, más allá de los “apostadores” de la propia
organización, como por ejemplo la actitud de la organización
frente a desastres o contingencias, como también a las posibles
normas ambientales o regulaciones de distinto tipo que puedan
afectar la gestión .
Quedan aún dos puntos clave para cerrar la consideración de este
vasto y complejo tema de la gestión corporativa de la RSE, se
trata de la auditoría social y del papel eventual del ombudsman.
Con respecto a la primera, se trata de una herramienta
imprescindible para poder conocer cómo ven sus “apostadores” a
la organización, sus productos, servicios y demás acciones de
todo tipo.
Al igual que en el caso de la auditoría societaria externa, se
trata de una función indelegable del directorio tanto en la
selección del auditor, como en el plan de trabajo y la
conducción del proceso de auditoría y evaluación de sus
resultados. El auditor externo en dependencia del directorio
tiene que poder trabajar con total independencia, sin ningún
reporte cruzado con la línea ejecutiva ni tampoco el CEO.
La auditoría social implica alcanzar a todos los “apostadores”
relacionados con la organización, comenzando por el propio
personal, no limitándose a una estereotipada encuesta de clima
interno, restringida a preguntas redundantes y en cuyas
conclusiones las más de las veces la gente no cree, o lo que es
peor, ni se entera de ellas.
Otro tanto debiera ocurrir con los diversos grupos de
“apostadores” externos, a los cuales con anterioridad se
consideró clave, grupos que como mínimo debieran incluir a
segmentos importantes – mediante muestras significativas- de
clientes y proveedores, como también a sectores críticos de la
comunidad de influencia más cercana.
A posteriori de la realización de la auditoría y de la
presentación del informe final, el directorio debiera estar en
condiciones de aprovechar su contenido, y para ello bajar las
conclusiones, haciendo conocer los puntos salientes favorables
y/o negativos a todos los responsables directos, con el
consiguiente compromiso de elaboración de un plan de acciones
correctivas o de mejoras que, sin duda, constituirán la base
para la elaboración del plan de acción actualizado de RSE.
Igualmente sería oportuno prever, de un modo fácil y directo, la
devolución de la información recibida de los distintos grupos,
esto –que suele pasarse por alto- es una señal de respeto por el
otro que marca todo un estilo de cultura organizativa. Este
mecanismo además permite, de modo muy directo, mantener abiertos
los canales de comunicación con los diversos “apostadores”
interesados.
Sin duda parece la pregunta ¿qué pasa cuando la relación es
conflictiva o hay una crisis en el medio?. Aunque parezca una
respuesta facilista: no hay otra alternativa, más tarde o más
temprano, se ha de enfrentar el tema. Cuando vimos el tema de la
construcción de la agenda comentamos las dificultades que se
presentan cuando se deja fuera de la misma a un grupo que puja
por defender una situación de queja o reclamo. Pese a los
habituales consejos legales de no hacer nada, la realidad indica
lo contrario: cuanto más se demora es peor el resultado.
Consideración especial merece el tema del ombudsman, pues se
trata de una figura de relativa novedad, no exenta de ser
considerada como una tendencia de moda, la cual intenta recrear
en los ámbitos empresarios el papel del defensor del pueblo, que
en una antigua tradición de los países nórdicos lleva ese
nombre.
Sin duda, en más de un caso, la designación de una persona para
ocupar el puesto de ombudsman, es también fruto de la
improvisación o en el peor de los casos de la especulación –un
tanto ingenua- en el sentido de creer que se puede instaurar la
imagen de ser socialmente responsable bajo el simple artilugio
de “importar” este papel en la propia organización, cubriéndolo
con alguna figura de prestigio.
Es una decisión difícil, con consecuencias no siempre
previsibles, si no se tiene claro el porqué y para qué de éste
papel en la organización; sin duda, ante los ojos de todos los
“apostadores”, es un acto político mayor, el cual para ser
efectivo tiene que estar muy bien definido en sus
responsabilidades y alcances.
Bajo el supuesto de que se satisface una necesidad cierta con la
incorporación del ombudsman, aparece el tema de la dependencia
funcional; al respecto, en verdad no hay claridad, hay
organizaciones en las cuales depende del CEO y hasta alguna en
la cual aunque parezca increíble –e ignorando el conflicto de
papeles- el CEO es el ombudsman.
No hay duda que un ombudsman necesita autonomía para poder
actuar, por lo tanto no debiera depender de la línea ejecutiva,
sino del directorio, al igual que los síndicos, esto son los que
aseguran el control de legalidad y el ombudsman debiera poder
asegurar otro tanto en el campo de la responsabilidad social.
Por consiguiente parece lo más aconsejable la dependencia del
directorio, de modo tal de limitar al máximo el alcance sobre él
de las presiones de la línea ejecutiva.
La estabilidad del ombudsman es otro tema clave, salvo mal
desempeño no debiera poder ser removido con facilidad, pues de
lo contrario su independencia estaría coartada, o al menos
limitada. Otro tema crítico es el del ámbito de autoridad,
puesto que la labor del ombudsman no debe superponerse ni
interferir con la línea ejecutiva, pero sin duda su relación con
las demandas de los diversos “apostadores” exige siempre una
respuesta, que seguramente habrá de venir de la línea ejecutiva.
Esto todavía es mucho más critico cuando la situación se refiere
a un “apostador” interno que plantea un reclamo, pues la acción
en pro de resolver el tema del ombudsman puede dejar en
situación equívoca al “denunciante”, quién en un clima de
“paranoia organizacional” puede pasar rápidamente a ser víctima
de acoso moral.
Una posición prudente respecto al tema podría muy bien ser la de
contar con una buena auditoría social, gestionada por el
respectivo comité del Directorio y llevada a cabo durante un
lapso de aproximadamente 5 años, de modo de crear y consolidar
un hábito organizacional en su aplicación, evaluación e
implementación de mejoras y cambios. A partir de ahí se podría
estar en condiciones de evaluar la oportunidad y conveniencia de
ir adelante con la definición de incluir o no a la dependencia
del directorio la posición de Ombudsman.
Sin duda, todo gobierno corporativo multidimensional, el cual
incluye la RSE, trata de responder las demandas de cohesión
interna y presión externa que plantea la vida de cualquier
organización en su relación con los diferentes “apostadores”;
situación de equilibrio inestable, a la cual es imposible
sustraerse, que a su vez genera tensiones, conflictos e
interrogantes, que a menudo suelen plantear “disonancias
cognitivas”, no siempre fáciles de resolver, puesto que
información, satisfacción o retribución y transparencia, no
suelen ir de la mano.
También es cierto que ninguna organización puede dar una
respuesta amplia, completa y satisfactoria para todos sus
pretendidos apostadores. ¿Cuál es el límite de aceptación de las
“apuestas”? ¿Cuál es el límite del compromiso que se está
dispuesto a aceptar? ¿Cuáles son las implicancias en términos de
imagen y también de costos? ¿Cómo se conectan estas demandas con
la rentabilidad para el accionista vs. el ejercicio razonable de
la RSE? ¿Cómo satisfacer estas demandas en un mundo competitivo
donde impera el corto plazo?
Sin duda se trata de preguntas de más que difícil respuesta, lo
cual requiere del ejercicio hábil y prudente del “arte de la
gerencia”, pues los recursos son siempre escasos y limitados,
mientras que el grupo de posibles apostadores suele ser
numeroso, pero son preguntas que no pueden ser ignoradas, o
esperar que el tiempo las conteste, pues el precio a pagar por
el olvido o postergación suele ser más bien elevado.
Para concluir quisiéramos remarcar la importancia y necesidad de
trabajar en pos de un confiable y válido gobierno corporativo,
sin el cual las acciones de RSE tendrán poca vigencia y menos
aún consistencia. Debemos empeñarnos entonces para superar con
hechos concretos y no con palabras la percepción de que la RSE
sirve sólo de “maquillaje para empresarios” .
Sin duda, estamos ante interrogantes que en realidad no sabemos
muy bien cómo plantear y mucho menos cómo resolver. La protesta
y reclamo de distintos sectores de la sociedad, ante las
limitaciones cotidianas y las dificultades en lograr soluciones
efectivas, plantea una situación preocupante, porque muestra el
creciente descreimiento cívico e insatisfacción de un segmento
importante de la ciudadanía.
Sumado a ello, como bien señala Kliksberg , las realidades
contemporáneas están asociadas con un fuerte crecimiento de las
desigualdades entre países, lo cual hace más complejo el cuadro
y dificulta las posibilidades reales de encarar soluciones,
puesto que lo urgente tiende a devorarse lo importante.
Además, aún en aquellos países con mayor tradición de respeto
por las libertades personales, se asiste al creciente fenómeno
de la “compresión” y achicamiento de las libertades civiles en
aras de la protección ciudadana frente al terrorismo,
En suma estamos frente a una sociedad cada día más autoritaria,
ante la cual no sólo debemos defendernos, sino ser capaces de
generar alternativas que permitan construir un espacio habitable
por y para todos, sin exclusiones de género, credo o raza. Esto
es RSE. Se hace entonces más que necesaria una respuesta
auténtica y comprometida frente a estos desafíos, y no una huída
hacia adelante siguiendo una nueva moda ficcionalizada en torno
a la RSE.
Necesitamos una búsqueda de coincidencias en torno a la
importancia y urgencia de una mejora continua de nuestra calidad
de gobierno corporativo y por ende de su correlato la RSE, pero
evitando nuestra natural tendencia disociativa, proclive a la
dispersión y multiplicación de esfuerzos aislados y por ende
limitados.
Sin duda, son las organizaciones de trabajo las verdaderas
escuelas donde los adultos aprendemos las maneras de ser y modos
de hacer que luego trasladamos al resto de nuestra vida en
común; la tolerancia, la solidaridad y el bien común, no son
abstracciones, ni declamaciones, sino construcciones, que se
hacen desde los pequeños hechos y quehaceres de lo cotidiano.
Recordemos una frase de Einstein, quién decía: “Dios se
manifiesta en los pequeños detalles...”. También los humanos nos
develamos y revelamos a través de la presencia o ausencia en
nuestra manera de actuar de ciertos detalles o, mejor dicho,
virtudes –a las cuales Comte Sponville llama “pequeñas”- como
son en lo cotidiano, la cortesía y el buen trato para con los
demás, sin las cuales es muy difícil construir el resto, que sin
duda, hace posible y pasible la coherencia y la consiguiente
construcción de la credibilidad que es su fruto natural y
espontáneo.
Por lo tanto la “Responsabilidad Social Empresaria”, comienza y
termina en la “Responshabilidad
Social Directiva”, sin coherencia personal no hay credibilidad y
sin credibilidad en los dirigentes, no es posible construir la
credibilidad en las organizaciones. Por ello quienes actuamos
como directivos necesariamente debiéramos sentirnos convocados a
trabajar por esta empresa mayor, no como una obra de caridad
cuando nos sobra tiempo o recursos, sino como parte de la
responsabilidad indelegable de nuestro trabajo cotidiano.
No digo esto con seudo afán evangelizador o de falsa ética, sino
con la intención de proponer un compromiso: compromiso con
nuestra sociedad, compromiso con nuestra gente, compromiso con
la subsistencia y crecimiento de nuestras propias empresas u
organizaciones, compromiso con el deber ser de cada uno de
nosotros como dirigente.
MUCHAS GRACIAS
shm
1. “Meditations of a
Broomstick” (1970)
2. SBDAR Manuel (2007): “Rompiendomoldes de management y
negocios” VI – Para Aristóteles como para Perón, la única verdad
es la realidad págs. 147/149 – Granica – Buenos Aires
3. Ver “La revalorización de la cultura del trabajo y del
esfuerzo en el capitalismo moderno: el caso francés” ponencia
del 9-11-2007 en el 43° Coloquio Anual de IDEA – Mar del Plata –
7 al 9-XI-2007 – págs.67 y 68
4. “Measuring the Business Value of Stakeholders Relationship” –
Part One - CIM – The Center for Innovation in Management – Simon
Fraser University – Vancouver – British Columbia – Canada -
August 2001
5. “The Stakeholder 360 – Measuring The Quality of Stakeholder
Relationships” - CIM – The Center for Innovation in Management,
Simon Fraser University, Vancouver, British Columbia, Canada,
2001
6. COHEN D., PRUSAK L. (2001): “In Good Company - How Social
Capital Makes Organizations Work” - Harvard Business School
Press - Boston –Mass. - USA
7. WOOD Donna (1993): “Business and Society” – Harpercollins
College Div. – New York - USA
8. “RSE: Maquillaje para empresarios” – Dossier Revista Mercado
– Nº 1052 – Bs. Aires - noviembre 2005 – págs 84/98
9. Kliksberg Bernardo – 2Más ética, más desarrollo” _: editorial
TEMAS – Buenos Aires 2005.
10. COMTE-SPONVILLE André – “Pequeño tratado de las grandes
virtudes” –Editorial Andrés Bello – Buenos Aires - 2003
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