estás en el corazón de esta web

un manojo de comentarios para todos en los distintos roles
que ejercemos en nuestro hogar, en el trabajo y en la comunidad.

En este espacio abrimos la formulación de la Responsabilidad como fenómeno emergente en este tercer milenio, para codificar de qué debemos o deberíamos hacernos cargo, en los roles y funciones de nuestro hacer cotidiano:

  • coincidiendo o no, en nuestros criterios u opiniones

  • diferenciando argumentos de fundamentos

  • validando los pensamientos, sentimientos y acciones de todos y cada uno

  • aprehendiendo las vivencias y experiencias de quienes ejercen "su poder hacer"

  • ensayando el mejor aprovechamiento de los existentes (materiales y no materiales) y de los emergentes (latentes) por omisión, percepción incorrecta o escasa, resistencias o miedos no resueltos, falta de estímulos o motivaciones reales, entre otros múltiples factores que se ocultan en nuestro insconsciente

  • aplicando el enseñaje* en las complejas formas de enseñanza y aprendizaje que desarrollamos en todo momento de nuestro impulso vital físico, mental y espiritual.

Nos inspira "No hay mejor teoría que una buena práctica" *Enrique Pichon Riviére
Médico psiquiatra que instrumentó la Psicología Social con intervenciones sobre los aspectos emergentes, en base a las evidencias (existentes), articulando la prédica y los hechos, en la formación profesional y en la práctica operativa, poniendo especial énfasis en la vida cotidiana.

Valor Agregado de las Responsabilidades

Desde la expresión conocida: De qué hablamos, cuando hablamos de Responsabilidad ...

Hasta cuando decimos:
- yo no fui, no tengo nada que ver, la culpa es del "otro" (vecino, gobierno, policía, etc.)

 

 Temas de archivo

ResponsHabilidad - llamando a las cosas por su nombre - Saturnino Herrero Mitjans
 

llamados a la autocrítica

Responsabilidad Social: ¿de qué somos responsables? Comentarios a Argandoña Mirada critica a la Responsabilidad Social de la Empresa en Iberoamérica, Antonio Vives. 

 

         Secciones complementarias


RSE  2013
    
Código S 2013

Investigaciones

  "a medida" y previas al desarrollo de:

* proyectos en cooperación - con reporte de resultados publicados

* proyectos propios - con aplicación acorde a los resultados obtenidos

11 de Junio - Día Nacional del Vecino

Pero no de cualquier vecino sino de quien hace de la participación su forma de vida.
Una Responsabilidad particular, de forma implícita, pero de enorme valor social,

Vecino es quien vive cerca, pero no sólo
física sino también afectivamente.

 

Más que residente de una zona es parte
del acontecer cotidiano de su barrio.

Es quien pasa de la posición individual y
particular a los
intereses comunes.

 

Necesidades y Expectativas culturales, sociales, deportivas, seguridad, salud, etc.

Ser Vecino es una condición básica en la generación de capital social
primer tipo de capital que da sustento a cualquier otro.

Breves de su Origen
Se celebra desde hace 40 años, en el orden nacional, el Día del Vecino, todos los 11 de junio.
Por ordenanza del gobierno porteño, del 24 de junio de 1959, que instaló el precedente.
Evoca la Segunda Fundación de Buenos Aires, en 1580.
La iniciativa partió de un grupo de residentes de Villa del Parque, Ciudad de Buenos Aires.
En 1990 se instituyó por decreto del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, unificando el
Día del Vecino Participativo.

Se escucha ...

   
  • "Si no hubiera sido por la ayuda de mis vecinos la cuadra donde vivo carecería de luz".
  • “No nos frecuentamos ni confidenciamos pero nos juntamos para impulsar mejoras en nuestro lugar de residencia o para solucionar algún problema que nos involucra a todos"

La naturaleza del vecino fue mutando "Antes los vecinos éramos más unidos. Pero desde que se agudizó la crisis socio económica y política del país la gente es más individualista. Carece de tiempo para ellos y por ende para los demás. Ahora en los barrios periféricos al centro se vive como extraños. Nadie sabe nada de nadie y mas bien son muy escasos quienes se frecuentan"

Para abrir un debate  -artículos conectados-

El difícil equilibrio de ejercer la vecindad
Los que emigran extrañan el barrio
En los pueblos chicos todo el mundo se saluda
A pesar de las cercanías, el vecino es un extraño en las grandes urbes

Responsabilidad Social ¿de qué somos responsables? Comentarios a Argandoña Antonio Vives

El 21 de agosto Antonio Argandoña publicó un artículo en blog titulado Responsabilidad social: ¿de qué somos responsables?. Con su extraordinaria capacidad de síntesis destila lo que es una extensa y complicada presentación en un artículo académico (A structured taxonomy of responsibility concepts por Nicole A. Vincent [i]) sobre las diferentes acepciones de responsabilidad de las personas naturales y los sintetiza, aplica y define, muy inteligentemente, para una persona jurídica, o sea a las empresas. Esta taxonomía permite enfocar el análisis de las responsabilidades de la empresa.

En este artículo quisiera comentar una de las omisiones y expandir la discusión de uno de las acepciones. Copio sus formulaciones de cuatro de las definiciones para poder ilustrar mis comentarios:

• La responsabilidad del papel de la empresa (role responsibility): la empresa es responsable por su papel en la sociedad, especialmente por las demandas que la sociedad le formula. Claro.
• La responsabilidad por los resultados o consecuencias (outcome responsibility): la empresa es responsable de las consecuencias de sus acciones y decisiones (y omisiones). Claro.
• La responsabilidad que la empresa debe asumir por sus acciones pasadas (liability responsibility). Suele ser establecida por la ley. El refrán español dice: “a lo hecho, pecho” Si contaminaste, paga. Claro.
• La responsabilidad por la capacidad (capacity responsibility). Responde al criterio de que el que tiene poder, tiene responsabilidad.

Argandoña omite dos de las seis acepciones del artículo original y supongo que lo hace porque no los considera aplicables a las personas jurídicas o porque son superfluos. El primero de los omitidos es la responsabilidad de la virtud (virtue responsibility), derivada de la virtuosidad de la persona, del hecho de ser una persona.

El segundo omitido es la responsabilidad por la causa de un evento (causal responsiblity), que el caso de las personas naturales se refiere a la responsabilidad por la causa que causó los resultados (por ejemplo, responsable no solo por el choque sino por el hecho de estar borracho; la borrachera no lo exime de la responsabilidad). La segunda omisión (causal responsibility) es mas fácil de justificar ya que para las personas jurídicas la responsabilidad por resultados o consecuencias parece capturar lo de las causas y no hace falta repetir.

Pero yo quisiera sugerir recuperar la primera omisión y aplicarla el caso de la persona jurídica como la responsabilidad moral, la responsabilidad derivada de haber sido la empresa autorizada por la sociedad para constituirse como persona jurídica, que le da derechos y deberes similares a las personas naturales. Es cierto que como dijo un comentarista de mediados del siglo XIX “las empresas no tienen cuerpos que puedan ser castigados ni almas que puedan ser condenadas y por ello hacen lo que les da la gana”. Es también cierto que las personas naturales, como parte de las empresas, actúan a nombre colectivo y no a título individual. Pero estas ejecutarán lo que colectivamente se haya determinado, vía las decisiones, los procedimientos y políticas internas a la empresa, que si bien han sido elaboradas por individuos conforman el carácter de la persona jurídica y por ello creo que podemos hablar de “responsabilidad moral de la persona. Recientemente la Corte Suprema de Justicia de EEUU extendió el carácter de persona jurídica y emitió la opinión de que la empresa, como los individuos, tiene el derecho de opinión, de influenciar la política con los recursos de los dueños y accionistas, separados de estos [ii].

Adicionalmente quisiera hacer una acotación sobre la interpretación de Argandoña sobre la que él lista como la cuarta acepción, la responsabilidad por la capacidad, cuando dice “La cuarta acepción es, me parece, negativa: si no eres capaz de hacer algo, no tienes responsabilidad en ello. No basta que la empresa tenga poder y medios para que deba hacer algo: primero debe contemplar cuál es su papel, y luego, cuáles son las consecuencias de sus acciones”. Estoy totalmente de acuerdo con que para exigir responsabilidad por capacidad hay que saber cual es el papel que la empresa elige y el que la sociedad le asigna.

El gran poder viene con grandes responsabilidades, Voltaire (1694-1778)
Pero creo que hay que hacer algunas acotaciones a que “No basta que la empresa tenga poder y medios para que deba hacer algo”, en particular desde el punto de vista de países en desarrollo. Si creo que, en muchos casos, a medida que la empresa tenga capacidad tiene responsabilidad. Por ejemplo, creo que los medios de comunicación, que tienen la capacidad de influir en el comportamiento de la sociedad, tienen responsabilidad sobre ello. Y no refiero a que deben ser instrumentos de indoctrinación como puede ocurrir en regímenes totalitarios. La sociedad libre en la que operan tiene valores que pueden ser promovidos a través de medios de comunicación masiva como la prensa, radio y televisión. Pueden contribuir a la educación cívica y moral de la población a través del reporte responsable y de programación que promueva estos valores. De hecho, uno de los principales problemas de la sociedad de estos países es que los medios no utilizan su capacidad para mejorar la convivencia ciudadana. Es más, muchas veces explotan la ignorancia. Basta con ver las diferencias en el contenido de los medios para latinos y para norteamericanos en un mismo país, EEUU.

Algo parecido sucede con las empresas de la industria extractiva que tienen grandes capacidades y que tienen un gran impacto económico, social y ambiental en la región en que operan o aun a nivel del país. También sería de esperar que las empresas grandes adopten una responsabilidad en función de su capacidad, aun antes de que la sociedad se lo exija.

Estoy de acuerdo con Argandoña de que antes “la empresa debe contemplar su papel”. Entiendo con esto que quiere decir que la responsabilidad por capacidad no es innata. El problema es que muchas veces la empresa no contempla su papel (precisamente por su capacidad, que incluye la capacidad de evadir responsabilidades) y le corresponde a la sociedad hacérselo contemplar.
Fuente: Antonio Vives, Cumpetere envío por mail, 2 de Septiembre de 2012

 
 
    De qué hablamos, cuando hablamos de Responsabilidad

                  "No somos responsables sólo cuando tomamos conciencia de ello ...
                  sólo cuando nos damos cuenta o cuando decidimos serlo. 
                  Somos responsables siempre"
Sergio Sinay.


Entremos al desafío que significa . . .

Qué es la responsabilidad.
Cómo la manifestamos en nuestra vida cotidiana.
Qué es ser responsable.
Podemos optar por serlo o no.
  Qué sucede cuando no nos pensamos o no nos sentimos responsables.

Qué ocurre cuando no actuamos responsablemente.

       

Como expresamos en la sección "abordaje de la RSE" desde 2006 venimos encontrando muchas ideas, propuestas, inquietudes, dudas, entusiasmos, objeciones, etc.  Además de compartirlos a lo largo de la web, hemos dispuesto este microespacio, como la puerta de entrada al gran desafío que significa ofrecer algo nuevo. Y sobre todo cuando "eso nuevo" conlleva grandes escepticismos, arraigados prejuicios y fuertes resistencias al cambio, que se implican.

De qué hablamos cuando hablamos de responsabilidad es un plan de trabajo complejo y articulado.  Si bien ampliamos algunas consideraciones en otros apartados, aquí iremos profundizando en todas las dimensiones de la R, en sus diversos ámbitos y circunstancias, razón por la cual, definimos a esta sección "el corazón del portal"

      Anticipamos nuestras directrices

  • El punto 0 - la necesidad de "acordar" cómo percibimos y practicamos la responsabilidad, en nuestro hacer individual y en nuestras conductas sociales, como disparadores del imperativo que se está instalando en la producción responsable con los derechos humanos (laborales), económicos y ambientales, en las organizaciones privadas y públicas. Con qué valores y principios sustentamos o naturalizamos las dualidades que la determinan algunas veces ausente, otras omitidas por conveniencia, o justificadas para exculparnos ante testigos eventuales.
     

  • El punto de partida - la necesidad de consolidarla válida para todos por igual, porque siendo un valor inherente a nuestra condición humana, cuando estamos hablando de responsabilidad, surgen visiones, posiciones e intereses en los que no solemos reparar y tal vez nos está haciendo falta, reflexionar, aclarar, codificar ...

Es una hipótesis a trabajar, compartida, flexible, abierta ....
La hemos planificado en sus dimensiones urgente-importante, potencial-posible, utópica-real.
Ciertamente la decisión está a la vista. Estamos empezando con lo que tenemos y podemos, aquí y ahora.
Más el compromiso con su proyección en contextos de reflexión o debates.
Más la expectativa de lograr muestras representativas que nos aporten precisiones estadísticas.
Más ... lo que vayamos descubriendo o nos vayan acercando, quienes llegan a este espacio, como aspectos que no habíamos percibido o tratado, hasta el momento.

Es un trabajo complejo
Partimos de concebir a la RSE como una construcción, cuyo diseño implica dinámicas inéditas para quienes son sus actores protagonistas, con roles y funciones que exceden los hábitos culturales, hasta hoy.
Entendemos que la complejidad primaria está direccionada en dos sentidos:
- Foco en la gestación - la RSE produce su embrión en la empresa (puertas adentro) y la coparticipación de los Grupos de Interés (stakeholders) que completan "ese" proceso de gestación
- Foco en el desarrollo -  se requiere una necesaria co-responsabilidad implícita en otras dimensiones-entornos con naturales incidencias que complementan cada proceso saludable y efectivo; personas e instituciones que, a la vez, están en otros (propios) procesos RS

Es un trabajo articulado
Interpretamos que requiere de articulaciones necesarias, abriendo un abanico de demandas que van más allá de los denominadores comunes que suelen motivar la búsqueda de información:
- las de quien quiere saber de qué se trata la RSE y procura conocerla en forma sencilla y lo más clara posible
- y las de quien ya está en alguna instancia del proceso (casos actuales) y siente que tiene dificultades o bien desea optimizar su performance.

Interdisciplinaria y Transpersonal
La amalgama de negocios y sensibilidad es una articulación todavía resistida.
Frecuente en la declamación, más latente y subalterna, que real en los hechos cotidianos.
Quienes trabajamos en y con la RSE, somos testigos de diferentes proporciones de entusiasmos y dudas, de sentimientos desencontrados por la convicción o la conveniencia, tras el desafío que consigna la producción responsable.
Tenemos claro que los focos de interés residen en qué es, cómo se hace, por dónde empezar, qué está haciendo la competencia, cuál es la estrategia más oportuna; qué riesgos al implementarla o no, al comunicarla o no ...
Y que el trasfondo de peso, está en los montos de inversión y rentabilidad, en comunión con valores intangibles, que modifican los paradigmas de los negocios tradicionales. Éstos fueron los emergentes que distribuimos en las secciones de RSE y Desarrollo Sustentable de la Empresa y del Medio Ambiente. Por esta razón conectamos fuentes idóneas, ocupadas y comprometidas en la producción responsable de información y propuestas.
Entendemos que está haciendo falta un fortalecimiento de la base fundante del proceso RSE.
Está lejos de nuestra intención, instalar una perspectiva "psi" de la responsabilidad. En todo caso, procuramos abrir una forma inclusiva, tanto para quien frecuenta percepciones espirituales, como para quien suele poner foco en los intereses materiales, por estilo, perfil u objetivo profesional. Entendemos que la RSE es un compendio natural y exponente de ambos. Se expresa y manifiesta en los hechos que trascienden a la empresa. Estimamos que en la gestión de una RSE

A modo de conclusión parcial
Creemos que la vida es un interjuego de co-responsabilidades.
La RSE es una alternativa de este tercer milenio, cuya dimensión involucra las responsabilidades individuales de todo su personal (su gente), más las particulares de sus Grupos de Interés, con propósitos explícitos: la contribución en el desarrollo sustentable de los recursos naturales con una producción responsable, respetuosa y solidaria en las desigualdades sociales e inequidades económicas, que están acuciando la calidad de vida en el planeta. Para descomprimir este cúmulo de responsabilidades, la empresa dispone de suficiente idoneidad para planificar estrategias de las co-responsabilidades  que se le están encomendando. 
La RS Responsabilidad Social es una práctica inminente, que comprende actitudes civiles, propias de todo ciudadano.  La gran cantidad de desvirtuaciones son consecuencia de la desidia, negligencia o conveniencias que dan como resultado una fragmentación del tejido social, derivada de una mala praxis solidaria.  Si es una situación crónica o crítica no quita relevancia al imperativo de intervenir, sin más demoras, en la  corrección de las problemáticas globales, que configuran la prioridad de alinearnos a una forma de vida responsable, como compromiso inmediato. Es imposible relacionarnos sin capacidad de responder por lo que manifestamos o hacernos cargo de lo que producimos. También por lo que omitimos o callamos, porque el silencio o la ignorancia provocan asimismo efectos, más allá de la gravedad o levedad de sus grados.

- Cómo propiciar las soluciones necesarias.
Qué pasaría, qué nos sucedería, si activáramos nuestra autocrítica y ajustáramos la autoestima, viendo a la R individual, como valor, como actitud personal. Tal vez podríamos rescatarla como elemento vital en nuestras relaciones privadas y sociales. Quizás dejaríamos de usarla como un accesorio o un arma según la ocasión.
Tal vez preguntarnos, compartir, debatir, confrontar "de qué hablamos, cuando hablamos de responsabilidad" nos facilitaría la comprensión de por qué está siendo necesario acotar las conductas y la ética, en un formato de código, como signo de identidad institucional, que van adoptando las organizaciones en forma creciente.

- Cada uno de nosotros es parte de un todo.
Hagamos una prueba. Tomemos muchas hojas de un árbol, varias ramas de otro, un tronco de un tercero y una raíz cualquiera. ¿Podemos decir que tenemos un árbol? La respuesta es obvia.
Somos parte de un todo con nuestros pensamientos, sentimientos y acciones. Y no perduramos sanos si nos aislamos, si estamos o resultamos fragmentados. Por lo tanto somos sujetos sociales, "producidos por" y "productores de" una forma de vida social con derechos y deberes que más aquí o más allá siempre son tangentes de la responsabilidad.

- Por ello, emprendemos el camino de esta pregunta ... que advertimos, es NO apto para prosaicos
Entendemos que es saludable compartir lo bueno y lo no tan grato que encontramos en nuestro aprendizaje cotidiano, porque gran parte de las dificultades tienen de origen, el común denominador que ilustra este cuento de los cuatro personajes llamados TODO EL MUNDO, ALGUIEN, CUALQUIERA y NADIE de Anthony de Mello.
Dicen que había un importante trabajo por hacer y TODO EL MUNDO, estaba seguro de que lo haría ALGUIEN. CUALQUIERA podía hacerlo, pero no lo hizo NADIE. Sin embargo ALGUIEN se enfadó porque era el trabajo de TODO EL MUNDO. TODO EL MUNDO pensó que CUALQUIERA podía hacerlo, pero NADIE se dio cuenta de que TODO EL MUNDO no lo haría. Al final TODO EL MUNDO culpó a ALGUIEN cuando NADIE no hizo lo que CUALQUIERA podía haber hecho.

   ¿Tu opinión es diferente?

 

 

 

       Los pilares de la RSE

Cuatro Perspectivas,
complementarias ... recíprocas

La dimensión individual de la R

Las Actitudes (roles y funciones)

La R Social (Bienestar y Convivencia ByC)

Ser sujetos plenos

Acotamos "para qué cada una ..." en color diferenciado

Una propuesta que invita a detenernos un instante más profundo, aunque sea obvio, en la primera dimensión individual de la Responsabilidad ....
para fortalecer cada una de las demás Responsabilidades.

- - -
Una pausa ante las Responsabilidades Sociales e Individuales que nos permitan ...
construir una ciudadanía activa y corregir los estados
de bienestar y convivencia de las relaciones privadas
 y sociales, que nos involucran.

- - -
Un camino de reflexión crítica en los diferentes
roles y funciones
,
para comprender el sentido de pertenencia a los Grupos de Interés que integramos ocasional y vocacionalmente
.
- - -
Un tránsito desde la Responsabilidad Individual hacia la Ética de la Responsabilidad ...
para que dejemos de ser sujetos vulnerables y empecemos a pensarnos, sentirnos y hacernos
sujetos plenos
.
 

La denominación Código de Responsabilidad,
es un postulado a elaborar junto a los código de conducta y de ética que están trabajándose en las entidades públicas, privadas e intermedias, como lógica necesaria en el contexto de participación de civiles, profesionales y dirigentes involucrados en los problemas locales y globales.  Porque la conducta y la ética son expresiones recíprocas y estructurales  de la responsabilidad.

Deseamos particularmente, compartir la construcción
de esta sección ...

haciendo un click podrás participar ya

Te esperamos!!!

 
    Nuestro Primer Paso

En primer lugar nos planteamos qué entendemos por Responsabilidad, en el concepto más elemental.
El diccionario dice que es hacerse cargo de lo que uno piensa, siente y hace; también la refiere como la capacidad de responder por lo manifestado de cualquier manera (verbal, escrita, hechos).
En este caso, estamos poniendo foco en el individuo y nos estamos refiriendo a la responsabilidad en la dimensión individual; que en nuestra vida de relación, como sujetos sociales, ponemos de manifiesto en nuestras conductas o comportamientos.

La Responsabilidad implica una vinculación con "un otro", por ello implícitamente se la considera en su dimensión social.
Si no hay otro/s, si vivo aislado, ante quién seré responsable.  Esto nos determina sujetos sociales.
Somos sujetos sociales con conciencia.  Pero claro, que tengamos conciencia no significa que la usemos, ni garantiza que la manifestemos, en pautas de bien común, social.  Nuestra vida en relación las exige tácitamente.  Las pautas de conciencia que expresamos nos determinan sujetos responsables.

La Responsabilidad no es una opción ... Es un valor.  Es una actitud.
Es inevitable. Siempre somos responsables.  Es inherente a la condición humana.
Todo lo que hacemos, produce un efecto, tiene consecuencias. Nuestras relaciones y el entorno sancionan, reclaman o condenan la falta de responsabilidad, según el efecto producido.  Cómo respondemos/damos cuenta y de qué nos hacemos cargo, ante otros, revelan la conciencia que instrumentamos, cuando nos expresamos: coherencia o armonía que existe (o no) entre los aspectos íntimos (privados) y lo social.

Habitualmente la responsabilidad se omite por obvia, ante un buen comportamiento.
En cambio ante una mala conducta, un perjuicio o una consecuencia nefasta, emerge la situación de responder y hacernos cargo, en forma de reclamo, exhorto y obligación, de parte de quien hemos dañado moral o materialmente.
La responsabilidad se hace plenamente visible, cuando falta.
Esta falta ocasiona la no Responsabilidad ... la "irresponsabilidad" con consecuencias específicas.
Inédita falta de responsabilidad, histórica abundancia de irresponsabilidad explícita ... dos focos de una realidad, agobiada de problemáticas globales, a merced de una fuerza centrífuga plagada de paradojas y contrariedades.

La lógica elemental encuadra que lo natural es evidente por sí mismo.
Y si la responsabilidad, es un tema que hoy está en el centro del debate mundial porque falta, es secundario, lo importante es que la reposicionemos, que la rescatemos.  Porque algo hay que hacer, algo debemos hacer ....
Claro, aquí hay dos caminos principales: la reacción y la proactividad.
Quienes trabajamos con la realidad cotidiana, como materia prima, preferimos la segunda opción:
- desde lo individual, con optimismo, compartiendo las dificultades que seguramente encontraremos,
- con "otros" celebrando los logros y esperanzando los errores transformados en próximos desafíos.

Estamos en la segunda mitad de 2007 y damos la bienvenida a todo aporte que procure contribuir a que seamos individuos, organizaciones y empresas responsables y que podamos desarrollar las soluciones sociales, económicas y ambientales, que estamos necesitando.  No se trata de inventar la rueda, sino de "impulsarla" para que marche, en el sentido que visualizamos, hacia el bien común, integrador y sustentable, tan reiterado últimamente.
Es importante tener presente que ya hay iniciativas alineadas al fortalecimiento de la responsabilidad.  Si bien están en distintas instancias de desarrollo, también es cierto, que están interviniendo en forma directa o implícita, en acciones complementarias de asistencia, protección y prevención. 
Así lo manifiestan los Códigos de Conducta, Ética y la RSE; las Políticas Sociales del Estado; las reformulaciones de la Práctica Educativa y de la Participación Civil; la enmienda global del Desarrollo Sustentable ...

De qué hablamos, cuando hablamos de responsabilidad ... es nuestra próxima estrategia para difundir dichas iniciativas, atravesando los cortes parciales de sus consensos y cuestionamientos eventuales. 
Confiamos en que trabajar, qué es la Responsabilidad ayudará a tomar conciencia de cómo la estamos instrumentando.
"Toma de conciencia" que, en esta "era del conocimiento" aporta solidez a la formación, gestión y transferencia del conocimiento. 
Esperamos que ello nos permita la distancia óptima para apropiarnos de las teorías y las prácticas que, al fin, configuren el modelo de Responsabilidad Social posible y eficaz, que nos retorne el estado bienvivir(*) degradado.
Modelo "de gestión de impactos" como considera Francois Vallaeys. 
Rescate "como valor fundamental para nuestra vida" como amplía Sergio Sinay.
Focalización del impacto en términos de contribución, como preferimos facilitarlo.
Resumen de compromisos y criterios evaluativos que confluyan en un deseo:
que el cuento de Anthony de Mello sea eso, un cuento, una referencia histórica que halla perdido vigencia porque los hombres del Tercer Milenio, superado la moraleja, hemos entendido de qué hay que hacerse cargo y dar cuenta, si somos Alguien, Cualquiera, Nadie y Todo el Mundo.

- - -
bienvivir(*) - Extraído de conceptos que reitera Bernardo Kliksberg, en referencia a la cultura Aymará, que diferencia
el bienestar (bienes materiales, legítimos y correctos) del bienvivir (conductas correctas, que significan bien para sí y para los demás, procurar(se) una vida personal y colectiva, con calidad material y espiritual)


Modificar el foco que acostumbramos   en la relación sujeto-sujeto o sujeto-institución.

  la validación del "otro" 

Las jerarquías y poderes que fueron celebrados privilegios, hasta poco tiempo atrás, hoy son la punta del iceberg de las responsabilidades. La motivación generalizada, ciertamente ha sido encontrar una solución a los grandes vacíos de compromisos y garantías ante las personas y los contextos vulnerables. La disparidad de proporciones entre los beneficiados y los perjudicados frecuenta divergencias, en los fundamentos que las generan.
No obstante va haciéndose más visible, día a día, una conducta generalizada de señalar a los responsables. 
Y señalar un responsable generalmente se tiñe con la necesidad básica de cifrar un culpable.
A medida que ejercitamos la responsabilidad, bajan las proporciones de culpabilidad.

Veamos un ejemplo sencillo, ante una situación de conflicto primario, ubicándonos en el lugar del "perjudicado" quien entabla la demanda. La propuesta es pensar cuál es la lógica cotidiana, para comprobar si éstas son o no, las reacciones primitivas que frecuentamos. Te invitamos a recordar un caso puntual, alguna de esas veces en que alguien nos ha dañado con algún dicho, acto o sentimiento; cuáles han sido nuestras primeras reacciones ante el malestar, de una injusticia o equis causa que nos está afectando ...

Instalados en una determinada confrontación entre dos personas
- inmediatamente aparece la culpa hacia el "otro" (el culpable es el otro, no yo)
- sigue una sobredimensión emocional que necesita recuperar estabilidad y la lógica nos asiste con más de un motivo por los cuales yo tengo la razón
- luego sobrevienen enredos, confusiones, que duran (o durarán) mientras yo siga en "mi" postura o lugar y el "otro" sostenga su posición inicial. Ya sea porque no admito la validez de sus justificaciones, porque se muestra indiferente, o porque no me da la razón, etc. La situación de conflicto seguirá latente y a expensas de un efecto mediador que modifique la situación o discordia.

Cambiar de foco nos induce a percibir diferente: 
desde otro lugar, otra interpretación, otra posibilidad, otra oportunidad ...

En nuestra estrategia planificamos el cambio desde TU foco ... porque el OTRO tiene también validez, cierta o relativa, pero validez al fin, mal que te pese. 
Las distintas formas de descalificación, atentan contra las relaciones mínimas de convivencia. 
No poder o no saber resolver este obstáculo te deja mal, a mitad de un camino sin concluir y las situaciones inconclusas suelen reaparecer con otras formas o proyectadas en otras personas.
Continuar o romper la relación es una opción de segundo plano (en la que intervienen aspectos internos).

El foco presente es TU aquí y ahora, en un callejón sin salida (aparente)
Con la opción positiva, te proponemos el desafío de revertir esta situación:
A ver si es lo mismo ...
- estar en conflicto (vos y yo), que estamos atravesando una diferencia (entre nosotros)
O ... replantear la culpa (de la que te acuso), que revisemos las responsabilidades de cada uno (mías y tuyas) 
- si vale más insistir en que tengo la razón, que replantearnos tener resultados
- persistir en el problema, que crear y rediseñar un proyecto (juntos)

La primera referencia, es lo frecuente, el paradigma de la escasez ... 
ver y estar en un solo foco (el mío, en el problema)
La segunda se corresponde con la amplitud, el paradigma de la abundancia ...
lo nuevo a cambiar o modificar (lo nuestro, en la situación)
Nuestra estrategia es transitar el par contradictorio escasez-abundancia, como nuevo paradigma de los vínculos humanos.

En conclusión 
Para dar estos cuatro funcionales, nos asistimos en gran parte con herramientas psicosociales. Porque son inicialmente las que más hemos estado entrenando. Por supuesto que nos las únicas, ni las mejores.
Tal como exponemos a lo largo del camino de este portal, hay muchas otras válidas y operativas. 
La claves están en el intercambio, la cooperación, el debate, el compromiso responsable de la interdisciplina, que califiquen en la capacidad de compartir solidariamente. Creemos que es inminente fortalecer los dones y habilidades que poseemos con disparidades humanas, profesionales y académicas, pero que ciertamente, deberemos seguir entrenando e innovando en forma continua.
La síntesis superadora
Si te veo como "responsable" te asiste la oportunidad de reparar el daño ocasionado ...
Ambos podremos compartir un proyecto de reparación y elaborar una nueva forma de relacionarnos (vínculo fortalecido).
Nos estamos dando la oportunidad de conocer el nuevo paradigma ganar-ganar

Si te veo como "culpable" te sentencio y (valga la metáfora) pido "tu cabeza a la justicia" ...
Rompemos la relación que hemos tenido hasta ahora, interponiendo otra instancia que agrava el conflicto inicial.
Seguimos instalados en el hábito ganar-perder y seguramente privándonos de la flexibilidad y comprensión que necesitamos para convivir en la coexistencia cotidiana.

  • Ser responsable o ser culpable, plantean instancias de "poder" con roles adjudicados y asumidos por ambos sujetos del conflicto.

  • La funcionalidad de ser responsable o ser culpable, transita por el complejo sendero de transformar el poder en poder hacer, que nos satisfaga a ambos.

  • El juego del poder está siempre presente (explícito o latente) en las relaciones cotidianas.
    ser responsable no es una carga, es una actitud de autoestima, autocrítica y solidaria ... un valor que aprendemos cuando "validamos al otro"

 La RSE: Una mirada crítica / ResponsHabilidad  Saturnino Herrero Mitjans*

Nota - El contenido de este apartado es el paper original, que el autor había previsto exponer en la propuesta "RSE ¿Marketing o Compromiso?" del Ciclo 2008 de Encuentros de Práctica y Desarrollo Profesional realizado el 17 de julio ppdo. con auspicios de El Ateneo, Temas Grupo Editorial, iEco y Fibertel.
Como orador de cierre, lo modificó para enriquecer las perspectivas de sus antecesores Gavo Nazar y Gabriel Berger, con quienes integró el panel.
Al final de la actividad lo invitamos a conocer nuestra web y como resultado de su amplia generosidad, nos lo envió para compartirlo con nuestro equipo de trabajo, que extendemos ahora a nuestros usuarios más frecuentes.
Desde este espacio, hacemos público nuestro agradecimiento, por esta gentileza. Y como siempre ... los invitamos a acercarnos sus comentarios
info@codigor.org

*Licenciado en Relaciones Industriales de la UADE; Diplomado de Studios de Perfeccio-namiento del ITP (Internacional Teachers Program) en el CESA (Centre d´Enseignement Superieur des Affaires) Francia. Autor de "La Comunicación Incomunicada", "La comunicación cosificada" y "ECO Estudios Críticos de las Organizaciones" editados por Editorial Temas. Actualmente es Director de Asuntos Corporativos del Grupo Clarín.


La RSE : ¿Seducción, Ilusión o Acción?

Decía Lord Rothschild (1910-1990) que “Las promesas en las proclamas partidarias brillan siempre como dientes falsos” ; pues bien esta irónica mención a las promesas políticas puede muy bien aplicarse también a las declamaciones y declaraciones en torno al tema de la responsabilidad social empresaria (RSE), en las cuales –por lo general- suele percibirse una cierta sensación de falsedad; en primer lugar porque hay una suerte de tautología en el enunciado, ya que uno podría preguntarse si el resto de la actividad empresaria se conduce sin responsabilidad social.

Podríamos decir entonces que Responsabilidad se escribe con “hache”: Respons –
Habilidad; no se trata de un “horror” ortográfico, sino simplemente de descomponer la palabra para introducir la idea de que la Responsabilidad (con mayúscula) supone la capacidad de dar una respuesta hábil o idónea, de ahí la grafía de ResponsHabilidad; pero esa respuesta no puede ser sólo idónea desde la mera perspectiva técnica o normativa, sino que para serlo plenamente necesita incluir la dimensión moral, puesto que de modo inescapable cada uno de nosotros es responsable de sus actos y por ende de sus consecuencias.

Toda respuesta humana tiene siempre un vector moral, pero cuando se trata de la respuesta de personas que ejerce autoridad y control sobre estructuras conformadas por otras personas, esa dimensión de lo moral es central. Sin embargo en la vida diaria más de una vez quienes están en esa posiciones directivas ensayan dejar de lado la dimensión moral de su responsabilidad en aras de un seudo “principio de realidad” técnica, económica, política o una combinación de ellas, con lo cual se pretende construir una aparente justificación valedera para pasar por alto la dimensión moral.

En cuanto a “Responsabilidad social”, reiteramos que la acción empresaria en cualquier campo debiera ejercitarse (o al menos ello se supone) con responsabilidad social, es decir mediante una respuesta socialmente idónea, dado que la empresa es una institución social, por lo tanto con fines sociales, cuales son los de generar fuentes de trabajo, producir riqueza y servir a la comunidad mediante productos o servicios de calidad; en síntesis: una estructura social con propósitos económicos, como postulaba Drucker.

Por último está el hecho que las acciones de RSE no suelen ser demasiado claras ni definidas, por lo cual muchas de ellas tienden a confundirse con acciones de tipo publicitario/ promocional/comercial, o enredarse con lo que son las obligaciones fundamentales vinculadas al cumplimiento de las normativas legales e impositivas ordinarias en cualquier sociedad medianamente ordenada..

Así por ejemplo: no pagar sueldos en negro, no tener empleados en situación de precariedad, pagar las cargas sociales, no emplear menores, pagar impuestos, no defraudar al fisco, no adulterar productos, no contaminar, etc. son obligaciones básicas derivadas del carácter de persona jurídica que tiene una empresa, organismo estatal, sindicato, ONG, etc. y por lo tanto obligada al cumplimiento del orden legal vigente y en modo alguno son acciones de RSE, por lo tanto su incumplimiento no es ausencia de acciones de RSE, sino infracciones o hechos delictivos de carácter punible.

Sin duda, como bien ha señalado de modo reciente Manuel Sbdar , la perspectiva acerca de la RSE suele oscilar entre el ser y el parecer, planteándose una suerte de falso dilema entre ley y moral, la respuesta inequívoca es que no se trata de dos conceptos antagónicos, por lo tanto la RSE “supone un elevado compromiso con la ley. Y eso es verdaderamente moral”. Hay que aclarar en cuanto la ley sea “legítima”.

Aparece entonces la pregunta obvia: ¿qué es entonces la RSE? Podemos intentar una suerte de definición provisoria, señalando que la RSE es el conjunto de acciones de diálogo y respuesta que una determinada organización (no sólo empresaria) mantiene con sus “apostadores”, considerando que estos no son sólo sus accionistas o referentes, sino que junto a éstos coexisten otros “apostadores” con sus propias agendas que también reclaman su relación, a veces excluyentes entre sí, con respecto a una determinada organización.

Va la siguiente pregunta: ¿pero quienes son entonces los “apostadores”? En la bibliografía de gestión se suele mencionar el término stakeholder (apostador) para hacer una referencia imprecisa a determinadas figuras o grupos de influencia que actúan o presionan sobre la actividad de la organización; en un enfoque amplio se trata de aquella persona o grupo de personas tanto externas como internas que pueden afectar o ser afectadas por el impacto de las acciones de una determinada organización.

Por eso, como hemos señalado en varias ocasiones, el primer grupo de “apostadores” con los cuales toda organización tiene relación directa es el que constituyen sus propios colaboradores, a partir del hecho que la gente que trabaja en ella, de modo conciente o no, ha “apostado” en ese espacio su proyecto de vida personal que incluye también a su familia, y que esta “apuesta” va más allá del límite del pago de una remuneración por óptima que esta sea.

La premisa en que se apoya lo antedicho es que la relación trabajador-organización no es una mera relación económica de esfuerzo de trabajo a cambio de incentivos, como pretende la vieja propuesta de Taylor y Ford, propuesta que hoy sigue en boga de manos de lo que, de modo paradójico, pretende ser una perspectiva post-moderna neoliberal, la cual no deja de ser un antiguo enfoque mecanicista apoyado en la teoría del hombre económico, el cual, sin embargo, sigue teniendo sus fervientes epígonos actuales como sucede con el francés Guy Sorman .

Se trata sin duda de un enfoque ideológico muy arraigado en el pensamiento contemporáneo, que anima a una gran mayoría de directivos y líderes empresarios y políticos de nuestro medio, lo cual hace que esto sea un hecho no menor, pues se trata de personas que cuentan con verdadero poder de influencia no sólo en sus empresas, sino también en la sociedad.

Esta es una perspectiva muy limitada desde la cual parece casi imposible poder intentar construir una visión más amplia y actual del papel del gobierno corporativo en la sociedad y de la RSE como un factor importante en la gestión/relación de las organizaciones con los diferentes grupos sociales donde adscriben sus distintos “apostadores”. Por lo tanto, si nos proponemos construir una mejor relación entre las organizaciones que operan en la sociedad y los grupos o públicos que la conforman, la revisión de este propósito plantea todo un desafío.

Esta lógica neoliberal, haciendo un juego de palabras en inglés, dice que el único stakeholder es el shareholder, esto es, que el apostador reconocido y reconocible para la organización –en este caso, con fines de lucro- es solamente quien apostó por ella comprando sus acciones. La lógica de este enunciado es impecable pero, ¿es suficiente? No lo parece, pese a que el reconocido economista Milton Friedman, ya fallecido, la defendiera de modo vehemente.

Podría decirse que, según esta perspectiva economicista, la función directiva primordial es la de maximizar la ganancia del accionista tanto a corto como a mediano plazo. Aunque parezca árida y fuera de contexto, esta visión es la que prima en los mercados financieros y es la mirada con que es evaluada la dirección de las empresas a través del frío examen de los informes bursátiles trimestrales. Se trata de una lógica implacable e imparable, cuyas consecuencias se hacen sentir hoy de manera harto dura; en consecuencia, preservar el valor del accionista parece ser así la “última ratio” y la única medida del éxito de la gestión.

Por el contrario, una visión amplia o pluralista, si bien no deja de lado la importancia de satisfacer el interés del accionista que “apostó” por la empresa, la integra con otras demandas y exigencias sociales, que pugnan por hacerse oír y que sin duda reclaman el pago de su “apuesta” o al menos pretenden cobrarla, pues siguiendo su propia lógica, creen que eso es justo para no sentirse estafados. Esta postura se inscribe dentro de lo que hemos denominado como un enfoque multidimensional del gobierno corporativo y dentro de éste la RSE como una forma de contacto e interacción con los principales grupos de “apostadores”.

Entonces, como primer paso en pos de la posibilidad de una RSE eficaz –recordemos la idea de eficacia como la relación entre los objetivos a alcanzar y el fin último de la organización- la cual define una estrecha relación entre ambos, ello hace necesario que el tema de la RSE junto con el de la cultura corporativa forme parte de la agenda y los planes de trabajo tanto del directorio como del CEO y de modo consiguiente debe penetrar en el resto de la organización, transformándose de modo paulatino en una característica cultural distintiva de la misma.

El funcionamiento activo y comprometido del directorio es la base constitutiva de esa RSE, pues sin un directorio cuyas preocupaciones vayan más allá de los controles financieros, no es posible pensar en la vigencia de una RSE también activa y comprometida. Por consiguiente es impensable contar con un programa medianamente efectivo de RSE con un directorio laxo o desertor de sus responsabilidades y que además no tenga clara la visión multidimensional del gobierno corporativo.

Ahora bien, es imposible atender simultáneamente, con el mismo grado de importancia, a todos los públicos posibles o pasibles de atención por una determinada organización. Por eso una de las tareas primeras es la determinación de los públicos de interés para el desenvolvimiento de las actividades de la organización. Esto significa identificar los “apostadores” y su grado de “saliencia” o relevancia para determinar la importancia/gravedad que su atención demanda.

Una vez identificados los “apostadores” que influyen o reciben influencia o impacto como consecuencia de las actividades de la propia organización, es oportuno asignar prioridades en función de su impacto y “saliencia”. La construcción de este panorama es esencial antes de considerar cualquier acción de RSE, ya que no hay ninguna acción en este sentido que “tape” problemas críticos emergentes no resueltos o no encauzados correctamente.

Para esto puede ser interesante construir un cuadro con dos variables: poder e interés. La primera de ellas se refiere a la influencia (positiva o negativa) que pueden ejercer sobre las actividades mencionadas; mientras que la segunda se refiere al grado de interés que esas actividades despiertan en determinado grupo. Ambas variables determinan distintos comportamientos de respuesta.

En ningún caso estas posiciones son estáticas, en todo caso corresponden a una “fotografía” en un momento dado, pero las circunstancias, la propia dinámica de los hechos y del funcionamiento de los diferentes grupos de “apostadores”, hacen de este un ejercicio en permanente proceso de revisión, el cual forma parte del trabajo de actualización de las agendas de trabajo corporativo y del CEO.

Pero el trabajo con los apostadores no concluye aquí, por el contrario recién comienza. Sobreviene la tercera etapa que es la del conocimiento de los apostadores clave, de modo tal de tener un panorama claro de cuáles son sus reacciones posibles, frente a emergentes críticos de las actividades presentes o futuras de la organización, y cuál es o será su posible posicionamiento frente a una determinada situación, para que las acciones de RSE, no se den en el vacío y, por el contrario, sean compatibles con sus necesidades o reclamos.
Pero ¿cómo reconocer a los apostadores y sus intereses manifiestos y ocultos? Es necesario un esfuerzo integral de relevamiento, dentro del cual pueden trazarse muchos interrogantes en esta tarea para conocer mejor al o los “apostadores” clave.

La mejor manera de poder contestar estos interrogantes, y otros más que puedan surgir, es abrir un canal de contacto con esos “apostadores” clave que permita dialogar de modo abierto y directo, a la vez que evaluar la situación y sus proyecciones a corto y mediano plazo que permitan construir un programa de RSE con un horizonte temporal amplio y no pequeñas acciones aisladas que parecen más bien respuestas compulsivo/reactivas que un plan orientado a construir vínculos con los diferentes “apostadores”.
Un enfoque abarcador del tema es el que propone un modelo de investigación realizada por el CICA (Canadian Institute for Chartered Accountants) , entidad que nuclea a los contadores públicos canadienses, la cual trabaja en cooperación con el Centro para la Innovación en la Gestión (CIM) de la Universidad Simon Fraser – (Vancouver-Canadá).

Este trabajo busca explorar tres cuestiones fundamentales: a) bajo qué condiciones las relaciones con los “apostadores” crean valor para la organización, b)cuales son las condiciones para construir relaciones positivas con los “apostadores” y c)cuáles son las medidas adecuadas para evaluar la calidad de esas relaciones.

Un interesante aporte complementario para evaluar la relación con los diferentes grupos de “apostadores” es la herramienta –que con carácter experimental- ha desarrollado también el citado Centro de la Universidad Simon Fraser en Canadá. Se trata de “The Stakeholder 360” .

Con dicho instrumento se pretende medir los niveles de “capital social” producido por una empresa en la relación con sus diferentes “apostadores”. El “capital social” se define como la suma de las evaluaciones de la relación entre ambas partes, expresada en términos de a) cantidad de comunicación (lo hablado), b) acuerdo mutuo sobre objetivos (lo pensado e instrumentado) y c) la confianza generalizada (apertura y transparencia).

El objetivo de utilizar esta herramienta es ayudar a las organizaciones a comprender y satisfacer las expectativas de sus múltiples “apostadores” que suelen tener intereses divergentes, los cuales muchas veces son hasta antagónicos y conflictivos entre sí.

Sin duda la evaluación de cuáles son los públicos clave para una organización determinada y la consiguiente implementación de acciones concretas, constituyen un ejercicio de importancia y atención permanente, que tiene que ver con el posicionamiento y la fuerza institucional que se quiera ocupar no sólo en materia de RSE sino como organización al momento de considerar la coherencia entre lo declamado y lo actuado.

Pero, como señalamos con anterioridad, existe –de modo más o menos deliberado- un cierto grado de confusión en torno a los objetivos, propuestas y acciones de RSE, desconociendo o ignorando que como tal la RSE integra, de modo indisoluble, no sólo la forma sino también el contenido con que se ejerce el gobierno corporativo de una determinada organización.

De modo reiterado se la suele confundir con operaciones de mera promoción comercial o con actividades aún más elaboradas, como son las que se refieren al posicionamiento de imagen, razón por la cual una de las formas habituales de “maquillaje” es la de ejercer algún tipo de acción filantrópica que brinde o permita ese posicionamiento.

Lo anterior supone el obviar se ejerza algún tipo de juicio crítico valorativo, que obligue a tener que revisar o cambiar algo acerca de las maneras de gestionar los negocios o las prestaciones de una determinada organización, como también evitar el examen de las posibles fallas o puntos débiles en relación con las expectativas de sus respectivos “apostadores”.

Por lo tanto, se parte de la pretensión de suponer que la acción filantrópica es la moneda de cambio que permite dejar fuera de discusión esos temas emergentes que los directivos consideran tabú. Es lo que en política se denomina como “clientelismo” electoralista, actitud denostada por diferentes sectores de la sociedad, pero que sin embargo se suele practicar en otros ámbitos, bajo otros títulos, pero con el mismo fin.

En verdad es más que difícil hacer que la RSE no sólo sea compatible con el gobierno corporativo, sino que también integre la agenda de temas críticos del directorio como también del CEO. Así por ejemplo las empresas de servicio masivos que por lo general cuentan con un deficiente servicio de atención a sus clientes (CRM), no hacen una revisión crítica de cómo gestionan esta relación con sus apostadores.

Pese a no atender este punto esencial de su respectiva RSE, sin embargo promueven a la vez la realización de actividades benéficas, como también producen un excelente folleto, muy bien impreso, donde reseñan sus actividades de RSE junto con un balance social de la organización. El caso extremo es el de las empresas tabacaleras que suelen participar como adherentes en entidades voluntarias dedicadas al fomento de la RSE.

Sin duda estos casos paradigmáticos ilustran de modo más que fehaciente el hecho incontrastable de que en la mayoría de las situaciones la RSE es –reiteramos- una suerte de “maquillaje” o peor aún de “camuflaje” para disimular acciones no claras. Esto es lo que define una suerte de duda generalizada acerca de la autenticidad de los esfuerzos de RSE

“El patriotismo es el último refugio de un miserable” decía Lord Acton (1834-1902), para referirse a aquellos que se esconden detrás de grandes principios para ocultar sus defectos o incumplimientos. Este es el caso de ciertas acciones o manifestaciones de malabarismo en materia de RSE, lo cual sin duda motiva la reacción de diferentes públicos ante la hipocresía.

Cuando la gente común, hombres y mujeres que viven lo cotidiano y experimentan los sinsabores de la falta de respuesta en tiempo, forma y modo a sus reclamos legítimos como usuarios o clientes de distintos tipos de prestaciones, es muy difícil hacerles creer que la RSE no es una respuesta oportunista de cara a la sociedad.

Sin duda poder alcanzar estándares aceptables de cumplimiento en cualquiera de estos tres niveles supone trabajar en pos de una agenda multidimensional tanto del directorio como del CEO; al respecto Donna Wood (profesora de Ética de los Negocios - Universidad de Northern Iowa) realizó hace varios años atrás una interesante propuesta de un modelo para la acción, en la cual define tres posibles niveles:

1. Principios de responsabilidad social
2. Procesos de respuesta social
3. Resultados a lograr en la relación con los “apostadores”

• Principios de responsabilidad social. Se trata de institucionalizar el compromiso y las obligaciones a las que la organización resuelve adscribir y por consiguiente establecer como prioritarios para orientar su gestión.
• Procesos de respuesta social. La respuesta de RSE de una organización, se evidencia mediante la capacidad de los miembros de la misma para responder a las presiones sociales emergentes. A su vez es la resultante de la habilidad de la organización para sobrevivir y adaptarse a su entorno político-económico-social.
• Resultados a lograr en la relación con los “apostadores”. Es lo que marca la diferencia entre un programa de RSE efectivo y otro que no lo es; aquí nos encontramos con tres tipos de posible agrupamiento de los resultados:

• Con los “apostadores” internos. Incluye tanto los aspectos vinculados con la gestión humana de la organización para con sus miembros, como también el accionar cotidiano de esos mismos miembros en cuanto a hacer efectiva la RSE en las interacciones con clientes, proveedores, accionistas, comunidad y demás “apostadores” de la organización
• Con los “apostadores” externos. Se refiere al impacto de las acciones de la organización sobre personas o grupos externos a la misma. Esto involucra también posibles reclamos o solicitudes en relación a: productos defectuosos, atención al cliente, relación con proveedores, encuadre impositivo, impacto de programas de bien público, control del medio ambiente y procesamiento de residuos tóxicos, entre otros.
• Efectos institucionales externos. Entran aquí en consideración aquellos aspectos que hacen en sentido amplio a la comunidad y/o a la sociedad global, más allá de los “apostadores” de la propia organización, como por ejemplo la actitud de la organización frente a desastres o contingencias, como también a las posibles normas ambientales o regulaciones de distinto tipo que puedan afectar la gestión .

Quedan aún dos puntos clave para cerrar la consideración de este vasto y complejo tema de la gestión corporativa de la RSE, se trata de la auditoría social y del papel eventual del ombudsman. Con respecto a la primera, se trata de una herramienta imprescindible para poder conocer cómo ven sus “apostadores” a la organización, sus productos, servicios y demás acciones de todo tipo.

Al igual que en el caso de la auditoría societaria externa, se trata de una función indelegable del directorio tanto en la selección del auditor, como en el plan de trabajo y la conducción del proceso de auditoría y evaluación de sus resultados. El auditor externo en dependencia del directorio tiene que poder trabajar con total independencia, sin ningún reporte cruzado con la línea ejecutiva ni tampoco el CEO.

La auditoría social implica alcanzar a todos los “apostadores” relacionados con la organización, comenzando por el propio personal, no limitándose a una estereotipada encuesta de clima interno, restringida a preguntas redundantes y en cuyas conclusiones las más de las veces la gente no cree, o lo que es peor, ni se entera de ellas.

Otro tanto debiera ocurrir con los diversos grupos de “apostadores” externos, a los cuales con anterioridad se consideró clave, grupos que como mínimo debieran incluir a segmentos importantes – mediante muestras significativas- de clientes y proveedores, como también a sectores críticos de la comunidad de influencia más cercana.

A posteriori de la realización de la auditoría y de la presentación del informe final, el directorio debiera estar en condiciones de aprovechar su contenido, y para ello bajar las conclusiones, haciendo conocer los puntos salientes favorables y/o negativos a todos los responsables directos, con el consiguiente compromiso de elaboración de un plan de acciones correctivas o de mejoras que, sin duda, constituirán la base para la elaboración del plan de acción actualizado de RSE.

Igualmente sería oportuno prever, de un modo fácil y directo, la devolución de la información recibida de los distintos grupos, esto –que suele pasarse por alto- es una señal de respeto por el otro que marca todo un estilo de cultura organizativa. Este mecanismo además permite, de modo muy directo, mantener abiertos los canales de comunicación con los diversos “apostadores” interesados.

Sin duda parece la pregunta ¿qué pasa cuando la relación es conflictiva o hay una crisis en el medio?. Aunque parezca una respuesta facilista: no hay otra alternativa, más tarde o más temprano, se ha de enfrentar el tema. Cuando vimos el tema de la construcción de la agenda comentamos las dificultades que se presentan cuando se deja fuera de la misma a un grupo que puja por defender una situación de queja o reclamo. Pese a los habituales consejos legales de no hacer nada, la realidad indica lo contrario: cuanto más se demora es peor el resultado.

Consideración especial merece el tema del ombudsman, pues se trata de una figura de relativa novedad, no exenta de ser considerada como una tendencia de moda, la cual intenta recrear en los ámbitos empresarios el papel del defensor del pueblo, que en una antigua tradición de los países nórdicos lleva ese nombre.

Sin duda, en más de un caso, la designación de una persona para ocupar el puesto de ombudsman, es también fruto de la improvisación o en el peor de los casos de la especulación –un tanto ingenua- en el sentido de creer que se puede instaurar la imagen de ser socialmente responsable bajo el simple artilugio de “importar” este papel en la propia organización, cubriéndolo con alguna figura de prestigio.

Es una decisión difícil, con consecuencias no siempre previsibles, si no se tiene claro el porqué y para qué de éste papel en la organización; sin duda, ante los ojos de todos los “apostadores”, es un acto político mayor, el cual para ser efectivo tiene que estar muy bien definido en sus responsabilidades y alcances.

Bajo el supuesto de que se satisface una necesidad cierta con la incorporación del ombudsman, aparece el tema de la dependencia funcional; al respecto, en verdad no hay claridad, hay organizaciones en las cuales depende del CEO y hasta alguna en la cual aunque parezca increíble –e ignorando el conflicto de papeles- el CEO es el ombudsman.

No hay duda que un ombudsman necesita autonomía para poder actuar, por lo tanto no debiera depender de la línea ejecutiva, sino del directorio, al igual que los síndicos, esto son los que aseguran el control de legalidad y el ombudsman debiera poder asegurar otro tanto en el campo de la responsabilidad social. Por consiguiente parece lo más aconsejable la dependencia del directorio, de modo tal de limitar al máximo el alcance sobre él de las presiones de la línea ejecutiva.

La estabilidad del ombudsman es otro tema clave, salvo mal desempeño no debiera poder ser removido con facilidad, pues de lo contrario su independencia estaría coartada, o al menos limitada. Otro tema crítico es el del ámbito de autoridad, puesto que la labor del ombudsman no debe superponerse ni interferir con la línea ejecutiva, pero sin duda su relación con las demandas de los diversos “apostadores” exige siempre una respuesta, que seguramente habrá de venir de la línea ejecutiva.

Esto todavía es mucho más critico cuando la situación se refiere a un “apostador” interno que plantea un reclamo, pues la acción en pro de resolver el tema del ombudsman puede dejar en situación equívoca al “denunciante”, quién en un clima de “paranoia organizacional” puede pasar rápidamente a ser víctima de acoso moral.

Una posición prudente respecto al tema podría muy bien ser la de contar con una buena auditoría social, gestionada por el respectivo comité del Directorio y llevada a cabo durante un lapso de aproximadamente 5 años, de modo de crear y consolidar un hábito organizacional en su aplicación, evaluación e implementación de mejoras y cambios. A partir de ahí se podría estar en condiciones de evaluar la oportunidad y conveniencia de ir adelante con la definición de incluir o no a la dependencia del directorio la posición de Ombudsman.

Sin duda, todo gobierno corporativo multidimensional, el cual incluye la RSE, trata de responder las demandas de cohesión interna y presión externa que plantea la vida de cualquier organización en su relación con los diferentes “apostadores”; situación de equilibrio inestable, a la cual es imposible sustraerse, que a su vez genera tensiones, conflictos e interrogantes, que a menudo suelen plantear “disonancias cognitivas”, no siempre fáciles de resolver, puesto que información, satisfacción o retribución y transparencia, no suelen ir de la mano.

También es cierto que ninguna organización puede dar una respuesta amplia, completa y satisfactoria para todos sus pretendidos apostadores. ¿Cuál es el límite de aceptación de las “apuestas”? ¿Cuál es el límite del compromiso que se está dispuesto a aceptar? ¿Cuáles son las implicancias en términos de imagen y también de costos? ¿Cómo se conectan estas demandas con la rentabilidad para el accionista vs. el ejercicio razonable de la RSE? ¿Cómo satisfacer estas demandas en un mundo competitivo donde impera el corto plazo?

Sin duda se trata de preguntas de más que difícil respuesta, lo cual requiere del ejercicio hábil y prudente del “arte de la gerencia”, pues los recursos son siempre escasos y limitados, mientras que el grupo de posibles apostadores suele ser numeroso, pero son preguntas que no pueden ser ignoradas, o esperar que el tiempo las conteste, pues el precio a pagar por el olvido o postergación suele ser más bien elevado.

Para concluir quisiéramos remarcar la importancia y necesidad de trabajar en pos de un confiable y válido gobierno corporativo, sin el cual las acciones de RSE tendrán poca vigencia y menos aún consistencia. Debemos empeñarnos entonces para superar con hechos concretos y no con palabras la percepción de que la RSE sirve sólo de “maquillaje para empresarios” .

Sin duda, estamos ante interrogantes que en realidad no sabemos muy bien cómo plantear y mucho menos cómo resolver. La protesta y reclamo de distintos sectores de la sociedad, ante las limitaciones cotidianas y las dificultades en lograr soluciones efectivas, plantea una situación preocupante, porque muestra el creciente descreimiento cívico e insatisfacción de un segmento importante de la ciudadanía.

Sumado a ello, como bien señala Kliksberg , las realidades contemporáneas están asociadas con un fuerte crecimiento de las desigualdades entre países, lo cual hace más complejo el cuadro y dificulta las posibilidades reales de encarar soluciones, puesto que lo urgente tiende a devorarse lo importante.

Además, aún en aquellos países con mayor tradición de respeto por las libertades personales, se asiste al creciente fenómeno de la “compresión” y achicamiento de las libertades civiles en aras de la protección ciudadana frente al terrorismo,

En suma estamos frente a una sociedad cada día más autoritaria, ante la cual no sólo debemos defendernos, sino ser capaces de generar alternativas que permitan construir un espacio habitable por y para todos, sin exclusiones de género, credo o raza. Esto es RSE. Se hace entonces más que necesaria una respuesta auténtica y comprometida frente a estos desafíos, y no una huída hacia adelante siguiendo una nueva moda ficcionalizada en torno a la RSE.

Necesitamos una búsqueda de coincidencias en torno a la importancia y urgencia de una mejora continua de nuestra calidad de gobierno corporativo y por ende de su correlato la RSE, pero evitando nuestra natural tendencia disociativa, proclive a la dispersión y multiplicación de esfuerzos aislados y por ende limitados.

Sin duda, son las organizaciones de trabajo las verdaderas escuelas donde los adultos aprendemos las maneras de ser y modos de hacer que luego trasladamos al resto de nuestra vida en común; la tolerancia, la solidaridad y el bien común, no son abstracciones, ni declamaciones, sino construcciones, que se hacen desde los pequeños hechos y quehaceres de lo cotidiano.

Recordemos una frase de Einstein, quién decía: “Dios se manifiesta en los pequeños detalles...”. También los humanos nos develamos y revelamos a través de la presencia o ausencia en nuestra manera de actuar de ciertos detalles o, mejor dicho, virtudes –a las cuales Comte Sponville llama “pequeñas”- como son en lo cotidiano, la cortesía y el buen trato para con los demás, sin las cuales es muy difícil construir el resto, que sin duda, hace posible y pasible la coherencia y la consiguiente construcción de la credibilidad que es su fruto natural y espontáneo.

Por lo tanto la “Responsabilidad Social Empresaria”, comienza y termina en la “Respons
habilidad Social Directiva”, sin coherencia personal no hay credibilidad y sin credibilidad en los dirigentes, no es posible construir la credibilidad en las organizaciones. Por ello quienes actuamos como directivos necesariamente debiéramos sentirnos convocados a trabajar por esta empresa mayor, no como una obra de caridad cuando nos sobra tiempo o recursos, sino como parte de la responsabilidad indelegable de nuestro trabajo cotidiano.

No digo esto con seudo afán evangelizador o de falsa ética, sino con la intención de proponer un compromiso: compromiso con nuestra sociedad, compromiso con nuestra gente, compromiso con la subsistencia y crecimiento de nuestras propias empresas u organizaciones, compromiso con el deber ser de cada uno de nosotros como dirigente.

MUCHAS GRACIAS
shm

1. “Meditations of a Broomstick” (1970)
2. SBDAR Manuel (2007): “Rompiendomoldes de management y negocios” VI – Para Aristóteles como para Perón, la única verdad es la realidad págs. 147/149 – Granica – Buenos Aires
3. Ver “La revalorización de la cultura del trabajo y del esfuerzo en el capitalismo moderno: el caso francés” ponencia del 9-11-2007 en el 43° Coloquio Anual de IDEA – Mar del Plata – 7 al 9-XI-2007 – págs.67 y 68
4. “Measuring the Business Value of Stakeholders Relationship” – Part One - CIM – The Center for Innovation in Management – Simon Fraser University – Vancouver – British Columbia – Canada - August 2001
5. “The Stakeholder 360 – Measuring The Quality of Stakeholder Relationships” - CIM – The Center for Innovation in Management, Simon Fraser University, Vancouver, British Columbia, Canada, 2001
6. COHEN D., PRUSAK L. (2001): “In Good Company - How Social Capital Makes Organizations Work” - Harvard Business School Press - Boston –Mass. - USA
7. WOOD Donna (1993): “Business and Society” – Harpercollins College Div. – New York - USA
8. “RSE: Maquillaje para empresarios” – Dossier Revista Mercado – Nº 1052 – Bs. Aires - noviembre 2005 – págs 84/98
9. Kliksberg Bernardo – 2Más ética, más desarrollo” _: editorial TEMAS – Buenos Aires 2005.
10. COMTE-SPONVILLE André – “Pequeño tratado de las grandes virtudes” –Editorial Andrés Bello – Buenos Aires - 2003

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