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  Ciudadanía  Corporativa

Ciudadanía Corporativa

7 aprendizajes básicos, Bernardo Toro

Empresas ciudadanas y éticas
 

Esta sección contiene copias textuales de las fuentes de origen. Estamos dispuestos a compartir las diferencias de interpretaciones o puntos de vista que se nos hagan llegar a través de nuestro mail de contacto

 

 

     Qué es

Un nuevo escalón del compromiso empresarial.
Las empresas no son otra cosa que organizaciones creadas por hombres y mujeres con el objetivo primordial de generar lucro a partir de la comercialización de determinado producto o servicio. Al reflexionar sobre esta relativamente novedosa forma de organización social, es ineludible dar cuenta del enorme poder específico que han adquirido en menos de dos siglos de existencia. Es sabido: todo poder conlleva responsabilidades. A medida que aumenta el grado de poder, aumentan proporcionalmente las responsabilidades para quien lo ejerce. En el caso puntual de las compañías, es notable cómo de un tiempo a esta parte se han incrementado -en forma abrupta- los niveles de exigencia hacia éstas. Dentro de ese marco, algunos años atrás se acuña -y aparece con fuerza tanto en el léxico empresarial como en diversos foros internacionales del mundo de negocios- la noción de Responsabilidad Social Empresaria. Ésta alude a la necesidad de que las compañías promuevan las buenas prácticas en sus negocios, asumiendo la responsabilidad de los impactos que genera la actividad productiva a la que se dedican. Íntimamente vinculado al concepto de RSE, también surge el de Ciudadanía Corporativa (CC). 

No es posible establecer diferencias significativas entre la RSE y la CC; todo lo contrario, ambas nociones son simbióticas ya que instan a que "las empresas tengan en cuenta no sólo las consecuencias económicas y financieras de sus actividades sino también los aspectos sociales, ambientales, de desarrollo y de género" (1). Simplifiquemos el asunto: una compañía que implementa una política integral en materia de RSE, e impulsa una gestión ética y socialmente responsable con todos los públicos con los cuales se relaciona, seguramente está al mismo tiempo cumpliendo con sus deberes de ciudadano corporativo y respondiendo airosamente a las crecientes demandas del conglomerado social.

No debemos olvidar que el funcionamiento de cualquier empresa es posible gracias a las personas que allí desempeñan tareas a diario. Y esos individuos nacen, crecen, viven, se educan y desarrollan dentro de una comunidad, en la cual están insertos y cuyos problemas no les son en absoluto ajenos. 

Quienes trabajan en las empresas -también quienes las conducen- son, a fin de cuentas, ciudadanos con iguales deberes y derechos que el resto de la población. La propia empresa constituye en sí misma una unidad o célula, cada vez más trascendente, del tejido social. Es acertado entonces comprenderla como un ciudadano más, con sus correspondientes deberes y derechos. 
Fuente: IARSE


 

  

   Qué supone ser un ciudadano

El filósofo colombiano Bernardo Toro define al ciudadano como "una persona capaz, en cooperación con otros, de crear o transformar el orden social que ella misma quiere vivir, cumplir y proteger, para la dignidad de todos". 

Toro explica que el "orden de la sociedad" -como él denomina a las leyes, costumbres, instituciones y tradiciones- es un invento: una creación hecha por mujeres y hombres de una sociedad. De aquí se desprende la idea de que, si ese orden no produce dignidad, se puede transformar o crear uno nuevo en cooperación con otros. Dado que la convivencia social no se da naturalmente sino que es construida, Toro estipula siete aprendizajes básicos y necesarios para que ésta pueda ser exitosa (2). 

Éstos son: 
1. Aprender a no agredir al congénere. Fundamento de todo modelo de convivencia social. 
2. Aprender a comunicarse. Es la base de la autoafirmación personal y grupal. Una sociedad que aprende a comunicarse de muchas maneras siempre encuentra formas para solucionar sus conflictos pacíficamente. 
3. Aprender a interactuar. Base de los modelos de relación social. 
4. Aprender a decidir en grupo. Constituye la base de la política y la economía. El grado de convivencia de una sociedad depende de su capacidad de concertar intereses y futuros, en todos los niveles. 
5. Aprender a cuidarse. Fundamento de los modelos de salud y seguridad social. 
6. Aprender a cuidar el entorno. Requisito indispensable para la supervivencia. 
7. Aprender a valorar el saber social, pues representa la base de la evolución social y cultural. El conocimiento y contacto con los mejores saberes culturales y académicos de una sociedad produce hombres y mujeres más racionales, más vinculados a la historia y a la vida cotidiana de la sociedad. 
Fuente: IARSE


 

 

      Empresas ciudadanas y éticas por Alejandro Roca y Cecilia Sánchez*

Todo parece indicar que la sociedad y el mercado aumentarán las exigencias de transparencia y credibilidad por parte de las empresas en los años venideros. La realidad indica que, además de calidad en los productos y servicios, hoy también se les exige una gestión responsable frente al medio ambiente, la sociedad y otra multiplicidad de stakeholders. 

El ejercicio de la Responsabilidad Social Empresaria se está convirtiendo en un factor clave para lograr la competitividad, y muchas empresas han advertido que llevar adelante una gestión socialmente responsable representa un valor estratégico tanto para mantener como para conquistar nuevos mercados. En este sentido, las compañías deben tomar nota: los reclamos de la población exceden el mero cumplimiento de la normativa legal, con frecuencia desactualizada y llena de vicios, particularmente en los países en desarrollo. Hoy se les demanda un comportamiento ejemplar, de verdaderos ciudadanos corporativos éticos y comprometidos con el mejoramiento del entorno en el cual operan. Ello presupone, retomando el concepto de Toro, que sean capaces de cooperar con otros actores (cualquiera de ellos: el Estado, las organizaciones de la Sociedad Civil, sus propios pares empresarios, los medios masivos de comunicación) para transformar el orden social actual, absolutamente desvirtuado. Nadie puede desconocer que la convivencia social hoy pende de un hilo bastante frágil. Y esto no sólo ocurre en Argentina. El aumento de la brecha entre ricos y pobres ya es un fenómeno global; millones de personas en todo el planeta no alcanzan a procurarse los medios para tener una vida digna, con acceso a servicios básicos como salud y educación; tampoco está garantizada una mínima sostenibilidad ambiental para la supervivencia del planeta. Iniciativas como los Objetivos de Desarrollo del Milenio de la ONU o el Protocolo de Kyoto son elocuentes y dan cuenta de que algo anda mal en materia de convivencia del tejido social mundial. Aprender a convivir

Las empresas -grandes, medianas y pequeñas- son un actor estratégico en este rompecabezas y aún tienen mucho camino por desandar en materia de aprendizajes para la convivencia social. Deberán aprender y ejercitar la comunicación e interacción con otros sectores u otras empresas en aras a la dignidad de todos; deberán instruirse para decidir en grupo. 
Una célebre frase del poeta griego Sófocles dice: "El que es bueno en la familia, es también un buen ciudadano". Los valores que uno practica en su casa, con los suyos, nos caracterizan como personas: por eso debemos trasmitirlos hacia fuera y practicarlos todo el tiempo. Cada empresa -si se me permite la analogía- constituye en sí misma una familia: aprender a cuidarse y a cuidar a los suyos no sólo redundará en beneficios a nivel interno (accionistas, empleados, etc.), sino que repercutirá puertas afuera cada vez con mayor vigor (a nivel de proveedores, clientes, comunidad y sociedad en general). 

Aprender a cuidar el entorno no debería ser considerado una opción, sino un requisito indispensable para la supervivencia de aquellas empresas que quieran garantizar su perdurabilidad y existencia en el largo plazo. 

Por último, no caben dudas de que las compañías aún no han explotado el enorme potencial que existe cuando se aprende a valorar el saber social. Así, deben facilitar el acceso de sus trabajadores a los mejores saberes culturales y académicos ya que esto tiene implicancias positivas, muchas veces inimaginadas. Como dice Toro, las personas instruidas son más racionales y muestran mayor compromiso con el devenir de la sociedad de la cual forman parte. Y eso se reproduce, multiplica casi instantáneamente a los múltiples círculos en los cuales se conduce cada individuo (familiar, barrial, social, escolar). 

La ética es "el arte de elegir aquello que le conviene a la vida digna de todos", señala este reconocido intelectual colombiano. Un ciudadano ético es aquel que frente a los pormenores que atraviesa la comunidad donde vive se propone diferentes caminos posibles, se pone en acción y trabaja junto a sus pares para buscar la mejor manera de llevar adelante el cambio. Por allí pasan las demandas de la población hacia los "ciudadanos corporativos", las empresas.
Aquellas compañías que lo entiendan con mayor rapidez y actúen en consecuencia, obtendrán un capital diferencial en un mundo de negocios siempre más competitivo. No tenga ninguna duda. 

(1) Consenso de Monterrey, Conferencia Internacional sobe la Financiación para el Desarrollo - Mazo de 2002, México. 
(2) "El Ciudadano y su papel en la construcción de lo social" - José Bernardo Toro A. - Bogotá, 2001.
Las autoras pertenecen al *Área de Comunicaciones IARSE 
Fuente: IARSE