|
Lo notable de este problema
es lo sencillo de la respuesta. Peor aún: no bien la lea, si es que usted no
pudo resolverlo, se va a dar la cabeza contra la pared pensando, ¿cómo puede
ser posible que no se me hubiera ocurrido?
La solución es que la eminencia de la que se habla, sea la madre.
Este punto es clave en toda la discusión del problema. Como se advierte (si
quiere vuelva y relea todo), nunca se hace mención al sexo de la eminencia.
En ninguna parte. Pero nosotros tenemos tan internalizado que las eminencias
tienen que ser hombres que no podemos pensarla mujer.
Y esto va mucho más allá de que puestos ante la disyuntiva explícita de
decidir si una eminencia puede o no puede ser una mujer, creo que ninguno de
nosotros dudaría en aceptar la posibilidad tanto en una mujer como en un
hombre. Sin embargo, en este caso, falla. No siempre se obtiene esa
respuesta. Más aún: hay muchas mujeres que no pueden resolver el problema y
cuando conocen la solución se sienten atrapadas por la misma conducta
machista que condenan. En fin, creo que es un ejercicio muy interesante para
testear nuestras propias complicaciones y laberintos internos.
¡Y disculpen!

|