Esta sección recopila notas y artículos que abren la discusión o  inflexiones ante diversos juntos de vista.
La intención: proseguir el sondeo en la opinión pública -que comenzamos en 2013- en torno al deterioro o crisis de confianza, credibilidad, ética, transparencia, etc. Continuamos registrando un denominador común en la "falta de legitimidad".
Pero ¿de qué hablamos al hablar de legitimidad? ¿Qué significado y cuál es su alcance? son las cuestiones latentes, al registrar su conceptualización aún confusa.
Nuestro propósito: intervenir según interpretamos ante el vacío de formas y mecanismos al validar las acciones públicas o privadas y de reconocer a los medios de comunicación como informadores de noticias o formadores de opinión.
Nos importa y ocupa que las diferentes opiniones, comentarios, sugerencias y oposiciones sean constructivas, que aporten al sentido de vernos y parecer responsables desde las posiciones de todos nuestros grupos de interés, con respeto, reciprocidad y autocrítica.

Acercamos nuestro correo para comenzar a interactuar. Muchas gracias  info@codigor.org 

 
Pacto Global: ¿esto es todo? Antonio Vives - Principal Associate, Cumpetere www.cumpetere.com

El Pacto Mundial consiste en un conjunto de de diez principios que propusieron las Naciones Unidas a manera de guía para la conducta responsable en los negocios del sector privado. El Pacto incluye principios sobre la protección de los derechos humanos, estándares laborales, medioambiente y anticorrupción, derivados de los principios, convenciones y declaraciones ya existentes de la ONU respecto de estos temas. En algún sentido, puede decirse que no agregan mucho al conjunto ya existente de regulaciones internacionales “suaves”, pero también puede afirmarse que agregan valor en el sentido de que los mismos condensan diez principios fundamentales de un grupo más voluminoso y engorroso de documentos, que muy pocas personas leen y que pueden resultar abrumadores. Un buen resumen, un nombre atractivo, promocionado por una institución respetable. Un alto potencial.

Como conjunto de principios, el Pacto Mundial es una guía muy útil, principalmente para las grandes empresas que se encuentran expuestas al interés de los medios, las organizaciones de la sociedad civil y otros actores prominentes. Pero, por su misma naturaleza, resultan demasiado generales y no pueden tomarse como una guía de acciones. La adhesión al Pacto por parte de alguna empresa se transforma simplemente en una declaración política de buenas intenciones, a menos que estas intenciones se transformen en acciones. Las empresas pueden profesar su adhesión a estos principios y, a cambio, publicitarlo para, con suerte, obtener algún beneficio de esto. Actualmente existen más de 5.800 miembros, incluyendo empresas (4.444 de las cuales 3.747 se encuentran activas), ONGs y asociaciones sin fines de lucro. En Brasil hay 243 miembros (179 empresas), en Argentina 177 (138 empresas) y en un pequeño país como Panamá 92 (51 empresas). Las compañías firman una carta de compromiso declarando “… expresamos nuestra intención de impulsar estos principios dentro de nuestra esfera de influencia. Estamos comprometidos a incluir en nuestra estrategia, cultura y operaciones diarias de nuestra empresa al Pacto Global y sus principios…” Hasta aquí, todo bien.

La adhesión implica que la empresa deba llevar adelantes sus actividades de acuerdo con los principios y promueva el desarrollo responsable. Estas actividades no se encuentran especificadas, más allá de los principios generales, son voluntarios y no exista ninguna obligación de hacer nada en particular. No existe ninguna penalidad por no hacer nada en relación al acatamiento con los Principios. El Pacto Global no posee la capacidad para verificar las actividades de las empresas y, mucho menos, de comprobar que estén realizando cualquier tipo de contribución. En respuesta a las críticas, el Pacto Global instituyó la obligación de informar acerca de las actividades llevadas a cabo por los miembros durante el cumplimiento de los principios. Esta es la ÚNICA obligación verdadera y consiste solamente en informar aquello que se esté realizando, sin importar el alcance del impacto o, incluso, si no están haciendo prácticamente nada.

Con el cumplimiento de este requisito de reportar algo, los miembros mantienen su condición de miembros de pleno derecho. La única penalidad es ser expulsados por no cumplir con la obligación de informar y esto únicamente tiene lugar luego de TRES años consecutivos de no informar. En junio de 2008, 630 empresas fueron retiradas de las listas por no cumplir con este requerimiento en los últimos tres años. Claramente, algunos no tenían la intención de hacer nada, ni siquiera molestarse en enviar un informe diciendo que no habían hecho cosa alguna. Ya era hora. Esto resultó ser una mejora.

El Pacto Mundial cuenta entre sus miembros con muchos líderes en prácticas responsables y empresas que realizan una contribución significativa con el desarrollo económico y social pero, como en muchos otros casos, las empresas irresponsables sacan provecho de aquellas que son responsables. Existen también muchos miembros irresponsables o indiferentes.

Si bien los principios resultan una guía útil, tienen un impacto en aquellas empresas que, de cualquier manera, hubieran llevado adelante prácticas responsables, más allá del Pacto Global, pero que desean aprovecharse de la exposición pública adicional. Pero a estas firmas responsables la membrecía al Pacto Global no les agrega mucho valor ya que la misma debería ser valiosa para aquellas compañías que están iniciando o profundizando sus prácticas responsables, pero para que el Pacto Global agregue valor, debe volverse un club más exclusivo, uno que implique un “costo de membrecía”, es decir, uno que exija una conducta responsable a todos sus miembros. Tal como se plantea en la actualidad, la membrecía resulta verdaderamente gratuita, sin ningún costo; de tal manera que cualquiera puede asociarse y sólo será expulsado luego de tres años de no reportar lo que hace por los diez principios. No preguntemos si hacen algo o no. La continuidad de la membrecía debe ser sujeta a un examen más riguroso que la entrega de un simple informe de vez en cuando, cuyo contenido no es sujeto de análisis. Quizá existan demasiados miembros para un club como el que se plantea, que admite a cualquiera, y la membrecía se haya devaluado.

Los directivos del Pacto Global siempre han mantenido que nunca se ha pretendido que el Pacto sea un instrumento de control, que es solamente un instrumento de crear conciencia. No obstante, han creado mecanismos, como la membrecía y lo que ello conlleva, que van más allá de la difusión de los principios. Adicionalmente, han expandido la membrecía a instituciones, asociaciones y organizaciones, por ejemplo, asociaciones gremiales, empresas consultoras y organizaciones de la sociedad civil que tienen poca o ninguna acción relacionada con los principios, que también capturan beneficios sin incurrir costos. Lamentablemente está siendo abusado por empresas e instituciones irresponsables, o cuando menos, indiferentes, que “usan” el nombre del Pacto y su membrecía para crear y difundir la impresión de que tienen practicas responsables. Para que las prácticas responsables rindan frutos decimos que “no solo hay que serlo sino parecerlo” o sea, que las partes interesadas deben saber que la empresa es responsable y actuar en consecuencia (a menos que se quiera ser responsable sólo por razones morales o éticas). En el caso del Pacto Global ocurre todo lo contrario, muchas son las empresas que pretenden capturar los beneficios sin los costos, que usan el Pacto Global para “parecerlo sin serlo”.

Aunque resulte políticamente complicado para un organismo multilateral realizar un juicio de valor sobre la conducta de una empresa, no puede evitarse este paso si se desea que el Pacto Global continúe manteniendo su credibilidad. Alguien lo tiene que hacer. Como mínimo, debe alentar a las organizaciones de la sociedad civil a que monitoreen, por su cuenta, a los miembros del Pacto Global, y que estas informen acerca de las prácticas responsables de las empresas. Tal como se plantea en la actualidad, el Pacto Global corre el riesgo de volverse irrelevante en asegurar prácticas responsables. En la práctica, la contribución se ha visto limitada a aumentar la conciencia sobre la necesidad de llevar adelante prácticas responsables, aunque es difícil decir si esto se tradujo en algún tipo de acción.

Para mayor información sobre el Pacto Global, consultar www.unglobalcompact.org/ y para una mirada crítica consultar www.globalcompactcritics.blogspot.com/

 
Certificaciones y reportes de sostenibilidad. Más allá de selfies bobas. Adrían Lerer

Si bien puede sonar políticamente incorrecto, nunca termino de entender cierta obsesión de las empresas por recolectar, como trofeos de guerra, certificaciones ambientales y sociales y reportes de sostenibilidad coloridos y muy bien impresos.
Quizá sea por una convicción práctica, tras tantos años de experiencia.
Con situaciones de certificación aún más “duras” en contenidos y mediciones como la de calidad ISO 9001, un riesgo real que he debido combatir es la carrera por el papelito, que invade a los responsables operativos, que no buscan mejorar los procesos sino lograr que el certificador de turno tilde su listado y entregue el tan deseado certificado, que se transforma en un fin en si mismo, y no, como debería ser, en un medio de mejora continua.

Ese mismo riesgo se tiene en certificaciones relacionadas con la gestión ambiental, como las que se otorgan bajo la norma ISO 14001.
Lo mismo he visto que ocurre con los llamados reportes de sostenibilidad, balances sociales o similares.

Como si se tratara del balance contable, ingentes recursos y energía se vuelcan al cierre del ejercicio para volcar acciones “bonitas” en un informe que algunos hacen, muchos reciben y caí nadie lee.
En ambos casos (certificaciones y reportes) , creo, el espíritu y las acciones concretas deben primar sobre la tentación selfie, una especie peligrosa y autocomplaciente de narcisismo 2.0.

Si bien tan malo como no hacer nada y comunicar mucho, como hacer mucho y no comunicar nada, hay que entender que el principal destinatario de las acciones y comunicaciones debe ser la comunidad interna y externa. Y que lo importante esa lo que se hace para generar valor compartido, no el marketing vacío.

////// Con énfasis en la prevención y el respeto (del que se ha dicho con verdad que es el “valor cuya función es evitar la destrucción”, les propongo avanzar juntos.
http://adrianlerer.wordpress.com/about/
sic Fuente: recibido por Linkedin

 

Recicladores de Materiales Sólidos y de Personas, Leonardo Boff

Del 28 al 30 de octubre se celebró en Brasilia el 12º Festival Basura y Ciudadanía: reciclando por un mundo mejor. Allí estaban más de mil recogedores de material reciclable separado en los vertederos de las ciudades, venidos de todas partes del país. He podido participar emocionado, pues acompañé durante muchos años a los recicladores de basura del gran vertedero de Petrópolis.

Viendo aquella multitud que llenaba una sala inmensa, abrazándose y conociéndose por primera vez o reencontrándose, alegres y festivos, con sus ropas sencillas, en su gran mayoría afrodescendientes, yo me preguntaba: ¿quiénes son esos? ¿de dónde vienen? Y me pareció escuchar una voz interior, igual a la del libro del Apocalipsis, capítulo 7,13 que dice: “Estos son los que vienen de la gran tribulación”, los supervivientes de la dura batalla por la vida, honrados porque valientes y victoriosos afrontaron solos, muchas veces, arduas luchas para ganar el propio sustento y el de sus familias.

En Brasil existen entre ochocientos mil y un millón de recicladores/as de materiales sólidos y reciclables. Con el aumento del consumo se producen muchos residuos de todo tipo, orgánicos y sólidos como cartón, plásticos, aluminio y vidrio que son reciclables. Se calcula que cada brasileño produce 1 kg de basura al día especialmente en los centros urbanos. Según el IBGE de 2008 el 50% de los municipios (5507) tiene vertederos a cielo abierto. Allí miles de personas, desde niños a viejos, recogen y separan lo que pueden, inclusive alimentos. Esa actividad es altamente peligrosa, porque se pueden contraer muchas enfermedades infecto-contagiosas. He presenciado disputas de personas con los cerdos y los buitres, en un escenario de gran inhumanidad. Son consecuencia de la sociedad del consumismo y del desperdicio, que no aprendió a vivir las cuatro erres: reducir, reusar, reparar y reciclar.

La mayor deshumanidad no es ser recicladores de basura y tener que contentarse con lo que tiran otros, sino el estigma que acompaña a estos trabajadores, con frecuencia considerados mendigos y vagos.

Primero eran totalmente invisibles. Nadie les miraba ni les otorgaba la más mínima consideración. Después, al crecer la conciencia, se presentaron como trabajadores, que con su recolección de miles de kilos de residuos, desempeñaban una importante función: mantenían limpias las ciudades e impedían muchas inundaciones de calles. Por fin, se fueron organizando en cooperativas y asociaciones y se entendieron como ciudadanos y agentes de transformaciones sociales y ambientales. Adquirieron visibilidad y reconocimiento. Del 4-al 6 de junio de 2001 realizaron en Brasilia el 1º Congreso Nacional de Recicladores/as con la participación de 1600 personas. Allí se lanzó la Carta de Brasilia que marca su identidad y donde expresan importantes reivindicacionesFue notable la Marcha realizada en Brasilia en 2006 por 1200 personas que ocuparon la Plaza de los Tres Poderes, reclamando derechos y políticas públicas para su categoría. Estas vinieron con el Programa Cataforte en 2009 que fue enriquecido el día 31 de julio de 2013 con 200 millones de reales destinados a labores de recogida de materiales reciclables, con galpones y camiones de transporte. Tales medidas, junto con la presión de las entidades, se deben en buena parte al interés personal del Ministro de la Secretaria-General de la Presidencia, Gilberto Carvalho, que puso siempre todo su empeño en la causa de los recicladores/as. En Brasilia el 30 de octubre de 2013, con ocasión del 12º Festival Basura y Ciudadanía, en su nombre y en el de la Presidenta Dilma Rousseff renovó el compromiso de fortalecer las cooperativas y las asociaciones de recicladores/as creadas y a ser creadas.

Fue muy señalado el 4º Festival realizado del 5 al 9 de septiembre de 2005 con la presencia del Presidente Lula y de Danielle Mitterand, viuda del fallecido Presidente francés, en el que se subrayaron sus derechos humanos básicos y el suministro de los recursos necesarios para un trabajo decente y seguro de recogida y separación de basuras. Allí la Itaipu Binacional lanzó un vehículo eléctrico para recicladores/as con capacidad de transportar hasta tres toneladas de materiales durante 8 horas diarias.

La gran lucha de estos trabajadores es impedir que las grandes empresas, que han descubierto la recogida de basuras como un negocio altamente rentable, se apropien en asociación con el poder público de los servicios que prestan estos recicladores, robándoles su sustento y lanzándolos nuevamente a la inseguridad. Las empresas sólo pueden legitimarse si integran a los recicladores sin quitarles los valores que los caracterizan, como la convivencia solidaria y los lazos de pertenencia común que han desarrollado.

Vienen, sí, de la gran tribulación brasilera. Reciclan no solo materiales sólidos, sino personas, en la medida en que juntos construyen su autonomía, rescatan su dignidad, se insertan en la sociedad como verdaderos “profetas de la ecología” y ciudadanos que piensan, discuten sus problemas, deciden luchas comunes y se hacen indispensables en el tipo de sociedad que hemos creado. Merecen respeto, aprecio y todo el apoyo.      

sic Fuente: Koinomanías -

 

Crisis de confianza en una Argentina a contramano, por Manuel Torino

Los índices de credibilidad en las instituciones se recuperan a nivel global, sin embargo la Argentina exhibe una caída generalizada en la percepción del Gobierno, las empresas, los medios y las ONGs. El diagnóstico surge de una prestigiosa encuesta global que destaca la oportunidad de liderazgo para los ejecutivos ante la falta de garantías en la política.

A contramano. Mientras en el resto del mundo los niveles de credibilidad de los gobiernos, las empresas, los medios de comunicación y las ONGs se recuperan luego de años aciagos marcados por la crisis económica y el descontento social, la Argentina se destaca por un declive en sus índices de confianza.
El diagnóstico surge del Trustbarometer 2013, el estudio más importante sobre confianza en las instituciones a nivel global, que produce la consultora Edelman desde hace 13 años. El prestigioso trabajo, que se presentó en el Foro Económico Mundial de Davos y al que El Cronista WE accedió en forma exclusiva, cuenta con la participación de 31.000 encuestados de 26 países. Entre los seleccionados de América latina, aparecen solamente Brasil, México y la Argentina.
Luego de un 2012 marcado por el escepticismo y la falta de credibilidad en las instituciones, según el informe, el índice de confianza global aumentó de 51 a 57 puntos durante el último año. El puntaje surge de un promedio del nivel de confiabilidad de cada país en cuatro categorías: gobiernos, empresas, medios y organizaciones del tercer sector.
Los resultados indican que China (80 puntos), Singapur (76), India (71) y México (68) aparecen como los países más confiables, según la percepción de sus propios habitantes, mientras que Alemania (55) y Francia (54) son las dos naciones que más evolucionaron respecto a 2012, con +16 y +14 respectivamente.
Frente a la suba generalizada de la credibilidad, la Argentina es el único país que muestra una merma en sus indicadores. Con un desempeño de -9 respecto al año anterior, alcanza un puntaje total de 45, sólo por delante de España, Turquía, Japón y Rusia. El estudio refleja que durante el último año la confianza se recuperó en el mundo. Pero la Argentina es el único país que cayó en las cuatro variables que analizamos, destaca Allan McCrea Steele, presidente y CEO de Edelman Argentina, en diálogo con WE.
Un repaso por los indicadores locales permite ver que el arco político se lleva la peor parte. La confianza de los argentinos en sus gobiernos cae del 36% en 2012 al 19% en 2013. Cabe señalar que, en promedio, los mercados emergentes muestran una evolución en este aspecto: subieron de 44% al 56%.
Entre las razones que esgrimieron los encuestados para desconfiar del gobierno, más de la mitad señaló que se debía a las decisiones políticas equivocadas y a la corrupción o al fraude. En tanto que la falta de transparencia, la falta de regulación y controles y la incompetencia completan la lista.
Si la confianza en el gobierno como institución es de por sí escasa, el panorama para sus funcionarios luce aún más pobre: sólo un 7% de los encuestados cree que los líderes políticos dicen la verdad. La cifra es de las más bajas si se la compara con el promedio global, que alcanza el 13%. En tanto, los académicos figuran a la cabeza entre los referentes locales más confiables.
Oportunidad empresaria
En sintonía con la política local, el mundo corporativo tampoco ofrece mayores garantías para los argentinos. La encuesta de Edelman revela que la confianza en las empresas cayó del 57% al 52% en el último año.
Pero, si bien este declive se contrapone con la tendencia global (los mercados emergentes ostentan hoy un promedio de 70% y los desarrollados un 55%), el sector corporativo sale bien parado en la comparación con el político. En la Argentina, la brecha histórica entre negocios y gobierno alcanzó su punto máximo desde que hacemos el informe, señala Mc Crea Steele respecto a la diferencia de 33 puntos porcentuales entre ambos indicadores de confianza.
Una de las grandes conclusiones a nivel global es que por primera vez las empresas tienen las licencias para liderar. Es una oportunidad para los ejecutivos ante la crisis de liderazgo, agrega. En 16 de los 26 mercados, las empresas generan más confianza que el gobierno.
El relevamiento sector por sector en la Argentina muestra caídas en todos los rubros, según se desprende de la comparación interanual. Las luces rojas se posan, sobre todo, en los servicios financieros y los bancos, que tocaron su piso histórico en 2013, con un 33% y un 36% respectivamente. Aún en baja, los sectores de tecnología (81%), automotriz (72%) y alimentos y bebidas (70%) siguen siendo los más creíbles para los argentinos.
Algunas curiosidades: la confianza en la industria energética, en un año signado por la nacionalización de YPF, se desplomó. Pasó del 56% al 48%. En tanto, la percepción de los medios de comunicación, en plena guerra entre el Grupo Clarín y el kirchnerismo por la aplicación de la Ley de Medios, cayó del 49% al 47%. A nivel global, la recuperación de la reputación de los medios está vinculada a la diversificación de opciones y la amplia cobertura de escándalos.
Por estos pagos, los medios tradicionales siguen inspirando mayor confiabilidad, con un 64%. Eso sí, el creciente escepticismo y la dispersión de la audiencia requiere de una mayor repetición: el 64% señaló que necesita escuchar la información sobre una empresa de 3 a 5 veces para confiar en sus mensajes.
Liderazgo bajo la lupa
Las organizaciones del tercer sector siguen siendo las instituciones que generan más confianza a nivel global. El 88% de los mercados relevados por el Trustbarometer 2013 tienen un nivel de confianza en las ONGs superior al 50%. En la Argentina, si bien cayó con respecto a 2012, esa cifra se ubica en torno al 66%.La ONG hoy en la Argentina es el último de los mohicanos. Es la reserva moral que le queda a la sociedad en muchos casos. El último refugio, retrata el CEO de Edelman Argentina.
La crisis de confianza que atraviesan las instituciones impacta de lleno en sus líderes, quienes a su vez con con su accionar parecen retroalimentar el escepticismo de la sociedad.
Según el estudio, la mayoría de los 26 mercados relevados muestra a los funcionarios de gobierno y a los líderes empresarios por debajo del 50% en cuanto a credibilidad. En el caso puntual de la Argentina, la mirada sobre el CEO (52%) es mucho más benévola que la que recae sobre el funcionario (18%).
A la hora de reconstruir esa percepción, el estudio señala cómo evolucionaron los atributos que pueden llevar a una mejoría. Si en la encuesta de 2008 los conductores de confianza eran más bien operativos -como ser el desempeño financiero, por ejemlo-, en la actual edición son definitivamente sociales: se valora el compromiso, la integridad y el propósito en el accionar.
Respecto a la falta de liderazgo, McCrea Steele concluye: Tenemos que entender que la confianza es el capital más volátil que tienen las instituciones y sus líderes. z we

Fuente: El Cronista, 10 de mayo, 2013
 

Proponen en Holanda la figura de un Ombudsman Nacional de RSE

El partido Socialdemócrata holandés (PVDA) solicitó, en el marco de un debate parlamentario sobre RSE, la creación de la figura de un Ombudsman Nacional de Responsabilidad Social Empresaria, que tenga la posibilidad de iniciar investigaciones e imponer sanciones a través del control del comportamiento empresario. Aunque con un amplio rechazo de la derecha liberal holandesa, el oficialismo socialdemócrata prometió estudiarlo.

En el bloque del PVDA ven la necesidad de mejorar la vigilancia de la conducta de las empresas. Jan Vos, diputado del PvdA, afirmó durante el debate que después de la puesta en marcha de las directrices y acuerdos internacionales sobre RSE, ha llegado el tiempo de asegurarse que las empresas respeten las reglas. Para Vos, un ombudsman de la responsabilidad de las empresas debería tener la posibilidad de iniciar investigaciones e imponer sanciones e, incluso, multas.

Muchos partidos de oposición reaccionaron a favor de esta propuesta (ChristenUnie, SP, GroenLinks y D66). Sin embargo, los demócratas cristianos y su socio de la coalición del VVD (liberales) no estuvieron a favor.

Por su parte, la Ministro de Comercio Exterior y Desarrollo, Lilianne Ploumen, socialdemócrata ella misma, prometió que estudiará las posibilidades legales de la inciativa.Se investigará sobre cómo un defensor del pueblo podría desempeñar un papel significativo sin aumentar los costos administrativos.

En una entrada de su blog partidario, el diputado Jan Vos añade que su idea es hacer que las empresas que reciben subvenciones públicas tengan la obligación de comunicar de qué manera cumplen con la protección de los derechos humanos y el medio ambiente y habla de la necesidad de que exista una autoridad pública que las controle.

El colectivo global de ONG llamado “La Plataforma de la RSE” (MVO, en holandés) recibió favorablemente la propuesta de los socialdemócratas “porque las políticas públicas en materia de responsabilidad corporativa deben ser más obligatorias y estar controladas externamente”.
Fuente: ComunicaRSE

 

Responsabilidad del Producto: ¿Regulación o libertad de selección? Antonio Vives, 24 de febrero de 2013

En la ciudad de Nueva York, su multimillonario alcalde Michael Bloomberg decidió poner su capital político y su fortuna personal para reducir la obesidad. Como antes había atacado a la industria del tabaco, ahora lo hace con las bebidas azucaradas. Su campaña para regular el máximo tamaño de estas bebidas ha generado una gran controversia, no tanto sobre sus virtudes como sobre la irrupción del gobierno en lo que muchos creen que son decisiones personales. Parece basada en la premisa de que los consumidores no sabemos cuidarnos y que el gobierno debe protegernos de nosotros mismos [i].

Por cierto la magnitud del vaso de cerveza que se puede consumir en los estadios en Nueva York está exenta de las propuestas regulaciones (¿hipocresía o lobby más poderoso? ¿es la cerveza tan cara en los estadios que no hace falta regular el tamaño del vaso?).
Este tipo de consumo siempre ha sido un tema de gran controversia. ¿Debe el estado proteger de sí mismo a los adictos a las apuestas, tabaco, al alcohol, a las drogas? ¿Son capaces estos “consumidores” de decidir por sí mismos? Muchos alegan que en todo caso solo se hacen daño a sí mismos y que es su vida. ¿Pero es esto así? ¿Es su adicción o consumo un hecho que está completamente aislado del resto de las sociedad? ¿No afectan a otras personas?

Coca Cola y otras productoras de bebidas azucaradas hicieron un intenso lobby y gastaron millones en propaganda mostrando gente atlética consumiendo sus refrescos y aduciendo que el problema era la falta de ejercicio (que no es mentira). Vale la pena mencionar que las actividades de cabildeo para proteger sus productos y servicios y las acciones para influenciar las decisiones de los gobiernos suele ser un tema poco cubierto cuando se habla de la responsabilidad social de la empresa. (Es un tema muy importante que cubriremos en otro artículo).
Anticipándose a estas tendencias, hace unos años la Consejera Delegada de PepsiCo, (conocida por sus esfuerzos para mejorar la sostenibilidad de la empresa) cambió su estrategia hacia la producción de bebidas y snacks más saludables. Pero ello no fue bien recibido por algunos activistas. No activistas de los que nos gustan, sino de los otros, de los que no se habla mucho en la RSE, de los que quieren más dinero y les importa poco la sostenibilidad, de los que quieren rendimientos en el corto plazo y luego vender las acciones. Estos activistas lograron un cambio de estrategia de PepsiCo. (Ver mi artículo El mercado de la responsabilidad también funciona con PepsiCo, pero.……)

Algunas cadenas de comida rápida como McDonald’s, Piza Hut y Burger King se han plegado a esta tendencia y ofrecen comida más saludable, como bocadillos mas saludables, ensaladas y frutas e informan del contenido calórico.
Sobre las bebidas azucaradas en Nueva York el Financial Times publicó un artículo el 26 de enero del 2013 sobre la reacción de Coca Cola y otros (Coke: Out for the calorie count). Y luego hubo una carta a los editores de un representante de lo que podríamos llamar la visión liberal (en el sentido europeo, libertarians en el mundo anglosajón), que rechazan toda interferencia del gobierno en la vida privada (Fred Smith del Competitive Enterprise Institute). El título de la carta es muy sugestivo: Las empresas nunca deben disculparse por producir productos que la gente disfruta. Dice que “no hay alimentos irresponsables, solo decisiones irresponsables”.

El título de la carta trae a la mesa una discusión muy necesaria: ¿Deben las empresas producir productos y servicios que la gente disfruta o productos y servicios que la sociedad necesita para el desarrollo integral de la persona? En muchos productos no hay discusión, son los mismos, en otros hay diferencias que dependen de los valores de la sociedad y condiciones personales. Para algunos el caso del tabaco, armamentos y las apuestas es obvio, la sociedad puede vivir sin ellos (¿O nó?). Otros casos generan más diferencias de opinión, como lo es el alcohol, y para muchos la discusión está en el contenido alcohólico.

En el caso de armas de uso personal el caso de EEUU es muy ilustrativo. En estos momentos en ese país la discusión no es sobre si debe regular la venta de armas (que parece imposible de logar) sino sobre si se puede poseer ametralladoras y cuantas balas pueden contener los cartuchos. Parece que hay acuerdo que el problema empieza cuando pueden albergar más de 15 balas, menos de 15 está bien y parece que será el compromiso entre demócratas y republicanos (pero solo para las nuevas que se compren). Para los habitantes del resto del planeta esa discusión tiene que parecer surrealista, kafkiana. ¿Disfruta la gente con la posesión y uso de armas de fuego? En EEUU hay muchos que sí. ¿Las necesita la sociedad? Posiblemente solo aquellos encargados de la seguridad ciudadana.

Los libertatians aducirían que el criterio de productos y servicios que “la sociedad necesita” no es relevante. ¿Quién es la sociedad? ¿Quién decide lo que ella necesita? ¿Quién es el gobierno para privar a las personas de decidir de qué mal quieren morir? Claro está que el extremo tal y como lo presento de lo que “la sociedad necesita” puede parecer poco práctico, pero sirve como guía para el análisis y la decisión. La sociedad puede delegar esas decisiones a los gobiernos a través de procesos democráticos y puede tomar acciones por si misma expresando sus preferencias en los mercados de bienes y servicios. Puede haber posiciones intermedias en las que las decisiones quedan a nivel individual pero donde los gobiernos se asegurar que los grupos vulnerables o ignorantes o incapaces de decidir por sí mismos tienen acceso a las informaciones necesarias para tomar las decisiones y/o tienen acceso a servicios de asistencia pre o post consumo.

En nuestra reseña sobre el libro What Money can´t Buy: The Moral Limits of Markets (Lo que el dinero no puede comprar: Límites morales de los mercados), comentábamos sobre un mercado permitido que ofrece un servicio que muchos podrían calificar de irresponsable. Es el pago a mujeres adictas a drogas o con SIDA para que se esterilicen. El argumento economicista parece claro: habrán menos niños enfermos, con problemas o abandonados. Pero también lo es el argumento moral: intervención de terceros en el cuerpo de una persona en condiciones de desesperación. ¿Son servicios que la sociedad necesita? ¿Están las mujeres en condiciones de decidir? ¿Y si cambian de opinión más tarde?

Estas controversias representan de una forma muy típica el potencial conflicto entre la restricción y la libertad individual para determinar la responsabilidad de los productos y servicios. ¿Cómo lo resolvemos? ¿Debe el gobierno prohibir el consumo? ¿Debe regularlo? ¿Debe quedar al criterio de cada individuo?

Todo esto parece ser cuestión de opinión. Danos la tuya respondiendo a la encuesta: donde te hacemos estas preguntas sobre algunos de los productos y servicios mencionados arriba (menos de 5 minutos responderla)

 

https://www.surveymonkey.com/s/VMWR3TR

[i] Para lo que no están familiarizados con el consumo de refrescos en EEUU, hay que notar que los tamaños que se sirven en los restaurantes de comida rápida llegan a casi un litro, en muchos casos “all you can drink”. Las minilatitas y minibotellitas que se ven en España no existen en EEUU.

      La responsabilidad del producto es un tema crítico y controversial en la RSE, pero poco discutido.

  • ¿Deben las empresas producir los productos y servicios que el público demanda o deben restringirse a aquellos que la sociedad necesita para su desarrollo? ¿Quién decide?

  • ¿Deben los gobiernos regular o prohibir el consumo de algunos productos o deben dejarse a la libre decisión de los consumidores?

  • ¿Son capaces los consumidores de decidir por su cuenta?
    Fuente: Computere.blogspot.com.ar

 

En este caso hemos relacionado tres artículos del mismo autor Josep M. Lozano*
quien describe profunda y claramente las dificultades de la RSE para encontrar
su espacio en el contexto actual.        Fuente:
www.josepmlozano.cat

* Es Profesor del Departamento de Ciencias Sociales de ESADE, e investigador senior en RSE del Instituto de Innovación Social. También es miembro del equipo académico de la Cátedra de LiderazgoS y Gobernanza Democrática.
Su blog "Persona, empresa y sociedad" tiene los materiales publicados.

 

Agradecemos particularmente la atenta repuesta que nos ha dispensado. MC.

 Siempre olvidamos el contexto   centraliza que la RSE

 

es tomar decisiones adecuadas atendiendo a "personas, tiempos y lugares".
¿lo están haciendo bien, mal?
no se contesta a puerta cerrada ...  se juega y
debe jugar (también) en el debate público.

 Pues mira, en defensa de la RSE  destaca y aborda:
 
  • Una cosa es el sano y necesario distanciamiento crítico ... y otra cosa es justificar la pereza mental de quienes se agarran a lo que sea con tal de no moverse de sitio, vender su producto ...
     

  • Si se trata de incrustar nuevas prácticas, actividades e iniciativas empresariales en los enfoques convencionales hasta el momento, sin modificarlos. O de procesos de transformación empresariales correlativos a las transformaciones que están sufriendo nuestras sociedades.

 Fulgor y Muerte de la RSE?   señala con precisión:

 
  • Los grandes temas la crisis económica y social no han formado parte de la agenda de la RSE.

  • Es enorme el vacío en la agenda política, aunque esté en la agenda de algunos políticos.

Siempre olvidamos el contexto 17/01/2013

Me piden en una publicación que escriba sobre "la RSE en el contexto de la crisis actual", y esta es mi respuesta. Es una pregunta muy bien planteada, y que aunque a alguien le pueda parecer una obviedad no lo es en absoluto. Porque la RSE sólo tiene sentido en un contexto. No existe la RSE como idea platónica que busca cómo encarnarse. Con perdón por la referencia: S. Ignacio decía que las decisiones adecuadas se tomaban cuando se tenían en cuenta "personas, tiempos y lugares". Pues de eso habla la RSE: de qué hacen las empresas teniendo en cuenta "personas, tiempos y lugares", y no de definiciones. Y por tanto, el tema de la RSE no es la RSE, sino tomar decisiones adecuadas atendiendo a "personas, tiempos y lugares".

El problema es que en la cultura empresarial española se ha asociado RSE a hacer "buenas obras" (sic). Se ha confundido -a veces deliberadamente- con la acción social. Con hacer un gasto loable, pero prescindible y, en cualquier caso, periférico al núcleo de la actividad empresarial. Y la RSE no pregunta por cómo una empresa gasta el dinero, sino por cómo lo gana. Se puede ser una empresa 100% socialmente responsable sin dar ni un euro a nadie (aunque, como es obvio, no tengo nada que decir si esto se hace, al contrario). Es decir, hablar de RSE es hablar de modelo de negocio y de modelo de gestión. Es hablar de buena gestión. Y, por tanto, de qué entendemos por "buena" gestión.

Cuando se dice eso siempre hay quien reacciona diciendo que nada nuevo bajo el sol, que, si es eso, es lo que han hecho siempre las empresas. Sin embargo, es muy curioso que casi nadie se haya dado cuenta, y hayamos tenido que pasar a hablar tanto de RSE. Se habrá hablado mejor o peor, pero algún motivo habrá que explique el éxito de la palabreja. Y una de las claves de su éxito radica, justamente, en lo que decíamos al principio: en poner el foco en tomar decisiones adecuadas. La RSE -como la ética- habla de la toma de decisiones y parte de ella. (Por cierto: algún día tendremos que reflexionar todos sobre por qué, en los últimos años, cuanto más se ha hablado de RSE, menos se ha hablado de ética empresarial; curiosidades de los juegos de suma cero ...). Pero volvamos a la toma de decisiones (adecuadas, recordemos). De la misma manera que no hay empresa que subsista sin tomar decisiones, no hay decisiones sin consecuencias. Y este es el meollo de la RSE, la pregunta por las consecuencias de las decisiones. Con un añadido: esta pregunta también hay que hacerla a los afectados por estas decisiones, no la puede contestar la empresa ella solita. La RSE ha consistido en la toma de conciencia de la red de relaciones en la que está inscrita la empresa, y en la pregunta por los valores, los criterios y las prácticas que las rigen. Por eso las empresas se han visto interpeladas sobre los impactos de todo tipo que producen: ambientales, sociales, familiares... y económicos. Porque, hay que decirlo, una de las confusiones que ha provocado el uso a diestro y siniestro de la S de "social" ha sido la estupidez de creer que la RSE, al ser "social", no se preocupaba de la dimensión económica de la empresa cuando, justamente, la responsabilidad de la empresa hacia la sociedad viene dada por su actividad en tanto que institución económica. No hay decisiones económicas sin impacto social, del mismo modo que no hay decisiones sociales sin costes económicos.

¿Consecuencias? Que no se puede hablar de RSE en general, sino en función del contexto, del tipo y tamaño de las empresas, y del sector de cada empresa en concreto. La RSE no puede ser la misma para una petrolera que para un banco; para una empresa del Ibex que para una pyme, y en un país o en otro. Y, por ejemplo, esto significa que hoy la prioridad de la agenda de la RSE en España no puede ser la acción social, sino los seis millones de parados. O los desahucios. O la corrupción. O el fraude fiscal. O las preferentes. O la buena gobernanza corporativa. O la transparencia. ¿Que no le quieren llamar RSE, a todo esto? Pues llámenle como quieran, pero pongan manos a la obra. Lo que es seguro es que la RSE pregunta por ello, y si estas cuestiones no estuvieran sobre la mesa quizá no hablaríamos tanto de RSE. En cualquier caso, si estas cuestiones no se afrontan, no estamos hablando de RSE.

Ahora bien, hay que añadir otro punto, que también es una confusión muy nuestra. Responsabilidad social... pero no sólo de las empresas. La RSE es hoy en día imprescindible, pero lo es también porque hay que entenderla como la contribución, desde el mundo de la empresa, a la construcción de una sociedad responsable. Y una sociedad responsable necesita empresas responsables, evidentemente, pero también partidos responsables, sindicatos responsables, administraciones responsables, ONG responsables, escuelas de negocios responsables... En lo de la responsabilidad, si no jugamos todos, hablar de RSE se convierte en el viejo y conocido cinismo de la paja y la viga según en qué ojo nos fijamos. Porque lo que siempre le ha hecho falta a la RSE es un prefijo: co. Co-responsabilidad social. Hoy las responsabilidades son compartidas, aunque solo sea porque desde el ejercicio de las propias responsabilidades es como contribuimos a la construcción del espacio público compartido.

En resumidas cuentas, la RSE nos hace retornar a A. Smith... que evidentemente nunca habló de RSE. Pero sí habló -y así dio nombre al título de su libro más conocido- del origen y la causa de la riqueza de las naciones. De las naciones, no de las empresas. La primera requiere la segunda, pero la segunda no garantiza la primera. La RSE es pensar a la empresa siempre en el contexto social donde opera, aunque sea por el simple hecho de que las personas -y las empresas- vivimos en sociedades, y no en mercados. Necesitamos buenas empresas para construir buenas sociedades. Pero para ello necesitamos también que querer construir una buena empresa no se disocie de contribuir a la construcción de una buena sociedad.

Se ha dicho ampliamente que no hay empresas exitosas en países fracasados, ni países exitosos con empresas fracasadas. Esto quiere decir, último término, no sólo que hablar de RSE es hablar de un proyecto de empresa. Quiere decir que también es hablar de un proyecto de país, del país que la empresa contribuye a construir, y de cómo se ven desde la empresa los retos que el país tiene por delante. RSE es responsabilidad no sólo de cada empresa hacia aquellos con quienes se relaciona, a partir de las consecuencias y los impactos de sus actuaciones. RSE es también responsabilidad del mundo empresarial hacia el país en el que opera. Porque un país es algo más que una plataforma donde poder alcanzar objetivos empresariales, al igual que una empresa es algo más que una cuenta de resultados.
Es decir, que podríamos sustituir perfectamente la pregunta por la RSE por la pregunta sobre si las empresas, en nuestro contexto, están tomando decisiones adecuadas teniendo en cuenta "personas, tiempos y lugares".
Con un añadido, propio también de la RSE: esta no es una pregunta que se contesta a puerta cerrada en el comité ejecutivo. Esta es una pregunta que se juega y debe jugar (también) en el debate público.


Pues mira, en defensa de la RSE, Josep M. Lozano 22/01/2013 

Es feo autocitarse, pero por una vez voy a hacerlo. En el año 2006 escribí un estudio en Papeles de Economía Española (recogido después en mi libro sobre la empresa ciudadana) en el que ante la sopa de letras que había en aquel momento alrededor de la RSE pronosticaba dos cosas: que los finalistas de la competición serían la RSE y la sostenibilidad; y que ninguna de las dos denominaciones sería la vencedora, sino que probablemente, si la cosa avanzaba con buen sentido, al final emergería otra denominación. Y, añadía, ambas son conceptualmente complementarias y ninguna de las dos cubre todo lo que cubre la otra. O sea, que yo nunca he estado casado con la RSE (y si lo hubiera estado, con lo que duran hoy los matrimonios…). Más aún, siempre he defendido que hay diferenciar el debate conceptual de lo conveniente para cada cultura organizativa. En las empresas concretas, mientras estuviera claro a qué prácticas se refiere cada empresa, siempre he dicho que la denominación correcta era aquella que mejor encajaba en la cultura y la historia de la empresa. El debate conceptual, en cambio, debe moverse en su propio registro.

Viene esta larga introducción al caso porque en los últimos tiempos se ha puesto de moda un pim-pam-pum sobre la RSE, con diversas razones y justificaciones (y también intenciones, aunque en estas no entro aunque algunas me las imagino). Visto lo cual, creo que todavía tiene sentido defender a la RSE. Entre otras razones, y no es la menor, porque cuando asisto a este pim-pam-pum siempre recuerdo a Machado: "Los que están siempre de vuelta de todo son los que no han ido nunca a ninguna parte". Es decir: mucho me temo que el funeral por la RSE, en este momento, contribuya a aligerar muchas estrategias y les permita estar de vuelta a muchos que no han ido nunca. Una cosa es el sano y necesario distanciamiento crítico (que incluye un imprescindible componente humorístico, como siempre resalta y practica Antonio Vives) y otra cosa es justificar la pereza mental de quienes se agarran a lo que sea con tal de no moverse de sitio, vender su producto o promocionar su chiringuito.

Al final, si desnudamos el debate de nombres de sus letras, la cuestión –tal y como yo la leo- se reduce a algo bastante simple: la contraposición entre un enfoque que se centra en lo periférico del negocio y un enfoque que se centra en lo nuclear del negocio y la gestión (o en el "core", cuando quien sea se pone estupendo). No puedo estar más de acuerdo. En lo que soy bastante (vaya, mucho) más escéptico es en lo que me parece una beatífica confianza en el poder taumatúrgico de las palabras. No acostumbro a ver más y mejores prácticas core como resultado de repetir una y otra vez la apelación a la palabra core. Los que defienden este enfoque (que, como enfoque, defiendo también desde hace bastantes años) me gustaría que me mostraran como el cambio en el lenguaje ha dado lugar a cambios sustantivos en las prácticas empresariales.

Pongo un ejemplo, bastante conocido (entre otras razones porque la Comisión Europea, de manera bastante incomprensible para mí, lo ha "comprado"): el famoso shared value. No es que me parezcan mal muchas de las cosas que dice Porter. Dejando aparte que me despierta bastantes interrogantes su rápido cambio de chaqueta en muy poco tiempo en relación a estos temas (cambio del que he podido ser testigo directo de algunos momentos estelares), lo que me llama bastante la atención es que a mí me parece que, si se toma en serio a sí mismo, Porter debería revisar y replantear de arriba abajo aspectos absolutamente nucleares de toda su producción anterior, que le ha dado merecidos fama y honores. Cosa que, por supuesto, no ha hecho. Y así podríamos seguir con otras propuestas en boga de cambios de denominación.

¿Por qué me sigue pareciendo que no hay que precipitarse en liquidar la denominación RSE? Pues mira, porque me parece que hay gato encerrado en querer cubrir con un tupido velo a la R de la palabra responsabilidad. Creo que poner como punto de partida la pregunta de quién es responsable de qué, ante quién y por qué hoy por hoy sigue siendo necesario (por cierto: la RSE tiene que ver necesariamente con el dichoso core… porque si no ya no es responsabilidad). Y a lo mejor hay gente encantada con se difunda la idea de que preguntar por la responsabilidad es algo periférico y no nuclear a la empresa. Es decir: ¿quién sale ganando con el mensaje de que la responsabilidad no es core?. Y si además con esto se soslaya el reconocimiento de que son diversos actores los que pueden tener algo que decir sobre la cuestión, mejor que mejor, ¿no? Y me gusta la S de social porque me parece sano recordar que es la sociedad la que pregunta y se pregunta por la responsabilidad de la empresa. Porque me parece conveniente y adecuado afirmar que el reconocimiento de que la empresa es una institución, necesaria, imprescindible, fundamental, irrenunciable y todos los adjetivos que quieran añadir en esta dirección, pero que esto no comporta que la empresa sea un fin en sí mismo ni tenga la última palabra sobre nada. El marco de referencia de la empresa no es ella misma, ni se justifica por sí misma, sino que remite al tipo de sociedad que contribuye a construir. Y mira por dónde algunos cambios de denominación me da la impresión de que facilitan bastante que la empresa pueda seguir remitiéndose únicamente a si misma. Finalmente, claro, la E de empresa, porque de esto estamos hablando y no de otra cosa. Por eso, justamente, tiene que tratarse de algo core y no periférico –acento que insisto que comparto desde siempre, incluso cuando no se hablaba de core- porque en caso contrario no estamos hablando propiamente de empresa.

Dicho de otro modo, en este debate siempre es bueno preguntarse si de lo que se trata es de incrustar nuevas prácticas, actividades e iniciativas empresariales en los enfoques convencionales que han dominado la cultura empresarial hasta el momento, sin modificarlos. O si estamos hablando de procesos de transformación empresariales correlativos a las transformaciones que están sufriendo nuestras sociedades. Otto Scharmer ha planteado en los últimos tiempos la necesidad de lo que él denomina el cambio "from ego-system to eco-system economies". Ya sé que esto puede ser solo otro juego de palabras. Pero ya que estamos jugando con las palabras, me pregunto si algunos de los cambios de denominación propuestos no son más que hábiles e inteligentes maneras de no movernos del ego-system.

Fulgor y Muerte de la RSE? Josep M. Lozano 12/12/2012

En el club de la RSE a veces nos pasamos un poco de frenada. En un sentido u otro. Hubo una época –a la vez ilusionante e ilusoria- en la que parecía que la RSE avanzaba al ritmo de la marcha triunfal. Y ahora estamos en un momento depresivo, en el que miramos al doctor preguntando si el paciente saldrá de ésta. Me gustaría contribuir a la confusión reinante con algunas consideraciones que permitan aumentarla.

Creo que no hemos digerido bien una mezcla letal entre un espejismo y la rutinización. El espejismo fue causado por el arranque espectacular de la ola de la RSE. Como partíamos de un nivel supuestamente bajo, la euforia de ver cómo se iban sumando iniciativas a la RSE quizás hizo creer que este era un proceso de crecimiento imparable. Y, claro, cuando se vio que tenía sus límites y que no necesariamente continuaban los incrementos, el tono vital bajó. A lo que cabe añadir, por otra parte, que quienes se sumaron a la RSE, tras la primera fase de adentrarse en territorio desconocido con mucho esfuerzo y sorteando muchos obstáculos (internos y externos) pero también con gran entusiasmo y creatividad se encuentran en una fase de cierta normalización o, dicho en la jerga sociológica, de rutinización, y esto ya es menos novedoso y genera menos noticias.

Y, hablando de noticias, la RSE no estaba equipada para enfrentarse a una situación de crisis como la que estamos viviendo (algún día habrá que pensar un poco sobre el por qué de esta falta de equipamiento, dicho sea de paso). Pero cuidado. Lo tópico sería decir que esto ha permitido resolver por un camino imprevisto la confusión entre RSE y acción social: la crisis, por razones obvias, recorta o elimina la acción social, pero no modifica las políticas de RSE integradas en el negocio, a lo sumo las ajusta, como hay que ajustarlo todo. Y aunque esto puede ser cierto en muchos casos, en esta lectura hay un déficit que ha emergido con claridad. Incluso cuando estaba integrada en el negocio, la RSE se situaba en la banda de las buenas noticias: era una relación de cambios, mejoras e innovaciones que se llevaban a cabo en nombre de esa RSE cada vez más integrada. Pero cuando en las empresas abundan las malas noticias y los problemas a resolver, ahí la RSE pinta o poco o nada. Y no es que, como a veces se dice, que entonces se olvide a la RSE. Es, simplemente, que el discurso y la práctica de la RSE ni están preparados ni se han planteado este tipo de cuestiones.

Si es verdad, como repetimos, que la RSE es gestión, y buena gestión convendría abrir el debate sobre la buena gestión en un contexto de crisis económica y social. Sorprendentemente, los abanderados de la RSE, en su mayoría, no han abordado la crisis en clave de RSE. Retos como los casi seis millones de parados o la transparencia sobre dónde, cómo, cuando (y cuanto) pagan sus impuestos las empresas no han entrado en la agenda de la RSE. No sugiero el angelismo de que la RSE permitiría abordar mejor la crisis. Simplemente, constato que, por lo general, los grandes temas la crisis económica y social no han formado parte de la agenda de la RSE. Por algo será. Pero, en cualquier caso, una RSE que no es capaz de tomar como primer tema de su agenda el paro es muy poco R, muy poco S y muy poco E.

Desde mi punto de vista, lo anterior se complementa con el hecho de que algunas empresas que se habían incorporado activamente al movimiento de la RSE, además de continuar ofreciendo buenas noticias han sido protagonistas de noticias no tan buenas que no solo han puesto sordina a todas las anteriores, sino que han puesto de relieve que la RSE ha pintado poco o nada cuando se ha tratado de afrontar estas malas noticias: las hipotecas y los desahucios, los diversos Ere, las preferentes, las prejubilaciones, los aumentos de tarifas… temas todos ellos de gestión –que requieren, por tanto, buena gestión- con gran impacto social ajenos a toda consideración –la que sea, pero alguna- en clave de RSE. Parecería que una cosa sea integrar la RSE en el negocio, y otra que hay situaciones que afectan al "verdadero" núcleo del negocio y de sus problemas donde las cosas van en verdad en serio, a las que ya no llega la RSE.

Finalmente, el atronador vacío de la RSE en el ámbito político. No nos engañemos: sin políticas públicas de RSE no es posible ni pensable su impulso. Y en este punto los partidos políticos ni están ni se les espera. Acarrean corregidas y aumentadas la contradicciones teóricas y prácticas de las empresas hacia la RSE, con el agravante de que, a diferencia de algunas de ellas, no han dado ni el primer paso. LA RSE solo está en la agenda de algunos –pocos, poquísimos- políticos, pero no en la agenda política, y así es perfectamente descriptible lo que se puede avanzar.

Ni fulgor ni muerte de la RSE. Más bien dificultades para encontrar su espacio en el contexto actual. Pero lo que no la ayudará es seguir insistiendo en lo mismo que ya decía y hacía cuando el contexto económico y social era muy diferente al actual.
(Por cierto: debería haber hablado de más actores y situaciones, pero por hoy me parece que basta con éstos).
Fuente - web y Persona, Empresa y Sociedad: El blog de Joseph M. Lozano
 

 

Informes de sostenibilidad: ¿Sirven para algo? Antonio Vives

Criticamos mucho a los informes de sostenibilidad por ser instrumentos de gestión de imagen de la empresa, porque no contienen la información que le interesa a los stakeholders, por contener medias verdades y a veces claras mentiras. Y creo que la gran mayoría de las veces tenemos razón. No obstante, los informes de sostenibilidad juegan un papel fundamental dentro de la empresa que hay que destacar.
Un artículo del 30 de noviembre de 2012 de Antonio Argandoña "No me gustan los informes de Responsabilidad Social" no deja lugar a dudas con su título. Así de claro. A diferencia de la gran mayoría de los economistas que titulan sus artículos con una pregunta (yo no soy economista, pero lo hago), Argandoña hace una clara aseveración. En el artículo escribe:

"No me gustan los informes de Responsabilidad Social, o de Sostenibilidad. Ni siquiera los informes integrados, económicos, sociales y medioambientales. Me parecen un ejercicio de relaciones públicas, dirigido a mostrar que la empresa que los emite se presenta a sí misma como muy responsable. Pero no responden a las inquietudes y necesidades de los stakeholders."
Y comenta mayormente sobre el hecho de que las empresas (pone como ejemplo a los bancos) cuando reportan sobre RSE no reportan lo que verdaderamente le interesa a los stakeholders, informan sobre actividades que creen los harán verse bien. No reportan sobre su responsabilidad en la crisis financiera, ni sobre sus estrategias presentes y futuras, sobre la morosidad de los clientes y los desahucios. Reconoce "que no es fácil contestar a esas cuestiones (sobre todo si en el pasado no se dieron las respuestas adecuadas, y si según qué contestaciones pueden dar lugar a responsabilidades  legales)." Y concluye que deben "informar con claridad y transparencia a sus stakeholders, respondiendo a sus preguntas, no a los cientos de asuntos que exige la Global Reporting Initiative (GRI). Claro que hay que hacer el informe para el GRI, y que sea completo y bonito. Pero la Responsabilidad Social es otra "cosa."

En un artículo del 30 de septiembre de 2012 (Ensuciado de cara: Destrucción de la reputación de la responsabilidad empresarial) yo había comentado la reticencia de las empresas en reportar lo relevante, que puede no ser tan favorable, escudándose detrás de reportes de actividades secundarias, y a veces triviales, pero que puedan ser percibidas como acciones de un buen ciudadano y así extenderse a la imagen de todas las actividades de la empresa (¿Se puede manipular la reputación?: El efecto aureola).
Elaine Cohen, la gurú mundial sobre informes de sostenibilidad, también escribió varios artículos en que disecciona los principales problemas de estos informes. El mas reciente, del 17 de noviembre de 2012, False claims in sustaianbility reports analiza las deficiencias y mentiras comunes de los reportes.
Muchas veces los stakeholders nos quejamos pero también hay que destacar que no ejercemos nuestra responsabilidad de hacerle saber nuestra opinión a la empresa a través de nuestras acciones en el mercado o donde sea pertinente. ¿Quién lee los informes de sostenibilidad? A veces creo que ni siquiera los que los han preparado los han leído en su totalidad.
De acuerdo, los informes de sostenibilidad tienen serios problemas. ¿Sirven para algo? Creo que es oportuno hacer algunas acotaciones no sea que por puntualizar los defectos y problemas de los informes de sostenibilidad los desechemos por inútiles: No debemos tirar el bebé con el agua sucia de su baño.
No me voy a referir a como se pueden mejorar o como pueden atender las verdaderas necesidades de la sociedad. Esto está ampliamente documentado, aunque disperso y debería ser objeto de un libro. Sólo me voy a referir al valor del informe de sostenibilidad para la empresa, desde el punto de vista interno, de los que tienen responsabilidad por la responsabilidad de la empresa.
Tuve la oportunidad de liderar la producción de varios informes (incluyendo los tres primeros de mi anterior empleador) y ahora soy asesor sobre el reporte de sostenibilidad en varias empresas y he podido constatar que, a pesar de los grandes problemas y frustraciones en logar la producción de un informe efectivo para los stakeholders, el proceso de producción es sumamente útil para la empresa.

La preparación del informe exige y permite:
·Desarrollar la estrategia de sostenibilidad de la empresa;
·Determinar lo que es mas importante y armonizar criterios;
·Definir las acciones que se deciden tomar o no tomar;
·Respaldar los esfuerzos de los comprometidos dentro de la empresa con la sostenibilidad;
·Obtener apoyos y canalizar recursos hacia la sostenibilidad;
·Concientizar a los no comprometidos en el tema y vencer resistencias;
·Descubrir que la empresa tiene prácticas responsables y no lo sabía;
·Agrupar acciones dispersas, incompatibles, incoherentes, en acciones mas efectivas;
·Consolidar en un lugar lo que la empresa hace;
·Enterarse de quienes son sus stakeholdersy a veces, solo a veces (¡que pena!), consultarlos;
·Desarrollar sistemas de información y control internos a efectos de recopilar informaciones para poder prepararlo;
·Informar a la empresa de lo que hace la empresa;
·Detectar fallas en la gestión y comunicación de la sostenibilidad y si quieren, tomar medidas;
·Respaldar la estrategia de comunicación;
·Usarlo para "gestionar" la opinión (¡no todo es bueno! y muchas otras cosas.

Que no es poco. Sin el esfuerzo de preparar un informe de sostenibilidad la empresa no sabe lo que hace en el tema, puede ir a la deriva, sin rumbo, con el oportunismo de que la acusamos. El informe es condición necesaria, aunque no suficiente para la sostenibilidad.
Y todo esto a pesar de la otra cara de la moneda:
·Que el informe es normalmente escrito por consultores que se preocupan mucho de la imagen que se proyecta, de las buenas fotos, de los testimonios altamente positivos de empleados, clientes, proveedores, etc. (aunque algunos se preocupan de la veracidad);
·Que el comité editorial se asegura que las cosas buenas sean magnificadas y que las malas sean minimizadas u omitidas;
·Que el grupo redactor trata de evitar a toda costa que se adquieran compromisos que no sean fáciles de cumplir o ya cumplidos; y muchas otras cosas.

Pero poco a poco el proceso de aseguramiento externo va permeando en las empresas responsables, lo que le añade confiabilidad al reporte.
En el año 2010 escribimos, medio en broma medio en serio, una dramatización de este proceso interno en una "telenovela" de cinco capítulos (Diálogos en responsabilidad, Capítulos VI.1 al VI.5 en el libro Una mirada crítica a la responsabilidad social de la empresa en Iberoamérica.)

¿Se imaginan una empresa sin sistema de contabilidad y su respectivo reporte? ¿Se imaginan una empresa sin sistema de sostenibilidad y su respectivo reporte? No puede haber gestión. Si lo publican o no, en qué forma, donde se disemina, es otra cosa, pero el informe por malo que sea es parte del sistema integral del sistema de gestión.
No hay duda de que se podrían combinar estos positivos efectos internos con una mayor efectividad externa, que redundarían en una valiosa contribución de la empresa a la sociedad y posiblemente la empresa se vería recompensada. Y no debemos abandonar los esfuerzos para expresarles a las empresas nuestras inconformidades con sus prácticas responsables. Pero lamentablemente solo podemos hacerlo si nos enteramos y para ello necesitamos reportes efectivos, en el formato que sea.
Quizás deberíamos dejar de darles el beneficio de la duda. Si no lo sabemos es que debe ser malo. No como ahora que operamos con "ojos que no ven, corazón que no "siente"
.
Fuente: Antonio Vives, Cumpetere envío por mail, 9 de Diciembre de 2012

 

Responsabilidad Social ¿de qué somos responsables? Comentarios a Argandoña Antonio Vives

El 21 de agosto Antonio Argandoña publicó un artículo en blog titulado Responsabilidad social: ¿de qué somos responsables?. Con su extraordinaria capacidad de síntesis destila lo que es una extensa y complicada presentación en un artículo académico (A structured taxonomy of responsibility concepts por Nicole A. Vincent [i]) sobre las diferentes acepciones de responsabilidad de las personas naturales y los sintetiza, aplica y define, muy inteligentemente, para una persona jurídica, o sea a las empresas. Esta taxonomía permite enfocar el análisis de las responsabilidades de la empresa.

En este artículo quisiera comentar una de las omisiones y expandir la discusión de uno de las acepciones. Copio sus formulaciones de cuatro de las definiciones para poder ilustrar mis comentarios:

• La responsabilidad del papel de la empresa (role responsibility): la empresa es responsable por su papel en la sociedad, especialmente por las demandas que la sociedad le formula. Claro.
• La responsabilidad por los resultados o consecuencias (outcome responsibility): la empresa es responsable de las consecuencias de sus acciones y decisiones (y omisiones). Claro.
• La responsabilidad que la empresa debe asumir por sus acciones pasadas (liability responsibility). Suele ser establecida por la ley. El refrán español dice: “a lo hecho, pecho” Si contaminaste, paga. Claro.
• La responsabilidad por la capacidad (capacity responsibility). Responde al criterio de que el que tiene poder, tiene responsabilidad.

Argandoña omite dos de las seis acepciones del artículo original y supongo que lo hace porque no los considera aplicables a las personas jurídicas o porque son superfluos. El primero de los omitidos es la responsabilidad de la virtud (virtue responsibility), derivada de la virtuosidad de la persona, del hecho de ser una persona.

El segundo omitido es la responsabilidad por la causa de un evento (causal responsiblity), que el caso de las personas naturales se refiere a la responsabilidad por la causa que causó los resultados (por ejemplo, responsable no solo por el choque sino por el hecho de estar borracho; la borrachera no lo exime de la responsabilidad). La segunda omisión (causal responsibility) es mas fácil de justificar ya que para las personas jurídicas la responsabilidad por resultados o consecuencias parece capturar lo de las causas y no hace falta repetir.

Pero yo quisiera sugerir recuperar la primera omisión y aplicarla el caso de la persona jurídica como la responsabilidad moral, la responsabilidad derivada de haber sido la empresa autorizada por la sociedad para constituirse como persona jurídica, que le da derechos y deberes similares a las personas naturales. Es cierto que como dijo un comentarista de mediados del siglo XIX “las empresas no tienen cuerpos que puedan ser castigados ni almas que puedan ser condenadas y por ello hacen lo que les da la gana”. Es también cierto que las personas naturales, como parte de las empresas, actúan a nombre colectivo y no a título individual. Pero estas ejecutarán lo que colectivamente se haya determinado, vía las decisiones, los procedimientos y políticas internas a la empresa, que si bien han sido elaboradas por individuos conforman el carácter de la persona jurídica y por ello creo que podemos hablar de “responsabilidad moral de la persona. Recientemente la Corte Suprema de Justicia de EEUU extendió el carácter de persona jurídica y emitió la opinión de que la empresa, como los individuos, tiene el derecho de opinión, de influenciar la política con los recursos de los dueños y accionistas, separados de estos [ii].

Adicionalmente quisiera hacer una acotación sobre la interpretación de Argandoña sobre la que él lista como la cuarta acepción, la responsabilidad por la capacidad, cuando dice “La cuarta acepción es, me parece, negativa: si no eres capaz de hacer algo, no tienes responsabilidad en ello. No basta que la empresa tenga poder y medios para que deba hacer algo: primero debe contemplar cuál es su papel, y luego, cuáles son las consecuencias de sus acciones”. Estoy totalmente de acuerdo con que para exigir responsabilidad por capacidad hay que saber cual es el papel que la empresa elige y el que la sociedad le asigna.

El gran poder viene con grandes responsabilidades, Voltaire (1694-1778)
Pero creo que hay que hacer algunas acotaciones a que “No basta que la empresa tenga poder y medios para que deba hacer algo”, en particular desde el punto de vista de países en desarrollo. Si creo que, en muchos casos, a medida que la empresa tenga capacidad tiene responsabilidad. Por ejemplo, creo que los medios de comunicación, que tienen la capacidad de influir en el comportamiento de la sociedad, tienen responsabilidad sobre ello. Y no refiero a que deben ser instrumentos de indoctrinación como puede ocurrir en regímenes totalitarios. La sociedad libre en la que operan tiene valores que pueden ser promovidos a través de medios de comunicación masiva como la prensa, radio y televisión. Pueden contribuir a la educación cívica y moral de la población a través del reporte responsable y de programación que promueva estos valores. De hecho, uno de los principales problemas de la sociedad de estos países es que los medios no utilizan su capacidad para mejorar la convivencia ciudadana. Es más, muchas veces explotan la ignorancia. Basta con ver las diferencias en el contenido de los medios para latinos y para norteamericanos en un mismo país, EEUU.

Algo parecido sucede con las empresas de la industria extractiva que tienen grandes capacidades y que tienen un gran impacto económico, social y ambiental en la región en que operan o aun a nivel del país. También sería de esperar que las empresas grandes adopten una responsabilidad en función de su capacidad, aun antes de que la sociedad se lo exija.

Estoy de acuerdo con Argandoña de que antes “la empresa debe contemplar su papel”. Entiendo con esto que quiere decir que la responsabilidad por capacidad no es innata. El problema es que muchas veces la empresa no contempla su papel (precisamente por su capacidad, que incluye la capacidad de evadir responsabilidades) y le corresponde a la sociedad hacérselo contemplar.
Fuente: Antonio Vives, Cumpetere envío por mail, 2 de Septiembre de 2012

 
El desafío de comprender el sentido profundo del concepto de RSE, Prof. Oscar Licandro*

El sentido último y esencial del concepto de la Responsabilidad Social Empresaria sigue sin ser comprendido, aún entre una parte importante de los dirigentes de empresas que asumieron su discurso. A pesar de la profusa literatura académica y de divulgación sobre la RSE, de los innumerables congresos, seminarios y conferencias que la incluyen en su agenda, de los documentos y compromisos internacionales como la ISO 26.000 o el Pacto Global de la ONU, la RSE sigue siendo un término que muchos emplean, pero que muy pocos comprenden en su sentido más profundo.

Algunos hechos me han llevado a concluir esta afirmación. A principios de 2010 apliqué en Uruguay una encuesta a directivos de empresas que participan activamente en ámbitos institucionales donde se promociona la RSE. El 63% de ellos calificó como alto o muy alto su conocimiento sobre el concepto de RSE. Pero al preguntarles acerca de su conocimiento sobre el contenido del documento del Pacto Global de la ONU y el de la norma ISO 26.000, el porcentaje cayó estrepitosamente al 22% y al 18% respectivamente. De igual forma, un porcentaje importante de entrevistados, cuyas empresas no tienen código de ética o no implementan algunas de las políticas básicas de RSE hacia los empleados o los proveedores, dijeron que sus empresas habían adoptado la RSE “en forma integral”.

Algunos fenómenos ilustran este desconocimiento (porque descarto la mala fe de sus autores). Uno de ellos es la difusión pública de supuestas prácticas de RSE, que a lo sumo constituyen acciones de marketing social ajenas a la operación y al negocio de las empresas. También es el caso de directivos que postulan sus empresas a concursos sobre mejores prácticas de RSE, presentando experiencias que apenas califican como filantropía. Y peor aún, son algunos supuestos sistemas de autoevaluación que se utilizan a modo de rankings. Porque, ¿quién tiene la unidad objetiva de medida para decidir si una empresa es más responsable que otra?

Esta confusión, en un contexto en el cual la RSE no ha logrado aún consolidarse como una nueva filosofía de negocios y en el que sus detractores están siempre al acecho de argumentos que la invaliden, entiendo necesario y oportuno contribuir a la mejor comprensión del concepto. Para ello seguiré un camino sencillo, pero a mi juicio muy eficaz. Lo que les propongo aquí es leer y analizar con cuidado el siguiente texto extraído de la norma ISO 26.000. Allí se dice que la RSE es

“la voluntad de las organizaciones de incorporar consideraciones sociales y ambientales en su toma de decisiones y de rendir cuentas por los impactos de sus decisiones y actividades en la sociedad y el medio ambiente. Esto implica un comportamiento transparente y ético que contribuya al desarrollo sostenible, cumpla con la legislación aplicable y sea coherente con la normativa internacional de comportamiento. También implica que la responsabilidad social esté integrada en toda la organización, se lleve a la práctica en sus relaciones y tenga en cuenta los intereses de las partes interesadas”.

La lectura de este texto inspira las siguientes reflexiones que comparto con ustedes.

1) Para hablar de “responsabilidad” se requiere la existencia de dos o más partes intervinientes. La empresa no opera en un vacío, sino que lo hace mediante la interacción con otros actores: sus accionistas, empleados, proveedores, distribuidores, clientes, vecinos, etc.. Y al hacerlo, genera responsabilidades hacia ellos. A estos actores la norma los llama “partes interesadas” o stakeholders. A mi juicio, el postulado de que la empresa responsable es aquella que procura construir relaciones justas, de respeto y del tipo ganar-ganar con cada uno de sus stakeholders, resulta ser la idea central del concepto de RSE. Todas las demás ideas derivan de ese postulado.

2) ¿De donde surgen esas responsabilidades? Ellas son consecuencia de los impactos que sobre esos stakeholders tienen las decisiones y acciones relacionadas con las actividades productivas y comerciales de las empresas. Así, por ejemplo, las decisiones de reducir la plantilla ante una crisis, la forma como se negocia con los proveedores y distribuidores, la información que se entrega a los clientes, la inversión en una máquina que genera residuos y utiliza energía, todas esas decisiones impactan sobre alguno de esos stakeholders.

No se trata solo de “minimizar” los impactos negativos sobre ellos, tal como lo postulan algunos enfoques reduccionistas y meramente instrumentales de la RSE. Ser responsable implica tomar en cuenta sus necesidades y derechos, buscar un equilibrio y construir relaciones ganar-ganar y de respeto con cada uno de ellos.

3) Cuando la norma alude a “consideraciones sociales y ambientales” , se está refiriendo al papel activo que puede jugar la empresa en favor de la mejora de la calidad de vida de los seres humanos, mediante una forma de hacer las cosas que contribuya al crecimiento económico sustentable, al desarrollo social y humano y a la preservación de los recursos medioambientales. Aquí la palabra “social” no se reduce a lo que comunmente llamamos “problemas sociales”. En sentido más amplio, “social” refiere al conjunto de actores sociales con los que la empresa interactúa: sus stakeholders. En consecuencia, la adopción de la RSE como filosofíia de negocios no obliga a las empresas a realizar acciones filantrópicas o de compromiso social que no se relacionan directamente con sus stakeholders y su negocio.

4) La RSE no es una actividad periférica al negocio. Por el contrario, refiere al corazón del propio negocio y a la forma como lo gestionamos. No se trata de acciones sociales o filantrópicas, sino de “hacer lo que se hace” responsablemente, con transparencia y basado en decisiones orientadas por criterios éticos. Está constituida por los criterios que se aplican para negociar con los proveedores, por el nivel de seguridad que se elige para los productos, por la elección de tecnologías que tienen mayor o menor impacto ambiental, por el tipo de relaciones laborales que se impulsan, etc. La RSE refiere a las decisiones y acciones de la vida cotidiana de las empresas.

5) De lo anterior se infiere que la RSE no es una función que se asigna a un área, tal como ocurre con algunos departamentos de RSE. Es una “forma de actuar” transversal a toda la organización. Y por lo tanto, su liderazgo es una de las principales responsabilidades de la alta dirección. En la etapa en que la RSE da sus primeros pasos, esos departamentos pueden ser una buena herramienta para ayudar a “derramar” la RSE en toda la empresa. Pero para que sirvan efectivamente, es necesario crearlos como staff de la alta dirección y no como una nueva área funcional. Es la forma de que el mensaje sea claro: la RSE es una cuestión que atañe a toda la empresa.

6) La adopción de la RSE como filosofía de negocios es algo voluntario. Nadie nos obliga a hacerlo. Por esa razón, los comportamientos a los que la empresa “está obligada” por razones legales o por su propia naturaleza, no pueden calificarse como socialmente responsables o irresponsables. Este es caso del cumplimiento de las leyes, al que alude la norma ISO 26.000 o el de generar rentabilidad para los accionistas..

Esto último constribuye a desmistificar la falsa oposición entre RSE y rentabilidad. Esta falsa oposición fue planteada por Milton Friedman en un célebre documento de hace unos 20 años. Frideman afirmó que las únicas responsabilidades sociales de la empresa son generar utilidades para los accionistas y cumplir con las leyes. ¿En qué consiste esa falsa oposición? En algo muy simple, pero difícil de detectar. Obtener rentabilidad es un mandato, una obligación de quienes gestionan la empresa. Por lo tanto, al igual que ocurre con el cumplimiento de la ley, la búsqueda de la rentabilidad no es un comportamiento susceptible de calificarse como responsable o irresponsable. Sin rentabilidad no hay empresa y sin empresa no hay responsabilidad.

Cabe también señalar que esta falsa oposición se ha visto alimentada por otro gran mito: el que establece que la RSE cuesta dinero y que por lo tanto es algo que solo pueden aplicar las grandes empresas. Este mito resulta de confundir RSE con filantropía y marketing social. ¿Alguien puede creer que hacer las cosas bien sea más caro que hacerlas mal?

La incorporación paulatina de la RSE a la práctica de las empresas es un largo camino, del que tan solo hemos recorrido una pequeñísima parte. Uno de los factores que limitan su avance es la inadecuada comprensión del concepto. De ahí la necesidad de promover la reflexión y el debate acerca de qué es y qué implica la RSE. Se trata de una tarea educativa que debemos priorizar y realizar con creatividad e inteligencia. El futuro de la RSE depende en buena medida de que seamos capaces de asumir este desafío.

* Es Licenciado en Sociología y Master of International Management. Docente e investigador en la Universidad Católica del Uruguay, donde coordina el Programa de Investigación sobre RSE.   Ha sido consultor de empresas y de organismos internacionales (CEPAL, OIM, UNESCO, BID). Es “aliado” AVINA para la promoción de los Negocios Inclusivos en Uruguay. Integra el Comité Científico de la International Association on Public and NonProft Marketing
Fuente: Fundación Observatorio de RS

 
Las B Corporations llegan a Nueva York

El secretario de Estado de Nueva York, César A. Perales, fue el encargado de aceptar la presentación de documentos de las primeras B Corporations, un nuevo tipo de sociedad que permite a los inversionistas y hombres de negocios resolver los problemas sociales a través de sus empresas. La ley fue aprobada por unanimidad por ambas cámaras.

Las corporaciones de beneficio son un nuevo tipo de sociedad legalmente obligado a: 1) tener un objeto social para crear un impacto significativo positivo en la sociedad y el medio ambiente, 2) ampliar el deber fiduciario para exigir la consideración de los intereses de los trabajadores, la comunidad y el medio ambiente, y 3) publicar un informe anual sobre su desempeño social y ambiental utilizando un estandar completo y creíble, realizado por una tercera parte independiente y transparente.

En contraste con ello, el derecho corporativo tradicional requiere que las empresas den prioridad a los intereses financieros de los accionistas por sobre los intereses de los trabajadores, las comunidades y el medio ambiente.

California, Nueva Jersey, Virginia y Hawai aprobaron una legislación similar en 2011, uniéndose a Vermont y Maryland, que lo hicieron en 2010. Este tipo de legislación de sociedades se ha introducido también en Michigan, Pensilvania, Carolina del Norte, Illinois y el Distrito de Columbia, y ha contado con un fuerte apoyo bipartidista en todos los estados.

"La creación de corporaciones de beneficio en Nueva York es un testamento de la fuerza de este movimiento mundial para redefinir el éxito en los negocios", dijo Andrew Kassoy, co-fundador de B Lab, una organización sin fines de lucro que apoya la legislación. "Nueva York es el corazón de las finanzas mundiales y ahora los inversionistas tienen una manera de asegurarse de que su dinero está haciendo mucho más que obtener una ganancia."

"Hoy en día, los negocios en Nueva York están facultados para adoptar la responsabilidad social y para lograr las metas vitales como la protección de los derechos de los trabajadores y la protección de nuestro medio ambiente como parte de su misión principal. Al permitir a las corporaciones de beneficio en Nueva York, continuamos nuestros esfuerzos para fortalecer y diversificar nuestra economía al tiempo que demuestra que el beneficio y la búsqueda de la justicia social no son mutuamente excluyentes ", dijo el presidente de la Asamblea Sheldon Silver, uno de los principales patrocinadores de la legislación.

El proyecto de ley fue propuesto originalmente por el American Sustainable Business Council y B Lab, una campaña de promoción ciudadana encabezada por Care2.com.

Más información: http://www.benefitcorp.net/    Fuente: ComunicaRSE

 

Los mayores fondos de pensiones mundiales piden a la SEC, prioridad en aspectos sociales, ambientales y de gobierno corporativo.

Buenas noticias sobre inversiones responsables.
El día 13 de febrero, 14 de los fondos de pensiones mas grandes del mundo, que gestionan 1,6 millones de millones (los billones en español, trillions en inglés) enviaron una carta a la Directora de la Comisión de Valores y Bolsas de Estados Unidos (Securities and Exchange Commission, SEC). El grupo está liderado por el mayor fondo de pensiones del mundo, el de los empleados públicos del estado de California, CalPERS con 234.000 millones en activos, que tradicionalmente ha tenido preocupación sobre el gobierno corporativo de las empresas en que invierte.

En la carta le piden a la Directora que le de prioridad a aspectos sociales, ambientales y de gobierno corporativo:

  • Reactivar el Comité Asesor de Inversiones
  • Facilitar el proceso de nombramiento de directores por parte de los accionistas
  • Regular el proceso de remuneración de los ejecutivos y directivos, con nexos al rendimiento.
  • Promover la adopción de estándares internacionales de contabilidad
  • Facilitar la transparencia de las agencias de calificación de crédito y su financiamiento
  • Revelar información sobre diversidad en el Consejo Directivo y sobre otros aspectos de sostenibilidad

    Lo más destacable es que dentro de la crisis financiera que viven los países mas desarrollados, estos administradores de fondos de pensiones tuvieron a bien incluir entre sus prioridades algo que en principio parece de mucha menor prioridad relativa. En el último punto mencionado le piden:

    Clarificar y asegurar el cumplimiento de las guías de la Comisión sobre información de los riesgos del cambio climático. Incluir la revelación de información sobre cambo climático y sobre el proceso para incluir consideraciones sobre diversidad (de género) en la postulación de candidatos a los Consejos Directivos, en el mandato de dar asesoría y hacer recomendaciones del recientemente creado Comité Asesor de Inversiones. Asegurar que el reporte de aspectos sociales, ambientales, de gobierno corporativo y de diversidad (conocidos como aspectos de sostenibilidad) sea integrados en los reportes financieros (énfasis añadido).

    Aunque esta es una carta de fondos de pensiones en países desarrollados, la adopción de estas recomendaciones puede tener un impacto sobre las prácticas responsables en los demás países, en particular por el ejemplo que suelen ser las regulaciones de la SEC y por el impacto que podrían tener en la revelación de información sobre aspectos de sostenibilidad, en especial sobre el desarrollo de las guías para la preparación de informes de sostenibilidad integrados. ...

Fuente: Computere, 22 de febrero de 2012
Nota de Código R - con igual tenor que en la noticia siguiente, nos predisponemos al seguimiento de estos cambios, para superar la intención de noticia y contribuir a su implementación cierta.

 

Ejecutivos consideran que el valor de las compañías debería medirse en términos de su propósito social

 

Nota de Código R - desde el 23 de enero de 2012 habíamos guardado esta información, esperando publicarla con los ecos o resultantes en el Foro de Davos.  A la fecha no hemos encontrado nuevas referencias. Por este motivo recién la difundimos abriendo la consigna de reunir opiniones e información comprometiéndonos al seguimiento particular,

Ejecutivos alrededor del mundo consideran que el valor de las compañías debería medirse en términos de su propósito social, Según una nueva encuesta de Deloitte.

Líderes del sector privado y ejecutivos de la llamada “Generación Y” creen que los negocios, más que cualquier otra área de la sociedad, tienen el potencial para superar los más grandes desafíos que ésta debe afrontar.

En el transcurso del Foro Económico Mundial 2012, Deloitte Touche Tohmatsu Limited (DTTL) divulgará los resultados de una encuesta global que analiza las actitudes asumidas por los líderes de negocios en relación con el propósito, efecto y liderazgo que ejercen las empresas de negocios en la sociedad en general. La encuesta, realizada por DTTL y conducida por la firma Economist Intelligence Unit (EIU), descubrió que más de tres de cada cuatro encuestados (76%) considera que el valor de las compañías debería medirse de acuerdo con el aporte positivo que hacen sus operaciones esenciales de negocios y sus ganancias financieras a la sociedad en general.

Adicionalmente, el 73% de los líderes encuestados estima que sus respectivas actividades esenciales de negocios contribuyen efectiva y favorablemente al progreso social.

“Esta encuesta promueve un importante diálogo en torno del papel que desempeñan los negocios en el desarrollo de una sociedad mejor”, afirmó Barry Salzberg, Global CEO de DTTL. “Todas las firmas que conforman la red organizacional del grupo Deloitte coinciden en que es necesario y oportuno integrar dicho “propósito social” a las actividades esenciales, decisiones empresariales e identidad corporativa de las empresas. Es precisamente a través de este propósito intrínseco que, a su turno, las empresas podrán inspirar un cambio ampliamente favorable, a escala económica, ambiental y social”.

Contribución silenciosa
El estudio demostró que mientras el 82% de los líderes de negocios encuestados afirma que sus respectivas organizaciones cuentan con un enunciado formal que describe detalladamente su “propósito social”, el 52% indica que dicho enunciado formal es esencial para la atracción y captación de una nueva generación de clientes y empleados y sólo el 25% considera que el propósito enunciado es hoy cabalmente conocido por sus clientes y consumidores. La diferencia señalada sugiere que las empresas tienen ante sí un amplio espacio para mejorar sus esfuerzos por divulgar los aportes y efectos que tienen sus actividades vitales en la sociedad en general.

Percepciones de aquellos empleados de Deloitte que hacen parte de la “Generación Y”
Simultáneamente con la encuesta adelantada por EIU, DTTL examinó las opiniones de más de 1,000 ejecutivos que laboran para las diferentes firmas que conforman la organización Deloitte y que pertenecen a la llamada “Generación Y” ó “Generación de los Millennials” (es decir, aquellos empleados de la organización que nacieron después del año 1981), analizando las percepciones que éstos tienen acerca de los efectos que generan los negocios empresariales en la sociedad global. Más de la mitad de los encuestados (52%) cree que, en el futuro, los negocios, más que cualquier otra área de la sociedad, tendrán un significativo impacto en la resolución de los más grandes retos que afronta la sociedad en general. Más aún, el 92% de los encuestados considera que el éxito de cualquier negocio debería medirse en términos de algo más que las simples ganancias financieras de las empresas; tal percepción sugiere que el propósito social de las compañías constituye una alta prioridad para la “Generación Y” y que, además, representa un tema que genera grandes expectativas entre sus miembros.

“A la voz de los presidentes corporativos se ha sumado la de una prospera generación de líderes de negocios que conciben la responsabilidad individual, la responsabilidad corporativa y la responsabilidad social como un todo indivisible”, aseguró Salzberg. “Hay un apetito manifiesto por nuevas ideas, percepciones originales y debates apasionados. Conscientes de ello, estamos empleando el presente estudio investigativo para animar a los actuales líderes de negocios a examinar el propósito, el efecto y el liderazgo que – se espera – deberían tener los negocios en la sociedad en general”.

Para obtener más información al respecto y acceder directamente a los resultados derivados de esta encuesta, visite el sitio www.deloitte.com/business-society

Acerca de la encuesta:
Las conclusiones del estudio se basan en una encuesta adelantada entre 390 ejecutivos durante el mes de octubre de 2011. Quienes respondieron se distribuyen entre Europa (33%), Norteamérica (31%) y Asia-Pacífico (24%), mientras que el resto del planeta — representado esencialmente por América Latina, Medio Oriente y África — abarca el 12% restante. En términos de jerarquía corporativa, el 57% corresponde a altas directivas (ejecutivos Nivel C, miembros de junta directiva, vice-presidentes, o directores de área o división), mientras que el porcentaje restante comprende empleados que ocupan cargos ejecutivos gerenciales o de gestión nivel senior. Las áreas de la industria son, en orden decreciente, las siguientes: Servicios financieros (22%), tecnología (12%), servicios profesionales (11%), servicios de salud y farmacéuticos (8%) y manufacturas (5%), quedando el porcentaje distribuido entre una amplia y diversa gama de segmentos industriales. Cerca del 74% de los encuestados representa corporaciones cuyos ingresos anuales son superiores a US$500 millones, incluyendo un 27% que corresponde a empresas cuya facturación excede los US$10,000 millones al año.

El documento en inglés desde aquí http://www.deloitte.com/assets/Dcom-CostaRica/Local%20Assets/Documents/Estudios/2012/120124-cr_Millennial_Survey_2011.pdf
Fuente: Deloitte.com Última actualización: martes 24 de enero de 2012


 

 

Las empresas con ALTA sostenibilidad la tienen BAJA, Antonio Vives

El pasado 17 de enero tuve la oportunidad de escuchar una presentación de los profesores de la Universidad de Harvard Robert Eccles y George Serafiem, sobre su trabajo The Impact of a Corporate Culture of Sustainability on Corporate Behavior and Performance (El impacto de una cultura empresarial de sostenibilidad sobre el comportamiento y rendimientos corporativos). A pesar de que lo había leído no me había fijado en algunos resultados, incluidos en tablas en los apéndices, que en la presentación me parecieron destacables.

El trabajo compara 90 empresas que califican de ALTA sostenibilidad[i] con otras 90 que califican de BAJA sostenibilidad, dependiendo de si tienen una cultura de sostenibilidad, determinada en base a la adopción e implementación de una serie de políticas coherentes sobre medio ambiente, comunidad, empleados, productos y clientes, adoptadas antes de que la sostenibilidad se pusiera de moda y ahora deben formar parte de la cultura de la empresa. Buena parte de la información se obtuvo de respuestas a los cuestionarios que las empresas completan para optar a ser incluidas en el Dow Jones Sustainability Index (información confidencial).

Para evitar sesgos en la selección cada grupo tiene empresas de similar tamaño, de los mismos sectores, de semejante rentabilidad contable, y de semejantes niveles de endeudamiento y ventas relativas a activos. No hay empresas del sector financiero ya que sus factores de sostenibilidad son diferentes al resto.

Comparando ambos grupos de empresas, el estudio demuestra cuantitativamente una serie de hipótesis que comúnmente se hacen sobre las empresas sostenibles. Las empresas en el grupo de ALTA sostenibilidad tienen, entre otras características:

  • Mayor involucramiento de Consejo Directivo en la revisión de la sostenibilidad;

  • Mayor uso de las remuneraciones basadas en los resultados sobre sostenibilidad;

  • Mejores prácticas de relacionamiento con los stakeholders;

  • Mayor orientación hacia el largo plazo (¡!basado en el análisis lingüístico de 150.000 conferencias con sus analistas financieros!!);

  • Mejores rendimientos en Bolsa[ii].

Solo tres sectores tuvieron mejores rendimientos que sus comparadores. Fueron los que se basan en consumidores, los que dependen de la marca y de los recursos humanos y la industria extractiva. Parece ser que los temas de sostenibilidad son mas sensibles en Bolsa cuando afectan la reputación, afectan a los consumidores, afectan a los empleados. El caso de la industria extractiva (minería, petróleo, gas, forestal) es especial y puede deberse a que la sostenibilidad (medio ambiente, comunidad) puede afectar seriamente sus operaciones y es ampliamente publicitada.

Estas confirmaciones son muy valiosas para la promoción de la sostenibilidad. Hasta aquí vamos bien. Pero para mí lo más interesante del estudio está en algunos números sobre las empresas con ALTA sostenibilidad. De las empresas con ALTA sostenibilidad SOLO el (entre paréntesis los números para las de BAJA):

· 41% (15%) tienen comité de sostenibilidad;
· 35% y 17% (22% y 8%) tienen remuneración variable de sus ejecutivos relacionada con temas sociales y con el medio ambiente respectivamente;
· 19% (3%) tiene mecanismos para resolver quejas de los stakeholders;
· 20% (0%) publica los resultados de las consultas con los stakeholders;
· 18%, 19% y 17% (6%, 8% y 0%) mide el cumplimiento de los estándares internacionales sobre derechos humanos, sobre los estándares laborales y la política de medio ambiente respectivamente, en sus proveedores;
· 11% (1%) tienen auditoria de sus informes de sostenibilidad;
· 5% (0%) tienen revisión externa (assurance) de las consultas con los stakeholders;
· 26% y 33% (5% y 11%) integran información sobre aspectos sociales y ambientales respectivamente en sus informes financieros.

Si estos son los resultados en empresas grandes y de ALTA sostenibilidad en los Estados Unidos, ¿que podemos esperar de empresas normales en países con menos desarrollo?

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[i] En este artículo uso la palabra sostenibilidad y no RSE porque es la que usan los autores del estudio.
[ii] No creo que la comparación entre 180 empresas pueda ser concluyente para este tipo de confirmaciones. Además, estos resultados pueden deberse al período analizado.

Fuente: envío de Antonio Vives, Mirada critica a la RSE en Iberoamérica, 22 enero de 2012

 

RPE: Responsabilidad Política de la Empresa, por Carlos March

          Responsable de la Fundación AVINA Argentina.
          Secretario General de la Confederación General de la Sociedad Civil

 

El vínculo primario entre el mundo empresarial y el político en una campaña electoral, solía limitarse al interés del candidato en obtener el voto del empresario y el financiamiento de la empresa.

Con el tiempo, algunos empresarios se fueron dando cuenta de que el apoyo financiero a una campaña política, en lugar de convertirse en un gasto, podía significar una rentable inversión. Así, varias empresas, comenzaron a financiar campañas electorales para transformar a los candidatos en sus rehenes, a quienes, una vez que ocupaban el cargo, les exigían prebendas.
Así las cosas, las sociedades anónimas, en su relación con el Estado y con los servidores públicos, se convirtieron en asociaciones ilícitas. Empresas que abusan de los recursos naturales y destruyen el medio ambiente sin recibir ningún tipo de sanción; empresarios que emplean trabajadores de manera irregular e ilegal no son penalizados; un segmento del empresariado acostumbrado a pagar coimas a funcionarios públicos para ganar licitaciones y acceder a contratos millonarios de manera absolutamente espuria.

Este esquema deriva en el deterioro de la institucionalidad y en el llamado capitalismo de amigos –o en términos más crudos, corrupción sistémica: de la corrupción a la impunidad y de la impunidad a la ostentación.

Hay una fórmula, creada por Robert Klitgaard, que describe la corrupción estructural del Estado: M + D – T. M significa monopolio en el uso del poder. D se emparenta con discrecionalidad en el manejo de los recursos públicos y por último, T, implica falta de procesos y herramientas de transparencia en la gestión pública.

Y existe otra fórmula, que da cuenta de la corrupción estructural en el mercado: DI + CE – DBP. DI son las siglas de debilitamiento institucional, es decir, lo que sucede cuando las empresas hacen lo detallado en los párrafos precedentes. CE implica consumidores enajenados desde campañas publicitarias que fomentan el consumo indiscriminado basado en información sesgada o falsa. El último término de la fórmula consiste en restar desarrollo de bienes públicos, es decir, cuando la empresa se apropia de bienes comunes, como los recursos naturales.

Pero si bien son varias las empresas que avanzan en formatear este contexto hostil para la conformación de institucionalidad, también es verdad que son muchos los empresarios que se involucran en la construcción de las comunidades en donde operan, en agregar valor a la sociedad en general, en la generación de bienes públicos y en el fortalecimiento de institucionalidad del sistema democrático y del mercado.

Lo que la empresa puede hacer por la institucionalidad
La transparencia empresaria, en el plano de la propia organización, es lo que legitima el capital financiero y económico de la empresa; en el plano sectorial, es lo que asegura el funcionamiento transparente de los mercados; y en el plano de la sociedad, es una condición básica para la construcción de capital social.

Los empresarios responsables socialmente, que en materia de transparencia se convierten en los garantes de probidad, son aquellos que además de cumplir con las leyes que ordenan las conductas, implementan acciones que potencian los incentivos para hacer negocios y no negociados. Algunas formas de transparencia empresaria son:
Transparencia sobre la agenda pública: las acciones del sector privado sobre los espacios públicos son las que mayor impacto tienen en la construcción de seguridad jurídica. La transparencia del lobby empresario sobre las instituciones públicas, sobre las formas de financiar los partidos políticos -principalmente durante las campañas electorales-, los procesos de transparencia que se adopten en las contrataciones públicas, son algunas de las acciones que orientan los incentivos privados para que el patrimonio y bienes públicos, no terminen generando beneficios sectoriales o particulares en lugar de bienestar general.
Transparencia en los vínculos: el mercado no es otra cosa que una red de vínculos que permite la realización de transacciones comerciales. La falta de calidad en los vínculos, la carencia de confianza en la dinámica de las relaciones y la opacidad en los contextos, aumenta el costo de esas transacciones. Las asimetrías de información, las agendas ocultas, la carencia de inteligencia emocional y social en los operadores de los mercados, bajan los estándares de calidad de las transacciones en la misma proporción en la que el activo confianza deja su lugar al pasivo desconfianza.
Transparencia en la inversión social: las sociedades no resisten más la lógica de maximizar ganancias minimizando inversión social. Por ello, los impactos de las decisiones comerciales sumadas a las acciones sociales de las empresas, ayudan a construir lo público, sus comunidades y la institucionalidad democrática y por ello, deben ser informadas públicamente a través de balances económicos-financieros y sociales. Es todo ello información privada de absoluto interés público.
Transparencia en las mediciones: las ciencias económicas se concentraron en medir los tangibles, pero en los procesos de producción se ignoran los bienes intangibles y sociales utilizados. Transparencia es registrar en los balances empresarios y en mediciones como el producto bruto interno de un país, tanto la riqueza que generan los muebles que se venden y exportan, como el costo social de los bosques que se talan para producirlos. Los muebles que usan las generaciones presentes, son los bosques que no podrán disfrutar las generaciones futuras.
Transparencia es promover consumo conciente: la responsabilidad social en materia de transparencia no sólo implica atender la calidad de vida de los accionistas y empleados, u ocuparse de fortalecer la cadena de valor con los proveedores, sino también promover el consumo conciente entre los consumidores de los productos y servicios. Debe ser obligación de la empresa aportar información al cliente no sólo sobre los atributos de un producto, sino sobre aspectos sociales como condiciones de empleo de la cadena de producción para identificar, por ejemplo, empleo de mano de obra infantil, impacto en el medio ambiente y orientación para la deposición del residuo generado en el acto de consumir.

De acuerdo a una progresión elaborada por el filósofo colombiano Bernardo Toro, tres premios Nobel de economía encontraron las formas de explicar la construcción que pueden hacer las empresas a través de sus transacciones. Ronald Coase explicó que lo que diferencia a las empresas son sus tipos de contrato/transacciones. Douglass North demostró que los costos de las transacciones aumentan o disminuyen la capacidad de generar riqueza de una empresa. John Nash comprobó que las transacciones y contratos win-win (ganar-ganar) generan riqueza y aumentan la equidad. Queda para un próximo premio Nobel investigar y concluir que las transacciones que no construyen institucionalidad atentan contra la credibilidad social de la empresa y la inhiben completamente para avanzar sobre los planteos de North y Nash. Si el mercado pierde la institucionalidad para autorregularse y el Estado carece de institucionalidad para ser el garante público de la acción privada, la comunidad deja de creer en la empresa y ve al empresario como un depredador de riqueza social. Mercados transparentes e institucionalidad estatal son las arquitecturas sociales que garantizan la legitimidad de la ganancia empresaria. Por ello, la principal preocupación de un empresario debería ser ayudar a consolidarlas.

Fuente IARSE Boletín Nº 202 – 05/07/2011

 

RSE de qué estamos hablando por Alberto Willi

Profesor del Área Académica Empresa, Sociedad y Economía del IAE de la Universidad Austral, reflexiona sobre los riesgos de pensar la RSE desde una mirada que la vincula primordialmente con la rentabilidad y la competitividad para persuadir a los empresarios a partir de su propio lenguaje. "Dado este panorama, me pregunto si cuando hablamos de RSE (o Sustentabilidad) estamos hablando de algo distinto, de un cambio de paradigma, de una mirada fresca, no puramente económica de ver a la empresa, o es más de lo mismo", dice Willi.
Artículo exclusivo para ComunicaRSE

No seré el primero, ni el último, en decir que la “Responsabilidad Social Empresaria” es un concepto equívoco que significa muchas cosas al mismo tiempo, y a veces tantas cosas que lo terminamos por vaciar de contenido. Igualmente, en esta ocasión me gustaría detenerme en una cuestión que luego de que los años pasan y seguimos hablando de estas temáticas me llama poderosamente la atención. Para los fines prácticos denominare RSE a todo el espectro conceptual que va desde la Filantropía hasta la Sustentabilidad. Por último, aclarar que estoy queriendo ser provocativo con estas ideas, primero conmigo mismo y luego con los lectores.

En los manuales más conocidos de la temática , luego de introducir el término y algo de historia viene irremediablemente el capítulo sobre el “business case” de la RSE, y cuando leemos ese capítulo las palabras competitividad, diferenciación, ventaja competitiva, atractividad, entre otras, son las que más fuertes suenan. En esta misma línea, entre algunos académicos y consultores está esta idea de economizar el lenguaje de la RSE, incluso de temas de Ética, y en este sentido es común escuchar hablar de la “rentabilidad de los valores”, o la “rentabilidad de hacer el bien”, y en general nuestros artículos de cabecera son los de Michael Porter, quien claramente ha dado mucha luz a estos temas pero no se percibe una mirada fresca y renovadora.

En el mismo sentido, cuando se habla de las causas y beneficios de tener acciones de RSE dentro de las empresas en primer lugar, irremediablemente, están la imagen y reputación. En mi caso particular hace tres años que realizó una encuesta entre los alumnos de las maestrías del IAE BS, Universidad Austral y la imagen y reputación son la causa principal de la motivación de las empresas para embarcarse en acciones de RSE (en más del 95%) .

Dado este panorama, me pregunto si cuando hablamos de RSE (o Sustentabilidad) estamos hablando de algo distinto, de un cambio de paradigma, de una mirada fresca, no puramente económica de ver a la empresa, o es más de lo mismo. Quizás a lo nuevo le queremos dar el packaging que consideramos que los empresarios van a comprar. Ahora, cuando escucho a los empresarios –no a todos, pero cada vez a más- los escucho más audaces que cuando escucho a los académicos y consultores de RSE. Estos empresarios hablan de cambiar la lógica, de animarse a hacer las cosas distintas.

Solo como ejemplo, la Visión 2050 que propone el WBCSD (el CEADS en Argentina) propuesto por 29 grandes corporaciones es realmente un cambio de paradigma, una mirada distinta de entender el rol de los distintos actores de la sociedad, empezando por ellos mismos, bajo el diagnóstico de que el business-as-usual nos lleva hacia un mundo sin salida, ni medioambiental, ni humana, ni económica. Sin caer en miradas inocentes, tenemos que aceptar que discursivamente las empresas (y algunas ONGs) están liderando el proceso de cambio.

Ahora va la aclaración necesaria en todos estos temas: no quiero decir que las empresas no deben ganar dinero, ni ser competitivas, ni que deben transformarse en una ONG, sino que considero que la RSE viene a poner las cosas en perspectiva, y a decirnos de que la empresa es una animal social y no un animal económico, y que sus fines e impactos son más profundos y duraderos como para pensar que está en este mundo solo para buscar beneficios económicos. Tengo la sensación de que la RSE viene a plantear ideas nuevas pero somos nosotros los que no nos animamos a pensarlas y ponerlas en prácticas. Nuevamente, creo que los empresarios están siendo más desafiantes e innovadores que los académicos y consultores, quizás porque creamos que hablando de esa manera, “economizando” todo el discurso podemos llegar a los empresarios, cuando en este caso los empresarios están esperando de nosotros algo más desafiante y motivador.

Finalmente, luego de decir que toda generalización comete injusticias, considero que nos debemos animarnos a pensar desde otro lugar, a poner en perspectiva las dimensiones que realmente están en juego: la inclusión de los que se están cayendo del mundo (no solo del mercado) y el cuidado del planeta para dejarles a las futuras generaciones algo, aunque sea, razonable. Tengo una esperanza ciega en la capacidad del hombre para superarse y poner la mirada en el otro, pero también soy consciente de que a veces tardamos más de lo deseado y de que necesitamos tener el agua en el cuello para cambiar.

Fuente: ComunicaRSE, 17 de Noviembre de 2011

 

 La RSE ha fallado, Wayne Visser

Existen muchas maneras de presentar a Wayne Visser. Por sus títulos. Por sus antecedentes laborales. Por la cantidad de libros publicados. Quizás la mejor manera sea que es uno de los pocos Gurus de la Responsabilidad Social Empresaria y la Sustentabilidad que se anima en poner en palabras fuertes aquello que es difícil de admitir, “La RSE ha fallado”.

Días atrás visitó el país, invitado por ReporteSocial.com, para hablar sobre las oportunidades y desafíos de impulsar el cambio a través de la sustentabilidad en las personas, organizaciones y la sociedad en su conjunto. Entrevistado por Visión Sustentable , durante el encuentro organizado por AgendarRSE, fue categórico en afirmar que “si tenemos éxito en admitir el fracaso de la RSE y enterrar el pasado, podemos encontrarnos en la cúspide de una revolución”. Por este motivo, cree que las implicancias para la sustentabilidad y la RSE es hacer cambios fundamentales dado que cualquier otra cosa que se realice será inútil.

Próximo a presentar su décimo libro “La Responsabilidad Social 2.0 y el nuevo ADN de los negocios” asegura que “estamos en un momento extraordinario después de la crisis financiera mundial, y este nos dice que el sistema económico financiero actual no es sustentable. Es un momento en que tenemos que reformar el sistema y cuestionar el tipo de capitalismo que está detrás de este sistema, que es un sistema de capitalismo que está impulsado por los accionistas, y también tenemos que cuestionar el tipo de instituciones que tenemos que están muy enfocadas al corto plazo y en las ganancias, nada más”.

- Pero estos conceptos los venimos escuchando desde la década del 70 cuando se da la primera definición aceptada de RSE. ¿Opina que la historia de la RSE es un debate sobre el futuro?
- Si, exactamente. En primer lugar debemos darnos cuenta que la RSE es un movimiento dinámico que ha ido evolucionando en las últimas décadas, sino en siglos. En segundo lugar, y quizás más importante, debemos reconocer que a pesar de esta impresionante marcha aparente, la RSE ha fallado.
Partiendo de esto podemos decir que sin dudas tuvo muchos efectos positivos, sobre todo para las comunidades y el medio ambiente. Sin embargo, su éxito o fracaso debe ser juzgado en el contexto de los efectos totales de las empresas en la sociedad, y visto de esta manera existen pruebas fehacientes que demuestran que los impactos negativos de los negocios han sido terribles.

- Ahora ¿Por qué fracasa la RSE precisamente en aquellos problemas o temas que supuestamente son los que más le preocupan?
- En mi opinión obedece a tres factores, que yo llamo Triple Maldición. La primera la denomino RSE incremental, que básicamente tiene que ver con la necesidad de la mejora continua, la gestión de la calidad total que se exporta a todo el mundo con la norma ISO 9001. Ahora bien, cuando esto se aplica a los productos y servicios trae muchos beneficios. Sin embargo cuando se la aplica como el método fundamental para hacer frente a nuestros objetivos sociales, éticos y ambientales se produce un error, por velocidad y escala.
La segunda la denomino Periférica y tiene que ver con la falta de compromiso del gobierno corporativo de la mayoría de las compañías. El responsable es un periférico, aunque haya un compromiso público por parte de la compañía, elaboren reportes. El tema es que cuando vas a la parte financiera ves medidas a corto plazo que se contraponen con el uso del término RSE.

- ¿Por eso asegura que la RSE es antieconómica?
- Exactamente. Incluso tanto consultores, como responsables o incluso directores están desesperados por poder demostrar que la RSE es buena para los negocios, que la RSE paga. Y la verdad que en la mayoría de los casos no lo hace. Revertir la pobreza en el mundo o temas de biodiversidad requieren de un cambio estratégico y una enorme inversión�
- ¿Pero cuál sería la salida?
- Si tenemos éxito en admitir el fracaso de la RSE y enterrar el pasado, podemos encontrarnos en la cúspide de una revolución. Con lo cual, todos aquellos que pretenden que la RSE es algo bueno que ayudará a resolver los problemas del mundo deberían entender que es algo que alguna vez fue útil, pero cuyo tiempo ha pasado.
- Y surgiría lo que usted llama la RSE 2.0
- Sí, la denominé así porque las relaciono con la Web. A la actual yo la identifico con la Web 1.0, porque es unidireccional, estándar, mientras que la que debe surgir, Web 2.0, es multidireccional, participativa, innovadora. Si llega a tener éxito vamos a cambiar la forma en la que hablamos y practicamos la RSE, y en última instancia la forma de hacer negocios.

- ¿Cuáles serían los principios que regirán a la nueva RSE 2.0?
- Básicamente serían cinco principios: conectividad, escalabilidad, capacidad de respuesta, dualidad y circularidad.
Cuando hablo de conectividad me refiero a que las empresas deben romper con la hegemonía de los accionistas. Es como si las empresas fueran meros ciervos del valor accional donde los CEOs no duran más de tres años y son esclavos a las fluctuaciones de los mercados. Por eso hay que pasar de la sumisión a la conexión, tienen que institucionalizarse de múltiples partes interesadas.
En cuanto a la escalabilidad necesitamos cambiar a ésta dado que los problemas de la humanidad se encuentran en una escala masiva y son tan urgentes que las soluciones de la RSE no pueden coincidir. Un ejemplo de esto fue lo que hizo Walmart post Katrina y decidió que todas las prendas fueran algodón orgánico y el pescado fuera certificado MSC. Esto es un ejemplo que a futuro tendrá un impacto real. A su vez esto también es capacidad de respuesta, porque donar un cheque es fácil, sin embargo no se hace nada para modificar su modelo de negocio.
Para resumir los otros dos... la dualidad se refiere a que no podemos seguir polarizando, “se hace o no se hace” y lo que se propone es buscar un equilibrio. Con respecto a la circularidad, es necesario diseñar una economía donde no hay distancia, todo debe estar diseñado para el reciclaje.

- ¿Qué cambios se deberían dar para que este concepto de la RSE 2.0 comience a instalarse?
- Bien, lo primero que hay que cambiar son las expectativas de que los negocios y las empresas sólo tiene que ver con ganancias, se tiene que dar un proceso educativo para la sociedad, los políticos, para la gente de negocios. Se tienen que dar cuenta que los negocios tienen que ver con contribuir con la sociedad y esto es una materia pendiente que tiene que ver con la educación.
La segunda cosa es que las políticas tienen que cambiar, las instituciones deben promover incentivos que recompensen este tipo de comportamiento, tanto para los CEOs como para las empresas. Hay que recompensar cualquier tipo de acción que resulte de la sustentabilidad.
Mi opinión es que todos los esfuerzos realizados por las empresas en RSE o sustentabilidad fracasaron en los últimos 50 años, porque no cambiamos los incentivos. Hay compañías que pueden seguir imponiendo costos a la sociedad que ellos no están dispuestos a pagar, contaminación, costos de salud, entre muchos otros. Entonces sin un cambio de políticas que cree los incentivos necesarios es muy difícil para los líderes de negocios hacer realmente un cambio...

LA RSE 1.0   LA RSE 2.0
- Paternalista
- Basada en los riesgos
- Basada en la imagen
- Especializado
- Estandarizado
- Marginal
- Occidental
  - Colaboración
- Basada en la colaboración
- Orientada a los resultados
- Integrado
- Diversificado
- Escalable
- Global

- ¿Entonces el papel fundamental vendría por parte del políticas públicas?
- Lo que vemos hoy en día es que el péndulo está volviendo para atrás, hay más importancia en políticas públicas. Sin embargo, tengo que decir que en muchos países en desarrollo, incluyendo a Argentina, la implementación de las políticas es un problema, con lo cual hay que encontrar formas más creativas de Gobierno. Donde vemos muchos progresos aquí es entre las alianzas de OSC y empresas, empresas y Gobierno. También todas las normas voluntarias. Entonces mientras que se puedan implementar políticas que sean transparentes y las empresas puedan revelar su rendimiento, su performance, los demás actores dentro de la sociedad pueden comenzar a presionar.

- ¿Me podría dar ejemplos?
- Una ciudad como Curitiba es un muy buen ejemplo de esto, donde hacen muchas cosas innovadoras para dar empoderamiento a la gente local. Permiten a los sectores de menores recursos intercambiar servicios públicos por alguna contribución que puedan realizar, trabajo voluntario por ejemplo para tener pasajes en transportes.
Otro ejemplo del Reino Unido, hay un Grupo de Líderes sobre el cambio climático, son 30 CEO de toda Europa que se reúnen para trabajar con los gobiernos para poder crear y desarrollar más políticas sobre Cambio Climático con objetivos específicos, porque entienden que si no se hace en conjunto no se lograrán cambios sustentables.

- Hay autores e incluso empresarios que aseguran que el gran desafío que tienen es incorporar los conceptos de RSE y sustentabilidad en los mandos medios. ¿Cree realmente que este sea un problema?
-Yo, no creo que sea un problema de la gerencia media sino de la cultura de la empresa. Y el sistema de performance de rendimientos e incentivos dentro de la misma. La razón por lo que la gerencia media lo resiente es porque por lo que los recompensan no tiene nada que ver con la RSE o la sustentabilidad. Entonces, si alguien viene y les dice: “tenes que hacer RSC, que es una carga adicional que se suma sin recompensa alguna”. Entonces los incentivos tienen que cambiar. Los gerentes tienen que ver que el liderazgo de la empresa está realmente convencido de esto.

- ¿Me podría dar algunos ejemplo creativos que se hayan implementado y que no estén relacionados con el bono?
- Si, algo que implementó una empresa brasilera, Semco, cuyo CEO, Ricardo Sembla, estableció una política de Recursos Humanos a partir de la cual se le permite a los empleados establecer sus propios objetivos, su propio salario, sus horarios de trabajo, teniendo como meta a la sustentabilidad.

- ¿Cómo se relaciona la innovación con la sustentabilidad?
- Bueno, las relaciones reales que necesitamos para enfrentar los retos de la sustentabilidad no las vamos a poder tener sin innovación, de hecho una de las razones por las que la RSE fracasó es debido a la falta de actividad y de innovación. Si tomamos el ejemplo del Cambio Climático, no es posible que el mundo llegue a una reducción del 80 o 90 por ciento para el 2050 sin que haya una revolución industrial completa. Tenemos que entender que no llegaremos a ese objetivo maximizando eficiencia, hay que generar actividad e innovación para lograr ese cambio.

- ¿Cómo lo hacemos?
- Una de las maneras es estableciendo un horizonte de políticas que establezca estos objetivos, por ejemplo, para el 2050 debemos estar acá, y que las compañías hagan innovación por ellas mismas, como puedan para cumplir con esto.
Otra área que hay que tener muy en cuenta son las empresas sociales, o el emprendimiento social, porque quizás algunas de las grandes soluciones no vayan a venir de las grandes empresas, de compañías como British Petroleum o Shell, ellos realmente no han presentado ni van a traer soluciones innovadoras. Por eso, quizás, sea una pequeña empresa, o una de otro sector, como por ejemplo Google, que es una empresa innovadora, no sólo en su política de Recursos Humanos. Por ejemplo, en el tema de cambio climático, ha fijado el objetivo de hacer que la energía renovable llegue a ser más barata que la energía actual; y a tal punto está comprometida que uno de cada cinco días, el equipo técnico puede trabajar en proyectos propios, que no tengan absolutamente nada que ver con el trabajo diario de la empresa, entonces esto crea innovación. A su vez, se relaciona con lo que te decía antes, esta es una muy buena manera de decirles a los mandos medios que la alta dirección está comprometida con el tema.
También empresas como General Electric con su programa ECO Imagination está tratando de concentrarse en la innovación y está ganando mucho dinero.

- Ahora, GE fue pionera en innovación, nació con este espíritu incorporado...
- Sí, totalmente y a su CEO se lo puede ver este espíritu de liderazgo, y una de las cosas que dice es que los líderes tienen que ser curiosos, abiertos y humildes para creer que no tienen todas las respuestas, y ese es el tipo de liderazgo que necesitamos.

- ¿Cuáles son los desafíos para América Latina y para Argentina en particular?
- Creo que para la mayoría de América Latina el tema fundamental es el tema del Gobierno, de la gobernanza, tanto corporativo como político. Tiene que ver con la trasparencia, la estabilidad y hacerse cargo de la corrupción. Países como Argentina, pueden ir solucionando el problema de manera efectiva y, si lo hacen, muchos de los otros problemas medioambientales, o de la sociedad en general se van a solucionar dado que están socavados por el tema de la corrupción. Creo que el hecho de lograr esta gobernanza sería la prioridad más importante a la que se enfrentan.
Y esto se puede solucionar de diferentes maneras, por ejemplo, contar con un índice de sustentabilidad en la bolsa, un código de gobierno corporativo adecuado, o tener requerimientos obligatorios para presentar reportes de sustentabilidad.

- ¿Qué opinión le merece la Norma 26.000?
- Tengo mis reservas. Hay que ver en qué medida se va a tomar con seriedad dado que si seguimos igual que hasta ahora en mi opinión fracasará en tres formas. El primero se basa en que va a incorporar un abordaje continuo, sin embargo, no aborda los problemas de corrupción, la brecha entre pobres y ricos, entre otros muchos puntos. El segundo punto se basa en que los problemas persisten a pesar de existe la RSE y esto es así porque la RSE a quedado al costado, ha sido una máscara que no ha cambiado la estrategia fundamentales. Y por último, porque la RSE ha sido poca económica, quiero decir, que no se ven casos de negocios, el mercado no recompensa.

- ¿Se refiere a que debe surgir una nueva RSE?
- Si, hay una visión que debe morir y una nueva que debe surgir. A la actual yo la llamo Web 1.0, porque es unidireccional, estándar, mientras que la que debe surgir, Web 2.0, es multidireccional, participativa, innovadora. Con lo cual para que la ISO 26.000 tenga éxito dentro de 10 años se deben haber aplicado aquello que yo llamo los cinco principios de éxito: creatividad e innovación, escalabilidad, capacidad de respuesta.

Fuente: Visión Sustentable, Julio 2010

 

América Latina: Alto Riesgo Social 
por Bernardo Kliksberg

 

La región llega a esta crisis con fortalezas macroeconómicas pero con marcados déficit sociales. Las prioridades deben estar claras: hay que garantizar el trabajo, la educación, la sanidad y la dignidad del pueblo.


América Latina creció un 4,8% en 2005, un 5,6% en 2006, un 5,7% en 2007, y un 4,6% en 2008. A consecuencia de una crisis que no generó, sino de la que es una víctima más, sus economías decrecerán en 2009 un 0,3% según CEPAL o un 0,6% de acuerdo al Banco Mundial. Será una caída muy fuerte. Se está produciendo por diversas vías. En cinco de sus mayores economías las exportaciones cayeron un tercio entre agosto y diciembre de 2008. Los flujos de inversiones pueden caer a menos de la mitad en este año. El turismo está siendo afectado.

Uno de cada cuatro jóvenes está fuera del mercado laboral y del sistema educativo Están bajando las remesas migratorias. Son del 18% al 24% del Producto Bruto de Honduras, Guyana, Haití, Jamaica y El Salvador, y del 6,6% al 12,1% del de Nicaragua, Guatemala, República Dominicana, Bolivia y Ecuador. Se redujeron en el último año un 8% en Guatemala, y un 11% en México, Por ejemplo, las remesas desde España fueron en 2008 un 7,1% menores al año anterior.
Pueden aumentar las ya muy altas tasas de violencia doméstica, que van del 10% al 38%
La región ha llegado a esta crisis con fortalezas macroeconómicas pero con marcados déficits sociales. Más de un tercio de su población es pobre y la desigualdad es la peor de todos los continentes. La combinación de la crisis con estas vulnerabilidades puede ser explosiva si no se adoptan las políticas más adecuadas.

Entre los posibles efectos sociales de la crisis se hallan:
1. Aumentará la desocupación. Según OIT la tasa de desempleo urbano crecería, ha aumentado sus proyecciones negativas del 7,5% al 8,4% y luego al 8,8%. Serían entre 2,3 millones y 3,2 millones de nuevos desocupados, que elevarían el total a 18,2 millones o 19,1 millones.

2. Los más afectados serán los jóvenes. En nueve países analizados la tasa de desempleo juvenil más que duplica la tasa de desocupación total. Aun en una de las economías más prósperas como la de Chile, el 20,2% de los jóvenes está desocupado. En Colombia los desempleados jóvenes son 978.000, el 50% del total nacional. En Perú, son el 22%. Uno de cada cuatro jóvenes latinoamericanos está fuera del mercado laboral... y del sistema educativo.
La crisis puede agravar aún mucho más la situación de los jóvenes. Eso ya está sucediendo en Estados Unidos. Un estudio del Center for Labor Market del pasado mayo concluye: "Cuanto más joven, más será expulsado del mercado de trabajo". En la medida en que se reducen los puestos de trabajo disponibles están quedando fuera los jóvenes, los pobres y los de menos educación. También se está produciendo el fenómeno de que los jóvenes graduados con título universitario están ingresando en trabajos que no requieren más calificación que uno secundario, desplazando así a sus pares menos educados.

3. Las mujeres pueden ser más discriminadas laboralmente. Ya previamente a la crisis, en 2006, la tasa de desocupación femenina era un 56% superior a la masculina, y sus ingresos un 72% de los de los hombres. Pero en esta crisis esas brechas se están agudizando. Entre otras actúan las estructuras machistas que siguen viendo al hombre como el sostén real del hogar y desvalorizan el rol laboral logrado con tanto esfuerzo por la mujer.
Las mujeres verán también aumentadas sus responsabilidades familiares por las dificultades económicas. En un mercado laboral mucho más tenso y disputado se hará aún más difícil la situación de las mujeres solas jefas de hogar, que son un pilar de la familia en la región. Como media, un 33% de los hogares están dirigidas por ellas. En el caso de Nicaragua es un 40%, en México un 26%. La CEPAL estimó que sin la barrera de protección que significan las trabajadoras al frente de hogares, la pobreza sería un 10% mayor en América Latina.
También puede producirse como ha sucedido en crisis recientes en diversos países de la región un aumento de las ya muy altas tasas de violencia doméstica, que van del 10% al 38% según el país. El estrés socioeconómico agudo que implica la crisis para muchas familias puede ser un disparador de estas conductas aberrantes que recién empiezan a ser denunciadas y sancionadas como corresponde.

4. Elevación del número de trabajadores pobres. La OT proyecta que en un escenario pasivo, si no hay respuestas públicas de envergadura, el número de trabajadores con empleo pero cuyos sueldos serán menores que el umbral de la pobreza puede subir en cinco millones en 2009.

5. Crecimiento de la vulnerabilidad en salud y protección social. La cobertura social de la región es limitada. Casi cuatro de cada 10 ocupados urbanos carecen de protección en salud y seguridad social. El crecimiento del trabajo informal por la crisis aumentará la población vulnerable.
Por otro lado, a pesar de progresos, la región tiene indicadores comprometidos en mortalidad infantil (multiplica por 10 la de los países nórdicos) y mortalidad materna (multiplica por 15 la de Canadá). Pueden potenciarse por el aumento de la pobreza en sus diversas expresiones.

6. Los riesgos en deserción escolar. América Latina tiene 110 millones de personas que no terminaron la primaria, y sólo uno de cada dos jóvenes termina la secundaria. En la crisis puede aumentar significativamente el trabajo infantil que lleva al abandono de la escuela en los primeros niveles. Hay 18 millones de niños menores de 14 años que trabajan. También el ingreso temprano al mercado de trabajo de los jóvenes de menores recursos puede llevar a acortar sus años de estudio, en un mundo en donde es fundamental para las personas aumentar su capital educativo.

7. El fortalecimiento de las "trampas de la pobreza". El Banco Mundial estima que habrá seis millones nuevos de pobres en América Latina en este año. Muchos de ellos estarán encerrados en "trampas" que sólo políticas públicas agresivas pueden romper.

El círculo perverso que se produce es conocido. Siendo niños de hogares pobres, deberán trabajar, abandonarán la escuela, sólo podrán acceder a empleos marginales, carecerán de protección social y reproducirán la pobreza. Un alto porcentaje de los niños nacidos en hogares donde sus padres no terminaron la primaria tampoco la finalizan. En México, en 2008, mostrando como funcionan estas "trampas", el 83% de los ocupados con primaria incompleta no tenían seguridad social, frente al 45% en la población global.
La región tiene a pesar de sus avances macroeconómicos un fuerte talón de Aquiles social. Sus desigualdades agudas inciden en los altos niveles de pobreza. Lo ilustra el siguiente dato: a pesar de producir alimentos que podrían abastecer varias veces a su población, el 16% de los niños está desnutrido. De 2005 a 2007, aun siendo época de bonanza económica, al subir el precio de los alimentos el total de personas desnutridas creció fuertemente, en seis millones llegando a los 51 millones. En América Latina el tema no es la producción, sino el acceso a los alimentos.
La crisis requerirá prestar máxima atención a lo social. Las ideas de ajuste ortodoxo practicadas en décadas anteriores pueden ser fatales, acentuar todas las tendencias referidas y generar altísimos niveles de conflictividad.
Entre otras áreas, hará falta mucha política contracíclica: invertir fuertemente en obra pública, potenciar el mercado interno, proteger a la pequeña y mediana empresa, extender el crédito, blindar las inversiones en educación y salud, encarar especialmente el desempleo joven y las discriminaciones de género, ampliar la cobertura social...

¿Cómo financiarlo? Hay mucho terreno a explorar, desde los elevados niveles de evasión fiscal, pasando por la posibilidad de rehacer el anacrónico pacto fiscal actual, hasta el gasto militar, que creció un 30,54% en los últimos 10 años.
Se necesitará, asimismo, junto a política pública de calidad, responsabilidad social a escala de la empresa privada, movilizar el voluntariado y aumentar sustancialmente los niveles de concertación social.

Una ciudadanía cada vez más activa exige que, a diferencia de los ochenta y los noventa, esta vez las prioridades deben estar claras. En primer lugar, debe quedar garantizado el derecho al trabajo y la dignidad de las grandes mayorías de la población que están en serio riesgo.
*Bernardo Kliksberg es economista y asesor de Gobiernos y organizaciones internacionales, es coautor junto al premio Nobel Amartya Sen del libro Primero la gente (Deusto, 2008).
Fuente: elpais.com   24 de junio de 20099

   
 

Hablar de crisis es promoverla ...

  El precio que pagamos por nuestra riqueza es que no podemos hacer nada por los problemas que crea ... por FernanDoylet (traducido del libro “Poor because of Money”)

La existencia de la pobreza es algo a lo que nos acostumbramos, y se vuelve mas fácil acostumbrarse; pero acaso nos sentimos confortables atrás de una cerca de alambre electrificada con 10000 Voltios, y un perro bravo en el patio? No estaremos cerrando nuestros ojos muy fácilmente a la realidad?

Ablando con propiedad, es sorprendente que podamos vivir con la idea de que en algún lugar en el mundo, niños de 5 años trabajen en basureros entre hediondeces nauseabundas buscando por pequeños pedazos viejos de papel y metal, solo para poder ganar lo suficiente para comer. Lo he logrado aceptar; he notado que se vuelve aceptable, y lo mas probable es que usted sienta de igual manera. Hemos descubierto formas de ignorarlo, para ponerlo a un lado, o ni notarlo nunca mas. También es demasiado frustrante lidiar con la realidad, por lo que hacemos casi cualquier cosa para evitarla. La mejor excusa que podemos tener es la convicción de que no hay nada que podamos hacer al respecto. Esta es una manera muy saludable de ver las cosas; ofrece una forma legitima para ignorar la miseria interminable en la que tienen que vivir millones de personas. Esta convicción también nos esta costando: perdemos una parte importante de nuestra humanidad. Involucrarnos con todo lo que esta vivo, lo que fue y lo que sera, es esencial para nuestro desarrollo mental. El hecho del que he logrado esconderme atrás de algunos argumentos, es lo que ahora observo como pobreza.

El costo de nuestra riqueza
El costo de nuestra riqueza es mas alto de lo que pensamos. ¿Con que frecuencia la riqueza material no dirige el desarrollo personal de valores materiales? ¿Con que frecuencia nota lo ocupado que estamos protegiendo el engrandecimiento de nuestra riqueza? Nuestras necesidades aumentan sin darnos cuenta; no es a propósito, es un desarrollo autónomo. En el mercado de valores se estudian las inversiones con intensidad; es un juego absorvente, pero de no tener cuidado, se estaría ocupando solo con “otros ricos”. Como las ganancias son un (el) juego, las perdidas son reales. Cuando las necesidades y las posibilidades de satisfacerlas siguen creciendo, tenemos menos y menos tiempo. Es estres es parte de del estilo de vida actual.

“Aquellos que tienen la mayoría, son los que tienen la menor presencia.
Ellos crecen sin raíces, sin identidad cultural, y con la única consciencia social de que la realidad es peligrosa.”

Referencia: De Omgekeerde Wereld, Eduardo Galeano.

En muchos países, el mundo de los adinerados de clase media comienza atrás de un muro de seguridad, cubierto con vidrios rotos; ahí es donde se sienten seguros; pero las paredes hechas para mantener al mundo furioso afuera, también mantienen sus propias vidas adentro. Muchos Africanos blancos de Shanton, un suburbio lujoso cerca de Johannesburg, no se atreverían a mostrar sus caras en un vecindario negro no muy lejano.

Hay 10000 Voltios alrededor de su propiedad, y tiene un perro muy bravo. Hay barrios ricos alrededor de Los Ángeles, que tienen sus propias escuelas, sus propias tiendas, su propia seguridad; incluso, formando su propia jurisdicción. Los niños de esta gente adinerada ya no salen del área. Galeano, el escritor Latino-Americano, escribió en su libro “El Mundo al Revés” sobre como los hijos de los ricos en Río de Janeiro o Buenos Aires no saben nada acerca del metro en sus propias ciudades, pero si están familiarizados con el Metro en París. Ellos crecen con la única consciencia social de que la realidad es peligrosa. El precio de la riqueza es también el miedo de perderlo todo; miedo de ser robado; miedo de ser secuestrado.
Al mismo tiempo, las personas de clase media en muchas partes del mundo están tomando una posición incierta; ellos tienen el temor constante de que pueden perderlo todo de un día a otro.
Esto me quedo muy claro unos años atrás, cuando leí una frase en la pared de un barrio marginal de Buenos Aires: ‘Bienvenidos Clase Media’.

Por supuesto que no es tan obvio para nosotros; pero de veras ¿es tan diferente para nosotros?
Un muro virtual (completo) con vidrios rotos y alambre de púas existe alrededor de Europa, con el mismo propósito que las paredes alrededor de las villas en SudAfrica; es el precio que pagamos por nuestra riqueza; un precio que aceptamos porque no conocemos una alternativa, y no creemos que tenemos el poder de hacer algo al respecto. Tarde o temprano debemos oponernos a esto, porque no podemos vivir así! Yo quisiera sentirme humano sin sentirme atrapado en un nudo de frustración porque no hay nada que pueda hacer al respecto. Creyendo en mi propio sentimiento de impotencia, quizás me ofrece un grado de seguridad, pero en el fondo me sigue molestando; siento que hay ciertas conexiones entre mi mundo y los eventos desastrosos, que comprar productos de ‘comercio justo’ no es suficiente; mientras tanto, nosotros podemos comprar 15 clases de comida diferentes para nuestros gatos: corazón, pollo, conejo, pato, carne de res, cordero, paté de atún, ave con res, pescado de mar, carne de ternera, sardinas, ternera y pollo, pavo, pavo y cordero, y salmón. Perro y ratón, los sabores favoritos del gato, no están disponibles. Solo para poder comer lo que le damos a comer a nuestros gatos, otras personas estarían dispuestas a trabajar bajo las peores circunstancias.

Es tiempo de despertarnos. La alternativa es que vivamos nuestras vidas como una especie de monstruo psicótico dividiendo al mundo en dos partes; nuestro propio lugar, conocido y confiable, y el resto del mundo; y que nos sintamos amenazados del avance de extranjeros y ciudadanos enloquecidos.

Esta es quizás mi mayor motivación interior para escribir este libro. Creo que he superado la convicción de que nada se puede hacer al respecto. Hay movimiento en el sistema monetario; y como consumidores, nosotros podemos darle un empujón a ese movimiento en la dirección correcta. [Zap U]

Tenemos muchas razones para buscar (trabajar) soluciones estructurales en forma colectiva!
 

No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo.
La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países porque la crisis trae progresos.
La creatividad nace de la angustia, como el día nade de la noche oscura.
Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias.

Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar "superado". Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia. El problema de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones.

 

Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia.
Hablar de crisis es promoverla y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora que es la tragedia de no querer luchar por superarla.

Fuente: Doylet.org adaptación de Código R

 

 

 

   
RSE: ¿Crisis económica = Crisis de la RSE?

Diario Responsable (Enviado por: Redacción), 23 de Enero de 2009

Algunos creen que la Responsabilidad Social de la Empresa ha muerto con la crisis. Son los que nunca creyeron en ella. Son los que la confundían con la Acción Social de las empresas o con el marketing social. O los que creían que la RSE se practica sólo cuando hay abundantes y únicamente bajo criterios de rentabilidad financiera. O los que centraban su política de RSE en una estrategia de Reputación Corporativa sin comprender que ésta es una buena medida inseparable de la responsabilidad de la empresa y, en buena medida, consecuencia de ella.
Alternativa Responsable

Ha habido y hay demasiada confusión conceptual sobre la RSE. Mucho desconocimiento y sobre todo, excesivo contrabando semántico entre RSE y propaganda social. Por eso no nos extraña que, en cuanto han soplado los vientos huracanados de esta tormenta económica y financiera, algunos expresamente y otros en complaciente silencio, están extendiendo oportunistas e irresponsables actas de defunción a la RSE

Es un análisis equivocado y un pronóstico que no se cumplirá. Varias son las razones que queremos compartir:

1ª) Bien analizada, la crisis que estamos sufriendo es precisamente una crisis de irresponsabilidad: la de las hipotecas subprime; la de las empresas de raiting; la de los defraudadores financieros; la de inversores especuladores; la de los altos e injustificados salarios y bonus; la de las ganancias financieras desproporcionadas y a corto plazo; la de quienes se han acomodado en sectores burbuja sin planificación futura; la de quienes no han hecho previsiones y esfuerzos en tiempos buenos para sortear los malos. La sociedad está pagando hoy las consecuencias de esas prácticas y actitudes y su creciente irritación le hará huir mañana de todos estos comportamientos. Crece así la línea de exigencia de los consumidores, de los inversores, de los trabajadores, de los ciudadanos al fin, para con las empresas. Al margen de que esa exigencia social múltiple es un fenómeno objetivo e inevitablemente creciente a medida que aumenta la formación, la conciencia, la vertebración y, en definitiva la madurez de la sociedad y de sus instituciones.

Si las demandas de la sociedad hacia las empresas se hacen patentes, esa línea gruesa que impulsa la RSE, consolidará su evolución. De manera que, bien podríamos extraer una primera conclusión y es que la RSE como cultura prudente y sostenible del negocio, saldrá fortalecida de esta crisis.

2ª) Los fallos clamorosos en la regulación nacional y en la coordinación de la supervisión internacional, en los controles internos y externos etc., van a transformarse, seguro, en un aumento de los sistemas de información sobre la vida de las empresas, sobre su actividad financiera y sobre sus decisiones estratégicas. Crecerán los instrumentos de análisis de múltiples organismos sobre los riesgos de las compañías. Se revisarán y fortalecerán los índices bursátiles que premian a las empresas sanas, estables, sostenibles, responsables en suma. Crecerá la exigencia de transparencia y buen gobierno de los Consejos de Administración hacia accionistas y otros stakeholders de las empresas y debería crecer la exigencia de los Gobiernos hacia algunas empresas (máxime cuando son muchos los fondos públicos que se les están facilitando en estos momentos).

En definitiva y segunda conclusión, la empresa acentuará su transparencia informativa, estará mucho más vigilada por accionistas, inversores, consumidores, representantes de los trabajadores y comunidad en general, en un marco más regulado, más exigente sobre su responsabilidad y sostenibilidad y eso, fortalece la cultura de la responsabilidad social y sostenible de las empresas.

3ª) La visión cortoplacista de la actividad empresarial y la búsqueda del máximo beneficio en el menor plazo han salido derrotados: son casi siempre causa de resultados trágicos.

Como ejemplo directo recordemos las remuneraciones extraordinarias a los ejecutivos en la concesión de hipotecas, generadoras de las basuras hipotecarias, o los incentivos por resultados a los directivos que, al igual que las políticas inapropiadas de remuneración a los directivos, acaban primando la rentabilidad financiera a corto plazo de empresas, las cuales terminan siendo descapitalizadas o quedando en grave riesgo de competitividad por falta de inversiones y de apuestas estratégicas a largo plazo. Ha llegado la hora de una revisión profunda al sistema de remuneración de los directivos. ¿Para cuándo alguna concesión de malus tras tanto bonus? ¿Y por qué no unos ligados a objetivos alcanzados en materia de RSE?

Esta crisis es una auténtica lección de prudencia y del sentido de la Responsabilidad -Sostenibilidad en el núcleo del negocio. Lección que es de esperar haya sido bien aprendida en las entidades financieras, constructoras e inmobiliarias, etc. para trasladarse a continuación a toda la actividad económica y a la formación universitaria y de posgrado en la gestión empresarial.

4ª) La crisis fortalece los valores de “la nueva economía”, la basada en el conocimiento y en la información, en la tecnología y en la inversión, en la formación continua y en la I+D+i. La apuesta por esos valores, por unas relaciones laborales de calidad que atraen a los mejores y los fidelizan a la empresa, sale fortalecida de una crisis que golpea y castiga lo contrario. Una empresa “limpia”, ecológica, sostenible, con una vitola de responsabilidad social emerge de la crisis con un plus de competitividad frente a la empresa “tóxica” e irresponsable.

5ª) Por último, la crisis intensificará la vigilancia de las empresas hacia sus proveedores. La creciente vulnerabilidad de las grandes firmas en la globalización económica y en la sociedad de la información les obligará a extremar sus cuidados en la subcontratación y a establecer crecientes controles a la trazabilidad de sus productos agregados. Esta será, así una nueva oportunidad de fortalecer y extender la cultura responsable – sostenible a las PYMES, factor fundamental en un proyecto expansivo de la RSE al mundo productivo.

De manera que, ¿quién dijo aquello de que las crisis no deben deprimirnos, sino estimularnos? Pues eso, en la larga marcha por una economía de mercado, sí, pero con empresas responsables social y medioambientalmente. Esta crisis que nos ahoga, debe ser una oportunidad de avanzar en la responsabilidad y en la sostenibilidad de las empresas.

Alternativa Responsable
Ramón Jáuregui, Juan José Almagro, Marta de la Cuesta, Javier Garilleti, Marcos González, Jordi Jaumà, José Ángel Moreno, José Miguel Rodríguez, Isabel Roser.

Fuente: Diario Responsable (Enviado por: Redacción), 23 de Enero de 2009

 

La RSE y tiempos difíciles
La RSE será especialmente creíble en tiempos difíciles. Entonces se probará, desde luego, el modo en que los costos de las crisis se distribuyen entre los accionistas y los trabajadores.  Alejandro Ferreiro, Chile

Fuente: Revista Poder - Enero de 2009

En los últimos años ha sido mucho lo que hemos escuchado acerca de la Responsabilidad Social Empresarial (RSE). Para algunos, es un esfuerzo sincero de las empresas por reconocer que su objetivo trasciende a la maximización de utilidades y se extiende a la búsqueda de un equilibrio con todos sus públicos: trabajadores, clientes, proveedores, accionistas, comunidad y medio ambiente. Para los escépticos, en cambio, la RSE no sería más que una estrategia sofisticada de marketing. La crítica apunta al esfuerzo por “parecer” socialmente responsables en lugar de “ser”.

No es fácil distinguir la genuina RSE del mero oportunismo. A ello contribuyen las dificultades para medir con objetividad la responsabilidad social que se alega, la inexistencia de auditorías externas enteramente confiables, por lo que con frecuencia las mediciones reportadas descansan más en lo que las empresas declaran que en lo informado por los beneficiarios o público. Más aún, connotadas escuelas de administración (como el análisis de las fuerzas competitivas de Porter) sugieren que el éxito de una empresa depende de su poder de negociación en los mercados de insumos (trabajadores y proveedores) y de extremar márgenes frente a los clientes, lo que ocurriría en mercados con débil competencia. En suma, más que colaboración o equilibrio, lo que se sugiere es que el éxito de la empresa –al menos en el corto plazo– se daría en conflicto de intereses con los demás públicos o stakeholders.

La consolidación del concepto de RSE enfrenta, pues, el desafío de superar la noción de “juego de suma cero” entre accionistas, por un lado, y stakeholders, por otro. Cuestión difícil si no se mide el éxito de la empresa en el largo plazo: sólo en esa perspectiva tendrán sentido los sacrificios de utilidad presente a cambio de la construcción de alianzas estratégicas con trabajadores, proveedores, clientes, comunidad o medio ambiente. Es en el largo plazo cuando la RSE “paga” a la empresa que la pone en práctica a través de un conjunto de fortalezas, intangibles algunas, pero potentes todas: reputación, disminución de riesgos, capacidad de reclutar trabajadores con compromiso social, entre muchas otras.

La RSE se construye con paciencia, rigor y temple. En tiempos en que internet, la transparencia informativa y las estrategias de los competidores hacen imposible engañar por mucho tiempo, de poco vale aspirar a construir una imagen que carezca de respaldo. Por lo mismo, la RSE será especialmente creíble cuando se la practique en tiempos difíciles. Entonces se probará, desde luego, el modo en que los costos de las crisis se distribuyen entre accionistas y los trabajadores. No es razonable decir un día que los trabajadores son el activo y preocupación principal de la empresa y, acto seguido, proceder a despidos masivos sin haber explorado otros caminos. Dejar de trabajar algunos días, así como la reducción pareja de sueldos (gerentes y trabajadores incluidos), son alternativas. Es cierto, las leyes no permiten a la gerencia imponer ese tipo de ajustes, pero si ambas partes están de acuerdo, la ley no será obstáculo.

En tiempos en que todavía no decanta aún un concepto inequívoco de RSE, ni tampoco la capacidad de auditar las prácticas empresariales para distinguir lo genuino de lo aparente, el modo en que las empresas aborden tiempos difíciles en su relación con los trabajadores ofrece una prueba de fuego para evaluar la consistencia entre discurso y práctica. Me cuento entre quienes creen en la importancia de una RSE sólida y creíble: una que ayude a reconciliar los fines empresariales con la búsqueda del bien común (tan distinto, por cierto, de las teorías que marcaron la fractura ideológica en el siglo XX). Por lo mismo, considero que no hay peor enemigo de la RSE que su manipulación con fines publicitarios. El modo en que se distribuyan entre accionistas y trabajadores los costos de los ajustes ofrece una buena oportunidad para saber “cuántos pares son tres moscas” en relación a una RSE que no siempre se practica al nivel que se verbaliza.

 

 

Derechos Humanos: La única llave para salir de la crisis mundial, por Jana Silverman, Social Watch

 

Fuente: blog.socialwatch.org/es
23 de Enero de 2009


La amenaza creciente de crisis financiera, alimentaria, energética y ambiental requiere un nuevo enfoque basado en los derechos humanos, argumenta la coalición internacional de Social Watch en su informe de 2008, lanzado el 1 de diciembre en Doha, la capital de Qatar, en el marco de la Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo de las Naciones Unidas.A través del testimonio de grupos de la sociedad civil de 59 países, el informe de Social Watch de 2008, titulado Derechos humanos: La única llave, documenta cómo los gobiernos han fallado en cumplir con sus obligaciones internacionales de erradicar la pobreza y lograr la equidad de género, y además proporciona ejemplos impactantes sobre cómo la arquitectura financiera vigente ha ignorado -o ha violado abiertamente- esos derechos y ha provocado una creciente injusticia en todo el mundo.

Según Roberto Bissio, coordinador de Social Watch, “en años recientes, se formularon nuevos derechos para las instituciones financieras y las empresas, sin crear derechos equivalentes para las personas”.

Esto ha creado una situación en la cual la creciente desigualdad de ingresos, tanto dentro como entre los países, provocada por la fuga de capitales, la evasión fiscal y la privatización, ha hecho más lento el proceso de mejora de los indicadores sociales clave hasta casi el estancamiento total durante las últimas dos décadas. Según los cálculos de Social Watch, el cumplimiento universal de los Objetivos de Desarrollo del Milenio es ahora una meta imposible, en tanto los gobiernos del mundo mantengan la actitud de que “aquí no ha pasado nada”.

Social Watch, una red internacional de ONG que monitorean el cumplimiento de los compromisos internacionales asumidos por sus gobiernos, publica su informe anual desde 1996.

Los activistas de base y los analistas de la sociedad civil de diversas partes del mundo que contribuyeron al Informe Social Watch 2008demuestran que la predominancia de la extrema pobreza y la inequidad de género están íntimamente ligadas a los efectos inmediatos de la crisis sistémica actual y a cuestiones estructurales de largo plazo enlazadas al sistema económico neoliberal.

Kinda Mohamadieh de la Red de ONG Árabes para el Desarrollo, con sede en el Líbano, comprobó en el lanzamiento del Informe Social Watch 2008que “el sistema económico en la región árabe es antidemocrático, porque concentra la riqueza en las manos de los pocos que estén en el poder”. Las políticas económicas actuales sólo perpetúan la marginalización social y política de la gran mayoría de la población, excluyendo a la ciudadanía de la participación en los procesos de toma de decisiones y agravando problemas como el desempleo y la provisión inadecuada de programas de seguridad social. “Aunque nosotros en la sociedad civil hemos mostrado que este modelo no ha generado empleos o erradicado la pobreza, los gobiernos árabes no nos quieren escuchar”, agregó Mohamadieh.

La desigualdad social no es un problema aislado de los países árabes. Por ejemplo, ONG de India describen en el Informe Social Watch 2008 cómo el crecimiento económico en su país ha llegado a una tasa anual por encima del nueve por ciento, pero la riqueza resultante no se redistribuye hacia las mujeres, que constituyen el sesenta y tres por ciento de la fuerza de trabajo informal, o hacia los miembros de las castas más bajas o grupos minoritarios, de los cuales treinta y cinco y treinta y uno por ciento, respectivamente, viven por debajo de la línea de pobreza.

En muchos casos, las políticas de financiamiento del desarrollo de los países ricos tienden a reforzar estas inequidades en lugar de eliminarlas. El articulo “La estructura jurídica y financiera de la Unión Europea:
consecuencias para los derechos humanos básicos”, del Informe 2008 de Social Watch, argumenta que los intereses comerciales de la Unión Europea han desviado sus estrategias de ayuda al desarrollo. Sus prioridades ahora se concentran principalmente en mejorar la infraestructura, el transporte y los sistemas aduaneros de los países en desarrollo para convertirlos en mercados mas atractivos para los inversionistas europeos, en lugar de contribuir a la realización de los derechos sociales básicos, como el acceso a la salud y la educación, en dichos países.

Además, las cifras del Índice de Equidad de Género (IEG) de Social Watch incluidas en el Informe 2008 muestran que la desigualdad de género es aun un tema de preocupación a nivel mundial: la brecha global de salarios entre mujeres y varones se estima en treinta y dos por ciento, las mujeres en la política no superan el 17,5 por ciento de los miembros del parlamento, y el sesenta por ciento de los países no han avanzado en años recientes en la ampliación del acceso a la educación para las mujeres.

Las ONG ligadas a Social Watch utilizan herramientas como el IEG para impulsar cambios políticos y sociales en sus países. “Utilizando el IEG, estamos presionando al gobierno a promover los derechos de las mujeres en el contexto de las políticas macroeconómicas del país, y no como un asunto separado o secundario”, dijo Niemat Kuku, del Centro de Investigación y Capacitación sobre Género de Jartúm, Sudán.

Para enfrentar los numerosos obstáculos estructurales y circunstanciales creados por los defectos fatales de la arquitectura financiera global que bloquean el cumplimiento pleno de los derechos humanos de todos los ciudadanos, en su Informe 2008, Social Watch llama a las Naciones Unidas a que convoque un proceso exhaustivo e incluyente para revisar y reconstruir las instituciones financieras y monetarias internacionales. Como urge Roberto Bissio: “Durante la transición del sistema actual –que ha fomentado la inestabilidad y la inequidad– a un sistema que sea justo, sostenible y responsable (…) los derechos humanos deben ser el punto de partida y no una meta en un futuro distante”.

- Dejar un comentario Jana Silverman, miembro del Secretariado Internacional de Social Watch.
- Ver el Informe 2008 de Social Watch
http://blog.socialwatch.org/es/tag/reporte-2008-de-social-watch/

Fuente: Blog.SocialWatch.org 23 de Enero de 2009

 

Aportes de Social Watch a la Comisión Stiglitz sobre Reformas al Sistema Financiero y Económico

 

Fuente: SocialWatch.org (inglés)
Control Ciudadano (español)
publicada el 17 de febrero de 2009

Social Watch es una red de coaliciones ciudadanas en más de 70 países que monitorea los compromisos de los gobiernos y las organizaciones internacionales referidos a la erradicación de la pobreza y el logro de la igualdad de género. Social Watch ha venido informando sobre la temática del desarrollo cada año desde 1995, y en ese proceso hemos abordado frecuentemente los temas relacionados con las finanzas mundiales y su gobernanza. En particular, el informe 2006 de Social Watch se titulaba: “Arquitectura imposible: por qué la estructura financiera no le sirve a los pobres y cómo rediseñarla para la equidad y el desarrollo”. El informe 2008 titulado “La única llave” examina la relación entre los derechos humanos y las reglas económicas (y la desregulación) que trajo la globalización. Social Watch participó activamente tanto en la conferencia de Monterrey en 2002 sobre Financiación para el Desarrollo como en la conferencia de seguimiento de Doha en 2008.

A partir de esa experiencia y de la evidencia proveniente de los grupos de base, el Secretariado de Social Watch formuló las siguientes 10 medidas para combatir la recesión mundial y rescatar a los pobres:

1. Invertir en la gente - Los paquetes de estímulo anticíclicos para reactivar la economía deberían invertir al mismo tiempo en recursos humanos, mejorando la infraestructura educativa y de salud y la provisión de servicios esenciales como agua potable, saneamiento y electricidad.

2. Promover los derechos humanos - Los derechos humanos, incluyendo la igualdad de género, el pleno empleo y el trabajo decente, y los medios necesarios para lograr la “dignidad para todos y todas”, no deberían mencionarse sólo en el preámbulo de los acuerdos internacionales, sino que deberían establecerse mecanismos que aseguren el cumplimiento y que obliguen a las corporaciones globales y organizaciones internacionales a hacerse responsables por sus compromisos de derechos humanos. Este incluye impedir que el espacio de política nacional sea erosionado por las condicionalidades políticas que socavan los mecanismos democráticos de gobernanza como la supervisión parlamentaria. La falta de monitoreo y de regulación por parte de las autoridades responsables es una de las causas principales de la actual crisis financiera.

3. Economía verde - Reconstruir una economía verde global que respete y proteja nuestros bienes mundiales comunes, que prevenga un mayor calentamiento global y asegure un ambiente sustentable, seguro y limpio para las futuras generaciones. En este contexto, la introducción de un impuesto a las emisiones de carbón puede ser una medida eficiente no sólo para combatir el calentamiento global sino también para compensar a los países en desarrollo por las asimetrías adicionales provocadas por el aumento de los subsidios y el proteccionismo de los países desarrollados.

4. Comercio - Las medidas de liberalización y desregulación de los servicios financieros incluidas en los acuerdos comerciales y de inversión bilaterales y multilaterales deben ser revisadas. La ronda de negociaciones comerciales de Doha debería separar los acuerdos sobre servicios financieros del paquete de “emprendimiento único”, de modo que cualquier ganancia para los países en desarrollo en el acceso a los mercados no se vea socavada por una mayor vulnerabilidad introducida al ser obligados a entregar el control sobre los mecanismos claves de control financiero y monitoreo.
- Todas las negociaciones comerciales vigentes tanto a nivel multilateral como bilateral deben dejarse en suspenso hasta que se implementen las protecciones necesarias para resguardar al sistema financiero de futuros choques, y hasta que se logre un mejor entendimiento de los vínculos entre la política comercial y la estabilidad financiera actual. Tanto los tratados comerciales bilaterales como multilaterales (GATS) que piden la desregulación de los servicios financieros y la eliminación de los requisitos de desempeño para las inversiones extranjeras deberían ser negociados nuevamente.

5. Detener las fugas: Controlar los flujos de capital - Deben introducirse nuevamente medidas de control de capital, como los requisitos de depósito para desalentar a inversionistas especulativos de corto plazo como parte de las herramientas disponibles para gobiernos a fin de evitar fugas de capitales y ataques especulativos. La fiscalización de las transacciones financieras internacionales, en la forma de un Impuesto a las Transacciones Monetarias o Financieras puede ayudar a generar los recursos necesarios para “rescatar a los pobres”. Además, son necesarias medidas políticas coordinadas para permitir controlar actividades ilegales que generan pobreza, desde el lavado de dinero y la evasión fiscal hasta la transferencia de precios del comercio entre empresas y la corrupción.

6. Nacionalizar los bancos - Las instituciones financieras que “fracasan demasiado” y desempeñan un papel tan vital para la verdadera economía que merecen ser mantenidas en actividad con el dinero de los contribuyentes, mientras el Estado se arriesga a garantizar los depósitos, deberían de hecho estar bajo estricta supervisión gubernamental, con límites impuestos a las compensaciones de los ejecutivos y a las liquidaciones de dividendos. Los accionistas que exigen que se socialicen las pérdidas no tienen ninguna autoridad moral para privatizar las eventuales ganancias y esas instituciones, por tanto, deberían estar sujetas a las reglas de transparencia y responsabilidad de otros servicios estatales.

7. Cooperación fiscal - Deben clausurarse las jurisdicciones secretas, el sistema bancario sombra y los centros financieros offshore (OFC por su sigla en inglés) como forma de eliminar la evasión fiscal transnacional y la fuga de capitales y limitar el alcance de futuras evasiones fiscales, a fin de movilizar los muy necesarios recursos para el desarrollo sustentable. Para comenzar, debe desarrollarse una sólida regulación de las transferencias bancarias a los OFC. En última instancia, es necesaria una organización fiscal internacional bajo los auspicios de las Naciones Unidas para el control democrático de los impuestos, es decir, para combatir la competencia fiscal, la evasión fiscal y la fuga de capitales corrupta. Para comenzar, el Comité de Asuntos Fiscales de Naciones Unidas debería ser mejorado considerablemente.

8. Reforma de las IFI - La estructura de las IFI debería replantearse para reflejar el equilibrio actual del poder económico y político en el sistema global. Además, deberían implementarse mecanismos de capacitación técnica para asegurar una participación más eficaz de los PMA en los procesos de decisión en cuanto a las IFI tanto a nivel nacional como multilateral. El mandato de las IFI debería ser reducido a su objetivo original de ser los garantes de un sistema económico y financiero estable, sin inmiscuirse en el espacio político de los países en desarrollo, sobre todo en cuanto a políticas sociales, laborales y ambientales.

9. Mecanismo para la deuda - Establecer un proceso internacionalmente aplicable, transparente, imparcial e integral para resolver crisis de deuda, para juzgar qué deuda no es sustentable o legítima y asegurar que las obligaciones internacionales de derechos humanos toman precedencia frente al servicio de la deuda. Además, establecer pautas para que los préstamos sean responsables, democráticos y justos, y que promuevan el desarrollo sustentable y equitativo.

10. Negociaciones inclusivas - Las negociaciones para una nueva arquitectura financiera y económica internacional deben ser totalmente inclusivas, por lo tanto las Naciones Unidas deben estar en el centro de ellas, con el objetivo de introducir una arquitectura financiera equitativa y sustentable a fin de permitir una representación democrática fuerte y la participación de los países en desarrollo en la toma de decisiones – incluso iguales derechos de votación. También deberían permitirse las opiniones de la sociedad civil durante el proceso de negociación. El G-20 y G-8 no son los foros legítimos para resolver la crisis financiera.

Fuente: SocialWatch.org (inglés) - Control Ciudadano (español) publicada en sección Noticias, 17/02/2009

 
 
¿Responsabilidad Social Corporativa o Marketing?   Javier Barranco Saiz*

En algunos foros en los que, públicamente, he expresado mi preferencia a utilizar el término “Marketing Social Corporativo”, (MSC) en lugar del de “Responsabilidad Social Corporativa”, (RSC), he obtenido críticas, por un lado y razonamientos explicativos de sus diferencias, por otro.  Evidentemente, estoy convencido de que no son conceptos idénticos ya que la RSC comprende ámbitos que el Marketing no atiende, en principio, como es la conservación del Medio Ambiente o la autorregulación de la ética empresarial a través de los Códigos de Conducta.

De ahí que no me esté refiriendo al aspecto conceptual, sino a la similitud en la finalidad que muchas empresas persiguen con ambas estrategias: convencer a los grupos de Interés relacionados con la entidad de lo socialmente responsable que ésta es, para transformarlo en un beneficio. Es decir, el uso de la RSC como una estrategia más de Marketing.
Quisiera, en este artículo, explicar el por qué de esta opinión, evidentemente sin ninguna trascendencia, aprovechando para incidir en aquellos aspectos que considero más significativos en la relación entre ambos conceptos.

Sin llegar al extremo de lo planteado en 1.969 por Theodore Levitt, profesor de la Escuela de Negocios de la Universidad de Harvard, recientemente fallecido y autor, entre otras muchas publicaciones, del famoso artículo “Miopía del Marketing”, al indicar que “El Marketing tiene que ver con todas las cosas que deben hacerse para atraer y conservar al cliente”, sí conviene especificar los hitos fundamentales del proceso de comercialización.
En un principio, cuando no existían los medios de transporte que hoy consideramos habituales, las empresas vendían lo que fabricaban dentro de la zona geográfica en la que ejercían su influencia. Las posibilidades de elección por parte del cliente estaban totalmente restringidas.
Con el desarrollo de los medios de comunicación y de transporte de mercancías surge la competencia y, con ella, una nueva forma de gestión: el Marketing, que transforma totalmente la comercialización. Se pasa de comprar lo existente a poder elegir entre diferentes ofertas. El Marketing, en consecuencia, permitió ampliar las posibilidades de elección de los ciudadanos.

Desde su inicio la actividad del Marketing se centra en el cliente, en conocerle, en detectar cuáles son sus necesidades y expectativas para satisfacerlas y para conseguir su fidelización, es decir, para que siga comprando; para continuar obteniendo un beneficio.
El crecimiento de los mercados, la evolución de la competencia y las, cada vez, mayores diferencias en las distintas tipologías de la clientela, obliga a las empresas a dar un paso más en el planteamiento de su Política Comercial.
Parece que resulta conveniente agrupar a los clientes en base a determinadas características similares para poder darles un tratamiento de Marketing especializado y adaptado a las mismas. Es lo que se denomina Estrategia de Segmentación. Se pasa de dar supremacía al cliente individual, a dársela al segmento de mercado o grupo de potenciales compradores con parecidas peculiaridades.
Pero el entorno continúa cambiando y el escenario en el que se mueven las compañías se ve influenciado por una serie de factores exógenos que implican la irrupción en el mundo empresarial de otros protagonistas, además de los clientes: Accionistas, Proveedores, Administración, Entidades No Lucrativas, etc., que reclaman su papel.

A todos estos colectivos que se relacionan con la empresa y que influyen en ella, se les denomina Grupos de Interés o, utilizando un término inglés ya usual en la literatura económica, stakeholders.
Esta evolución de los segmentos de mercado a los grupos de interés sucede, principalmente, porque la empresa reconoce que necesita para su estrategia de negocio, no lo olvidemos, tener una visión más amplia de los valores imperantes en la Sociedad, tanto de las personas como de los colectivos e instituciones, para seguir obteniendo un beneficio.
Porque la realidad es que las organizaciones evolucionan hacia nuevas formas de gestión sólo cuando se ven obligadas por las circunstancias, es decir, cuando sus resultados están en peligro.
Estas nuevas relaciones de la empresa con sus stakeholders son, en este escenario, funcionales y relacionales. Funcionales porque lo prioritario es la eficacia de su gestión con cada grupo de interés para lograr los objetivos deseados; objetivos de tipo coyuntural, como hacer frente a una denuncia de una ONG que origina una situación conflictiva, o estratégico, como la creación permanente de valor o el reposicionamiento público ante cualquier avatar negativo que empañe la Imagen Corporativa.
Y son relacionales porque las actuaciones de la entidad se enfocan a que la percepción que tengan los stakeholders de la misma, se transforme en resultados positivos.

Siguiendo un poco más con el razonamiento, podríamos concretar que, en un modelo de Marketing Estratégico, las variables a considerar son tres, según el plazo de visión:
- A corto plazo: La Cuota de Mercado. Conseguir un determinado crecimiento que garantice un porcentaje del mercado.
- A medio plazo: El Posicionamiento Estratégico. Alcanzar una situación de liderazgo en comparación con el resto de los competidores.
- A largo plazo: La Competitividad. Incorporar valores que diferencien al producto y/o a la empresa respecto al resto de oferentes.
De todas estas variables, la más significativa en situaciones como las actuales en las que las ofertas son tan similares en precio y calidad, es la Competitividad.

Si, además, siguiendo una Óptica de Marketing, consideramos que es el mercado el que con su veredicto de compra refrenda la gestión de la empresa, no nos queda más remedio que conocer y considerar su opinión al respecto.
Y lo que nos dicen las encuestas realizadas por instituciones especializadas es que los clientes ven muy bien el que la Imagen Corporativa de las Compañías se asocie a causas solidarias; que una empresa socialmente responsable consigue diferenciar a sus productos mejor que otra que no lo es; y que todo ello incrementa el grado de fidelidad del mercado y la admiración de los grupos de interés.

Consecuencia: parece conveniente y hasta necesario que la estrategia de la entidad considere estas indicaciones: seamos solidarios y seámoslo más que nuestros competidores para que nos distingamos de ellos y logremos, así, la fidelización de nuestra cartera de clientes para venderles más.

Veamos, ahora, qué es lo que dicen algunos expertos acerca de la Responsabilidad Social Corporativa.
- La AECA, Asociación Española de Contabilidad y Administración, una de las primeras organizaciones que, en España, vislumbró la importancia de esta materia, indica en su Marco Conceptual de la RSC: “La RSC centra su atención en la satisfacción de las necesidades de los Grupos de Interés, a través de determinadas estrategias cuyos resultados son medidos, verificados y comunicados adecuadamente”.
- Valdemar de Oliveira, presidente en Brasil del Instituto ETHOS de Empresa y Responsabilidad Social, afirmaba que “la RSC es la capacidad de una empresa para escuchar, atender, comprender y satisfacer las expectativas legítimas de los diferentes sectores que contribuyen a su desarrollo”

Es decir, que al igual que el Marketing, la RSC busca la satisfacción de los Grupos de Interés: sus clientes y los otros colectivos relacionados con la empresa.
AECA también indica que “la RSC supone un planteamiento de tipo estratégico que afecta a la toma de decisiones y a las operaciones de toda la organización, creando valor a largo plazo y contribuyendo significativamente a la obtención de ventajas competitivas duraderas”.
En este mismo sentido se pueden interpretar las declaraciones de Eduardo Montes, presidente del Club de la Excelencia en Sostenibilidad, al afirmar que “la RSC no es una moda, ni un lujo, sino una ventaja competitiva para aquellas empresas que la han implantado como una herramienta más de gestión”.
Estamos, pues, ante una situación similar a la que podríamos tener con una Óptica de Marketing ya que, igualmente, afirmamos ahora que la RSC genera valor para la empresa: innovación, eficacia, rentabilidad, confianza, cercanía, competitividad…
Es decir, que lo mismo que antes en dicha óptica, la palanca que moviliza la RSC en las compañías es la fuerza de los Grupos de Interés para rechazar a aquellas empresas que transgredan los valores sociales vigentes. Con otras palabras: el veredicto del mercado, en sentido más amplio, pero con el mismo fin ya que el castigo es la no compra. Sin embargo, nos podríamos preguntar si el mercado premia a las entidades socialmente responsables. La respuesta, en mi opinión, es que, todavía, no.
De ahí el acierto de Ramón Jáuregui, responsable que fue de la Subcomisión del Congreso de los Diputados para el Fomento de la RSC, cuando indica la importancia de concienciar a los clientes para que sean estos, con su fuerza, los que exijan a las empresas un comportamiento responsable, ya que “si no, todo se desmoronará como un castillo de naipes”.

Por todo ello se origina una necesidad de tener que realizar el “Marketing de la RSC”. Las compañías, preocupadas porque el mercado les reconozca su solidaridad, su comportamiento ético, su contribución a la conservación del Medio Ambiente, etc., se acogen a cuantos pactos o acuerdos sean necesarios, implantan códigos de comportamiento ético y publican memorias e informes para difundirlos entre sus stakeholders. Con esto pretenden reforzar su Imagen Corporativa y mejorar o consolidar su reputación.
Y este “Marketing de la RSC” llega, a veces, a extremos tales como la incorporación, en los productos que comercializan, de las “etiquetas ecológicas” o de las “etiquetas de reducción de Carbono” en las que indican a los clientes el impacto ambiental que generan o la cantidad de Anhídrido Carbónico u otros gases de efecto invernadero emitidos al fabricar el producto.

La actual crisis económica que estamos padeciendo puede ser la piedra de toque de la RSC. En situaciones similares se ha comprobado que el esfuerzo en políticas de Marketing se incrementa, en especial en lo que afecta a Comunicación, Promoción y Precios. ¿Qué pasará con la RSC?
- José Manuel Sedes, Director de RSC de Vodafone, opina que “la RSC sobrevivirá siempre y cuando cree valor. Si no, tendrá que desaparecer”. Y añade que “aquellas actuaciones que vengan enfocadas a generar ingresos dentro de la RSC se verán potenciadas, mientras que otras, como el Patrocinio o el Mecenazgo, corren cierto riesgo porque se pueden considerar un mero coste”.
- El Financial Times y algunos otros medios de comunicación son más drásticos, ya que auguran que con la crisis el fin de la RSC está próximo.

No obstante, los planteamientos no pueden ser tan radicales. La RSC permanecerá porque, al igual que el Marketing, es una filosofía empresarial de, podríamos decir, “amplio espectro” ya que afecta a todas las áreas de la organización: la Ética de los Negocios, la Acción Social, el Medio Ambiente, los Recursos Humanos, etc.
Y esto muchas empresas lo tienen interiorizado en su estructura y comportamientos, siendo conscientes de que forman parte de una Sociedad que necesita de su experiencia de gestión y de sus recursos para desarrollarse y para mejorar la calidad de la vida de los ciudadanos, sean clientes o no. Estas empresas, por lo general, suelen ser bastante discretas en la forma de comunicarlo, cuando lo comunican, ya que no siempre lo hacen.
Otras, por el contrario, lo hacen con un objetivo de negocio exclusivamente. Es a este grupo al que me refiero cuando hago la similitud entre RSC y Marketing sin apellidos. Estas son las que hacen solidaridad pero transfiriendo los costes de la misma a sus clientes.
Porque no olvidemos que estamos ante acciones que requieren una cierta inversión y que implican costes y que, si no se quiere perder el sentido que rige a la empresa, el de la obtención del máximo beneficio, alguien, algún stakeholders, tendrá que asumirlos, sean los clientes o sean los accionistas.

Finalizo citando a Juan José Barrera, Director General de Economía Social y auténtico “apóstol” de la implantación de la RSC en España, cuando indica que “con la crisis llegarán los ajustes de plantillas y habrá que ver si las empresas que dicen ser socialmente responsables se comportan como tales, porque ser responsable no es dar una donación a una ONG”.
Bienvenida la Responsabilidad Social Corporativa auténtica y bienvenido, también, el Marketing Social Corporativo, pues con ambos se conseguirá desarrollar la sociedad y mejorar las condiciones de vida de quien más lo necesite y se evitará, en lo posible, la destrucción del Medio Ambiente. Pero seamos sinceros y llamemos a las cosas por su nombre.

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* Licenciado en Ciencias Físicas y en Gestión Comercial y Marketing (ESIC), Javier Barranco Saiz es asimismo Master en Recursos Humanos (Instituto de Empresa). Su trayectoria profesional ha transcurrido en Orgemer Consultoría como Jefe de Investigación de Mercados y en el Grupo Telefónica como responsable en las siguientes áreas: División de Informática (Servicio de Marketing), Recursos Humanos (Estudios, Selección de Personal, Organización y Planificación), Relaciones Institucionales (Gestión Económica) y Fundación Telefónica (Gestión Económica, Marketing Social,Proyectos Sociales y Culturales,Voluntariado Empresarial). Actualmente Javier Barranco es Socio Director de Abalon Consultoría de Marketing. Ha sido profesor en los MBAs de Marketing y Recursos Humanos del Instituto de Empresa y de la Escuela Superior de Estudios de Marketing, ESEM. Ha publicado en Ediciones Pirámide, Grupo Anaya, los siguientes libros:"Tecnicas de Marketing Político","Planificación Estratégica de Recursos Humanos","Marketing Interno","Marketing Político"(2ª Edición) y "Marketing Social Corporativo". Además ha publicado artículos en" Capital Humano","Marketing y Ventas para Directivos","Revista T". Es asimismo miembro de de AEDEMO (Asociación Española de Estudios de Mercado, Marketing y Opinión) y de AEDIPE (Asociación Española de Dirección y Desarrollo de Personas).
Fuente: tendencias21.net    22 Julio de 2008

 

 La RSE: Una mirada crítica ¿ Seducción, Ilusión o Acción?  Saturnino Herrero Mitjans*

Nota - El contenido de este apartado es el paper original, que el autor había previsto exponer en la propuesta "RSE ¿Marketing o Compromiso?" del Ciclo 2008 de Encuentros de Práctica y Desarrollo Profesional realizado el 17 de julio ppdo. con auspicios de El Ateneo, Temas Grupo Editorial, iEco y Fibertel.
Como orador de cierre, lo modificó para enriquecer las perspectivas de sus antecesores Gavo Nazar y Gabriel Berger, con quienes integró el panel. Al final de la actividad lo invitamos a conocer nuestra web y como resultado de su amplia generosidad, nos lo envió para compartirlo con nuestro equipo de trabajo, que extendemos ahora a nuestros usuarios más frecuentes.
Desde este espacio, hacemos público nuestro agradecimiento, por esta gentileza. Y como siempre ... los invitamos a acercarnos sus comentarios
info@codigor.org

*Licenciado en Relaciones Industriales de la UADE; Diplomado de Studios de Perfeccio-namiento del ITP (Internacional Teachers Program) en el CESA (Centre d´Enseignement Superieur des Affaires) Francia. Autor de "La Comunicación Incomunicada" escrito con la colaboración de Daniela Mora Simoes y Marcela Noble Herrera y de "La comunicación cosificada" ambos editados por Editorial Temas. Actualmente es Director de Asuntos Corporativos del Grupo Clarín.


La RSE : ¿Seducción, Ilusión o Acción?

Decía Lord Rothschild (1910-1990) que “Las promesas en las proclamas partidarias brillan siempre como dientes falsos” ; pues bien esta irónica mención a las promesas políticas puede muy bien aplicarse también a las declamaciones y declaraciones en torno al tema de la responsabilidad social empresaria (RSE), en las cuales –por lo general- suele percibirse una cierta sensación de falsedad; en primer lugar porque hay una suerte de tautología en el enunciado, ya que uno podría preguntarse si el resto de la actividad empresaria se conduce sin responsabilidad social.

Podríamos decir entonces que Responsabilidad se escribe con “hache”: Respons –
habilidad; no se trata de un “horror” ortográfico, sino simplemente de descomponer la palabra para introducir la idea de que la Responsabilidad (con mayúscula) supone la capacidad de dar una respuesta hábil o idónea, de ahí la grafía de ResponsHabilidad; pero esa respuesta no puede ser sólo idónea desde la mera perspectiva técnica o normativa, sino que para serlo plenamente necesita incluir la dimensión moral, puesto que de modo inescapable cada uno de nosotros es responsable de sus actos y por ende de sus consecuencias.

Toda respuesta humana tiene siempre un vector moral, pero cuando se trata de la respuesta de personas que ejerce autoridad y control sobre estructuras conformadas por otras personas, esa dimensión de lo moral es central. Sin embargo en la vida diaria más de una vez quienes están en esa posiciones directivas ensayan dejar de lado la dimensión moral de su responsabilidad en aras de un seudo “principio de realidad” técnica, económica, política o una combinación de ellas, con lo cual se pretende construir una aparente justificación valedera para pasar por alto la dimensión moral.

En cuanto a “Responsabilidad social”, reiteramos que la acción empresaria en cualquier campo debiera ejercitarse (o al menos ello se supone) con responsabilidad social, es decir mediante una respuesta socialmente idónea, dado que la empresa es una institución social, por lo tanto con fines sociales, cuales son los de generar fuentes de trabajo, producir riqueza y servir a la comunidad mediante productos o servicios de calidad; en síntesis: una estructura social con propósitos económicos, como postulaba Drucker.

Por último está el hecho que las acciones de RSE no suelen ser demasiado claras ni definidas, por lo cual muchas de ellas tienden a confundirse con acciones de tipo publicitario/ promocional/comercial, o enredarse con lo que son las obligaciones fundamentales vinculadas al cumplimiento de las normativas legales e impositivas ordinarias en cualquier sociedad medianamente ordenada..

Así por ejemplo: no pagar sueldos en negro, no tener empleados en situación de precariedad, pagar las cargas sociales, no emplear menores, pagar impuestos, no defraudar al fisco, no adulterar productos, no contaminar, etc. son obligaciones básicas derivadas del carácter de persona jurídica que tiene una empresa, organismo estatal, sindicato, ONG, etc. y por lo tanto obligada al cumplimiento del orden legal vigente y en modo alguno son acciones de RSE, por lo tanto su incumplimiento no es ausencia de acciones de RSE, sino infracciones o hechos delictivos de carácter punible.

Sin duda, como bien ha señalado de modo reciente Manuel Sbdar , la perspectiva acerca de la RSE suele oscilar entre el ser y el parecer, planteándose una suerte de falso dilema entre ley y moral, la respuesta inequívoca es que no se trata de dos conceptos antagónicos, por lo tanto la RSE “supone un elevado compromiso con la ley. Y eso es verdaderamente moral”. Hay que aclarar en cuanto la ley sea “legítima”.

Aparece entonces la pregunta obvia: ¿qué es entonces la RSE? Podemos intentar una suerte de definición provisoria, señalando que la RSE es el conjunto de acciones de diálogo y respuesta que una determinada organización (no sólo empresaria) mantiene con sus “apostadores”, considerando que estos no son sólo sus accionistas o referentes, sino que junto a éstos coexisten otros “apostadores” con sus propias agendas que también reclaman su relación, a veces excluyentes entre sí, con respecto a una determinada organización.

Va la siguiente pregunta: ¿pero quienes son entonces los “apostadores”? En la bibliografía de gestión se suele mencionar el término stakeholder (apostador) para hacer una referencia imprecisa a determinadas figuras o grupos de influencia que actúan o presionan sobre la actividad de la organización; en un enfoque amplio se trata de aquella persona o grupo de personas tanto externas como internas que pueden afectar o ser afectadas por el impacto de las acciones de una determinada organización.

Por eso, como hemos señalado en varias ocasiones, el primer grupo de “apostadores” con los cuales toda organización tiene relación directa es el que constituyen sus propios colaboradores, a partir del hecho que la gente que trabaja en ella, de modo conciente o no, ha “apostado” en ese espacio su proyecto de vida personal que incluye también a su familia, y que esta “apuesta” va más allá del límite del pago de una remuneración por óptima que esta sea.

La premisa en que se apoya lo antedicho es que la relación trabajador-organización no es una mera relación económica de esfuerzo de trabajo a cambio de incentivos, como pretende la vieja propuesta de Taylor y Ford, propuesta que hoy sigue en boga de manos de lo que, de modo paradójico, pretende ser una perspectiva post-moderna neoliberal, la cual no deja de ser un antiguo enfoque mecanicista apoyado en la teoría del hombre económico, el cual, sin embargo, sigue teniendo sus fervientes epígonos actuales como sucede con el francés Guy Sorman .

Se trata sin duda de un enfoque ideológico muy arraigado en el pensamiento contemporáneo, que anima a una gran mayoría de directivos y líderes empresarios y políticos de nuestro medio, lo cual hace que esto sea un hecho no menor, pues se trata de personas que cuentan con verdadero poder de influencia no sólo en sus empresas, sino también en la sociedad.

Esta es una perspectiva muy limitada desde la cual parece casi imposible poder intentar construir una visión más amplia y actual del papel del gobierno corporativo en la sociedad y de la RSE como un factor importante en la gestión/relación de las organizaciones con los diferentes grupos sociales donde adscriben sus distintos “apostadores”. Por lo tanto, si nos proponemos construir una mejor relación entre las organizaciones que operan en la sociedad y los grupos o públicos que la conforman, la revisión de este propósito plantea todo un desafío.

Esta lógica neoliberal, haciendo un juego de palabras en inglés, dice que el único stakeholder es el shareholder, esto es, que el apostador reconocido y reconocible para la organización –en este caso, con fines de lucro- es solamente quien apostó por ella comprando sus acciones. La lógica de este enunciado es impecable pero, ¿es suficiente? No lo parece, pese a que el reconocido economista Milton Friedman, ya fallecido, la defendiera de modo vehemente.

Podría decirse que, según esta perspectiva economicista, la función directiva primordial es la de maximizar la ganancia del accionista tanto a corto como a mediano plazo. Aunque parezca árida y fuera de contexto, esta visión es la que prima en los mercados financieros y es la mirada con que es evaluada la dirección de las empresas a través del frío examen de los informes bursátiles trimestrales. Se trata de una lógica implacable e imparable, cuyas consecuencias se hacen sentir hoy de manera harto dura; en consecuencia, preservar el valor del accionista parece ser así la “última ratio” y la única medida del éxito de la gestión.

Por el contrario, una visión amplia o pluralista, si bien no deja de lado la importancia de satisfacer el interés del accionista que “apostó” por la empresa, la integra con otras demandas y exigencias sociales, que pugnan por hacerse oír y que sin duda reclaman el pago de su “apuesta” o al menos pretenden cobrarla, pues siguiendo su propia lógica, creen que eso es justo para no sentirse estafados. Esta postura se inscribe dentro de lo que hemos denominado como un enfoque multidimensional del gobierno corporativo y dentro de éste la RSE como una forma de contacto e interacción con los principales grupos de “apostadores”.

Entonces, como primer paso en pos de la posibilidad de una RSE eficaz –recordemos la idea de eficacia como la relación entre los objetivos a alcanzar y el fin último de la organización- la cual define una estrecha relación entre ambos, ello hace necesario que el tema de la RSE junto con el de la cultura corporativa forme parte de la agenda y los planes de trabajo tanto del directorio como del CEO y de modo consiguiente debe penetrar en el resto de la organización, transformándose de modo paulatino en una característica cultural distintiva de la misma.

El funcionamiento activo y comprometido del directorio es la base constitutiva de esa RSE, pues sin un directorio cuyas preocupaciones vayan más allá de los controles financieros, no es posible pensar en la vigencia de una RSE también activa y comprometida. Por consiguiente es impensable contar con un programa medianamente efectivo de RSE con un directorio laxo o desertor de sus responsabilidades y que además no tenga clara la visión multidimensional del gobierno corporativo.

Ahora bien, es imposible atender simultáneamente, con el mismo grado de importancia, a todos los públicos posibles o pasibles de atención por una determinada organización. Por eso una de las tareas primeras es la determinación de los públicos de interés para el desenvolvimiento de las actividades de la organización. Esto significa identificar los “apostadores” y su grado de “saliencia” o relevancia para determinar la importancia/gravedad que su atención demanda.

Una vez identificados los “apostadores” que influyen o reciben influencia o impacto como consecuencia de las actividades de la propia organización, es oportuno asignar prioridades en función de su impacto y “saliencia”. La construcción de este panorama es esencial antes de considerar cualquier acción de RSE, ya que no hay ninguna acción en este sentido que “tape” problemas críticos emergentes no resueltos o no encauzados correctamente.

Para esto puede ser interesante construir un cuadro con dos variables: poder e interés. La primera de ellas se refiere a la influencia (positiva o negativa) que pueden ejercer sobre las actividades mencionadas; mientras que la segunda se refiere al grado de interés que esas actividades despiertan en determinado grupo. Ambas variables determinan distintos comportamientos de respuesta.

En ningún caso estas posiciones son estáticas, en todo caso corresponden a una “fotografía” en un momento dado, pero las circunstancias, la propia dinámica de los hechos y del funcionamiento de los diferentes grupos de “apostadores”, hacen de este un ejercicio en permanente proceso de revisión, el cual forma parte del trabajo de actualización de las agendas de trabajo corporativo y del CEO.

Pero el trabajo con los apostadores no concluye aquí, por el contrario recién comienza. Sobreviene la tercera etapa que es la del conocimiento de los apostadores clave, de modo tal de tener un panorama claro de cuáles son sus reacciones posibles, frente a emergentes críticos de las actividades presentes o futuras de la organización, y cuál es o será su posible posicionamiento frente a una determinada situación, para que las acciones de RSE, no se den en el vacío y, por el contrario, sean compatibles con sus necesidades o reclamos.
Pero ¿cómo reconocer a los apostadores y sus intereses manifiestos y ocultos? Es necesario un esfuerzo integral de relevamiento, dentro del cual pueden trazarse muchos interrogantes en esta tarea para conocer mejor al o los “apostadores” clave.

La mejor manera de poder contestar estos interrogantes, y otros más que puedan surgir, es abrir un canal de contacto con esos “apostadores” clave que permita dialogar de modo abierto y directo, a la vez que evaluar la situación y sus proyecciones a corto y mediano plazo que permitan construir un programa de RSE con un horizonte temporal amplio y no pequeñas acciones aisladas que parecen más bien respuestas compulsivo/reactivas que un plan orientado a construir vínculos con los diferentes “apostadores”.
Un enfoque abarcador del tema es el que propone un modelo de investigación realizada por el CICA (Canadian Institute for Chartered Accountants) , entidad que nuclea a los contadores públicos canadienses, la cual trabaja en cooperación con el Centro para la Innovación en la Gestión (CIM) de la Universidad Simon Fraser – (Vancouver-Canadá).

Este trabajo busca explorar tres cuestiones fundamentales: a) bajo qué condiciones las relaciones con los “apostadores” crean valor para la organización, b)cuales son las condiciones para construir relaciones positivas con los “apostadores” y c)cuáles son las medidas adecuadas para evaluar la calidad de esas relaciones.

Un interesante aporte complementario para evaluar la relación con los diferentes grupos de “apostadores” es la herramienta –que con carácter experimental- ha desarrollado también el citado Centro de la Universidad Simon Fraser en Canadá. Se trata de “The Stakeholder 360” .

Con dicho instrumento se pretende medir los niveles de “capital social” producido por una empresa en la relación con sus diferentes “apostadores”. El “capital social” se define como la suma de las evaluaciones de la relación entre ambas partes, expresada en términos de a) cantidad de comunicación (lo hablado), b) acuerdo mutuo sobre objetivos (lo pensado e instrumentado) y c) la confianza generalizada (apertura y transparencia).

El objetivo de utilizar esta herramienta es ayudar a las organizaciones a comprender y satisfacer las expectativas de sus múltiples “apostadores” que suelen tener intereses divergentes, los cuales muchas veces son hasta antagónicos y conflictivos entre sí.

Sin duda la evaluación de cuáles son los públicos clave para una organización determinada y la consiguiente implementación de acciones concretas, constituyen un ejercicio de importancia y atención permanente, que tiene que ver con el posicionamiento y la fuerza institucional que se quiera ocupar no sólo en materia de RSE sino como organización al momento de considerar la coherencia entre lo declamado y lo actuado.

Pero, como señalamos con anterioridad, existe –de modo más o menos deliberado- un cierto grado de confusión en torno a los objetivos, propuestas y acciones de RSE, desconociendo o ignorando que como tal la RSE integra, de modo indisoluble, no sólo la forma sino también el contenido con que se ejerce el gobierno corporativo de una determinada organización.

De modo reiterado se la suele confundir con operaciones de mera promoción comercial o con actividades aún más elaboradas, como son las que se refieren al posicionamiento de imagen, razón por la cual una de las formas habituales de “maquillaje” es la de ejercer algún tipo de acción filantrópica que brinde o permita ese posicionamiento.

Lo anterior supone el obviar se ejerza algún tipo de juicio crítico valorativo, que obligue a tener que revisar o cambiar algo acerca de las maneras de gestionar los negocios o las prestaciones de una determinada organización, como también evitar el examen de las posibles fallas o puntos débiles en relación con las expectativas de sus respectivos “apostadores”.

Por lo tanto, se parte de la pretensión de suponer que la acción filantrópica es la moneda de cambio que permite dejar fuera de discusión esos temas emergentes que los directivos consideran tabú. Es lo que en política se denomina como “clientelismo” electoralista, actitud denostada por diferentes sectores de la sociedad, pero que sin embargo se suele practicar en otros ámbitos, bajo otros títulos, pero con el mismo fin.

En verdad es más que difícil hacer que la RSE no sólo sea compatible con el gobierno corporativo, sino que también integre la agenda de temas críticos del directorio como también del CEO. Así por ejemplo las empresas de servicio masivos que por lo general cuentan con un deficiente servicio de atención a sus clientes (CRM), no hacen una revisión crítica de cómo gestionan esta relación con sus apostadores.

Pese a no atender este punto esencial de su respectiva RSE, sin embargo promueven a la vez la realización de actividades benéficas, como también producen un excelente folleto, muy bien impreso, donde reseñan sus actividades de RSE junto con un balance social de la organización. El caso extremo es el de las empresas tabacaleras que suelen participar como adherentes en entidades voluntarias dedicadas al fomento de la RSE.

Sin duda estos casos paradigmáticos ilustran de modo más que fehaciente el hecho incontrastable de que en la mayoría de las situaciones la RSE es –reiteramos- una suerte de “maquillaje” o peor aún de “camuflaje” para disimular acciones no claras. Esto es lo que define una suerte de duda generalizada acerca de la autenticidad de los esfuerzos de RSE

“El patriotismo es el último refugio de un miserable” decía Lord Acton (1834-1902), para referirse a aquellos que se esconden detrás de grandes principios para ocultar sus defectos o incumplimientos. Este es el caso de ciertas acciones o manifestaciones de malabarismo en materia de RSE, lo cual sin duda motiva la reacción de diferentes públicos ante la hipocresía.

Cuando la gente común, hombres y mujeres que viven lo cotidiano y experimentan los sinsabores de la falta de respuesta en tiempo, forma y modo a sus reclamos legítimos como usuarios o clientes de distintos tipos de prestaciones, es muy difícil hacerles creer que la RSE no es una respuesta oportunista de cara a la sociedad.

Sin duda poder alcanzar estándares aceptables de cumplimiento en cualquiera de estos tres niveles supone trabajar en pos de una agenda multidimensional tanto del directorio como del CEO; al respecto Donna Wood (profesora de Ética de los Negocios - Universidad de Northern Iowa) realizó hace varios años atrás una interesante propuesta de un modelo para la acción, en la cual define tres posibles niveles:

1. Principios de responsabilidad social
2. Procesos de respuesta social
3. Resultados a lograr en la relación con los “apostadores”

• Principios de responsabilidad social. Se trata de institucionalizar el compromiso y las obligaciones a las que la organización resuelve adscribir y por consiguiente establecer como prioritarios para orientar su gestión.
• Procesos de respuesta social. La respuesta de RSE de una organización, se evidencia mediante la capacidad de los miembros de la misma para responder a las presiones sociales emergentes. A su vez es la resultante de la habilidad de la organización para sobrevivir y adaptarse a su entorno político-económico-social.
• Resultados a lograr en la relación con los “apostadores”. Es lo que marca la diferencia entre un programa de RSE efectivo y otro que no lo es; aquí nos encontramos con tres tipos de posible agrupamiento de los resultados:

• Con los “apostadores” internos. Incluye tanto los aspectos vinculados con la gestión humana de la organización para con sus miembros, como también el accionar cotidiano de esos mismos miembros en cuanto a hacer efectiva la RSE en las interacciones con clientes, proveedores, accionistas, comunidad y demás “apostadores” de la organización
• Con los “apostadores” externos. Se refiere al impacto de las acciones de la organización sobre personas o grupos externos a la misma. Esto involucra también posibles reclamos o solicitudes en relación a: productos defectuosos, atención al cliente, relación con proveedores, encuadre impositivo, impacto de programas de bien público, control del medio ambiente y procesamiento de residuos tóxicos, entre otros.
• Efectos institucionales externos. Entran aquí en consideración aquellos aspectos que hacen en sentido amplio a la comunidad y/o a la sociedad global, más allá de los “apostadores” de la propia organización, como por ejemplo la actitud de la organización frente a desastres o contingencias, como también a las posibles normas ambientales o regulaciones de distinto tipo que puedan afectar la gestión .

Quedan aún dos puntos clave para cerrar la consideración de este vasto y complejo tema de la gestión corporativa de la RSE, se trata de la auditoría social y del papel eventual del ombudsman. Con respecto a la primera, se trata de una herramienta imprescindible para poder conocer cómo ven sus “apostadores” a la organización, sus productos, servicios y demás acciones de todo tipo.

Al igual que en el caso de la auditoría societaria externa, se trata de una función indelegable del directorio tanto en la selección del auditor, como en el plan de trabajo y la conducción del proceso de auditoría y evaluación de sus resultados. El auditor externo en dependencia del directorio tiene que poder trabajar con total independencia, sin ningún reporte cruzado con la línea ejecutiva ni tampoco el CEO.

La auditoría social implica alcanzar a todos los “apostadores” relacionados con la organización, comenzando por el propio personal, no limitándose a una estereotipada encuesta de clima interno, restringida a preguntas redundantes y en cuyas conclusiones las más de las veces la gente no cree, o lo que es peor, ni se entera de ellas.

Otro tanto debiera ocurrir con los diversos grupos de “apostadores” externos, a los cuales con anterioridad se consideró clave, grupos que como mínimo debieran incluir a segmentos importantes – mediante muestras significativas- de clientes y proveedores, como también a sectores críticos de la comunidad de influencia más cercana.

A posteriori de la realización de la auditoría y de la presentación del informe final, el directorio debiera estar en condiciones de aprovechar su contenido, y para ello bajar las conclusiones, haciendo conocer los puntos salientes favorables y/o negativos a todos los responsables directos, con el consiguiente compromiso de elaboración de un plan de acciones correctivas o de mejoras que, sin duda, constituirán la base para la elaboración del plan de acción actualizado de RSE.

Igualmente sería oportuno prever, de un modo fácil y directo, la devolución de la información recibida de los distintos grupos, esto –que suele pasarse por alto- es una señal de respeto por el otro que marca todo un estilo de cultura organizativa. Este mecanismo además permite, de modo muy directo, mantener abiertos los canales de comunicación con los diversos “apostadores” interesados.

Sin duda parece la pregunta ¿qué pasa cuando la relación es conflictiva o hay una crisis en el medio?. Aunque parezca una respuesta facilista: no hay otra alternativa, más tarde o más temprano, se ha de enfrentar el tema. Cuando vimos el tema de la construcción de la agenda comentamos las dificultades que se presentan cuando se deja fuera de la misma a un grupo que puja por defender una situación de queja o reclamo. Pese a los habituales consejos legales de no hacer nada, la realidad indica lo contrario: cuanto más se demora es peor el resultado.

Consideración especial merece el tema del ombudsman, pues se trata de una figura de relativa novedad, no exenta de ser considerada como una tendencia de moda, la cual intenta recrear en los ámbitos empresarios el papel del defensor del pueblo, que en una antigua tradición de los países nórdicos lleva ese nombre.

Sin duda, en más de un caso, la designación de una persona para ocupar el puesto de ombudsman, es también fruto de la improvisación o en el peor de los casos de la especulación –un tanto ingenua- en el sentido de creer que se puede instaurar la imagen de ser socialmente responsable bajo el simple artilugio de “importar” este papel en la propia organización, cubriéndolo con alguna figura de prestigio.

Es una decisión difícil, con consecuencias no siempre previsibles, si no se tiene claro el porqué y para qué de éste papel en la organización; sin duda, ante los ojos de todos los “apostadores”, es un acto político mayor, el cual para ser efectivo tiene que estar muy bien definido en sus responsabilidades y alcances.

Bajo el supuesto de que se satisface una necesidad cierta con la incorporación del ombudsman, aparece el tema de la dependencia funcional; al respecto, en verdad no hay claridad, hay organizaciones en las cuales depende del CEO y hasta alguna en la cual aunque parezca increíble –e ignorando el conflicto de papeles- el CEO es el ombudsman.

No hay duda que un ombudsman necesita autonomía para poder actuar, por lo tanto no debiera depender de la línea ejecutiva, sino del directorio, al igual que los síndicos, esto son los que aseguran el control de legalidad y el ombudsman debiera poder asegurar otro tanto en el campo de la responsabilidad social. Por consiguiente parece lo más aconsejable la dependencia del directorio, de modo tal de limitar al máximo el alcance sobre él de las presiones de la línea ejecutiva.

La estabilidad del ombudsman es otro tema clave, salvo mal desempeño no debiera poder ser removido con facilidad, pues de lo contrario su independencia estaría coartada, o al menos limitada. Otro tema crítico es el del ámbito de autoridad, puesto que la labor del ombudsman no debe superponerse ni interferir con la línea ejecutiva, pero sin duda su relación con las demandas de los diversos “apostadores” exige siempre una respuesta, que seguramente habrá de venir de la línea ejecutiva.

Esto todavía es mucho más critico cuando la situación se refiere a un “apostador” interno que plantea un reclamo, pues la acción en pro de resolver el tema del ombudsman puede dejar en situación equívoca al “denunciante”, quién en un clima de “paranoia organizacional” puede pasar rápidamente a ser víctima de acoso moral.

Una posición prudente respecto al tema podría muy bien ser la de contar con una buena auditoría social, gestionada por el respectivo comité del Directorio y llevada a cabo durante un lapso de aproximadamente 5 años, de modo de crear y consolidar un hábito organizacional en su aplicación, evaluación e implementación de mejoras y cambios. A partir de ahí se podría estar en condiciones de evaluar la oportunidad y conveniencia de ir adelante con la definición de incluir o no a la dependencia del directorio la posición de Ombudsman.

Sin duda, todo gobierno corporativo multidimensional, el cual incluye la RSE, trata de responder las demandas de cohesión interna y presión externa que plantea la vida de cualquier organización en su relación con los diferentes “apostadores”; situación de equilibrio inestable, a la cual es imposible sustraerse, que a su vez genera tensiones, conflictos e interrogantes, que a menudo suelen plantear “disonancias cognitivas”, no siempre fáciles de resolver, puesto que información, satisfacción o retribución y transparencia, no suelen ir de la mano.

También es cierto que ninguna organización puede dar una respuesta amplia, completa y satisfactoria para todos sus pretendidos apostadores. ¿Cuál es el límite de aceptación de las “apuestas”? ¿Cuál es el límite del compromiso que se está dispuesto a aceptar? ¿Cuáles son las implicancias en términos de imagen y también de costos? ¿Cómo se conectan estas demandas con la rentabilidad para el accionista vs. el ejercicio razonable de la RSE? ¿Cómo satisfacer estas demandas en un mundo competitivo donde impera el corto plazo?

Sin duda se trata de preguntas de más que difícil respuesta, lo cual requiere del ejercicio hábil y prudente del “arte de la gerencia”, pues los recursos son siempre escasos y limitados, mientras que el grupo de posibles apostadores suele ser numeroso, pero son preguntas que no pueden ser ignoradas, o esperar que el tiempo las conteste, pues el precio a pagar por el olvido o postergación suele ser más bien elevado.

Para concluir quisiéramos remarcar la importancia y necesidad de trabajar en pos de un confiable y válido gobierno corporativo, sin el cual las acciones de RSE tendrán poca vigencia y menos aún consistencia. Debemos empeñarnos entonces para superar con hechos concretos y no con palabras la percepción de que la RSE sirve sólo de “maquillaje para empresarios” .

Sin duda, estamos ante interrogantes que en realidad no sabemos muy bien cómo plantear y mucho menos cómo resolver. La protesta y reclamo de distintos sectores de la sociedad, ante las limitaciones cotidianas y las dificultades en lograr soluciones efectivas, plantea una situación preocupante, porque muestra el creciente descreimiento cívico e insatisfacción de un segmento importante de la ciudadanía.

Sumado a ello, como bien señala Kliksberg , las realidades contemporáneas están asociadas con un fuerte crecimiento de las desigualdades entre países, lo cual hace más complejo el cuadro y dificulta las posibilidades reales de encarar soluciones, puesto que lo urgente tiende a devorarse lo importante.

Además, aún en aquellos países con mayor tradición de respeto por las libertades personales, se asiste al creciente fenómeno de la “compresión” y achicamiento de las libertades civiles en aras de la protección ciudadana frente al terrorismo,

En suma estamos frente a una sociedad cada día más autoritaria, ante la cual no sólo debemos defendernos, sino ser capaces de generar alternativas que permitan construir un espacio habitable por y para todos, sin exclusiones de género, credo o raza. Esto es RSE. Se hace entonces más que necesaria una respuesta auténtica y comprometida frente a estos desafíos, y no una huída hacia adelante siguiendo una nueva moda ficcionalizada en torno a la RSE.

Necesitamos una búsqueda de coincidencias en torno a la importancia y urgencia de una mejora continua de nuestra calidad de gobierno corporativo y por ende de su correlato la RSE, pero evitando nuestra natural tendencia disociativa, proclive a la dispersión y multiplicación de esfuerzos aislados y por ende limitados.

Sin duda, son las organizaciones de trabajo las verdaderas escuelas donde los adultos aprendemos las maneras de ser y modos de hacer que luego trasladamos al resto de nuestra vida en común; la tolerancia, la solidaridad y el bien común, no son abstracciones, ni declamaciones, sino construcciones, que se hacen desde los pequeños hechos y quehaceres de lo cotidiano.

Recordemos una frase de Einstein, quién decía: “Dios se manifiesta en los pequeños detalles...”. También los humanos nos develamos y revelamos a través de la presencia o ausencia en nuestra manera de actuar de ciertos detalles o, mejor dicho, virtudes –a las cuales Comte Sponville llama “pequeñas”- como son en lo cotidiano, la cortesía y el buen trato para con los demás, sin las cuales es muy difícil construir el resto, que sin duda, hace posible y pasible la coherencia y la consiguiente construcción de la credibilidad que es su fruto natural y espontáneo.

Por lo tanto la “Responsabilidad Social Empresaria”, comienza y termina en la “Respons
habilidad Social Directiva”, sin coherencia personal no hay credibilidad y sin credibilidad en los dirigentes, no es posible construir la credibilidad en las organizaciones. Por ello quienes actuamos como directivos necesariamente debiéramos sentirnos convocados a trabajar por esta empresa mayor, no como una obra de caridad cuando nos sobra tiempo o recursos, sino como parte de la responsabilidad indelegable de nuestro trabajo cotidiano.

No digo esto con seudo afán evangelizador o de falsa ética, sino con la intención de proponer un compromiso: compromiso con nuestra sociedad, compromiso con nuestra gente, compromiso con la subsistencia y crecimiento de nuestras propias empresas u organizaciones, compromiso con el deber ser de cada uno de nosotros como dirigente.

MUCHAS GRACIAS
shm

1. “Meditations of a Broomstick” (1970)
2. SBDAR Manuel (2007): “Rompiendomoldes de management y negocios” VI – Para Aristóteles como para Perón, la única verdad es la realidad págs. 147/149 – Granica – Buenos Aires
3. Ver “La revalorización de la cultura del trabajo y del esfuerzo en el capitalismo moderno: el caso francés” ponencia del 9-11-2007 en el 43° Coloquio Anual de IDEA – Mar del Plata – 7 al 9-XI-2007 – págs.67 y 68
4. “Measuring the Business Value of Stakeholders Relationship” – Part One - CIM – The Center for Innovation in Management – Simon Fraser University – Vancouver – British Columbia – Canada - August 2001
5. “The Stakeholder 360 – Measuring The Quality of Stakeholder Relationships” - CIM – The Center for Innovation in Management, Simon Fraser University, Vancouver, British Columbia, Canada, 2001
6. COHEN D., PRUSAK L. (2001): “In Good Company - How Social Capital Makes Organizations Work” - Harvard Business School Press - Boston –Mass. - USA
7. WOOD Donna (1993): “Business and Society” – Harpercollins College Div. – New York - USA
8. “RSE: Maquillaje para empresarios” – Dossier Revista Mercado – Nº 1052 – Bs. Aires - noviembre 2005 – págs 84/98
9. Kliksberg Bernardo – 2Más ética, más desarrollo” _: editorial TEMAS – Buenos Aires 2005.
10. COMTE-SPONVILLE André – “Pequeño tratado de las grandes virtudes” –Editorial Andrés Bello – Buenos Aires - 2003

 
 

RSE: Sin autocrítica no hay responsabilidad

La Irresponsabilidad Social Empresarial (IRSE) es la única causante de la crisis económica que padecemos. La necesidad de mantener inflada la burbuja para que las transacciones en el mercado de "valores" sean rentables, y que durante un periodo tan largo de la economía todos ganáramos, tenía que saltar por algún lado.

Esta vez los vendedores de hipotecas, y los más socialmente irresponsables, sus jefes, si que han hecho negocios en la base de la pirámide. Mejor dicho, si que se han enriquezado gracias a la base de la pirámide. Se han echao pal broso unos magros dinerillos que, como siempre, pagaremos entre todos. La ecuación es sencilla: "Sin gano, pa mí. Si pierdo, pagamos todos".

La verdad si esto es lo que algunos entienden por "Negocios Inclusivos", paren, que me bajo.
Y oigo silencio, ¿ustedes no? Desde hace unos meses los acólitos de Adam Smith y de Friedman, los fundamentalistas ultraliberales, esos que nos asaltan y dan lecciones magistrales desde algunos sus púlpitos de oropel, esos que compran acciones en bancos que tienen sus inversiones en bonos basura, parece ya que no desean dejarlo todo en manos del mercado. Ahora los culpables son otros.

No sigo oyendo más que A pluses y más chapas ecológicas, éticas, transparentes, excelentes, para poner en la tapa de las memorias que nos mandan . Para cuando menos chapas y más realidad. ¿No tienen las Agencias de Rating algún indicador que permita conocer el indice de avaricia desmesurada del ser humano? A lo mejor deberían poner a sus analistas a trabajar en eso y lo mismo ganábamos en sostenibilidad.

Nadie asume ninguna responsablidad, ninguna empresa, ninguna persona, nadie dice:
"Me confundí, nos confundimos. Volvamos a empezar"

Fuente: Diario Responsable (Enviado por: Jordi Jaumà Bru), 29/09/08