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Breve
introducción ...
Cuál es la Responsabilidad del Estado
y de la Empresa ante el desempleo y el subempleo.
De acuerdo a datos estimados por el INDEC, la tasa de desempleo se ubicaría en el 18,2%, alcanzando un récord de 2,5 millones de desempleados. Otras 2,4 millones de personas se encuentran subempleadas.
Antes de responder la pregunta y atentos
al dato del INDEC posterior, nos pareció oportuno compartir algunas de
las herramientas y conceptos que encontramos en la web de la Fundación
Salvat.
"....los dictados del deber y la responsabilidad deben constituir siempre el más alto exponente y guía de nuestra conciencia..." Dr. Raymundo M. Salvat (1881-1940)
"Sin pensar en el otro no podremos avanzar.
Sin visión de futuro no podremos transitar el cambio.
Sin responsabilidad social no podremos forjar nuestro porvenir.
Diseñemos en prospectiva el mundo que queremos para quienes nos siguen."
Lic. Marité Salvat
Fundación Salvat
es una entidad sin fines de lucro, dedicada a brindar capacitación a personas desempleadas y subempleadas, a fin de desarrollar en éstas, actitudes, capacidades y habilidades que les permitan enfrentar los desafíos que el mercado laboral plantea de cara al siglo XXI.

Ética de la responsabilidad frente al desempleo y la exclusión
por Marité Salvat, Presidente Fundación Salvat
Es necesaria una nueva ética: una ética orientada al futuro de la humanidad, que puede ser llamada "ética de la responsabilidad" que debe proteger no sólo a nuestros contemporáneos, sino también a nuestros descendientes de las consecuencias de nuestras acciones presentes.
El crecimiento tecnológico ha dado lugar a acciones de magnitud tan diferentes y novedosas que el concepto de ética anterior no puede abarcarlos.
Relación Etica, es la relación de una persona con las otras personas.
Responsabilidad, es el cuidado reconocido como deber, para con el otro, una responsabilidad Colectiva.
Todos somos responsables por el otro, por todos los otros, sin tener que esperar nada a cambio. El ser se convierte en un deber tan pronto como exista una voluntad capaz de percibir tal demanda y transformarla en acción.
Hoy se da la paradoja de que la necesidad de trabajo se ha convertido en la necesidad más
difícil de satisfacer, por ello mirar el rostro de un desempleado, su vulnerabilidad, nos exige el deber de hacernos responsables de¡ otro.
El sufrimiento no se define únicamente por el dolor físico, ni siquiera por el dolor mental, sino por la disminución, incluso la destrucción de la capacidad de obrar, de PODER HACER.
La ética tiene un lado objetivo, que tiene que ver con la razón y un lado subjetivo que tiene que ver con el sentimiento. Nuestro lado emocional tiene que entrar en juego.
A veces el peligro es desconocido y no se sabe qué es lo que hay que proteger y por qué. Actualmente el entramado de saberes teóricos que pueden encauzar el destino colectivo es posible.
El desempleado no puede quedar sólo reducido a la condición de recibir, sino que tiene que reencontrarse con los nuevos espacios del "hacer" y redefinir su nuevo rol socio-laboral.
Hay desempleo únicamente porque se acabó el empleo, como forma de trabajo estable y duradera. Pero sí hay otras formas de trabajo, que ya no generan relación de dependencia con las organizaciones, sino que se desarrollan en forma autónoma, a través de emprendimientos unipersonales, tercerización de servicios y creación de microempresas.
Por lo tanto los excluidos de¡ mercado de trabajo tradicional sólo necesitan entender la nueva realidad, aceptarla y transitarla. Para ello debemos coadyuvar a que puedan descubrir y despertar su ser "hacedor", dormido en los laureles de una era industrial extinguida.
Hoy en la era de los servicios, la máquina es la máquina y las personas tenemos el privilegio de recuperar la riqueza de nuestra naturaleza humana.
La sociedad en su conjunto, gobierno, empresas y sociedad civil, debe trabajar en la deconstrucción de una formación laboral obsoleta y generar los nuevos marcos conceptuales donde todas las personas puedan autogenerar su espacio de inserción y ser de aquí en más exitosos gestores de proyectos. Ser Humano es solamente una ética como responsabilidad por el otro y por todos los otros.
"Qué le sucederá a la humanidad si no nos ocupamos de ella"
Fuente - www.fundacionsalvat.org.ar

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Firmaron Acuerdo
sobre Responsabilidad Social Empresaria para la Promoción del Trabajo
Decente.
Casa Rosada, 4 de Septiembre, 2007 – El presidente Kirchner presidió esta
noche el acto de firma del Compromiso de Responsabilidad Social Empresaria
para la Promoción del Trabajo Decente.
El presidente Néstor Kirchner encabezó esta noche en el Salón Sur el acto de
firma del Compromiso de Responsabilidad Social Empresaria para la Promoción
del Trabajo Decente. Este compromiso, que tiene como objetivo mejorar la
calidad del empleo, fue firmado por el Ministerio de Trabajo, Empleo y
Seguridad Social y 100 empresas, entre ellas Arcor, Bayer, Petrobras, Edenor,
Unilever, Ford y Nestlé. El documento fue patrocinado por la Organización
Internacional del Trabajo (OIT) y la Comisión Económica de Naciones Unidas
para América Latina y el Caribe (CEPAL), y establece la obligatoriedad para
las empresas de "asegurar condiciones dignas de trabajo y niveles de
eficiencia y calidad prestacional".
Durante su discurso, el ministro de Trabajo, Empleo y Seguridad Social,
Carlos Tomada, celebró el acuerdo firmado y explicó que “la responsabilidad
social empresaria sin contenido no tiene sentido” ya que “está profundamente
vinculada con el trabajo, con estos valores que tiene que ver con priorizar
el empleo digno, con generar capacitación y calificación de la mano de obra
para dar respuesta a las necesidades estratégicas del país y facilitar el
ingreso de aquellos que tienen mayores dificultades para insertarse
laboralmente.”
El funcionario también se refirió a una serie de medidas tomadas por el
ministerio orientadas a la capacitación de jóvenes, la protección social en
el trabajo mercerizado, la revisión de los requerimientos de ingreso
laboral, la erradicación del trabajo infantil y la incorporación de
trabajadores con capacidades diferentes.
Hacia el final de su discurso Tomada aseveró que esta iniciativa “es apostar
a que podemos construir un proceso de mejora y de cambio en la cultura de
trabajo de nuestro país.”, y dirigiéndose a los empresarios que se
suscribieron al compromiso “ustedes han comprendido que es posible tener
rentabilidad junto con tener mejora de la calidad del empleo”.
Acompañaron en este acto al presidente Kirchner, los ministros del Interior,
Aníbal Fernández; de Economía y Producción, Miguel Peirano y de Educación,
Ciencia y Tecnología, Daniel Filmus y el secretario de Legal y Técnica de la
Presidencia, Carlos Zannini, así como otras autoridades nacionales,
legisladores, empresarios, miembros del cuerpo diplomático, representantes
gremiales e invitados especiales.
PALABRAS DEL MINISTRO DE TRABAJO, EMPLEO Y SEGURIDAD SOCIAL, CARLOS TOMADA,
EN EL ACTO DE FIRMA DEL COMPROMISO SOBRE RESPONSABILIDAD SOCIAL-EMPRESARIA Y
TRABAJO DECENTE
Buenas tardes a todas y a todos.
Cuando al comienzo de la gestión, hace ya cuatro años y medio, en la primera
reunión que tuvimos con el Presidente para trabajar sobre cómo íbamos a
llevar adelante las políticas que él impulsaba, me dijo simplemente esto,
después de la conversación: “Mirá, yo lo que te pido es que todos los días,
pero absolutamente todos los días hagas algo, tomes una decisión, una
medida, inicies una idea de trabajo que vaya en la dirección de que nuestro
pueblo viva un poco mejor. Si vos todos los días haces eso, seguramente,
después de dos años nos daremos vuelta y nos vamos a encontrar una Argentina
productiva y con inclusión mucho más parecida a la Argentina que siempre
soñamos, que esta Argentina que empezamos a divisar en este momento”. Y yo
creo que hoy, esto que estamos haciendo precisamente tiene esa dirección y
tiene ese sentido.
Yo creo que muchos de los que están aquí recordarán que cuando nos juntamos
el año pasado en el Ministerio de Trabajo para hacer el balance del primer
año de esta línea de trabajo que habíamos lanzado con todos ustedes, celebré
cómo habíamos logrado articular dos conceptos: por un lado, la
responsabilidad social-empresario y, por otro lado, el trabajo decente.
La responsabilidad social-empresaria en sí misma y sin contenido, no
significa nada, es una hermosa palabra y en nuestro país hoy, la
responsabilidad social-empresaria esta profundamente vinculada con el
trabajo de los ciudadanos y del Estado, con estos valores que tienen que ver
con priorizar el empleo digno, con generar capacitación y calificación de la
mano de obra para dar respuesta a las necesidades estratégicas del país,
facilitar el ingreso de aquellos que tienen mayores dificultades para
insertarse laboralmente.
Esta es la idea que persigue este trabajo que venimos haciendo desde hace ya
dos años y que empezó con 20 empresas, con 40 a fin del primer año y que hoy
tiene 100 empresas con un liderazgo importante en la sociedad, un liderazgo
que da cuenta no solamente, como dice la senadora Cristina Fernández de
Kirchner, de empresarios sensibles solamente, sino de empresarios
inteligentes, empresarios que están planteando, conjuntamente con el Estado,
acciones muy concretas.
Hoy podemos decir que a partir del 1º de septiembre entraron los primeros
1.000 trabajadores jóvenes a capacitarse en el puesto de trabajo; hoy
podemos decir que hemos aprobado en forma conjunta normas, criterios para
que la subcontratación, para que la tercerización también esté plena de
trabajo digno, de trabajo decente, de trabajo con protección social.
Hemos dado los primeros pasos para tratar de revisar los requerimientos de
ingreso, para no tener altos niveles de requerimientos que después son
difíciles de alcanzar. Necesitamos hoy incorporar a muchos porque si no van
a quedar excluidos.
Es el mismo trabajo que nos ha permitido poner en marcha activamente
empresas claramente comprometidas con la erradicación del trabajo infantil,
un lugar en donde todavía en nuestro país tiene una presencia importante o
el Club de Empresas que está abriendo sus puertas para que se incorporen
trabajadores con capacidades diferentes.
Eso lo están haciendo ustedes y eso es no solamente una cuestión del trabajo
y de la empresa, eso es mejorar la calidad de vida de los argentinos, es
apostar, entonces, a que podemos construir un proceso de cambio y de mejora
en la cultura del trabajo en nuestro país en la cual ustedes son,
definitivamente, los protagonistas. Porque ustedes han comprendido que es
necesario y que es posible tener rentabilidad junto con mejora de la calidad
del empleo.
A eso apuntamos, a eso esperamos que se sumen 100, 200, 300, 500 empresas
más. Hemos empezado a trabajar en el interior, en Mendoza, en San Juan y lo
vamos a continuar haciendo.
Por eso, yo creo que este diálogo que hemos construido entre todos en estos
dos años, son la antesala de este compromiso que hemos firmado hoy con todos
ustedes y donde pensamos profundizar acciones, donde vamos a reconocer las
buenas prácticas públicamente de aquellas empresas que son líderes en este
vínculo entre la responsabilidad social y el trabajo.
Solamente, para terminar, quiero agradecer la presencia de todos ustedes, de
los señores embajadores, de los señores empresarios, de mis colegas de
Gabinete, con los que trabajamos codo a codo en estos temas y, sobre todo y
también a los directivos de empresas que sé que han trabajado
comprometidamente con este tema en el día a día. Porque para llegar acá hay
que producir y trabajar muchas cosas en el día a día y así poder tener la
satisfacción y la alegría que creo que compartimos desde este espacio de
sinergia de los público con lo privado se ha institucionalizado, se ha
consolidado definitivamente para que entendamos que esta vez el crecimiento,
como dice el Presidente, sea para todos.
Fuente: Presidencia.gov.ar

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Movilización productiva para
absorber desempleo y subempleo (la responsabilidad
macroeconómica y regulatoria del sector público, y la responsabilidad
mesoeconómica de los emprendedores) Por Roberto Sansón Mizrahi
El desempleo coyuntural y el desempleo estructural
El desempleo coyuntural y el desempleo estructural son dos fenómenos
diferentes. El desempleo coyuntural se resuelve con reactivación y
crecimiento: de esta forma se logran reabsorber importantes capas de
desempleados y subempleados que alguna vez estuvieron bien empleados. En
cambio, el desempleo estructural se enfrenta con una intervención sistémica
que movilice muy diversos resortes del sistema económico; se trata de
absorber fuerza de trabajo que ni con reactivación logra insertarse en
buenas condiciones en el mercado de trabajo. Es decir, se requiere de un
conjunto de decisiones que permitan organizar mejor la capacidad de
producción del país orientando parte del ahorro nacional hacia inversiones
movilizadoras de energía productiva que ha estado estructuralmente
desaprovechada. Esto no se logra con medidas sueltas, sino con una política
de estado bien abarcativa y calibrada que incluya a todos los sectores y
esté decidida a tomar el toro por las astas, colocando el tema en el centro
y no en los márgenes de la agenda política nacional.
Se ha insistido mucho con esto y, sin embargo, no se logra el consenso
necesario para encarar con éxito esta problemática. Parecería que la
preocupación por estallidos y grandes inestabilidades levanta
coyunturalmente el interés por el tema, pero, en cuanto soplan vientos un
poco menos borrascosos, ese interés decae y la determinación para ir
adelante se diluye entre otras cuestiones e intereses que surgen con más
fuerza.
La generación de empleo genuino es también una de las principales
dimensiones de la lucha contra la pobreza, dentro de un proceso de
construcción de una sociedad económica y socialmente sana. No es la única
dimensión de esa lucha porque existen otras de, por lo menos, igual
importancia (educación, salud, seguridad, libertad de expresión, vivienda,
entre muchas otras). Sólo que la creación de un empleo genuino hace una
contribución importante porque permite la obtención de un ingreso familiar
que facilita el acceso a muchos de esos otros derechos.
Para enfrentar la pobreza y la generación de empleo genuino que solucione el
problema de la desocupación estructural se requiere actuar en varios frentes
complementarios: (i) desde lo macroeconómico, alineando las políticas
fiscal, de gasto público y monetaria con la movilización productiva del
potencial económico nacional y, en particular, con los intereses de los
pobres; (ii) desde el frente mesoeconómico de las cadenas de valor,
promoviendo proyectos locomotores liderados por empresas medianas o grandes
que arrastren en su crecimiento a centenares o miles de productores; (iii)
desde lo microeconómico, apoyando a las pequeñas unidades productivas con
crédito, asesoría en gestión empresarial y asistencia en comercialización.
Esos frentes de actuación se refuerzan mutuamente. Trabajar en lo meso y
micro sin la cobertura y el aliento de buenas políticas macroeconómicas hace
cuesta arriba y frustrante el esfuerzo. Trabajar en lo macro y micro sin
apuntar también al nivel mesoeconómico deja fuera una de las principales
dimensiones de articulación y transformación de los pequeños productores: su
integración a cadenas de valor y su vinculación con proyectos locomotores.
Trabajar en lo macro y meso, pero sin fortalecer las capacidades al nivel
microeconómico deja inconcluso el esfuerzo de movilización de unidades
productivas, en particular aquéllas de menor envergadura y los sectores
pauperizados, ya que no se facilitan mejoras en sus condiciones de
producción y en la forma de relacionarse con el resto de los actores
económicos.
Heterogeneidad de situaciones y diversidad de soluciones
Para ser efectivos es necesario reconocer la heterogeneidad de las
situaciones en las que se procura absorber desocupación; porque cada
situación exigirá soluciones singulares. La propuesta indiscriminada de
soluciones termina no siendo solución para nada. Lo que ocurre es que son
tan diferentes las problemáticas como diversos son los actores involucrados
en el esfuerzo de absorber desocupación y subocupación.
(i) Por un lado están los
pequeños negocios individuales que pululan en los márgenes del sistema y que
podrían fortalecerse para facilitar su evolución hacia verdaderas unidades
económicas sustentables. Estos pequeños negocios constituyen medios de
subsistencia para millones de familias y, como tales, son la primera línea
de defensa de importantes segmentos poblacionales. Son unidades económicas
de baja productividad, pobremente dotadas y con serias restricciones para
poder desarrollarse. Operan en la informalidad y están expuestas a todo tipo
de vulnerabilidades.
Sin embargo, sus magros ingresos contribuyen al sostenimiento de millones de
familias. Esto nos enfrenta con una contradicción ya que, por productividad
y posicionamiento, su viabilidad es frágil y su sostenibilidad dudosa. Estas
unidades viven amenazadas por su entorno y en muchísimos casos hostigadas
por las regulaciones vigentes. Productores y especialmente comerciantes
formales los acusan de competencia desleal porque evaden todo tipo de
impuestos, tasas y normativas.
A corto plazo el sistema económico no puede prescindir de su existencia. Sin
ellas se vería seriamente afectada la subsistencia de millones de familias.
El desafío es cómo facilitar una salida de esta situación ayudando a generar
alternativas productivas viables y sustentables.
(ii) Por otro lado están las pequeñas empresas con potencial de crecimiento
y ciertos emprendimientos medianos y grandes que llamamos “locomotoras” que
arrastran en su crecimiento a cientos o miles de pequeños emprendimientos
productivos. De una forma más o menos estructurada constituyen tramas
productivas que dan origen a un gran número de cadenas de valor. Éste es el
núcleo central de generación de empleos genuinos y debe ser alentado y
desarrollado con el apoyo de todos los instrumentos y medidas de política
disponibles; también monitoreado para asegurar el cumplimiento de normas y
obligaciones.
No es sencillo ser emprendedor en los tiempos que corren y, sin embargo, su
rol es crítico para el crecimiento del conjunto social. El desafío es cómo
alentar su desarrollo sin introducir inequidades, favoritismos o
discriminaciones. Existen emprendedores que abusan de su situación de poder
relativo, evaden sus responsabilidades fiscales y/o laborales, no respetan
normas ambientales, tienen una conducta comercial violatoria de la ética y
las leyes. Pero también es cierto que la inmensa mayoría trata de funcionar
acorde con la ley y sobrevivir en un ámbito que es, en esencia, competitivo.
En ese ámbito un cambio arbitrario de normas, el acceso diferencial a
contactos, el amiguismo con jueces y autoridades de supervisión, el grado
tolerado de evasión de la carga impositiva, entre muchos otros factores
ilegítimos, pueden significar la viabilidad o caída de su emprendimiento.
De ahí que el eje de políticas de desarrollo balanceado pase por un fuerte
aliento a la producción en un contexto de reglas claras y transparentes,
formuladas sobre bases de equidad en el acceso a oportunidades y amplio
espacio para que pueda desplegarse la iniciativa y creatividad de los
emprendedores y sus organizaciones. Pero esto incluye también fortalecer la
capacidad de formulación de buenas políticas por parte de la autoridad
económica y, muy particularmente, reforzar su poder de policía de modo de
evitar que se tergiverse en la práctica lo que se propone en leyes y
regulaciones.
(iii) Adicionalmente, existen también emprendimientos populares que emergen
como respuestas de última instancia a situaciones de crisis, como son los
cierres de fábrica por estrategias definidas en el tablero global, deterioro
de la situación personal o familiar de los propietarios, lock outs
patronales, quiebras negligentes, decisiones de relocalización basadas en
nuevas circunstancias de mercado, entre muchas otras causas. No tienen peso
macroeconómico significativo, pero son esfuerzos muy valiosos, generalmente
conducidos por trabajadores que buscan proteger sus fuentes de trabajo
revirtiendo retrocesos o fracasos. Tienen el mérito de ensayar nuevas
soluciones para superar condiciones adversas que ya hicieron fracasar los
emprendimientos. Si esas iniciativas lograsen generar nuevo valor por una
mejor lectura y administración de los factores que condicionaron su
desarrollo, si fuesen capaces de gestionar las unidades productivas con
eficacia y efectividad, si tuviesen la habilidad de movilizar los recursos
necesarios para transitar una buena transición, podrían acceder a mejores
umbrales de viabilidad y sustentabilidad. En algunos casos esto se logra; en
otros, no.
Vemos entonces que existe una diversidad de formas y modalidades para que
sectores emergentes o excluídos de la actividad productiva moderna puedan
acceder a ella y a sus resultados. Si bien todas las soluciones tienen
comunes denominadores que hacen a la implantación de una cultura de trabajo
y de iniciativas productivas, también es cierto que cada solución presenta
singularidades que las diferencian de las demás. Esto no sorprende porque,
siendo tan diferentes las problemáticas que enfrentan los diversos segmentos
del aparato productivo nacional, resulta lógico que los tratamientos
requieran ser específicos y ajustados a los desafíos de cada situación.
Es probable que el mayor número de empleos genuinos termine siendo generado
por unidades familiares que evolucionan hacia pequeñas empresas. Pero
también habrá un buen número de empresas pequeñas que se transformarán en
medianas, otro tanto de empresas “locomotoras” que se harán grandes, algunos
emprendimientos populares que lograrán completar su transformación en
unidades económicas sustentables, y empresas ya grandes que consolidarán su
expansión. En particular, hay muchos ejemplos de empresas exitosas que
surgieron de asociaciones de pequeños productores, de cooperativas o de
otras formas organizativas que lograron movilizar la energía productiva de
sectores hasta entonces de bajos ingresos.
Lo que vale destacar es que una buena mezcla de soluciones será siempre más
efectiva para absorber desocupación estructural que cualquier forzada
homogeneización de programas de acción.
La responsabilidad macroeconómica y regulatoria del sector público
Ocurre que para cualquier burocracia -pública, privada o de la sociedad
civil- es más sencillo administrar un programa con pocas diferenciaciones
donde no haya que ejercer mucho esfuerzo de discernimiento y creatividad. En
cambio, para estructurar soluciones específicas se requiere de habilidad, de
experiencia y de comprometer mucho mayor esfuerzo y dedicación. En general
es más laborioso construir soluciones a medida de necesidades singulares que
simplemente reproducir medidas estandarizadas, por más que los resultados de
las últimas terminasen siendo inferiores o inefectivos.
Esto es más notorio cuando, además, en el proceso de decisión participan
múltiples cadenas de mando y una diversidad de jurisdicciones. La
posibilidad de “esconderse” en un mar de actores y decisiones es mucho mayor
que si quienes toman decisiones de política y de gestión de proyectos
tuviesen que enfrentarse muy directamente con el resultado de sus
elecciones.
El sector público es el principal responsable de establecer y coordinar
políticas que permitan absorber desocupación y subocupación estructural;
pero otros actores son co-responsables tanto en la elaboración de esas
políticas como en su implantación.
La esencia de una política que busque eliminar la desocupación estructural
es lograr la plena movilización productiva del país. Para ello el sector
público necesita reordenar el funcionamiento del sistema económico,
redireccionando parte del ahorro nacional de modo de capitalizar y financiar
una diversidad de iniciativas que son capaces de generar empleos. Se trata
de re-alinear intereses para producir un salto productivo hacia adelante.
¿Cómo redireccionar el ahorro nacional? El sector público dispone de una
importante batería de instrumentos macroeconómicos. Esto incluye: (i) el
manejo del gasto público, muy especialmente sus inversiones en
infraestructura de comunicaciones, en energía, en educación y en salud; (ii)
la forma como se financia ese gasto público, definiendo desde la estructura
impositiva (más o menos regresiva) y el nivel prevaleciente de evasión,
hasta el nivel y perfil de su endeudamiento; (iii) la orientación de su
política monetaria, apuntando a la estabilidad general de precios, pero con
ciertos ajustes de precios relativos para premiar el trabajo productivo y
desalentar la especulación financiera y la canalización del crédito hacia la
producción que genera empleo genuino. Todo un arsenal que, bien utilizado,
va configurando el marco regulatorio que hace parte de los parámetros dentro
de los cuales se juega la suerte de millones de familias.
La responsabilidad mesoeconómica de los emprendedores
Pero también importan ciertas decisiones mesoeconómicas que son influidas,
pero no controladas, por el sector público: es el campo del protagonismo
privado más sofisticado y, quizás, significativo. Se trata de esfuerzos por
desarrollar cadenas de valor y, con ellas, tramas productivas que dinamicen
a diversos actores económicos: empresas que lideran y otras que hacen parte
de esas cadenas de valor, una mezcla diversificada, pero con alto grado de
complementariedad e interdependencia compuesta por unidades grandes,
medianas, pequeñas y productores por cuenta propia.
Si los empresarios no asumiesen como propia la responsabilidad de ayudar a
generar empleo genuino y redujesen su aporte social a participar de
proyectos filantrópicos, el país no podrá superar la desocupación
estructural puesto que el sector público por sí solo no lo logrará. Esto no
significa transformar al empresario en una organización de desarrollo, pero
sí reconocerlo como lo que es: un actor que incide sobre el desarrollo. La
responsabilidad primaria del empresario es, sin duda, asegurar la viabilidad
económica de su empresa; sin embargo, sus decisiones empresariales impactan
sobre su entorno mesoeconómico y, en particular, sobre la generación de más
y mejor empleo genuino.
¿A qué nos referimos con ese concepto de viabilidad económica de la empresa
asociada a una responsabilidad mesoeconómica? A que las decisiones de una
empresa impactan no sólo su propio funcionamiento y resultados, sino también
el funcionamiento y los resultados de otras empresas y actores económicos
con los que se vincula. De hecho se dan múltiples situaciones en la
trayectoria de las empresas donde una particular decisión puede considerar
diferentes alternativas entre las que optar, todas las cuales pueden darle a
la empresa similares resultados, pero cuyos impactos fuera de la propia
empresa pueden ser muy diferentes. Si a la empresa en cuestión no le
importase lo que sucediese fuera de su estricto ámbito inmediato de
actuación, podría escoger basándose en un análisis clásico de rentabilidad
despreciando el impacto indirecto de sus acciones. Pero si la empresa tomara
conciencia de que sus opciones de decisiones empresariales (tecnológicas,
comerciales, organizacionales, etc) tuvieran -como sin duda tienen- efectos
colaterales diferenciales en su mercado y comunidad, entonces podrían
agregar a su análisis esos efectos indirectos para intentar agregarles mayor
racionalidad e impacto mesoeconómico. Vale aclarar que no estamos hablando
de sumarle un nuevo rubro de costos al cálculo empresarial (al menos no
significativo), sino de nuevos rubros de beneficios sistémicos que, directa
o indirectamente, a largo o a corto plazo, terminarán redundando en el
beneficio de la propia empresa y de su comunidad.
Aquí hay un frente de batalla crucial para poder dar paso a una nueva
economía social y económicamente más sustentable. Esta concepción parte de
reconocer que el problema de la desocupación no es patrimonio exclusivo de
los desocupados y de los gobiernos de turno: es co-responsabilidad de los
organizadores de la producción. Y, por tanto, las soluciones a tan complejo
problema involucrarán tanto a los diferentes niveles de gobierno como al
universo de emprendedores y a los propios desocupados.
Si quienes organizan la producción no asumiesen dentro de su matriz de
decisiones la responsabilidad de ayudar a crear empleos genuinos para
fortalecer el sector moderno de la economía, entonces el esfuerzo
gubernamental y de los propios desocupados será incompleto y sus resultados
insuficientes.
Se perfilan así un conjunto de criterios básicos para orientar los esfuerzos
de superación de la desocupación estructural: (i) por un lado, que el apoyo
a los desocupados no puede limitarse a cubrir su subsistencia durante
emergencias; lo que requiere son condiciones para poder movilizarse
productivamente; (ii) por otra parte, no son muchos los casos en que el
sector público agrega valor transformándose en empresario; el mayor valor
que agrega consiste en asegurar adecuadas políticas macroeconómicas y un
buen marco regulatorio, que ofrezcan seguridad y equidad para las
iniciativas productivas y castigos para quienes no respetasen los derechos y
obligaciones de los diversos actores; y (iii) a esto se agregaría ahora que
los empresarios pueden asumir un rol aún más crítico en la creación de
empleo genuino si ampliasen su ámbito de responsabilidad a considerar el
impacto en otros actores y en las circunstancias mesoeconómicas de sus
propias decisiones empresariales.
De ser así, la creación de empleo genuino pasaría a ser una variable
mesoeconómica crítica en los planes para desarrollar cadenas de valor y
tramas productivas. No sería sólo un objetivo macroeconómico y, por tanto,
responsabilidad exclusiva del sector público; ni tampoco sólo el resultado
microecómico del esfuerzo de empresas individuales.
La visión mesoeconómica le otorga más realismo y viabilidad a la co-responsabilidad
empresarial porque no se trata de sobrecargar el plantel de trabajadores de
una empresa determinada, sino de movilizar creativamente el poder económico
de la entera trama productiva de una cadena de valor para ayudar a generar
los empleos genuinos. Muchas veces los nuevos empleos no se generarán dentro
de la propia empresa líder, sino en otras unidades productivas de la trama o
red en la que operan, sean éstas proveedores o clientes. La creación de
nuevos empleos dentro de una cadena de valor estará influida por un conjunto
de factores entre los que cuentan el desarrollo tecnológico que se adopte,
las alianzas estratégicas que se establezcan con otras empresas, y las
relaciones de cooperación o ayuda que se estructuren con empresas menores de
la red, que podrían beneficiarse con el nivel de conocimientos, acceso a
contactos, información de mercados o capacidad de gestión de las empresas de
mayor envergadura.
En algunos casos este tipo de iniciativa emprendedora surge espontáneamente
sin necesidad de mayor respaldo que reglas claras y un poder de policía que
asegure que las reglas se aplicarán con justicia y equidad. En otros casos,
especialmente en regiones o localidades con amplia desocupación, esto no es
suficiente y será necesario apuntalar la iniciativa de los particulares. Es
aquí donde se concentran los nuevos instrumentos de intervención propuestos
desde Opinión Sur, que son los Fondos Locales de Inversión Productiva, las
Desarrolladoras de Negocios Comunitarios y las Redes de Inversores Ángeles.
Del “sálvese quien pueda” a un sistema económico efectivo
Mucho puede hacerse desde lo normativo (impuestos, permisos, regulaciones) y
otro tanto puede encararse desde las acciones directas de promoción (uso del
crédito, acceso al mercado de capitales, desarrollos tecnológicos,
exploración de mercados, asesoría de gestión empresarial, entre otras). Sin
embargo, ninguna medida o instrumento de promoción podrá reemplazar las
miles o millones de decisiones económicas que, todos los días y en todos los
rincones del país, se van tomando en múltiples frentes y dimensiones. Eso
habla de la importancia y significación que tiene la energía del mercado.
Pero cuando el sistema económico no logra resolver necesidades básicas de
importantes mayorías es necesario apuntalarlo. Esto exige ciertas
intervenciones que debieran ser prudentes y no afectar reglas básicas de
funcionamiento comercial. No se apuntala el sistema económico enervando su
desarrollo, sino haciéndolo más efectivo. Por eso se sugieren intervenciones
que sean sólo catalíticas, capaces de dinamizar y redireccionar procesos
productivos; intervenciones que faciliten el desarrollo de cadenas de valor
y permitan movilizar productivamente capacidad local de producción. Lo
crítico será entender por qué esos desarrollos no se produjeron
espontáneamente y ver si al remover factores adversos las iniciativas que se
generen serán capaces de sostenerse por su cuenta. Hay siempre una fina
línea divisoria que separa el voluntarismo arbitrario de aquello que es una
innovación económica u organizacional capaz de remover los obstáculos que
traban la movilización de un potencial subutilizado.
La desocupación estructural es cosa seria. Lo es para los países ricos donde
también se presenta, pero aún mucho más para los países pobres o en
desarrollo. Las soluciones no son sencillas ni homogéneas. Mucho está aún
por explorarse y sería más que prudente facilitar que una gran diversidad de
alternativas pudieran ser ensayadas. El enfoque mesoeconómico de las cadenas
de valor es promisorio, pero relativamente novedoso. Y, por cierto, el
contexto macro y micro económico influye directamente sobre él.
Podemos entonces aceptar que, con acertadas medidas macroeconómicas y un
renovado e innovador esfuerzo mesoeconómico, una parte de la fuerza de
trabajo que opera en las muy pequeñas unidades de subsistencia podrá ser
absorbida por los sectores modernos de pequeñas y medianas empresas. Pero la
experiencia indica que esa transición no es sencilla ni rápida y que un
segmento considerable de esa fuerza de trabajo no logrará insertarse fuera
de su contexto productivo inmediato, sino de manera progresiva. De ahí el
desafío y la necesidad de apoyar directamente a microemprendimientos durante
la transición con el doble propósito de asegurar ingresos para la
subsistencia familiar de un enorme segmento poblacional y, al mismo tiempo,
de ir creando condiciones que posibiliten su paulatina transformación en
unidades sustentables.
Otra alternativa sería simplemente facilitar su reproducción en las mismas
condiciones presentes sin encarar soluciones de fondo. Esto tendría un costo
social y político enorme ya que lo que se estaría reproduciendo sería la
pobreza de importantes mayorías y una forma perversa de funcionamiento
económico. Mantener el status quo económico es un campo minado y un caldo de
cultivo de serios descontentos que pueden comprometer la gobernabilidad
democrática y la seguridad del conjunto social. La simple represión de la
informalidad, que suele acompañar estas situaciones de pobreza e indigencia,
no es una solución, ya que quienes defienden su subsistencia saben que el
impacto de perder la fuente de su sustento es mucho más traumático que el
riesgo de transgredir el orden establecido.
En nuestra opinión las opciones son claras. En lugar de un “sálvese quien
pueda”, que no es sino una invitación a la lucha despiadada por sobrevivir
utilizando cualquier medio que cada actor tuviera a su alcance, se impone
una política pública consensuada para hacerla política de Estado que encare
la desocupación, subocupación y sus secuelas desde todos los frentes. Esto
incluye, movilizar productivamente a los pobres, apoyar la pequeña empresa
con potencial de crecimiento, dar un fuerte respaldo a las empresas
locomotoras para que asuman mayor responsabilidad mesoeconómica, acompañando
todo esto con una buena asignación del gasto público en salud, en educación
y en infraestuctura, con una distribución equitativa de la carga fiscal y
con un manejo prudente del financiamiento público y de la estabilidad
monetaria. En artículos anteriores de Opinión Sur se ofrecieron algunas
precisiones sobre cómo implementar estas medidas explicitando los
instrumentos disponibles en cada nivel.
Lo que distingue este enfoque es que plantea acciones micro y meso
económicas para movilizar la producción nacional procurando, en particular,
facilitar la articulación de las pequeñas unidades con el desarrollo de las
cadenas de valor. Pero también promueve un conjunto de medidas
macroeconómicas que terminan de conformar el contexto y los parámetros
dentro de los que se juegan los esfuerzos productivos individuales.
No es pequeño el desafío que implica decidirse a encarar la desocupación y
subempleo de carácter estructural, ni tampoco son menores los riesgos que se
enfrentan. Pero así ocurre cuando toca encarar viejas problemáticas
negligentemente postergadas. Si se dejasen enquistar por más tiempo en el
cuerpo social habrá luego que acudir a procedimientos más draconianos.
Estamos con el tiempo justo para dar paso a una acción de mucho esfuerzo,
pero de resultados que podrían lanzar a nuestros países en una trayectoria
de desarrollo social y económicamente sustentable.
Fuente © Copyright Opinión Sur

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La
Responsabilidad Social de las Empresas se vincula con el
empleo, Ana Moreno, La Nación
Para la mayoría de los consultados, la inserción laboral es el eje
fundamental
Crear fuentes de trabajo, emplear a discapacitados y minorías, promover la
lucha contra el trabajo infantil, y ofrecer posibilidades de desarrollo a
los empleados. Las respuestas que surgen cuando se pregunta sobre la
responsabilidad social de las empresas son variadas, pero una gran parte de
ellas está relacionada con la problemática laboral. Para medir el grado de
conocimiento que los ciudadanos tienen de ese concepto, la consultora Neder,
especializada en investigaciones de mercado y estudios estadísticos, y
ComunicaRSE, organización dedicada a la difusión de los temas relacionados
con responsabilidad social, realizaron una encuesta que indagó sobre
diferentes aspectos.
"En los estudios que se habían hecho en la Argentina, las preguntas se
quedaban en consideraciones muy generales. En un primer momento estaban
bien, pero después quedaban muchos interrogantes sin resolver -explica Pablo
Leidi, director ejecutivo de ComunicaRSE-. Notamos que faltaba un estudio
más específico y que muchas preguntas no se estaban haciendo." Por eso,
entre junio y julio, se entrevistó telefónicamente a 1200 personas de entre
18 y 70 años: 600 de Capital y Gran Buenos Aires y 150 de Rosario, Córdoba,
Mendoza y Salta.
"Al diseñar el cuestionario, analizamos estudios anteriores para ver qué
faltaba y qué resultados habían sido interesantes. Así, descartamos aquello
que no aportaba demasiada información e incorporamos cosas nuevas que sí
eran importantes para las empresas", explica Silvina Neder, directora
general de la consultora, que, además, aclara que se incluyeron preguntas
concretas, con una referencia temporal bien definida, pero también "algunas
que eliminaran el deber ser de la gente".
Qué es la RSE
El estudio indagó acerca de cuatro grandes temas. El primero apuntó a
analizar con qué se asocia -de manera espontánea y mediante atributos
específicos- el concepto de responsabilidad social de las empresas.
"Para nosotros, es bastante amplio: incluye las relaciones de la empresa con
la comunidad, pero también la estrategia de negocios y la situación interna
de la organización. En esa interrelación se debería formar el concepto de si
una empresa es responsable o no", comenta Leidi.
Si bien el 39% de los entrevistados oyó alguna vez el término, según Neder,
"no hay una definición instalada en la cabeza de la gente, una noción clave
de lo que es la RSE".
Ambos sostienen que dentro de las asociaciones negativas hubo una gran
coincidencia en las respuestas: lo vincularon con estrategias de marketing o
negaron su existencia. La dispersión conceptual fue mayor en el caso de las
positivas: la mayoría lo asoció con el trabajo, y el resto de las respuestas
agrupó temas como las relaciones con la comunidad, la ética empresarial y,
en menor medida, el cuidado del medio ambiente.
Cuando se evaluó la importancia de determinados atributos para considerar
una compañía socialmente responsable, la creación de fuentes de trabajo se
ubicó en el primer lugar, y los atributos menos valorados fueron las
donaciones y promover que el cliente colabore con parte de su compra.
Difundir el concepto
Otro tema sobre el que se investigó fue la comunicación y la RSE. Cuando se
preguntó si las empresas deberían dar a conocer las acciones de
responsabilidad social que realizan, el 91% contestó afirmativamente. Para
Leidi, esto se debe a que "los ciudadanos, básicamente, quieren estar
informados; así, a la hora de elegir, pueden tomar una decisión seria".
En tercer término, se analizó la conducta de los consumidores. Si bien, un
18% de los consultados manifestó que dejó de adquirir un producto o servicio
por el mal comportamiento de una compañía, los motivos, en general, eran
malas experiencias personales.
Por último, el sondeo se dedicó específicamente a la imagen de algunas
empresas. A partir de un listado de las 78 compañías de mayor facturación en
la Argentina, se preguntó a los entrevistados si las conocían y si las
consideraban socialmente responsables o no. Después, para analizar esos
datos en conjunto, fueron agrupadas por actividad, y se obtuvo que los
laboratorios, el sector dedicado a alimentos y bebidas, y los diarios
nacionales fueron los que presentaron una mejor relación entre imagen
positiva y negativa.
La Nación Empleos, Domingo 27 de Noviembre de 2005
Fuente - info.asociacionenlaces.org
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El desempleo continúa aumentando, informe
anual de la OIT
Los jóvenes representan la mitad de los sin trabajo
El número de personas desempleadas en el mundo registró un nuevo aumento
en 2005, evidenciando que el fuerte crecimiento económico no logró compensar
el aumento en la cantidad de personas que buscan trabajo, sobre todo entre
el grupo cada vez más numeroso de jóvenes sin empleo, afirma la Oficina
Internacional del Trabajo (OIT) en su informe sobre Tendencias Mundiales de
Empleo difundido hoy.
El informe de la OIT sostiene que la debilidad de la mayor parte de las
economías para convertir su PIB en creación de puestos de trabajo o en
aumento de salarios, junto a una serie de catástrofes naturales y al aumento
del precio de la energía, afectan con particular dureza a los trabajadores
pobres del mundo.
El informe sobre las tendencias demuestra que a pesar del crecimiento de 4,3
por ciento del PIB en 2005, sólo 14,5 millones de los más de 500 millones de
trabajadores del mundo en condiciones de pobreza extrema lograron superar la
línea de la pobreza de 1 dólar al día por persona.
Salario insuficiente
Además, de los más de 2,8 miles de millones de trabajadores en el mundo en
2005, hay 1,4 miles de millones que no ganan aún lo suficiente para elevarse
a si mismos y a sus familias por encima de la línea de pobreza de 2 dólares
diarios, una cantidad similar a la de hace 10 años, afirma la OIT.
"El informe de este año demuestra una vez más que el crecimiento económico
no es capaz de satisfacer por si solo las necesidades mundiales de empleo.
Esto está retrasando la reducción de la pobreza en muchos países", dijo el
Director General de la OIT, Juan Somavia. "Estamos enfrentando una crisis
mundial del trabajo de proporciones enormes, y un déficit de trabajo decente
que no se va a resolver sin hacer nada. Son necesarias nuevas políticas y
acciones para enfrentar estos problemas".
Según estimaciones oficiales, la tasa de desempleo permaneció inalterada en
6,3 por ciento, después de que había disminuido por dos años consecutivos.
El número total de desempleados se sitúo en 191,8 millones de personas a
finales de 2005, un aumento de 2,2 millones desde 2004 y 34,4 millones desde
1995. La OIT destaca que si bien hay efectivamente más personas "con
trabajo", al mismo tiempo hay más desempleados que nunca antes.
El informe de la OIT agrega que casi la mitad de los desempleados son
jóvenes entre 15 y 24 años, con una probabilidad tres veces mayor que los
adultos de encontrarse sin trabajo. La OIT consideró que esta cifra es
"problemática", ya que los jóvenes representan sólo 25 por ciento de la
población en edad de trabajar.
Incremento del sector servicios
La OIT además dijo que el índice total de empleo en el sector de los
servicios aumentó durante los últimos 10 años en todas las regiones salvo
una, el Medio Oriente y África del Norte. Si el sector de los servicios
continúa creciendo de esta manera, pronto superará a la agricultura como el
mayor proveedor de empleo, explica el informe.
"Esta tendencia nos indica que es necesario reformular las estrategias de
desarrollo y crecimiento", dijo Juan Somavia. "En muchos países, los
trabajadores agrícolas abandonan una vida rural de pobreza con la esperanza
de encontrar algo mejor en la ciudad, pero su situación mejora poco o nada
en trabajos ocasionales o en el comercio de objetos de poco valor. Estos
temas deben ser abordados por quienes participan en la definición de
políticas si se quiere garantizar que el proceso de desarrollo lleve a la
reducción de la pobreza".
Brecha en empleo enre mujeres y hombres
El informe destaca además que durante la la última década se ha reducido la
brecha en el empleo entre mujeres y hombres, pero sigue siendo grande. En
2005, 52,2 por ciento de las mujeres adultas tenía empleo, comparado con
51,7 por ciento en 1995. En 2005, las mujeres constituían cerca de 40 por
ciento de la fuerza de trabajo del mundo.
Según el informe, el porcentaje de mujeres activas en el mercado de trabajo
difiere de acuerdo a la región. Mientras que el número de mujeres activas en
América Latina y en el Caribe ha disminuido, en Medio Oriente y África del
Norte se ha registrado un aumento de la participación femenina partiendo de
niveles muy bajos. Por otra parte, la tendencia de crecimiento de los
índices de fuerza laboral entre las mujeres de los años '80 y primeros '90
se detuvo en regiones como en Asia Sudoriental y Asia Meridional y hasta se
invirtió en Europa Central y Europa Oriental (no UE) y en los países de la
CEI, Asia Oriental y en África al sur del Sahara.
Tendencias regionales
El mayor incremento en el desempleo se registró en América Latina y el
Caribe, donde el número de desempleados aumentó en 1,3 millones
aproximadamente y la tasa de desempleo se incrementó de 0,3 puntos
porcentuales entre 2004 y 2005 hasta 7,7 por ciento. Además Europa Central y
Oriental (no UE) y las regiones CEI experimentaron un incremento interanual
del desempleo, que se situó en 9,7 por ciento, superando el 9,5 por ciento
de 2004.
En los países desarrollados y la Unión Europea (UE) las tasas de desempleo
disminuyeron desde 7,1 por ciento en 2004 hasta 6,7 por ciento en 2005.
La tasa de desempleo en las Sub regiones de Asia no registró grandes
variaciones. La tasa de desempleo de Asia Oriental fue de 3,8 por ciento,
permaneciendo así la más baja del mundo. La tasa de desempleo en Asia
Meridional fue de 4,7 por ciento y en el Asia Suroriental y el Pacífico de
6,1 por ciento.
El Medio Oriente y África del Norte continúan siendo las regiones con la
tasa de desempleo más alta en el mundo: 13,2 por ciento en 2005. En el
África al sur del Sahara la tasa se mantuvo en 9,7 por ciento, la segunda
más alta en el mundo. La región registró además el índice más alto de
trabajo en condiciones de pobreza, poniendo así en evicencia la urgente
necesidad de enfrentar el déficit de trabajo decente.
La relación empleo-población - el porcentaje de personas con empleo
de la población en edad de trabajar - varía según la región. Asia Oriental
registró el índice más alto 71,1 por ciento en 2005, pero es además la
región donde se registraron los mayores cambios en su coeficiente en los
últimos 10 años, con un descenso de 3,5 puntos porcentuales. La región de
Medio Oriente y África del Norte tuvo el índice más bajo, 46,4 por ciento en
2005.
En todas las regiones, el número de trabajadores en condiciones de pobreza -
1 dólar al día - disminuyó en 2005, salvo en África al sur del Sahara donde
aumentó de otros 2,5 millones y el Medio Oriente y África del Norte donde no
se registraron mayores variaciones. El número total de trabajadores que
viven en condiciones de pobreza de dos dólares al día sólo disminuyó en
Europa Central y Oriental (no UE) y CEI, América Latina y el Caribe, y de
manera más consistente en Asia Oriental. Por otro lado aumentó en Asia
Suroriental y en el Pacífico, Asia Meridional, el Medio Oriente, África del
Norte y en particular en el África al sur del Sahara.
Según el informe el impacto del alto costo de la energía en la pobreza y el
empleo varía según la región. En Asia - una región que va por buen camino en
el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) de disminuir la
pobreza a la mitad para 2015 - el impacto será importante sólo si los
precios se mantienen altos. En África al sur del Sahara - una región que no
logrará alcanzar los objetivos de ODM en lo que se refiere a la reducción de
la pobreza - es más probable que el impacto a corto plazo del alto costo de
la energía sea consistente y, a largo plazo, podría acabar con las señales
positivas que se han registrado en algunos países recientemente.
Después de las catástrofes
El informe destaca también la importancia de la creación de puestos de
trabajo y la recuperación del mercado del trabajo después de catástrofes
naturales y de los cambios producidos por la liberación de las cuotas en el
sector de los textiles y el vestido que involucra a millones de trabajadores
y cientos de miles de empresas en los países desarrollados y en desarrollo.
"Las sacudidas económicas y las catástrofes naturales golpean de manera
desproporcionada a los que ya son pobres, y en el proceso de recuperación,
son los últimos en restablecerse. El modelo actual de globalización continúa
produciendo un impacto desigual en la sociedad, ya que algunos experimentan
una mejoría en sus niveles de vida, mientras otros son dejados atrás",
comentó Juan Somavia.
Reducción de la pobreza ... con más y mejor trabajo
Según el informe, se ha extendido el reconocimiento de que la reducción de
la pobreza puede lograrse sólo a través de más y mejores trabajos,
especialmente en África. Una mayor conciencia de la importancia de colocar
el empleo al centro de la formulación de políticas, planteada en la Cumbre
de las Naciones Unidas en 2005, es un importante paso adelante, sostiene el
informe.
Nota: La expresión "con trabajo" sintetiza todas las personas empleadas de
acuerdo con una definición de la OIT, e incluye a los trabajadores por
cuenta propia, a los empleadores y a los miembros de la familia sin
remuneración. Las palabras "empleado" y "con trabajo" son utilizadas como
sinónimos en este informe.
Este comunicado en el sitio de la OIT puede accederse
desde aquí
Para descarga el Informe de las Tendencias Mundiales de Empleo, Enero 2006,
Oficina Internacional del Trabajo, Ginebra pulsando aquí (formato PDF)
desde aquí
Fuente - www.ilo.org 24 de enero de 2006,
Ginebra
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Cómo
combatir el trabajo en negro
Desde 2001, el PBI per capita aumentó casi un 20%, pero la cantidad de asalariados a los que no se le hacen aportes previsionales creció del 38% al 46%, asegura el autor. Dice que la asociación entre la vulnerabilidad laboral y la social es sólida y directa. Y que no será posible reducir sustancialmente la pobreza sin generar, masivamente, empleos de calidad.
Osvaldo Giordano. Titular del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA
El 2005 va a pasar a la historia como un año de una muy alta recuperación en el nivel de actividad económica pero de modestos avances en la reconstitución del tejido social. La devaluación fue muy eficaz para aumentar la rentabilidad de muchas empresas y recomponer las finanzas del Estado, pero profundizó las distorsiones que, desde hace mucho tiempo, viene acumulando el mercado de trabajo.
Comparado con fines del 2001, el Producto Bruto Interno per capita aumentó casi un 20%, pero la cantidad de asalariados a los que no se le hacen aportes previsionales creció del 38% al 46%.
La asociación entre vulnerabilidad laboral y vulnerabilidad social es sólida y directa. Por eso, hay que asumir que no será posible reducir sustancialmente la pobreza si no media una masiva generación de empleos de calidad. Para esto, es fundamental asignarle carácter prioritario al objetivo de avanzar en la legalización de las relaciones de trabajo.
Desgraciadamente, acumulamos a lo largo del tiempo tantos anuncios gubernamentales de lucha contra el trabajo "en negro" como fracasos. Si para algo sirven estas frustrantes experiencias es para demostrar que en este tema lo complejo no es anunciar el objetivo -ni las razones morales, sociales y económicas que los justifica- sino acertar en los instrumentos. En tal sentido, para no seguir equivocando el camino es clave entender contra que se está luchando.
El oponente
Apenas el 9% de los asalariados no registrados trabajan en empresas medias y grandes con más de 40 trabajadores. En este segmento, la incidencia del empleo no registrado no llega al 14% del empleo total; un valor similar al de Chile, un país que se destaca en Latinoamérica por el apego al cumplimiento de las normas.
Más aún, un tercio del empleo no registrado de las empresas más grandes son profesionales que reciben un salario superior (en promedio en un 30%) respecto a quienes tienen similar formación pero son contratados "en blanco". Esto sugiere que en muchos casos el fraude en la ley laboral forma parte de un acuerdo voluntario y de mutua conveniencia entre el trabajador y su empleador.
En contrapartida, el 91% del empleo no registrado esta concentrado en pequeñas empresas con menos de 40 trabajadores y servicio doméstico. La incidencia del empleo no registrado en estos segmentos llega al 57% y 96% respectivamente.
Estos sectores se destacan por la propensión a contratar mano de obra de menor calificación y pagar salarios mucho más bajos. Así, 6 de cada 10 personas que no completaron la escuela secundaria son contratados "en negro" como trabajador doméstico o en una pequeña empresa, recibiendo una remuneración que en promedio apenas supera los 400 pesos mensuales.
Al definir políticas no se debería seguir ignorando estos rasgos distintivos que caracterizan al empleo no registrado. Más y mejores controles sobre las empresas medianas y grandes son muy necesarios, pero implica atacar -en el mejor de los casos- sólo el 9% del problema.
Para el resto hay que pensar en una estrategia más integral e imaginativa, que esté a la altura del desafío que implica intentar legalizar puestos de trabajo de muy baja productividad generados -en la mayoría de los casos- por empleadores muy dispersos y financiera y administrativamente débiles.
Cómo hacerlo
Por eso, resulta fundamental inducir la formalidad a través de un marco regulatorio menos agresivo para quienes pretenden contratar cumpliendo con la ley. ¿Tiene sentido pretender cobrarle cargas sociales del orden del 40% sobre salarios que resultan inferiores a la línea de pobreza? ¿Aporta algún beneficio a los trabajadores reglas que imponen burocracia, incertidumbre y
litigiosidad?
Mejorar los controles, sobre todo los que aumenten la percepción de riesgo entre los empleadores mas pequeños, es imprescindible. Sin embargo, esto sólo tiene sentido como parte de una estrategia más integral que, como mínimo, debería contemplar:
-
Fijar un mínimo no imponible para la determinación de las cargas sociales, de manera que los salarios más bajos no estén sujetos a aportes.
-
Eliminar nichos de litigiosidad, como es el caso de las enfermedades profesionales y el régimen de despido.
-
Transformar con una orientación simplificadora el sistema de recaudación y registración laboral, aprovechando que con la bancarización de los salarios se puede eliminar la carga burocrática que implica para el empleador determinar las imposiciones sobre los salarios.
Solo cuando se anuncie un paquete de medidas con este nivel de integralidad hay razones para confiar de que no vamos camino a agregar otro eslabón en la larga cadena de fracasos.
Más aún, cabría considerarlo el acto fundacional de un estratégico proceso de búsqueda de la equidad a partir de la formalización del trabajo.
Fuente Clarín Económico, 15 de Enero de 2006

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Algunos
efectos físico y psicológicos del desempleo
Ansiedad, depresión, pesimismo e incluso alteraciones en el sueño son
algunas consecuencias relacionadas con la inactividad laboral. Hoy en día, el trabajo no solo es una fuente de ingresos y gratificaciones
materiales, también significa estar activo profesionalmente. Sin embargo, en un país con
un número de 7 cifras para significar a las personas sin empleo, la
desocupación puede traer además de inconvenientes económicos, consecuencias
físicas y emocionales.
El empleo.com entrevistó a un experto en la materia para conocer cómo afecta
la ausencia de trabajo a una persona.
Andrés Rojas, sicólogo, docente universitario e investigador asegura que
existen diversas consecuencias asociadas al desempleo como: . Aislamiento social . Depresión . Pesimismo . Ansiedad . Desórdenes alimenticios . Conflictos familiares . Abuso en el consumo de drogas o alcohol.La falta de trabajo "sobre todo si es por un tiempo prolongado puede
generar gastritis, dolores de cabeza, espalda o cuello, hipertensión y
alteraciones de la piel, entre otros", recuerda Rojas.
Según el especialista, algunas investigaciones demuestran que una persona
puede experimentar este tipo de trastornos físicos o sicológicos, en cualquier
momento de su inactividad laboral. Sin embargo, después de ocho o nueve meses, el desempleado entra en un
estado de desesperanza.
"La gente cree que todo lo que haga no va a tener efectos para conseguir
empleo. Entonces se presentan problemas que ocasionan irritabilidad, caída del
cabello y estrés", concluye.
Rompa los mitos
El entrevistado asegura que existen tres falsas creencias a la hora de buscar
empleo:
1. "Imposibilidad" de hallar una vacante. "Si usted piensa que será absolutamente difícil encontrar trabajo, eso va
a limitar sus acciones al evaluar nuevas opciones laborales".
2. Supuestos falsos - Regularmente, los desempleados también creen que los rechazarán por alguna
razón social, familiar, racial o de edad. Sea positivo, no permita que estas
suposiciones erróneas sean un obstáculo.
3. Uniocupacionismo - Si las personas no tienen trabajo suelen colocarse un rótulo con su
profesión ("Yo solo soy contador, únicamente sirvo como arquitecto.).
No obstante, la negación a experimentar se convierte en una norma de
conducta que impide incursionar en otros campos.
"Todos tenemos múltiples competencias que se pueden adaptar a diversos
contextos y ocupaciones. Cuando alguien lleva años en un cargo, las habilidades
y el conocimiento que ha adquirido le sirven para desenvolverse en otros
mercados o empresas", concluye Rojas.
Fuente: Red
Telework / El Empleo - elempleo.com

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Biblioteca de la Fundación Salvat
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EMPRENDIZAJE. Aprender a Emprender
AUTOEMPLEO. Poder trabajar
depende de mí
Son dos de los libro de Marité Salvat. |
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En ellos refiere que ...
El mundo en el que vivimos ha sido revolucionado por las nuevas tecnologías que han inaugurado una nueva sociedad: la "Sociedad Digital".
En ella, el "Ser Humano" no sólo tiene mucho para decir sino fundamentalmente mucho para HACER.
Poder ser un emprendedor, pensar, hacer y crear, implica actitud y
autoconfianza, pero también conocer todos los aspectos y conceptos que rigen las actividades en el mercado laboral-empresario, mundial y local.
"Ser Emprendedor", cómo entender la realidad global, analizar los posibles mercados, tener acceso a redes, establecer alianzas, crear el futuro, utilizar la tecnología, pensar ideas de negocios, buscar a los consumidores y, a partir de ellos, generar pequeñas unidades de negocios, conocidas como "microempresas".
Partiendo de la premisa que, siempre todos podemos hacer nuestro propio
"Emprendizaje" o sea "aprender a emprender", nos ayuda a enfocar conceptos como la creatividad y el marketing, poniéndolos al servicio de un proyecto y armar un Plan de Negocios en Prospectiva.
"Estamos en la era del autoempleo". El mundo ha cambiado y las relaciones del mundo del trabajo también. El mercado de trabajo experimenta una triple mutación: tecnológica, organizativa y
cultural, donde el Autoempleo, a partir del principio de autoorganización, se constituye como forma representativa de esta era y como un verdadero desafío personal e individual, que permite redescubrir y maximizar las propias habilidades.
Todo esto exige una comprensión acabada de las transformaciones producidas, para poder luego, generar un cambio de actitud, que nos permita pasar del empleo de por vida y en relación de dependencia, al trabajo autónomo, o sea a generar nuestro propio proyecto laboral.
A través de distintas notas y artículos, la Lic. Marité Salvat analiza las mutaciones que ha experimentado el mundo del trabajo, mostrando las tendencias y transformaciones más significativas de los últimos años.
El objetivo es brindar aquellas herramientas y conceptos que ayuden a un mejor y más eficaz desempeño laboral, a partir de la constatación de que lo único permanente en el mercado de trabajo es el cambio, y de que es necesario comprender las nuevas reglas de juego laborales, a fin de descubrir las múltiples oportunidades que este nuevo escenario ofrece.
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