Austeridad y Responsabilidad.  Editorial 18 de marzo de 2013

En el link de esta semana no hay un tema centrado específicamente en la Responsabilidad Social y la Sustentabilidad como regularmente hacemos con el objetivo de propiciar el ida y vuelta de los aportes que volcamos en este portal, desde que lo abrimos en 2006. Pensaba que debíamos apartarnos del tema FRANCISCO y el tratamiento periodístico, que honestamente nos excluye; pero como responsable del sitio y seguramente por una deformación psicosocial, la lectura de la realidad me ha hecho reparar en varios emergentes entorno a las circunstancias de este particular actor mundial.

Sin entrar en las luces o sombras de la misión pastoral del jesuita argentino, decidí compartir en esta editorial, la resonancia que tuve con la AUSTERIDAD como la cualidad que lo representa y el abanico de proyecciones  que se esperanzan ... Recordando las ambigüedades de ver y creer que todo es un clavo cuando nuestra única herramienta es un martillo, busqué en la red, asociaciones de la AUSTERIDAD con la Responsabilidad Social; el resultado fue 0 (cero). Informalmente en la calle, recogí una suerte de desarraigo del vocabulario cotidiano, reconocido como palabra clave estos días, tras este fenómeno papal.  Desde el lugar de militante de la responsabilidad caí en cuenta de, que si bien había asociado la austeridad como valor aproximado al principio mottainai que promovemos, nunca lo había tratado cabalmente. Fue entonces que sentí la motivación de avanzar en dos cuestiones iniciales ¿de qué hablamos, cuando hablamos de austeridad? y ¿para qué hacerlo?

Encontré que AUSTERIDAD pone el sello de severidad y rigidez en la forma de obrar o vivir -con fuerte reminiscencia monacal- y de sobriedad, ausencia de toda forma de adorno u ostentación en la acepción coloquial que adjetiva un decorado material o discursivo, etc. 
Que se trata,
como función de entrar en modo austero y se utiliza cuando nos queremos referir a la modestia. Lo modesto es rehusar lo innecesario cuando lo innecesario no tiene ningún sentido; y se referencia a tiempos severos.
En aproximaciones de
las políticas de austeridad se remite a la reducción de deficits por los gobiernos; o en otra acepción que se aplica tanto al sector público como privado, cuando se la relaciona con la economía ecológica como "ciencia de la gestión de la sustentabilidad" un campo de estudio transdisciplinar, con foco en las interacciones entre los subsistemas de la naturaleza, la justicia y el tiempo (aspectos dejados de lado por la economía convencional), llamada limitadamente "economía verde", o bioeconomía, entre otras; todos estos, planteos en contraste con las escuelas de pensamiento de la economía actual -convencional o neoclásica-. (adaptaciones desde Wikipedia).

Concluyendo el ligero resumen sobre para qué relacionar la austeridad y la responsabilidad, dejo abierto el planteo de hacerlo en marco de la biopolítica como disciplina que entraña las nuevas formas de poder que producen y regulan la vida de las poblaciones.  Y lo hago sincerándome ante el arduo camino que nos depara toda gestión responsable que debe dirimir entre múltiples realidades y virtualidades: desde la identificación de lo crónico y de lo anacrónico del mandamiento "use y tire", la legalidad profana de la obsolescencia programada porque reducir la producción atrae al fantasma del desempleo, los sesgos de corrupción y connivencias en varios estratos del poder y de las finanzas mundiales que dieron nuevas alas a buitres y cuervos (del Vaticano, no del fútbol), hasta el magma de las tensiones socioambientales y económicas que se bifurcan ante las interpretaciones de los dichos y hechos de las misiones universales.

En pocas palabras, entiendo que el efecto político de la austeridad atraviesa la complejidad del desarrollo humano a expensas de los derechos vulnerados y de las  resistencias del inconsciente individual que configuran luego el colectivo y nos signan bajo la enmienda de la conveniencia VS. convicción. Más allá de alguna (cierta) forma de impotencia que pudiera inhibirnos, lo trascendente parecería estar en la remediación de la pobreza material y espiritual visible desde los cuatro puntos cardinales del planeta.  El enfoque propositivo de la austeridad asociada a la responsabilidad creo que nos induce a la creatividad en el poder hacer como forma de servicio humanitario; a propiciar las capacidades de bienvivir a conciencia, porque podemos manifestarnos a través de pequeños buenos gestos en muchas circunstancias y no porque pretendamos estar libres de pecados.

Respondiendo al respeto que debo a nuestros usuarios por enviarnos inquietudes para integrar a nuestro contenido, sobre la carta de la Presidenta y la respuesta (carta secreta del Papa) editada por un acreditado medio de comunicación masiva, asumo la decisión de no subirlas y de omitir los comentarios por dos simples motivos. Uno es la necesidad de despegar los roles de Bergoglio y de Francisco;  el otro es trascender las miradas hacia atrás y construir desde el aquí y ahora.

Con la intención de seguir operando ante los ajustes y correcciones de la gestión responsable (pública y privada, que alcanza a una gran diversidad de ámbitos y dimensiones), me queda pendiente la deconstrucción de la austeridad como nuevo foco de análisis en la calidad de vida y vínculos en los que trabaja la Psicología Social.
Como tarea de equipo, es probable que la elaboremos, traspasando la mera interpretación de los gestos (muestra efímera) y evaluando en los sucesivos, las
incidencias recíprocas que gesta este reencuentro entre Gobierno y la Iglesia Católica.

Nos predisponemos a revisar: Cuál puede ser el efecto psicosocial
y el significado de
pensar, sentir y hacer en marco de la austeridad.

Si el encuadre de lo posible y necesario implica
decir lo justo, en el momento justo y en el contexto justo.

Si el punto de partida está en el mensaje de amor y comprensión
que se sustenta en profundos
cambios de base:

  • el poder como servicio,

  • la cercanía a todos (gente) y ayudar al OTRO,

  • trabajar por y para los pobres (necesidades básicas vulneradas),

  • cuidar y respetar la creación (habitat, naturaleza)

  • cultivar la alegría y la sonrisa generosa

  • transformar el odio, la envidia con humildad y sencillez

Si contamos con los recursos de orden político para reformular esta dimensión nacional que nos pone ante un inédito impacto mundial.

 

 católicos romanos en el mundo (1)

hay 1.200 millones de los cuales
483 millones viven en algún país
al sur de Estados Unidos.

El 40% vive en Latinoamérica, lidera
Brasil con 150 millones de bautizados.
* Argentina, registra 88% de bautizados
- 69 y 78 % se consideraron adeptos
- 23% es practicante del culto
(2).

Italia lidera Europa con 57 millones.
África registra 36 millones en El Congo.
Asia tiene 12% del total de la población católica del mundo.

Fuentes:  (1) lagaceta.com.ar
(2) Conferencia Episcopal Argentina

Seguiremos procurando la objetividad, pero en lo personal hoy no puedo, ni quiero ser neutral; sinceramente porque siento una esperanza cierta en que ganará la responsabilidad compartida la batalla de todos los versus.

Marita Copes, Directora de Código R
mcopes@codigor.org