20 de marzo: Día Internacional de la Felicidad

La búsqueda de la felicidad: meta fundamental, ONU
Hay que Crear Organizaciones Felices, Marita Copes
Balance del Año, por Mamerto Menapace

Enfoque: Políticas de Estado

Índice de Felicidad por encima de los Ingresos Nacionales - info


video de 10:21 minutos


La Felicidad Humana


NEUROFELICIDAD -
Aprendiendo a Ser Humanos Felices
-aportes de NEUROCAPITAL HUMANO-

 

La búsqueda de la felicidad es una meta fundamental

«En este primer Día Internacional de la Felicidad, fortalezcamos nuestro compromiso con el desarrollo humano inclusivo y sostenible y reafirmemos nuestra promesa de ayudar a los demás. Obrar por el bien común también nos enriquece.
La compasión fomenta la felicidad y nos ayudará a construir el futuro que queremos

Secretario General Ban Ki-moon. 20 de marzo de 2013.

En la reunión de Alto Nivel sobre «La Felicidad y el Bienestar: cómo definir un nuevo paradigma económico», que se celebró durante la 66 sesión de la Asamblea General, el Secretario General, Ban Ki-moon, subrayó que el mundo necesitaba «un nuevo paradigma económico» que reconociera «la paridad de los tres pilares del desarrollo sostenible», social, económico y medioambiental, porque «juntos definen nuestra felicidad global».
Los encuentros se llevaron a cabo por
iniciativa de Bután (1), un país que reconoce la supremacía de la felicidad nacional por encima de los ingresos nacionales, desde principios de los 70, cuando adoptó el concepto de un Índice de Felicidad Nacional Bruta para sustituir al más tradicional Producto Interior Bruto (PIB).

La Asamblea General de la ONU, en la resolución 66/281 el 12 de julio de 2012 decretó el 20 de marzo Día Internacional de la Felicidad, para reconocer la relevancia de la felicidad y el bienestar como aspiraciones universales de los seres humanos y la importancia de su inclusión en las políticas de gobierno.
La resolución invita a todos los Estados Miembros, a los organizaciones nacionales, regionales e internacionales, a la sociedad civil y a las personas a celebrar este Día, y promover actividades concretas, especialmente en el ámbito de la educación.  Fuente ONU 
más info  http://www.un.org/es/events/happinessday/

(1) Bután, cuyo nombre oficial es Reino de Bután dejó de formar parte de La India, en 1949.
Es un país sin salida al mar, montañoso y de pequeño tamaño, situado en el sur de Asia. Se localiza en el tramo oriental de la cordillera del Himalaya, entre India (estado de Sikkim, que le separa de Nepal) y China (región del Tíbet). El nombre local del país, significa "«la tierra del dragón del trueno»", debido a que en las creencias locales los truenos son el sonido de dragones rugientes. Su capital es la ciudad de Timbu. Tiene 720.000 habitantes.
más info http://es.wikipedia.org/wiki/Reino_de_But%C3%A1n

 

Índice de Felicidad encima de los Ingresos Nacionales

El Reino de Bután, desde los 70 estableció la medición de niveles de felicidad entre sus habitantes, considerando este sentimiento como el más importante del Producto Interior Bruto.
El impulsor de esta iniciativa y primer ministro de Bután, Jigme Thinley, opina que "la felicidad en Bután es prácticamente un mandato constitucional. Se basa en los pilares de un desarrollo socioeconómico sostenible y equitativo; la preservación y promoción de la cultura; la conservación del medio ambiente; y el buen gobierno". 
link a un video de 10:21 minutos

 

 
 Hay que crear Organizaciones Felices, Marita Copes
 Este recorte pertenece a una entrevista de Virginia Gudiño -NeuroCapital Humano-  con tres preguntas.
 
nota completa http://www.e-neurocapitalhumano.org/shop/detallenot.asp?notid=339

Considera que hay que crear Organizaciones Felices. ¿Por qué?

Sin dudas hay que crearlas. La felicidad es el estado genérico de la energía vital expresada en la salud mental-espiritual y física del individuo y por extensión, del entorno que lo contiene. Como condición esencial del ser humano es una de las construcciones sociales con mayor trascendencia.

Por un lado, cada cultura organiza sus satisfactores de acuerdo al modelo vigente, que se mantiene como tal, mientras exista coherencia entre los actores y el medio. Por otro, el hombre vive en función de su participación en organizaciones (con distintos roles, simultáneos o por separado).

La persona y la organización se activan de acuerdo a la energía “que genera y no de la que consume”, un punto fuerte de inflexión para acordar qué satisface y qué otorga felicidad para ambos. Claro que el abanico de opiniones en qué es y cómo se logra, es parte de tomarla como realidad o ilusión.

Una organización que promueve la “cultura de felicidad” basa sus expectativas en un cierto conjunto de valores, en flexibilizar presiones, en la recaudación de compromisos mutuos. Implica contemporizar componentes de goce y plenitud como expresiones máximas y motivos de alegrías o estar bien (cómodo, tranquilo, seguro) como niveles promedio. Este tramo es el más propicio, pero el verdadero desafío está en revertir los efectos de dificultades, errores, fracasos, etc. que cambian de tono y color según desde dónde se observa.

Pensar, sentir y hacer en función de la felicidad significa articular: sentimientos (amor, solidaridad); espacios íntimos (pareja, familia), privados (lugar de trabajo, amistades) y públicos (militancia, ciudadanía). Desde otro plano, la valoración de los beneficios, posesiones materiales, criterios de éxitos, etc. de acuerdo a los estándares del pacto social que rige cada comunidad.

Para crear organizaciones felices tendremos que transitar entre hacer lo que queremos y lo que podemos; entre la capacidad de disfrutar y el deseo como superación espiritual; entre la actitud positiva que esconde el problema bajo la alfombra para seguir como sea y el optimismo que transmuta el dolor en aprendizaje; entre ver y liberarse de los autoengaños que giran en torno a “seré feliz cuando … en lugar de serlo mientras tanto”.

Hay mucho por recorrer desde esta visión homocéntrica y dejando para otro momento, la trascendente y la transmutadora, nos resta ampliar la mirada hacia los innumerables motivos cotidianos, que podrían borrarnos hasta la más leve sonrisa. Sin intención de un final abierto, resumo que es clave poder despegar de las personas vulnerables y de las problemáticas por más duras que fueran.

Es un ejercicio que en lo personal nos preserva la capacidad de entusiasmo, optimismo y felicidad a pesar de lo que suceda, ayudándonos a discernir entre “lo que pasa y lo que hacemos con lo que pasa”. Y desde lo institucional, estaremos mejor preparados para asistir, reparar o mitigar un perjuicio, si estamos debidamente contenidos, para ser parte de la solución y no del problema.

La felicidad que se practica, igual que la solidaridad, en lugar de agotarse, se reproduce.

Les dejo mis saludos, agradeciendo a Neurocapital Humano esta posibilidad de intercambio.
Fuente:
http://www.e-neurocapitalhumano.org/shop/detallenot.asp?notid=339

 

Balance del Año, por Mamerto Menapace

Mi percepción, a medida que envejezco, es que NO HAY AÑOS MALOS.
Hay años de fuertes aprendizajes y otros que son como un recreo, pero malos no son. Creo firmemente que la forma en que se debería evaluar un año tendría más que ver con cuánto fuimos capaces de amar, de perdonar, de reír, de aprender cosas nuevas, de haber desafiado nuestros egos y nuestros apegos.
Por eso, no debiéramos tenerle miedo al sufrimiento ni al tan temido fracaso, porque ambos son sólo instancias de aprendizaje.
Nos cuesta mucho entender que la vida y el cómo vivirla, dependen de nosotros; el cómo enganchamos con las cosas que no queremos, depende sólo del cultivo de la voluntad.
Si no me gusta la vida que tengo, deberé desarrollar las estrategias para cambiarla, pero está en mi voluntad el poder hacerlo.
“SER FELIZ ES UNA DECISIÓN”, no nos olvidemos de eso.
Entonces, con estos criterios, me preguntaba qué tenía que hacer yo para poder construir un buen año, porque todos estamos en el camino de aprender todos los días a ser mejores y de entender que a esta vida vinimos a tres cosas:
- a aprender a amar - a dejar huella - a ser felices.
En esas tres cosas debiéramos trabajar todos los días, el tema es cómo; y creo que hay tres factores que ayudan en estos puntos:
- Aprender a amar la responsabilidad como una instancia de crecimiento. El trabajo sea remunerado o no, dignifica el alma y el espíritu y nos hace bien en nuestra salud mental. Ahora el significado del cansancio es visto como algo negativo de lo cual debemos deshacernos y no cómo el privilegio de estar cansados porque eso significa que estamos entregando lo mejor de nosotros.
A esta tierra vinimos a cansarnos...
-Valorar la libertad como una forma de vencerme a mí mismo y entender que ser libre no es hacer lo que yo quiero.
Quizás deberíamos ejercer nuestra libertad haciendo lo que debemos con placer, y decir que estamos felizmente agotados y así poder amar más y mejor.
- El tercer y último punto a cultivar es el desarrollo de la fuerza de voluntad, ese maravilloso talento de poder esperar, de postergar gratificaciones inmediatas, en pos de cosas mejores.
HACERNOS CARIÑO y tratarnos bien como país y como familia, saludarnos en los ascensores, saludar a los guardias, a los choferes de los micros, sonreír por lo menos una o varias veces al día. QUERERNOS.
CREAR CALIDEZ dentro de nuestras casas, hogares, y para eso tiene que haber olor a comida, cojines aplastados y hasta manchados, cierto desorden que acuse que ahí hay vida. Nuestras casas independientes de los recursos se están volviendo demasiado perfectas que parece que nadie puede vivir adentro.
Tratemos de crecer en lo espiritual, cualquiera sea la visión de ello.
La trascendencia y el darle sentido a lo que hacemos, tiene que ver con la inteligencia espiritual.
Tratemos de dosificar la tecnología y demos paso a la conversación, a los juegos “antiguos”, a los encuentros familiares, a los encuentros con amigos, dentro de casa. Valoremos la intimidad, el calor y el amor dentro de nuestras familias.
Si logramos trabajar en estos puntos - y yo me comprometo a intentarlo -, habremos decretado ser felices, lo cual no nos exime de los problemas, pero nos hace entender que la única diferencia entre alguien feliz o no, no tiene que ver con los problemas que tengamos, sino que con la ACTITUD con la cual enfrentemos lo que nos toca.
Dicen que las alegrías, cuando se comparten, se agrandan.
Y que en cambio, con las penas pasa al revés: Se achican.
Tal vez lo que sucede, es que AL COMPARTIR, LO QUE SE DILATA ES EL CORAZÓN.
Y un corazón dilatado esta mejor capacitado para gozar de las alegrías y mejor defendido para que las penas no nos lastimen por dentro".

Mamerto Menapace, Monje benedictino.
Nota: Agradecemos a Eduardo Carcavallo por acercarnos este aporte