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  Vivencias 1974 - 90

 

 

 Personales

 En el Uruguay de los ´70 se jugaba la broma 
 "el último que se vaya que apague la luz"

 

 Radicación en Buenos Aires ´74
 La necesidad, la oportunidad

 

Como docente novata y veinteañera, me encontraba con posibilidades nulas de trabajo y desarrollo profesional, al menos era lo que percibía en ese momento, en Colonia. Era muy difícil cambiar el rumbo de los sueños, enfrentar el desarraigo de la familia, de los seres y lugares queridos ... Pero la alternativa de "cruzar el charco" era una esperanza cierta de trabajo, que pudimos concretar, a pesar de la, también convulsionada, situación político social en Argentina.

Buenos Aires, nos permitió cubrir las expectativas que habíamos planificado. 
Ni bien llegué en el ´74 me registré en una agencia de recursos humanos, como dactilógrafa.
Nunca había visto una máquina eléctrica, pero en horas hice de ella mi mejor aliada. 
Recibí varias ofertas de empleo estable, pero mi objetivo era un trabajo temporario, hasta que nos instaláramos en un negocio con vivienda, porque ese era el mayor inconveniente.  Además de resultarme más rentable, me daba la posibilidad de organizar el tiempo para estar con mi hija que apenas tenía un año y me permitía tramitar la residencia, gestión o mejor dicho epopeya que debíamos hacer en la Dirección Nacional de Migraciones.
Sobre fines de ese año, mi esposo encontró un almacén y fiambrería en Floresta, con una vivienda antigua pero muy amplia; luego de negociar con los dueños la financiación, ese fue nuestro primer medio de sustento.
En el ´76 apareció la oportunidad de fabricar rodillos de poliéster y cuero, que vendíamos a los clientes principales de la Asociación Nacional de Ferreteros. Con ambas actividades seguimos hasta nuestro divorcio en el ´86. 
Entonces ocurrió mi primera búsqueda laboral ...


   1er. Trabajo estable
  
Con 34 años, sin currículum porque había trabajado por cuenta propia y sin contactos oportunos, enfrentaba mi primera búsqueda de empleo en relación de dependencia.
Había marcado en el diario, varios pedidos de secretaria con inglés y dactilografía. Mientras esperaba mi turno, escuché la conversación entre dos de las empleadas, que recepcionaban las fichas. Una de ellas dijo - al final es mejor estar en ventas, porque se puede ganar más que un sueldo, con posibilidades de contactos nuevos, aquí estás encerrada todo el tiempo, llena de presiones y limitaciones ...

Eso fue suficiente para que desistiera de la espera y cambié el rubro de mi búsqueda.
La dirección más cercana, era una oficina en Sarmiento al 1400.  Los cuadros y afiches en las paredes me revelaron la incógnita, estaba en la oficina de la BBC de Londres, para la venta de cursos de idiomas.  Luego de casi una hora de espera, me entrevistó el gerente. Al cabo de unos pocos minutos me dijo - el puesto es suyo, mañana empieza a trabajar.

Muy cordialmente se presentó, me invitó a sentarme y me preguntó cuál era mi experiencia.
Le respondí que creía tener muy buena predisposición para la venta y en muy pocas palabras, le dije que estaba sola en Buenos Aires, con dos hijos adolescentes a cargo y que necesitaba que me diera esa oportunidad.
Sin más, había concretado mi objetivo en la primera y única solicitud. 

Carlos Isas, mi primer jefe, había depositada en mí toda su confianza.
Con el tiempo, supe que había sido mucho más que un toque de suerte. Con su ayuda incondicional a través de los años, gané un "maestro" como siempre lo he llamado y un amigo con el afecto agregado de su esposa.
Luego de esa entrevista en la que sólo había volcado mi sinceridad, recibí generosidad, respeto, entusiasmo, durante algo más de tres años, con muy buenos resultados. Al fallecer el titular de dicha representación para Argentina y Uruguay, sus hijos liquidaron el negocio, quedando el sector idiomas de la BBC hasta hace pocos años, desafectado del mercado.
Inmediatamente Isas ingresó como gerente a la Franco Argentina y me propuso acompañarlo. 

Al cabo de unos meses, notando mi incomodidad con el nuevo trabajo y conociendo bien, mis actividades solidarias y mis expectativas culturales me dijo - por qué no intentás ese proyecto que tenés (dando vueltas) en tu cabeza, yo te guardo el puesto durante noventa días y vamos viendo ¿no te parece?
Y así comencé  Todamérica ... fortaleciendo mi espíritu emprendedor, gracias al impulso de uno de los seres inolvidables que me han acompañado en este camino que llamo logranzas.