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La Responsabilidad
Social Empresaria (RSE) no puede considerarse una moda pasajera. Ya
es parte vertebral de muchas firmas en el país y un cambio en la
relación entre el sector privado y la sociedad. RENA consultó a
expertos del sector sobre el compromiso empresario en materia
ambiental. Mientras que las grandes firmas se acercan a criterios
sustentables, con diferencias según el sector productivo, las PyMes,
“más rezagadas”, parecen depender de la conciencia de sus dueños.
“El compromiso empresario con el medio ambiente es relativo: depende
del sector productivo, de la región en la que está inserta la
empresa y, fundamentalmente, de cuánto ha prendido en el CEO, dueño,
Presidente, la idea de que su empresa es también un agente de
cambio”, explicó Fernando Legrand, Editor Periodístico de
www.rseonline.com.ar. El principal obstáculo, dijo, es la falta de
inversión en tecnología y la falta de promoción de esa inversión
desde del Estado.
Con menos difusión popular, pero con grandes movilizaciones en las
empresas más estrechamente involucradas al impacto ambiental, ha
aparecido la máxima ‘el que contamina paga’. En esa línea está la
Responsabilidad Extendida del Productor (REP) y el manejo
responsable de los Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos (RAEE),
“como las tendencias con mayor fuerza en el marco de la
sustentabilidad”, explicó Marita Copes, del portal
especializado Código R (www.codigor.org).
“Hace casi 10 años que se está diciendo que la RSE es una moda. A
nuestro entender, sin RSE no habrá negocios en el futuro. La crisis
es un ejemplo. El mercado se está encargando de poner los
incentivos, y los gobiernos deberían ayudar por ese lado también.
Las PyMes todavía vienen un poco demoradas, pero de a poco, sobre
todo las que exportan, se están sumando”, afirmó Alejandro
Langlois, Premio al Periodismo de Responsabilidad Social
Empresaria (2005) que otorgan la Red Puentes, la Agencia Novib y el
Gobierno de Holanda, y director de ComunicaRSE (www.comunicarseweb.com.ar).
Hay tantas definiciones sobre la RSE como autores. Para el Pacto
Global (Global Compact) de Naciones Unidas, es “una nueva manera de
hacer negocios en la cual las empresas tratan de encontrar un estado
de equilibrio entre la necesidad de alcanzar objetivos económicos,
financieros y de desarrollo; y el impacto social y ambiental de sus
actividades”. Los pilares son tres (triple bottom line): el medio
ambiente, la comunidad y los recursos humanos.
Recientes datos del Banco Mundial confirman la importancia de esta
nueva forma de entender los negocios. Según este organismo, en 2005,
de las 100 economías más grandes del mundo, 51 eran corporaciones.
Se estima que ese número ha crecido por fusiones posteriores. Esto
configura un marco de poder económico en manos de Consejos
Directivos privados, en lugar de atributos democráticos a través de
la participación de los ciudadanos en la elección de sus dirigentes
políticos.
La empresa pasó de ser un productor del mercado con la consigna de
calidad posicionada en los `90 a ser un actor social que si bien
tiene el mayor poder también debe asumir el valor agregado de la
responsabilidad, como nuevo paradigma instalado en este tercer
milenio. Según palabras del Secretario de la ONU Ban Ki-moon, “Quien
tiene más poder, tiene más responsabilidad”.
“Hay de todo”
Para Legrand, de RSE Online, quien indague sobre las empresas
socialmente responsables en material ambiental va a encontrarse con
un poco de todo. Y puede caer en el error de confundir RSE con
Marketing Social.
“Un ejemplo claro es un programa nuevo que lanzó Philips esta
semana, que en realidad no es un programa de RSE sino que es una
invitación para que todos les compremos lamparitas de bajo consumo y
de ese modo contribuyamos a disminuir el incremento alarmante de los
Gases Efecto Invernadero. Algo genial, con lo que todos estamos de
acuerdo, pero no es RSE”, aclaró.
“El
compromiso empresario con el medio ambiente es relativo: dependiendo
del sector productivo del que hablemos, de la región en la que está
inserta ese empresa y, fundamentalmente, de cuánto ha prendido en el
CEO, dueño, Presidente o como quieras llamarlo, la idea de que su
empresa es también un agente de cambio”.
“El principal obstáculo es entonces la falta de inversión en
tecnología (empresas que operan en zonas agrícolas o con grandes
extensiones pueden invertir en energías alternativas y no lo hacen)
y la falta de promoción de esa inversión por parte del Estado”.
En el caso de las PyMes, “depende mucho de las grandes empresas para
las que son proveedoras, de las exigencias que le reclaman. Pero en
este caso, más que en ninguno, si la idea de la RSE no prendió en el
dueño de la empresa, no existe empresa responsable”.
Para el experto, desde cuestiones mínimas, como utilizar lámparas
bajo consumo, separar residuos, usar canillas con sistema de corte
automático, hasta el diálogo con cada una de las partes con las que
esa PyMe se relaciona, son cuestiones que van a depender de la
visión del líder de esa empresa, y de él, hacia abajo.
Según Copes, de Código R, al estar más cerca de la gente, las PyMEs
tienen entornos más propicios en lo que puede estimarse un “avance”
natural en el desarrollo de prácticas responsables (o buenas
prácticas).
“Pero también tienen más resistencias a algo que desconocen o de lo
que desconfían, porque en general los sobrepasa el prejuicio de la
RSE como iniciativa para grandes empresas. Cuando se predisponen a
conocerla y preguntan en forma desestructurada, amistosa, menos
formal, empiezan a comprenderla y a evaluar cuánto llevan adelantado
por ‘cultura o tradición’”.
Justamente, Código R realizó una encuesta sobre PyMes para la Cámara
Argentina de Comercio. La Revista Apertura la consideró una
estrategia entre las destacables en 2007 como única aproximación al
sector. Los datos obtenidos fueron ratificados este año. (http://www.codigor.com.ar/resultados_consultapymes.htm)
La vanguardia
Para pensar en una evaluación ambiental hay que codificar tres
dimensiones de la Responsabilidad, que hoy ganan la agenda
empresaria, y en tres conductas precisas y diferentes,
“fundamentales en una consideración constructiva sobre la realidad
que necesitamos/deseamos transformar, en forma gradual, inclusiva y
sustentable”, aclaró Copes.
Las dimensiones básicas de la Responsabilidad hoy se abordan a
través de un formato de RSE, que incluye la articulación de los
valores social, económico y ambiental, en lo que se llama “triple
línea de valor”.
En este último tiempo, las 3 R (reducir, reutilizar, reciclar) han
irrumpido en el ámbito empresario como una práctica que facilita el
cuidado de los recursos naturales, “aunque aún no se las relaciona
con los indicadores ambientales de la RSE, a pesar de ser una
práctica visible, que bien puede traducirlas o aplicarse en la
implementación de tal iniciativa”.
“Con menos difusión popular, pero con grandes movilizaciones en las
empresas más estrechamente involucradas al impacto ambiental, ha
aparecido la máxima ‘el que contamina paga’”. En esa línea están la
Responsabilidad Extendida del Productor y el manejo responsable de
los Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos, como las
tendencias con mayor fuerza en el marco de la sustentabilidad. “Las
dos últimas integran el fenómeno crítico de la RSE y su proyección
en el Desarrollo Sustentable”.
La REP se define como la ampliación de las responsabilidades de los
productores a la etapa de post consumo en el ciclo de vida de sus
productos. Se basa en que las implicaciones legales de las empresas
en relación con el impacto al ambiente no acaban con la venta de sus
productos. El productor no sólo se encarga del nacimiento del
producto sino que también de la disposición final (o muerte). El
cuidado va “de la cuna a la tumba”.
La gestión de los RAEE hoy concita inquietudes y convocatorias a
expertos para definir las mejores técnicas, prácticas y alternativas
posibles en los procesos de reciclado (que aseguren la recuperación
de materiales reciclables) y el tratamiento adecuado de los desechos
peligrosos. Para eso se ha conformado la Plataforma RELAC, con la
promoción de asociatividad para profundizar las soluciones del
problema de los residuos electrónicos en Latinoamérica, informó la
especialista.
Cuando empieza a jugar la ética
“Si se considera que pagar otorga derechos para contaminar
estaríamos haciendo una lectura ingenua y demasiado escasa ante la
gestión de excelencia operativa y reputación que pregonan las
empresas. Estimamos que se sobreentiende que esto requiere avanzar
en políticas ambientales coherentes con conductas éticas, de
promoción en el uso y consumo responsable de los recursos naturales,
de mitigación sobre los perjuicios asociados a la producción y de
las compensaciones (correcciones) de los daños provocados hasta el
momento”, aseveró Copes.
“Detener la contaminación es necesario, pero no es suficiente, sobre
todo para aquellas empresas que insumen recursos naturales en la
producción de las ofertas que vuelcan al mercado. Esta es, quizás,
una de las situaciones que más depende de la calidad de autocrítica
de los directivos a cargo de transferir garantías a sus accionistas
y ganar confianza (reputación) entre los demás grupos de interés con
quienes interactúan (públicos interno y externos)”, aclaró.
Otra variable interesante es el grado de involucramiento de una
empresa con los recursos naturales. Ese dato “resulta
definitivamente esclarecedor a la hora de evaluar qué coherencia
posiciona, a través de sus decisiones institucionales; si las
prácticas de RSE están alineados a su core business (corazón de sus
negocios).”
Un ejemplo: una automotriz con acciones solidarias en escuelas que
aporta libros, útiles escolares, pintura del establecimiento, sin
plantearse la posibilidad de brindar unidades móviles para el
traslado de maestros y alumnos en lugares remotos.
“Como la contrapartida más reciente, estamos observando prácticas de
promoción y programas de Seguridad / Responsabilidad / Educación
Vial por parte de automotrices, petroleras y aseguradoras, ocupadas
en mitigar los accidentes de tránsito, con cifras en incremento
crucial”.
Nada de moda
“Decir que la RSE es una ‘moda’ ya no forma parte de la discusión.
Es extemporáneo. Por más que venga una empresa que ni siquiera lo
había sentido nombrar al término, la Responsabilidad Social hace
rato que dejó de ser una moda. Y sí, es el comienzo de algo
fundamental: sustentabilidad para cualquier empresa o emprendimiento
que se genere sobre estas bases de valores, transparencia, ética y
justicia”, aclaró Legrand. “Cada vez son más las empresas y
consumidores que dejan de lado a una empresa o una marca por su
accionar de responsabilidad. Y esto va ir creciendo constantemente”,
anticipó.
“Hace casi 10 años que se está diciendo que la RSE es una moda. A
nuestro entender, sin RSE no habrá negocios en el futuro. La crisis
es un ejemplo. El mercado se está encargando de poner los
incentivos, y los gobiernos deberían ayudar por ese lado también”,
dijo Langlois, titular de ComunicaRSE.
“Ya no es fácil sostener la idea de moda y menos aún la de vacío de
contenido. Las grandes compañías creen que la RSE no sólo responde a
una demanda de los grupos de interés, sino también a los propios
intereses empresariales”, coincidió Copes.
La RSE es un “considerando” activo en toda empresa que pretenda ser
sustentable, término actual, inherente a la calificación de estatus
o performance de desarrollo. “Tiene mayor visibilidad en las
corporaciones internacionales, donde es una exigencia global, para
aplicar ante los mercados del mundo, luego de inéditos fraudes y
hechos de corrupción que minaron la confianza pública y privada de
los inversores”.
En general, las filiales o capítulos nacionales reciben los
lineamientos de implementarla, pero la decisión de tiempo y forma
queda en manos de los CEOS locales, explicó.
Se la define como una nueva forma de hacer negocios, en la que deben
demostrar “cómo ganan su dinero”, si a costa de su gente, de los
recursos naturales, y “cómo interactúan” con sus grupos de interés,
clientes, comunidad, proveedores. “No obstante y tal vez como algo
impertinente o subjetivo, percibimos más condicionamientos y
compromisos de reputación, que convicción o ética al incorporarla”,
reveló.
“Nos deja un gran margen de dudas si la confusión con las prácticas
filantrópicas o las acciones a través de las fundaciones son
ingenuas o parte de una intención oportunista. Lo cierto es que si
algo hacen en beneficio de la comunidad bienvenido sea. Pero
procuremos ejercitarnos en una lectura crítica, con propuestas de
intervención sobre los puntos de ajuste, que contribuyan al
establecimiento del sistema de corresponsabilidades que debemos
construir para las generaciones presentes y futuras”.
El ser argentino
“No podemos transportar modelos exitosos, ajenos a nuestra cultura e
idiosincrasia”, recomendó la experta, basándose en resultados de una
encuesta propia. Esos datos, dijo, confirmaron “una alerta
significativa entre la preferencia a buscar un culpable, antes de
asumirnos responsables, reflejado en el clásico ‘la culpa es de
otro, yo, argentino’”.
Y esa es sólo la punta del iceberg de las señales ampliadas en la
investigación “Cómo somos los argentinos” de TNS Gallup para La
Nación: individualistas, infractores de la ley, personas que
prefieren caminos fáciles, que no suelen cumplir sus promesas.
“Excluimos la intención de juicio, quién es mejor o quién es peor.
Interpretamos que debemos conocer cuán diferentes somos para
apropiarnos de las prácticas socialmente responsables y dar crédito
a otro de los refranes cotidianos: ‘lo bueno es conocer nuestras
limitaciones’ para actuar a conciencia”.
Algunos datos que ilustran el fenómeno
Según Código R, casi 300 empresas argentinas firmaron el Pacto
Global de la ONU desde 2004.
Desde 2006 funciona el Centro Nacional de RSE y Capital Social,
operativo en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA.
En junio de 2007, la consultora Mercedes Korin presentó el Mapeo
Nacional de Promotores de RSE. Los resultaros revelan la existencia
de 87 promotores y 633 instituciones vinculadas.
Existe una treintena de medios especializados en la producción de
información periodística (agendas y boletines electrónicos,
programas de radio y TV).
En la Capital Federal está vigente (aún sin reglamentar) la Ley 2594
de Balance de Responsabilidad Socio Ambiental (BRSA), que exige a
las empresas de más de 300 personas y facturación superior a los
niveles fijados por la Disposición 147/06 de la SEPYME, que
presenten su BRSA hecho por profesionales idóneos. |