¿Qué entendemos por Cultura Tributaria?
La relación del ciudadano con el Estado parece estar caracterizada por
un conjunto de ideas que pautan el comportamiento entre uno y otro
actor y forman parte de nuestro imaginario colectivo. El ilícito, el
delito, la desconfianza y el descreimiento, son algunas de estas ideas
que, ya sean míticas o reales, tienen un lugar destacado a la hora de
pensarnos a nosotros mismos.
Sin evaluar la precisión de este panorama socialmente reconocido,
aquello que sin duda queda claro, es que la inobservancia a las normas
jurídicas y sociales, la falta de sanción ante el incumplimiento de
contratos de convivencia -tanto explícitos e implícitos-, forman parte
de un conjunto de comportamientos naturalizados, con el cual nos
identificamos.
A lo largo de nuestra historia y, en particular, durante los últimos
treinta años, dictaduras militares y gobiernos corruptos cometieron
actos ilícitos muy graves en nombre del Estado que colaboraron con el
fortalecimiento de estas ideas. Si bien esto puede explicar el
sentimiento de desconfianza del ciudadano ante el poder político, de
ningún modo puede justificar la comisión de un ilícito.
La idea de que "este país está lleno de ladrones", parece funcionar
como parte del aparato que utilizamos en nuestra vida cotidiana para
disculparnos a nosotros mismos por torcer, esquivar o simplemente
ignorar normas de convivencia. La idea de que el Estado es
esencialmente corrupto, que el dinero público va siempre a los
bolsillos de funcionarios deshonestos, convierte los ilícitos de los
ciudadanos, ante sus propios ojos, en algo así como una estrategia de
supervivencia.
En este marco, la evasión impositiva, el contrabando, el trabajo "en
negro", por ejemplo, son vistos por algunos ciudadanos como una forma
ingeniosa, digna de la viveza criolla", de reintegrarse a sí mismos
tributos que consideran injustos al ser reclamados por un estado
"corrupto" o "ineficiente".
Ante esta situación, debemos tener presente que, el que este
comportamiento esté generalizado, no lo justifica ni, mucho menos,
invierte su signo moral: lo que está mal no se convierte en aceptable
si lo hacen muchos, se convierte en algo aún más dañino para el
conjunto de individuos que componen la sociedad.
Estado, sociedad e impuestos
El estado es la suma de los individuos que lo componen. Los
funcionarios y la clase dirigente son representantes de nuestra
sociedad. Ellos comparten con ella defectos y virtudes y emergen de
una comunidad con ideas como las mencionadas anteriormente, en la que
el concepto del bien común y la valoración de una salida colectiva
para nuestros problemas se encuentran desdibujados.

Presentación del Programa
de Educación Tributaria
El programa de Educación Tributaria nació en la Administración Federal
de Ingresos públicos (AFIP) a fines de 1998 con el objeto de
desarrollar una conciencia tributaria que fortalezca el crecimiento
del país. Desde entonces, se vienen desarrollando una serie de
estrategias múltiples en el ámbito de la educación formal y no formal
que apuntan a recuperar el sentido social de los impuestos, mostrar de
qué manera la evasión, el contrabando y el trabajo no registrado nos
perjudican a todos y a generar una nueva cultura tributaria.
Creemos que no hay nación que pueda existir sin el aporte de la
ciudadanía para mantener la estructura estatal. Los impuestos permiten
la existencia de una educación gratuita, de hospitales públicos, de
espacios de saber abiertos a todos como bibliotecas y museos, de
espacios de recreación comunes como plazas y parques, de sistemas de
justicia, seguridad y seguridad social. Cuando estos servicios y
espacios públicos no tienen los recursos necesarios para sostenerse
correctamente, los niños son los más afectados. Uno de los lemas de
UNICEF en el país dice que "si los niños están bien, Argentina está
bien". Porque un país en el que se cumplen los derechos humanos
básicos es un país más justo, menos pobre, más desarrollado.
Considerando esto, la falta de pago de impuestos impacta directamente
sobre los más débiles, ya que provoca una degradación en la educación
de aquellos que no pueden -o no desean- pagar escuelas privadas, en la
salud de quienes no pueden contratar planes de medicina prepaga, en la
seguridad de todos los habitantes, en la subsistencia de aquellos que
dependen de planes sociales; en fin, la falta de pago de impuestos, el
trabajo no registrado y el contrabando provocan una disminución
general de la calidad de vida de nuestro país.
Contenidos actitudinales
Partimos de la base filosófica y pedagógica que postula que los
valores son tales cuando se cristalizan en actitudes y comportamientos
concretos, comprometidos con la realización de los propios proyectos
de felicidad y las perspectivas comunes de vida.
Es por ello que consideramos necesario que la Educación Tributaria
parta del trabajo en torno a los valores. Así, es que entendemos a la
solidaridad social, como la base de la cultura tributaria. El respeto
a las normas, el compromiso social, la responsabilidad, la honestidad,
la equidad y la justicia son valores que en igual medida contribuyen a
su desarrollo.
La Formación Ética (y la Educación Tributaria) tiene otros fines. Ya
no se trata de inculcar dogmáticamente una doctrina, una escala de
valores o una serie de normas, sino más bien de privilegiar la
enseñanza de saberes que permitan la construcción autónoma de la
personalidad moral y la crítica racional de la validez de las normas.
Sabemos que no es tarea fácil. Por eso no nos circunscribimos a los
comprobantes de pago o al régimen de facturación, sino que lo
enmarcamos en el aprendizaje de contenidos actitudinales (normas,
valores y actitudes).
La tarea integral debe centrarse en dos cuestiones: facilitar las
condiciones para discernir aquello que no debe moralmente hacerse de
lo que sí se puede y, en segundo lugar, facilitar las condiciones para
conciliar lo que realmente se hace, con lo que moralmente creemos que
debemos hacer; en otros términos, trabajar para reflexionar acerca de
la congruencia entre el decir y el hacer.
Ser ciudadano
El concepto de ciudadanía está ligado íntimamente con la democracia y
podríamos afirmar que la democracia no se sostiene sin el apoyo de la
ciudadanía. A fin de entender la hipótesis planteada arriba conviene
desarrollar qué entendemos por democracia y qué entendemos por
ciudadanía.
En principio, para mayor comprensión del término democracia,
distinguiremos la democracia como estilo de vida de la democracia
política.
- Democracia como estilo de vida es una práctica inspirada en un
conjunto de valores que se pueden transmitir
Por Democracia política entendemos la vigencia de un conjunto de
pautas institucionales que conforman un determinado régimen de
gobierno.
- Ciudadanía, por su parte, implica un estado civil en el que
confluyen elementos de tipo jurídicos, políticos y morales. Estos
elementos otorgan identidad y pertenencia a los miembros de la
comunidad que están protegidos por las instituciones y al mismo tiempo
están dispuestos a contribuir por ellas.
En el sentido jurídico, la ciudadanía equivale al reconocimiento de
una serie de derechos y de deberes, relacionados con la participación
en la esfera pública.
El vínculo político consiste en proporcionar la puesta en práctica de
esta clase de derechos y deberes reconocidos.
Pero desde el punto de vista moral, la ciudadanía constituye una
dimensión ética que nos confiere identidad como seres políticos.
Distintas corrientes de pensamiento coinciden en que la ciudadanía es
siempre la definición de un ejercicio moral, es decir, la ejecución de
una práctica de compromiso.
Creemos que no se puede ser ciudadano sin aspirar a una buena
ciudadanía, que la ciudadanía implica convivencia y que a partir de la
dicha convivencia, encuentra sentido construir una moral ciudadana que
nos obligue a colaborar en la perfección de la sociedad. El éxito del
sistema democrático de una sociedad depende de la participación de
ciudadanos, y la preparación sistemática que nos impulsa a vivir como
ciudadanos activos y deliberantes se inicia y fortalece durante la
infancia y la adolescencia.
En este sentido, la toma de conciencia individual desde los primeros
años de nuestra vida se vuelve necesaria, porque sólo mediante la suma
de voluntades de cada uno, se puede llegar a alcanzar una moral que
devenga en que la construcción y ejercicio de una ciudadanía
responsable sea la regla, y no la excepción.
Desde esta perspectiva se comprende por qué la democracia no puede ser
resuelta sólo por una clase dirigente. La participación y la
responsabilidad se vuelven valores claves para lograr entender la
identificación entre Ciudadanía y Democracia y la concientización del
individuo sobre sus derechos y obligaciones, se hace necesaria para
que conozca, fortalezca y contrapese los espacios de poder.
Ejes temáticos del programa
Creemos que es posible colaborar en el desarrollo de las capacidades
que intervienen en la formación de una moral ciudadana en los jóvenes
y niños. Esta convicción nos lleva a sumar esfuerzos hacia la
formación de un ciudadano crítico y participativo; un ciudadano
responsable y creativo que tienda a hacer posible una transformación
profunda y real en la sociedad en la que vive.
Para llevar a cabo esta tarea, el programa de Educación Tributaria
trabaja sobre los siguientes ejes temáticos:
1- Formación en valores
2- Convivencia democrática
3- Hacia una cultura tributaria
Formación en valores
Entendemos que la tributación es el pilar económico del sostenimiento
del Estado democrático: esto nos conduce a la necesidad de comprender
la correspondencia entre los derechos y responsabilidades cívicas, y
la interrelación de los intereses privados y los beneficios
colectivos. Sostenemos que el desarrollo de la cultura tributaria está
estrechamente relacionado con la formación ciudadana, porque compete
al ejercicio de una ciudadanía responsable y como tal, está en íntima
relación con la formación ética. Una ciudadanía responsable necesita,
entre otras cosas, estar asentada en criterios de convivencia que
refuercen valores como la justicia, la solidaridad, la cooperación, a
partir, no sólo del respeto y el ejercicio de los derechos, sino
también del cumplimiento de las obligaciones y compromisos que
asumimos como integrantes de una comunidad. Teniendo en cuenta este
marco de referencia
Convivencia democrática
Ciudadanía y Democracia no se identifican simplemente con la
convivencia o una cuestión de sentimientos patrióticos, ni se reducen
sólo a términos formales de derechos y obligaciones. En el mismo
sentido, la distancia entre una democracia ideal y una democracia
real, que da cuenta que "la promesa incumplida" de la democracia, no
puede resolverse sólo por una clase de dirigentes iluminados ni por
una mejor capacidad para elegir a quienes administran el poder.
En este contexto, la participación y la responsabilidad se
vuelven valores indispensables para lograr entender la identificación
entre la Ciudadanía y la Democracia. Es necesario que el individuo sea
consciente de sus derechos y consecuente con sus obligaciones, que
conozca, fortalezca y contrapese los espacios de poder.
La comprensión de las normas que regulan la vida colectiva exige un
proceso que incluye su conocimiento, sur espeto, su comprensión y su
aceptación reflexiva. También supone eventualmente su crítica y la
construcción colectiva y consensuada de normas más adecuadas a la
situación.
Hacia una cultura tributaria
Las normas tributarias forman parte del conjunto de reglas que debe
cumplir un individuo adulto en la cultura democrática. Consideramos
que los temas tributarios deben convertirse en un contenido
transversal de la enseñanza -tanto en el ámbito formal como en el no
formal- ya que son elementos constitutivos de la ciudadanía y están en
íntima relación con la incorporación de valores y actitudes.
La tributación afecta principalmente a los intereses materiales,
concretos y personales de cada individuo. Desde nuestra perspectiva,
constituye un espacio privilegiado para poder observar el grado de
coherencia entre normas, valores, actitudes y conductas que se da en
las personas y grupos.
Es importante que se discuta sobre la idea del incumplimiento de la
obligación tributaria como un problema colectivo porque ella afecta
los derechos de toda la ciudadanía, particularmente de los más chicos.
Por lo general, se asume que la evasión y los grupos o individuos que
incurren en ella, se guardan para beneficio propio el monto del
tributo que corresponde al Estado. En estos casos, la idea de Estado
se asimila como una entidad gestionada y representada por grupos o
personas que se reparten y controlan los recursos para consolidar sus
posiciones de poder, eludiendo canalizar los fondos hacia la
satisfacción de necesidades comunes. Bajo esta premisa, la evasión
entra en una especie de espiral infinita: "no pago porque se la
roban". Ambas conductas, la del evasor y la del funcionario de turno,
ponen de relieve la debilidad en los vínculos de pertenencia a una
comunidad que, más allá de diferencias y grupos, no puede percibirse
involucrada en un destino compartido.
En este sentido y como venimos sosteniendo, la dimensión de la
ciudadanía (aún lejana o ideal) no se separa de una comunidad de
valores que sostienen un proyecto y un horizonte. Y entre los valores
capaces de fundar ese pacto constituyente, están los principios de la
igualdad, el interés general y la ética de la responsabilidad. Desde
luego, ellos son resultado de la práctica del ejercicio de los
derechos, así como del respeto de las obligaciones que insertan esos
valores de referencia en una dinámica histórica.
El propósito de este eje conceptual es trabajar, junto a lo ya
señalado, sobre: el origen y finalidad de las normas tributarias; la
elaboración del Presupuesto Nacional y las atribuciones que le son
encomendadas al Congreso para fijarlo; la conformación del Gasto
Público y de los Recursos para llevarlo adelante; las funciones de los
organismos de control como la AFIP (DGI-DGA); la participación
ciudadana la relación entre los impuestos y la capacidad contributiva
de los distintos agentes económicos; y la importancia de los
comprobantes de pago y su vinculación con el pago de impuestos.
Acciones de Educación No Formal
La formación de una nueva cultura tributaria requiere de la
implementación de distintas estrategias de difusión masiva que apuntan
a instalar la temática en los espacios de consumo cultural de los
niños y adolescentes. La escuela es el espacio privilegiado de
socialización y transmisión de saberes, pero no es el único. La
construcción de subjetividades se da también en otros ámbitos y
resulta adecuado insertarse en ellos a partir del desarrollo de
herramientas novedosas y eficaces como complemento necesario de las
tareas que suponen la mediación escolar.
La masiva concurrencia de niños a estos lugares y los comentarios
recibidos, indican que estas modalidades refuerzan las acciones
sistemáticas y contribuyen a difundir la educación tributaria.
Encontrará un detalle de las actividades realizadas en su página web.
www.educaciontributaria.com.ar |